Ana Gardeazabal

Ana Gardeazabal

Domingo, 12 Junio 2016 22:29

Sin Dios ni ley

Sin Dios ni ley

Cuando no se puede parar lo imparable

Por: Ana Gardeazabal

No niego que me produce un morbo extraño, el saber cómo funcionaban todas las actividades ilícitas -escabrosas por cierto- en el bajo mundo del llamado “Bronx” en Bogotá. Creo que es el morbo, que nos envuelve a la mayoría de quienes fuimos espectadores de la intervención.

Sin embargo más allá del morbo, de lo de moda que pueda estar el hablar del tema, lo que pasaba en las calles del “Bronx”, es un problema muy serio y complejo, desde ese pequeño terreno de 5 cuadras o menos donde no existía ni dios ni ley, se fortalecían las estructuras criminales, delincuenciales y la economía narcotraficante. Aunque evidentemente, el dispersar la zona, no es la completa solución al problema, la ciudad pedía a gritos una intervención y había que hacerla.

Mas de 10 años de completa impunidad e indiferencia frente a este problema, habían hecho que cada vez fuera mayor la estabilidad de las mafias criminales y narcotraficantes, que residían y trabajaban allí, quienes vivían de amarrar a sus “clientes”, personas que padecen de una enfermedad llamada drogadicción.

Es de subrayar la contundencia con la que el distrito intervino en la zona, y la severidad de sus declaraciones - lo cual es lógico-, no puede ser que existan lugares en Bogotá ni en Colombia, sin dios ni ley, con conocimiento y complicidad de las autoridades.

Sin embargo, esta intervención tan solo fue el primer paso, el problema va mucho mas allá. Como decía un habitante de calle muy acertadamente, “el alcalde no puede parar lo imparable”, la drogadicción es una enfermedad, que no puede detenerse con la creación de innumerables centros de rehabilitación, ni reiteradas intervenciones, ni con incautaciones, ni con arrestos.

En mi opinión, donde debe concentrarse la propuesta -tal vez polémica- es en la creación de centros de “consumo“; el distrito debe tratar la drogadicción como una enfermedad, suministrar atención especializada en psicología y programas de rehabilitación, de la manera que ha venido haciéndolo, pero paralelamente debe crear estos espacios de “consumo”, con el fin primordial de desestabilizar la economía de las mafias narcotraficantes.

Al proveer el suministro de droga sin costo, en centros de “consumo”, para personas que padezcan esta enfermedad, automáticamente permitirá que el comercio ilegal de drogas decrezca exponencialmente. Los llamados “ganchos”, son redes narcotraficantes, que se sostienen económicamente de los clientes recurrentes, los drogadictos, si el distrito logra capturar la “clientela” más importante de los ganchos, no solamente dará un golpe a estas estructuras financieramente, sino que también evitará que se fortalezcan y se estabilicen, para seguir iniciando jóvenes en el mundo de las drogas.

Estos centros de “consumo”, deben poseer  lugares donde las personas que allí se encuentren, puedan comer, dormir, estar monitoreados y contar con especialistas en psicología y tratamiento a drogadictos, así mismo, puede llevarse un registro electrónico de ¿quiénes son estas personas?, ¿qué consumen?, ¿con qué frecuencia? y ¿cuántos son?.

Así mismo, el suministro de droga que el distrito provea, debe ser producto de operaciones de incautación de droga, golpes a las llamadas “ollas”, droga decomisada en lugares de transporte como aeropuertos, puertos marítimos o carreteras, incluso alucinógenos decomisados por la policía a particulares o a la delincuencia común. También esta propuesta, que para mí es prioritaria, debe ir acompañada con planes de contención en colegios y universidades, para evitar que más jóvenes inicien en las drogas

Finalmente, no hay garantía de que las casas de consumo sean la solución, así como tampoco hay garantía de que la sociedad bogotana y colombiana vaya a acoger una propuesta de tal calibre, tampoco hay garantía de que los centros de rehabilitación disminuyan el problema, de lo que si hay certeza, es que la intervención en el “Bronx”, es tan solo el primer paso, que estamos frente a un problema de gran envergadura que apremia atención, no solo del gobierno, sino de la sociedad en general. Seguramente no habrá una fórmula mágica, para solucionar el problema de los habitantes de calle o el problema de la drogadicción, son muchos los frentes que deben mitigarse e infortunadamente estas “soluciones” solo son aplicables mediante el método de ensayo y error.

