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Jueves, 26 Febrero 2015 22:46

Esas tales 10 mil becas ¡no existen!

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Por: Josué Martínez

 

Pepito se inscribió en la universidad con muchas ilusiones de llevar a cabo uno de sus sueños, ser profesional. Con un préstamo que le hicieron en la empresa donde trabajaba, pagó la matrícula y el primer semestre. Pepito no contó con la fortuna de nacer en cuna de oro, pero es trabajador y muy responsable. Está un poco en desventaja frente a otras personas pues ya tiene 23 y apenas va a comenzar una carrera, pero ha escuchado que nunca es tarde y aunque le queda bastante difícil pagar la carrera, teniendo en cuenta que las obligaciones son muchas: arriendo, servicios, alimentación, deudas, ayudar a la familia, etc.; se arma de valor y de sueños y empieza a estudiar. En el primer semestre todo es novedoso y atractivo. Aunque no quede tiempo y haya que esforzarse y dormir muy poco, él se esmera por responder y saca muy buenas notas. Después de todo, los profesores dicen que esa es la manera de sacar la carrera adelante, que al final va a ver los frutos, que así les tocó a los que hoy ocupan puestos importantes. A los profesores les gusta mucho usar frases de cajón, o lo que dicen está planeado como estrategia de publicidad para tener a los estudiantes engañados.

El segundo semestre es muy parecido al primero salvo algunos detalles. La deserción comienza a ser evidente. De los 20 o 25 que empezaron ya sólo quedan 15. Además de eso comienza a ver que hay unas materias muy fáciles; hay un profesor que a veces ni viene, y sin embargo, saca 4,8 en todos los cortes. Las instalaciones no están lo suficientemente equipadas y algunos profesores comienzan a quejarse por la falta de equipos para desarrollar determinados temas. Lo que más lo dejó pensando fue el “error” en sus notas que le impidió aspirar a la beca que habían prometido durante el primer semestre. Aunque fue el mejor estudiante y en las cuentas estaba presupuestado tener uno de los mejores promedios, varias materias le quedaron en 0. Al hacer el reclamo le ayudaron y corrigieron algunos números, pero lo curioso fue que, cuando sus notas quedaron arregladas, ya le había tocado pagar el semestre y el cuentico de la beca ya se había envolatado.

En el tercer semestre la cosa estaba más clara. Con el profesor que casi no venía ya ni se hacía clase, los muchachos se acostumbraron a que si le ponían tema para hablar el hombre se emocionaba y hablaba la hora y media completa; total se sabía que el profe era un vacan y le ponía 4,7 o 4,8 a todo el mundo bajo la excusa de “es que yo valoro la asistencia, el que venga, pasó la materia conmigo”. El profesor que exigía material para dictar la clase se cansó de rogar, se peleó con el rector y renunció. ¡Oh sorpresa! Varias materias le volvieron a salir perdidas y en fin, el panorama se fue poniendo cada vez más negro, más desalentador. Sin embargo Pepito siguió luchando con el cansancio y con la situación económica y sacó su tercer semestre adelante, con la firme esperanza de que al fin tanto esfuerzo daría resultados además de creer firmemente que estaba forjando un futuro mejor.

Pepito va a iniciar cuarto semestre pensando en que está más cerca del objetivo porque sólo queda un par de semestres para terminar la tecnología, pero la universidad le tiene varias sorpresas preparadas. Por alguna razón al antiguo rector lo echaron de su cargo junto con varios profesores. Ya en cuarto semestre le van a dictar dos (de las cinco que ve en total) materias de relleno porque no hay profesores para las materias que corresponden. Le volvieron a salir materias perdidas a sí que ni modos de aplicar a la beca (que nunca le dieron a nadie desde que él está ahí), y para completar el panorama desolador, con él hay 5 estudiantes para este semestre en su salón. La gota que rebosó la copa fue la bienvenida a las clases que le dio uno de los profesores: “yo nunca he dado esta clase, pero vamos a ver que nos inventamos”.

A pepito sus padres no le pagan la carrera, no tiene plata de sobra, no está esperando en la casa todo el día jugando play a que le llegue la hora de ir a clase. Pepito trabaja desde muy temprano y todos los días para poder con las uñas pagarse la carrera. Pepito llega cansado con un sueño insoportable a clase pensando en que este esfuerzo que hace va a valer la pena más adelante. Así que, ante este panorama, debe tomar una decisión. Un semestre no le cuesta mucho, aproximadamente millón doscientos, pero es lo máximo que puede pagar. ¿Realmente se justifica gastar casi 3 millones de pesos (con lo difícil que es para él conseguirlos) en los dos semestres que restan, bajo las condiciones en que está la universidad; máxime cuando se acaba de enterar que si quiere homologar materias en una universidad de verdad, lo van a dejar en primer o segundo semestre si le va bien?

Pepito hoy no sabe qué perdió más durante este año y medio; plata o tiempo. Está desubicado por que ya tiene bastantes años y sigue sin profesión, y eso que sólo hizo tres semestres; conoce casos de compañeros que están en similar situación, pero tienen ya 6 y 7 semestres cursados.

Hay miles de pepitos hoy en Bogotá y en Colombia. Es irónico escuchar al gobierno sacar pecho de las becas que ha otorgado y aprovechar eso para salir con ilusadas del estilo “Colombia la más educada de Suramérica” cuándo se está a años luz de algo por el estilo. Es aterrador como las universidades de garaje juegan con los sueños y las ilusiones de cientos de personas que trabajan duro, que se esfuerzan, que luchan contra la desigualdad y la falta de oportunidades, poniendo la fe y la esperanza en que el estudio les dará una vida mejor, un futuro menos difícil. En vez de estarse dando propaganda con cada migaja que dan, Santos, Parody y compañía; porque no hacen algo con estas entidades dedicadas a la estafa y al engaño. Porque a la pregunta de qué hacer con estas entidades ladronas que ofrecen programas sin ni siquiera estar acreditadas, la ministra reconoció que no tienen herramientas para controlarlas; luego ¿de qué manera piensa hacer de Colombia la más educada? ¿No les parece que va siendo hora de trabajar más y publicitarse menos? ¿No les parce que los miles o millones de personas que no pueden pagarse Andes, Javeriana o del Rosario, también hacen parte de este país? ¿O los de ese sector social no entran en las encuestas? Si la respuesta es sí entones que alguien haga algo para detener este negocio tremendamente lucrativo para unos pocos, pero asesino de sueños y proyectos de vida para muchos otros. De estos hay muchos señor presidente y señora ministra, hagan algo por favor.

T. @ 10SUE10

 

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Josué Martínez

Me apasiona el fútbol, me gusta leer y escribir, trato de estar al tanto de los temas de actualidad en el mundo.

Sitio Web: www.facebook.com/josue.d.sandoval

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