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Jueves, 27 Abril 2017 23:19

La corrupción también está en las ideas

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Por: Juan David Torres

Colombia se encuentra ad portas de presenciar un debate electoral cargado de calumnias, deshonestidad intelectual y oportunismo político. Veremos candidatos de toda índole endosando el sambenito de “corrupto” a sus contrincantes mientras se jactan de su impecable actuar. No extrañará observar a los inmaculados caudillos buscando recoger la indignación nacional a toda costa apelando a un sinfín de consignas demagogas. En suma, estaremos abocados a un coctel de monólogos superpuestos y ataques personales en el cual las más perjudicadas serán las ideas.

Ahora bien, suprimir las ideas del debate público en una democracia que se indigna más de lo que piensa tiene un agravante: nadie discutirá la posible corrupción en las ideas de quienes se presentarán como alternativa a los corruptos. Por esta razón, debemos entender que la corrupción no es solamente cuestión de unos personajes poco probos que deben ser derrotados, sino que también abarca a quienes, a pesar de no haberse robado un peso, promueven ideas que le abren la puerta a prácticas corruptas o cuyas consecuencias son igual o peores que las que se derivan de la corrupción actual.

Por ejemplo, ¿quiénes son más corruptos, los que se roban tajadas de un contrato o los que con sus ideas mandan por debajo de la línea de pobreza a millones de personas? Es un interrogante difícil de responder pero que nadie trae a la palestra pública. Las pérdidas monetarias asociadas a las prácticas corruptas son recordadas fácilmente por la opinión pública, no obstante, poco se habla de los costos en materia de eficiencia y distribución que tienen las malas ideas, las cuales, casualmente, defienden muchos de los que se arropan con la manta de la honradez.

En Venezuela, quienes prometían acabar con la corrupción derivada de cuarenta años de bipartidismo hoy se lavan las manos frente al desastre causado por sus ideas, el cual le arrebató a la economía treinta años de crecimiento. Curiosamente, muchos de los que hoy nos prometen acabar con la corrupción en nuestro país comparten abierta o soterradamente estos planteamientos. Peor aún, son los mismos que proponen ideas, como la oposición al libre comercio o a la independencia del banco central, de las cuales el país no ha salido bien librado en el pasado. De hecho, de los treinta años que permaneció la economía cerrada y la junta del banco central dominada por políticos nos quedó, en el primer caso, una profunda cultura del soborno y el contrabando pues se volvió éticamente correcto burlar la ley para adquirir bienes importados y, en el segundo, el mayor impuesto a los pobres: la inflación, la cual llegó a superar el 30 % anual. ¿Quién responde por estas ideas? ¿Los que las proponen son conscientes de sus consecuencias? A fin de cuentas, ¿quién es más corrupto?

Si insistimos en un debate en el que destaque, no el que más discuta las ideas, sino el que más grite y descalifique a sus contrincantes, estas preguntas difícilmente se harán, lo cual constituye un peligro para la democracia deliberativa. En nuestras manos está el no dejarnos seducir por la demagogia, la cual, en sí, es un acto de corrupción. De lo contrario, le estaremos abriendo la puerta a personajes que encontrarán un terreno fértil para cambiar las reglas del juego y las instituciones al no ver sus ideas sometidas a la crítica. Ideas tan costosas como la corrupción.  

Twitter: @TorresJD96

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Juan David Torres

Economista en ciernes de la Pontificia Universidad Javeriana. Apasionado salsero, lector y escribidor. Columnista de economía política, pues ambas van de la mano. Miembro del Consejo Editorial del Periódico EJE (Estudiantes Javerianos de Economía).

Sitio Web: www.facebook.com/juan.d.torres.186?ref=ts&fref=ts&qsefr=1

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