Twitter. @anamgardeazabal

Martes, 03 Mayo 2016 07:58

El señor ego

Por: Ana Gardeazabal

 El camino hacia el infierno está empedrado de buenas intenciones

Le dicen el Señor Ego y si no, lo piensan por lo menos. Y es que no es para más, su gigante ego lleva a cuestas el bienestar de un gran número de colombianos, en razón del detrimento de la seguridad rural, la economía, la justicia, entre algunas otras cuestiones.

El señor Ego, se ha caracterizado a lo largo de su carrera política por ser un hombre ambicioso. Ha protagonizado el escenario político colombiano desde tres gobiernos ideológicamente opuestos. Como una especie de camaleón se transforma según su conveniencia. Sin embrago esa ambición con la que Dios lo ha bendecido -o maldecido-, la complementa una dosis de orgullo y egoísmo, y desgraciadamente, son esas dos últimas las que afectan su forma de liderazgo.

A pesar de transformarse camaleónicamente a lo largo de la historia política colombiana, Juan Manuel Santos ha tenido sus propios objetivos políticos, los cuales solo dio a conocer en el momento preciso, en el momento en que tenía el poder de hacerlos realidad. Para él la salida negociada al conflicto armado, siempre ha sido una meta y ahora, como presidente de Colombia, ha puesto toda su fuerza, voluntad y recursos en conseguirla, a toda costa. Y aunque el tema de la paz y la guerra en Colombia ha sido siempre el más importante y por consiguiente, de conseguir la paz se catapultaría como el personaje más importante de historia de Colombia después de Simón Bolívar,y probablemente lo haría acreedor de un Nobel de paz, los demás problemas en el país no van a desaparecer.

Paradójicamente, el gobierno busca, con sus ingenuas, egocéntricas o buenas intenciones, -siguen sin esclarecerse- la paz de Colombia y pone todo su esfuerzo en ello, mientras se destapan los líos de corrupción más graves como: los “pequeños” sobrecostos en Reficar, la venta de Isagen con un solo oferente, los contratos de explotación en zonas de reserva (Caño cristales) entre otros, y por otro lado algunos reajustes económicos, tributaciones, que castigan cada vez más a la clase media, sin contar con las supuestas muestras de voluntad de los actores armados que no son más que un teatro frente al crecimiento de la inseguridad en zonas rurales. Esos y muchos otros son problemas graves que el Señor Ego ha dejado de lado mientras consigue su más anhelada meta.

La obstinada voluntad por centrar su atención y su gestión en la búsqueda de la paz, con evidentes razones, ya que es el único proyecto del cual depende todo su gobierno y su imagen, ha permitido: 1. Que ofrezca cualquier cosa a cambio, incluso que replantee lo límites y acepte acciones que no debe aceptar por parte de los actores armados, 2. Que deje de lado problemas que también aquejan al país, 3. Que evite tomar en cuenta las advertencias de sectores opositores respecto a las falencias del proceso de paz, advertencias que pueden convertirse en aportes en el futuro, 4. Que espere que el marco del postconflicto sea la fórmula mágica que resuelva los problemas de subdesarrollo en zonas alejadas como la Guajira, el Caquetá, el Cauca, etc. Cuando, desde ya, debería estar construyéndose el desarrollo en esos lugares incluso dentro del conflicto, ya que aún es incierta la firma del proceso de paz y de igual manera la violencia en estas zonas no menguará con el acuerdo.

Será una tarea ardua mostrar, por un lado que existen problemas graves que no solo tienen que ver con el tema de la paz o la guerra y por otro lado, la cantidad de falencias y dificultades con las que cuentan los acuerdos en el proceso de paz, dificultades que eventualmente se convertirán en grandes problemas, que únicamente se verán y se tomaran en cuenta con seriedad cuando sean ejecutados en marco de un posible postconflicto, y cuando el Señor Presidente obtenga su premio Nobel de paz. Sin embrago queda claro que no aceptar que el balance general de que el país va por un mal camino se debe a que la dosis de orgullo, que solo le permite concentrarse en el tema de la paz, no le permitirá reconocerlo y mucho menos le permitirá corregir los errores que se han cometido, en esa búsqueda de la paz.

Y aunque probablemente dentro de su carácter ambicioso, el Presidente, creyendo en el proceso de paz y el proyecto del postconflicto tenga buenas intenciones, me recuerda un viejo proverbio que dice: “el camino hacia el infierno está empedrado de buenas intenciones” y francamente, Señor Presidente los colombianos ya no pueden vivir de sus buenas intenciones.

