Retos en Educación

#Debate | Hoy en Palabras Mass hablamos sobre los retos en educación que debe asumir el nuevo gobierno  Invitados: Dionne Cruz -&...

Líderes Sociales

#Debate | hoy en Palabras Mass hablamos sobre la situación de los líderes sociales y acerca de la ley de sometimiento.  Invitados: Jos...

Retos del Congreso

Hoy en Palabras Mass hablamos sobre el reto del Congreso que se posesiona el próximo 20 de Julio Invitados: Daniel Paris Gonzalez -&nbs...

Fútbol y Política

Hoy en Palabras Mass hablamos sobre el fenómeno del fútbol y su influencia en lo político, económico y cultural del país  Invitados: Felipe...

Inhabilidad de Antanas Mockus

En Palabras Mass hablamos sobre el pronunciamiento del fiscal sobre corrupción y acerca de la curul de Antanas Mockus  Invitados: Anto...

  • Retos en Educación

  • Líderes Sociales

  • Retos del Congreso

  • Fútbol y Política

  • Inhabilidad de Antanas Mockus

Jueves, 13 Abril 2017 11:30

Mentalidad Genocida

Escrito por 
Valora este artículo
(0 votos)

Por Juan David Torres

Meses atrás, quien fuese elegido como el “gran colombiano” aseveró en un foro en Madrid que la Unión Patriótica se “autoexterminó” (Ver nota). De la misma manera con la que se justifica la violencia de género, este sujeto apeló al tan mentado “se lo buscó” o “dio papaya” para explicar la barbarie. Sin embargo, no hay por qué sorprenderse. Este ha sido, por décadas, el argumento de marras para subestimar –y hasta negar– el genocidio político en Colombia.

Steven Dudley, en su obra Armas y Urnas, afirma que la sociedad colombiana condenó a la UP a perecer desde antes de su surgimiento como partido político. De hecho, en 1983, un año antes del pacto de La Uribe, la tercera persona más popular del país, según encuestas, era el general Landazábal, conocido por sus diatribas contra los comunistas, de quienes espetaba que eran asesinos por naturaleza, guerrilleros y enemigos públicos a los que se debía exterminar sin remilgos. Guardadas las proporciones, el general era el “gran colombiano” de la época.

No en vano, Dudley recuerda las invectivas de Landazábal para argumentar que el mayor enemigo de la UP no disparó una sola bala contra alguno de sus miembros.

Este enemigo se encuentra allende los sicarios o los mismos autores intelectuales. Va más allá de esa red acéfala de destrucción – Estado, paramilitarismo, narcotráfico, terratenientes – que menciona Andrei Gómez - Suárez en su disquisición sobre los bloques perpetradores que aniquilaron a la UP. (Ver) No se le puede personalizar en una u otra figura que legitime el genocidio político. Después de todo, estas no son más que una consecuencia del verdadero enemigo. El problema no está en uno u otro “gran colombiano” sino en la sociedad y en la forma en la que esta ha sido educada, la cual justifica y normaliza el genocidio político.

Ahora bien, ¿quién es este enemigo? Gómez-Suárez trabaja profundamente el concepto de la mentalidad genocida en Colombia, el cual ha sido examinado a profundidad por autores como Robert Jay Lifton para el caso de la shoah judía en la Alemania nazi. Esta mentalidad encuentra sus condiciones de posibilidad en una sociedad que normaliza la violencia como medio para resolver sus conflictos, estigmatizando a quien piensa diferente y legitimando la barbarie. Fue esta mentalidad el enemigo que nunca le brindó a la UP una oportunidad para aclarar su origen, aquel que siempre se comportó como esa “fuerza letal que entra a matar” que tanto deslumbra a algunos senadores. La mentalidad genocida especula, generaliza y atribuye propiedades peyorativas a los movimientos sociales de manera arbitraria. Es una mentalidad que ve en el bullying su esencia. Esta considera que unas vidas humanas valen menos en la medida en que persiguen ciertos ideales, determinando quiénes son ciudadanos “de bien” y quiénes no. De esta manera, si ocurre el exterminio, es porque las víctimas no tuvieron en cuenta estas reglas de juego.

En este sentido, la reflexión sobre la mentalidad genocida atañe al conjunto de la sociedad. De nada sirve señalar culpables y responder con la misma moneda, estigmatizando, generalizando e insultando de vuelta a los que padecen de esta mentalidad. Estas conductas anulan el diálogo, algo deletéreo para la democracia. En realidad, un país que busca reconciliarse requiere de una reflexión de fondo que intente dar cuenta de por qué se normaliza la violencia clasificando a los seres humanos, restándoles valor selectivamente. Es algo urgente, máxime cuando estamos vislumbrando la escalada de violencia contra los líderes sociales, la cual ha dejado 156 víctimas mortales en los últimos catorce meses (Ver Nota).

Twitter. @TorresJD96 

 

Visto 629 veces
Juan David Torres

Economista en ciernes de la Pontificia Universidad Javeriana. Apasionado salsero, lector y escribidor. Columnista de economía política, pues ambas van de la mano. Miembro del Consejo Editorial del Periódico EJE (Estudiantes Javerianos de Economía).

Sitio Web: www.facebook.com/juan.d.torres.186?ref=ts&fref=ts&qsefr=1

Círculo de Amigos