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Martes, 03 Mayo 2016 07:58

El señor ego

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Por: Ana Gardeazabal

 El camino hacia el infierno está empedrado de buenas intenciones

Le dicen el Señor Ego y si no, lo piensan por lo menos. Y es que no es para más, su gigante ego lleva a cuestas el bienestar de un gran número de colombianos, en razón del detrimento de la seguridad rural, la economía, la justicia, entre algunas otras cuestiones.

El señor Ego, se ha caracterizado a lo largo de su carrera política por ser un hombre ambicioso. Ha protagonizado el escenario político colombiano desde tres gobiernos ideológicamente opuestos. Como una especie de camaleón se transforma según su conveniencia. Sin embrago esa ambición con la que Dios lo ha bendecido -o maldecido-, la complementa una dosis de orgullo y egoísmo, y desgraciadamente, son esas dos últimas las que afectan su forma de liderazgo.

A pesar de transformarse camaleónicamente a lo largo de la historia política colombiana, Juan Manuel Santos ha tenido sus propios objetivos políticos, los cuales solo dio a conocer en el momento preciso, en el momento en que tenía el poder de hacerlos realidad. Para él la salida negociada al conflicto armado, siempre ha sido una meta y ahora, como presidente de Colombia, ha puesto toda su fuerza, voluntad y recursos en conseguirla, a toda costa. Y aunque el tema de la paz y la guerra en Colombia ha sido siempre el más importante y por consiguiente, de conseguir la paz se catapultaría como el personaje más importante de historia de Colombia después de Simón Bolívar,y probablemente lo haría acreedor de un Nobel de paz, los demás problemas en el país no van a desaparecer.

Paradójicamente, el gobierno busca, con sus ingenuas, egocéntricas o buenas intenciones, -siguen sin esclarecerse- la paz de Colombia y pone todo su esfuerzo en ello, mientras se destapan los líos de corrupción más graves como: los “pequeños” sobrecostos en Reficar, la venta de Isagen con un solo oferente, los contratos de explotación en zonas de reserva (Caño cristales) entre otros, y por otro lado algunos reajustes económicos, tributaciones, que castigan cada vez más a la clase media, sin contar con las supuestas muestras de voluntad de los actores armados que no son más que un teatro frente al crecimiento de la inseguridad en zonas rurales. Esos y muchos otros son problemas graves que el Señor Ego ha dejado de lado mientras consigue su más anhelada meta.

La obstinada voluntad por centrar su atención y su gestión en la búsqueda de la paz, con evidentes razones, ya que es el único proyecto del cual depende todo su gobierno y su imagen, ha permitido: 1. Que ofrezca cualquier cosa a cambio, incluso que replantee lo límites y acepte acciones que no debe aceptar por parte de los actores armados, 2. Que deje de lado problemas que también aquejan al país, 3. Que evite tomar en cuenta las advertencias de sectores opositores respecto a las falencias del proceso de paz, advertencias que pueden convertirse en aportes en el futuro, 4. Que espere que el marco del postconflicto sea la fórmula mágica que resuelva los problemas de subdesarrollo en zonas alejadas como la Guajira, el Caquetá, el Cauca, etc. Cuando, desde ya, debería estar construyéndose el desarrollo en esos lugares incluso dentro del conflicto, ya que aún es incierta la firma del proceso de paz y de igual manera la violencia en estas zonas no menguará con el acuerdo.

Será una tarea ardua mostrar, por un lado que existen problemas graves que no solo tienen que ver con el tema de la paz o la guerra y por otro lado, la cantidad de falencias y dificultades con las que cuentan los acuerdos en el proceso de paz, dificultades que eventualmente se convertirán en grandes problemas, que únicamente se verán y se tomaran en cuenta con seriedad cuando sean ejecutados en marco de un posible postconflicto, y cuando el Señor Presidente obtenga su premio Nobel de paz. Sin embrago queda claro que no aceptar que el balance general de que el país va por un mal camino se debe a que la dosis de orgullo, que solo le permite concentrarse en el tema de la paz, no le permitirá reconocerlo y mucho menos le permitirá corregir los errores que se han cometido, en esa búsqueda de la paz.

Y aunque probablemente dentro de su carácter ambicioso, el Presidente, creyendo en el proceso de paz y el proyecto del postconflicto tenga buenas intenciones, me recuerda un viejo proverbio que dice: “el camino hacia el infierno está empedrado de buenas intenciones” y francamente, Señor Presidente los colombianos ya no pueden vivir de sus buenas intenciones.

Twitter. @anamgardeazabal

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