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Sábado, 22 Abril 2017 18:23

La Colombia medieval

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Por: Sebastian Zapata

Con gran estupor escuché y leí hace poco unas declaraciones del ex procurador, Alejandro Ordoñez, en respuesta a algunas posturas, algo polémicas, sobre la religión dadas por el Ministro de Salud, Alejandro Gaviria. Y es que mi sorpresa surgió al ver que en sus redes sociales el señor Ordoñez lanzó interrogaciones tan retrogradas y sensacionalistas como, por ejemplo: “¿Dejaría usted la salud de su familia y la educación de sus hijos en manos de un ateo?”. Pregunta que, a mi parecer -y a partir de que vivimos en un Estado laico-, se puede catalogar como errónea y esquizofrénica.

Si bien, para nadie es secreto los brotes neoconservadores que se vienen dando en varios rincones del globo -el caso por excelencia en Colombia ocurrió el año pasado cuando múltiples corrientes cristianas salieron a las calles y generaron opinión pública sobre la mal llamada “ideología de género”-, hay que ser cuidadosos, críticos y reflexionar sobre estos procesos, debido a las mismas implicaciones colectivas y los posibles retrocesos sociales que pueden traer consigo.

Y es que per se, estos “resurgimientos religiosos” no tienen moralmente nada de cuestionable, porque la fe de cada persona o comunidad es netamente respetable, el problema realmente reside cuando se busca, por parte de ciertas figuras públicas y creadores de opinión, retornar a modelos teocráticos, donde la religión es el único fin del hombre y la única capaz de dictaminar el acontecer como sociedad.

Es claro que las religiones dan estabilidad social y respuestas a diversos vacíos existenciales, sin mencionar sus múltiples lecciones éticas que pueden aportar a la formación espiritual de los individuos. Pese a ello, insisto que se debe mirar lo complejo que puede ser, por ejemplo, combinar los postulados religiosos con la toma de decisiones vinculantes a nivel político, económico y/o cultural.

Y es que, para comprobar este peligro al que hago referencia, basta con mirar la historia y recordar los millones de muertos que dejó la instrumentalización o mal interpretación de la fe en los cinco continentes hace varios siglos o prestar atención a la actual irracionalidad de miles de sujetos en Medio Oriente y parte de África que, debido a la malversación interpretativa de su credo, tienen a varios países y pueblos sumergidos en el caos.

Reitero, en lo personal, me preocupan los intereses de ciertos actores en el país, como el ex procurador Ordoñez y sus feligreses, que abogan por una Colombia medieval, en la que se busca imponer a los funcionarios el requisito de ser católicos, en la que se pretende que ciertas minorías no puedan coexistir con el resto de la ciudadanía, en la que se quiere que las políticas, planes y proyectos estén en pro del designio de Dios, entre otras tenebrosas particularidades.

Por esto, es fundamental comprender que los procesos de secularización que se han dado históricamente no evaporan ni eclipsan la religión, sino que, más bien, le dan un espacio funcional en la comunidad, apartándola de escenarios como la política y la economía, con el fin de evitar controversias, instrumentalizaciones y malos usos a los postulados religiosos.

Por ello, hay que recordarle a Alejandro Ordoñez y a otros individuos que abogan de manera extrema por el credo religioso, que la política y las políticas deben orientarse bajo parámetros y lineamientos medianamente objetivos que respondan a las necesidades terrenales, no a creencias singulares ancladas a patrones de fe.

Twitter @sebastianzc

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Sebastian Zapata

Politólogo de las Universidad de Antioquia y especialista en Alta Dirección del Estado de la Escuela Superior de Administración Pública. He trabajado en diversas instituciones de carácter público como privado, en su mayoría relacionadas con la educación. 

Sitio Web: www.facebook.com/zapata0514?fref=ts

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