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Jueves, 06 Abril 2017 07:12

Venezuela: ¿Ad portas de convertirse en un Estado fallido?

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Por: Sebastian Zapata

Hace algunos años cuando finalizaba el pregrado en Ciencia Política, decidí realizar mi tesis sobre la teoría de la falla estatal y desde aquel tiempo no he tenido que hacer mayor análisis empírico en nuestra región acerca del tema, debido a que, aunque Sudamérica pase por constantes problemáticas o perviva en medio de un conflicto social latente, no se ha caracterizado por sufrir grandes sobresaltos que conduzcan a determinar que uno de sus Estados está próximo a ser fallido o, en el peor de los casos, a colapsar.

Pese a esto, y analizando los acontecimientos recientes en el país vecino, Venezuela, considero que allí se ha generado un panorama realmente problemático y preocupante, que, de darse un par de sucesos, puede desencadenar en una situación tan critica que ese territorio llegaría a convertirse en el primer Estado fallido de nuestra latitud, en la historia reciente. Claramente, el Estado que estuvo en una situación similar a la Venezuela de hoy, fue lastimosamente Colombia, cuando a finales de la década de 1990 y principios del 2000, casi pasa la línea de Estado débil a Estado fallido.

Retomando, lo grave del asunto y observando como se vienen desarrollando las dinámicas venezolanas, es notorio que en esa nación poco a poco se va encubando un Estado fallido, muestra de ello es que la Venezuela de hoy es básicamente un Estado mono exportador de un producto que no pasa por su mejor momento, el petróleo; posee unas tasas de desempleo que oscilan por el 20%- aunque las cifras del oficialismo lo nieguen-; ha pasado por graves contracciones de su PIB; se ha venido caracterizando por tener tasas de inflación insostenibles; convive con una escasez de más del 50%; su población pobre acapara 3 de cada 4 habitantes; tiene una catastrófica posición en el Índice de Paz Global; esta en los primeros 20 puestos del Índice de Percepción de la Corrupción; su lugar en el Índice de Competitividad es deplorable; y, su tasa de homicidios es alarmante. Solo por mencionar algunas penosas situaciones con las que deben convivir los venezolanos en la actualidad.

Ahora, pareciese que solo faltan un par de condiciones o sucesos para que Venezuela finiquite su entrada al decadente club de los Estados fallidos. Por ejemplo, entre dichas condiciones está el traspaso total de la delgada línea que separa un sistema político autoritario de uno dictatorial. Este último modelo, que se caracteriza por difuminar la división de poderes, si es aplicado a una hipotética praxis venezolana representaría un Nicolás Maduro detentando las diferentes ramas del poder.

Y este panorama dictatorial, algo que tal parece no es muy irreal ni que le disguste al mandatario venezolano, tiene su fidedigna muestra en lo acontecido días atrás, cuando, obviamente él tras bambalinas, ayudo a orquestar que el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) asumiera las funciones de la Asamblea Nacional de Venezuela- para nadie es un secreto que dicho tribunal es una figura titiretezca a favor de los intereses del gobernante bolivariano-.

A pesar de que recientemente, en el papel, a la Asamblea se le devolvieron sus funciones- luego de un reversazo del régimen fruto probablemente del reclamo internacional- quedo más que demostrado que lo que Montesquieu pensó como la separación de poderes, en Venezuela se puede volver a desdibujar en cualquier momento, quizás de manera definitiva, gracias a los cálculos políticos de Maduro y su gran influencia institucional dentro del régimen.

En este orden, y pese a que Venezuela ha podido convivir un tiempo considerable con una aguda polarización política, un escenario como el que se está configurando actualmente, donde Maduro ya no teme ignorar y desobedecer directa o indirectamente ciertas lógicas del modelo democrático, puede conducir a contextos más conflictivos, violentos y, en última instancia, bélicos o insurgentes.

Lo anterior, posiblemente, desencadenaría en lo que considero una segunda condición o más bien el jalón final hacia un Estado fallido en la hermana república, que no es más que el estallido social venezolano, caracterizado, básicamente, por un posible contexto de ciudadanías armadas. Insisto, este segundo escenario tampoco es descabellado, si se tiene presente la conflictividad política que vive esa nación, la presencia de grupos paraestatales, pequeños señores de la guerra, grupos armados ilegales extranjeros (colombianos concretamente), la radicalidad extrema de algunos sectores pro o contra establecimiento, y demás.

Para finalizar, y más allá de que se cumplan o no las condiciones propias para terminar de configurar una Venezuela fallida, me aventuro a decir, como también lo pensarán muchos, que el futuro de nuestra nación fronteriza es bien etéreo. Por ello, es bastante probable que de continuar con el actual patrón de toma de decisiones caprichosas e irracionales de un mandatario no apto para su cargo, se van a convertir más temprano que tarde en el primer Estado fallido de la Sudamérica contemporánea, porque ya pareciese que están ad portas de serlo.

Twitter. @sebastianzc

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Sebastian Zapata

Politólogo de las Universidad de Antioquia y especialista en Alta Dirección del Estado de la Escuela Superior de Administración Pública. He trabajado en diversas instituciones de carácter público como privado, en su mayoría relacionadas con la educación. 

Sitio Web: www.facebook.com/zapata0514?fref=ts

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