Twitter. @anamgardeazabal

Lunes, 21 Marzo 2016 09:38

En nombre de la paz

 

Crónica de una muerte anunciada

Por: Ana Gardeazabal

Que la opinión pública afirme que la paz está cerca es un idealismo, sin embrago que el gobierno alarde de la Paz en Colombia es una mentira. Desconcierta la confusión que existe entre hablar de un acuerdo de paz y la paz, hay que dejar claro que son dos cosas diferentes.

Dudo mucho que tan prometida paz llegue al territorio colombiano, por varios factores: factores que no estoy segura si el gobierno Santos ha querido pasar por alto conscientemente, o si en su obstinada meta por conseguir un acuerdo de paz se ha nublado su juicio. El primero,el narcotráfico. El tráfico de drogas no terminará con la firma del acuerdo, por más de que este así lo estipule. La guerrilla de las FARC es uno de los carteles de droga más importantes de América Latina, el hecho de que su estructura delincuencial quedará mermada como resultado del acuerdo está fuera de cuestionamiento, sin embrago ¿Qué plan tiene el gobierno para quienes desistan en la decisión de desmovilizarse?

Desistir de la rendición y desmovilización y mantenerse en pie de lucha en la filas de las FARC, es en la mente de muchos, una decisión completamente entendible. En términos de incentivos, en la medida en que disminuya el número de subversivos dentro de la organización, el margen de las ganancias por los negocios ilícitos se verán incrementadas para quienes continúen delinquiendo, así que muchos no querrán volver a la legalidad, simplemente por las ganancias que recibirán cuando la torta de las drogas sea repartida entre pocos.

Segundo, ¿Quién garantiza que las FARC es un grupo cohesionado que recibe y acata ordenes de quienes los representan en la mesa de negociación en La Habana? Muchas veces los jefes negociadores han incumplido promesas de no realizar atentados terroristas, ¿porque así los jefes negociadores lo permiten, o porque los disidentes e incrédulos en el proceso de paz dentro de las FARC, lo ordenan?

Tercero, el ELN también esta constitudo como un grupo guerrillero y no ha demostrado una intención real de negociar con el gobierno.

Cuarto, como resultado de los factores anteriores ¿quién puede asegurarle al pueblo Colombiano que después la firma del acuerdo de paz, se acabara la guerra, llegará la verdad y cesarán las víctimas?, La revictimización después de la firma del acuerdo es inminente, en la medida en que exista una disputa de poder entre los disidentes de la futura desmovilización de las FARC, el ELN y las bandas criminales.

Entonces, el acuerdo entre las FARC y el gobierno tiene como objetivo remover el nombre de una guerrilla o cambiar la dinámica de la guerra. Ponderando costos y beneficios, el gobierno, y en consecuencia todos los colombianos partimos de una clara desventaja, porque aunque se habla de verdad, justicia y reparación, los victimarios difícilmente cumplirán condenas justas, aunque se habla de combatir el narcotráfico, este se tratará como un delito conexo a la rebelión, aunque se condena el proselitismo político armado, se ordena salir a la fuerza pública de un territorio para abrir paso a jornadas de socialización de grupos de grupos armados fuera de la institucionalidad y aunque se habla de victimas es muy difícil asegurar que no lo seguirán siendo después del acuerdo de paz.

En resumen, ¿Qué ofrece el acuerdo de paz a todos los colombianos? Verdad, porque consiste en que los guerrilleros acepten, confiesen los delitos cometidos y se comprometan a no repetirlos. También tendrán que confesar las rutas del narcotráfico - lo que probablemente no cumplirán a cabalidad - y entregar las armas - lo cual también intuyo, no todos estarán dispuestos hacer, a cambio de que el gobierno en nombre de los Colombianos les otorgue prebendas políticas, rebajas en las penas o penas alternativas y zonas de concentración para la socialización de los acuerdos, zonas que a la larga terminarán facilitando el tráfico ilegal de drogas y armas.- Todo esto resulta siendo un fantástico desacierto debido a que a pesar del esfuerzo del gobierno Santos por conseguir un acuerdo de paz que termine con la guerra, en términos reales solo conseguirá transfórmala.  

Finalmente, termino haciéndome las preguntas que rondan por las mentes de muchos colombianos, ¿valdrá la pena la inversión exorbitante por conseguir el acuerdo de paz?, ¿valdrá la pena el endeudamiento de la nación por consolidar los puntos acordados?, ¿valdrá la pena el desgaste institucional que está teniendo el país? Aún quedan muchos interrogantes, sin embargo, a costa de cualquier cosa, supongo que como dice el Presidente Santos, todo será en nombre de la paz.

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