Martes, 23 Octubre 2018 14:31

Aborto legal, seguro y libre ya

Juan Camilo Parra

Por: Juan Camilo Parra

Colombia está ante un inminente retroceso en materia de derechos. Aunque hace poco perdió dentro de la Corte Constitucional una ponencia de la magistrada Cristina Pardo, que limitaba el tiempo en que una mujer podría practicarse un aborto, el peligro no termina. A pesar de la despenalización del aborto aún hay barreras para acceder a el y personas que quieren prohibirlo. La Corte no solo estableció que no se puede limitar el derecho, sino que en Colombia aún hay barreras para realizarlo en las tres causales que estableció en el año 2006 mediante la Sentencia C-355: peligra la salud o vida de la madre, violación o malformación fetal.

El derecho al aborto hay que ampliarlo, garantizarlo y desmoralizarlo; lo que implica una discusión moral, política y legal. Veamos.

Moral, pues la discusión sobre el aborto ha girado bajo la razón religiosa, moral o sensacionalista. Recientemente escuchaba una nota del programa Los Informantes de Caracol, donde acusaban a una madre de “abortar por desamor” y “luchar contra la criatura para que no sobreviviera”. Inclusive, leía a la pastora cristiana Claudia Rodríguez de Castellano quien afirma que el aborto es el asesinato de niños y lo compara con delitos como el secuestro, violación o maltrato de menores. Llevar el aborto a una discusión moral evade la realidad de este.

Cada uno tiene sus creencias y decisiones individuales, pero el aborto es un tema de salud pública; las convicciones personales de alguien no se le pueden imponer al resto de ciudadanos. Es una problemática que no da espera. El aborto hoy en día es una realidad; según la OMS, en el mundo ocurren entre 40 y 50 millones de abortos anualmente, donde alrededor de la mitad de estos son de forma insegura. Incluso, el 13% (70.000) de las muertes de mujeres maternas se debe a la realización de abortos inseguros. Y, las que no mueren, pueden quedar con consecuencias al largo plazo para su salud.

El mencionado fallo de la Corte Constitucional exhorta al Congreso de la República a legislar sobre el aborto. Colombia es un país donde se hace política juzgando con principios morales y religiosos la conducta de las personas; por lo cual, en una eventual reglamentación del congreso, el derecho a decidir continua en peligro de que se le impongan obstáculos, característicos de la excesiva tramitología y burocracia colombiana.

He aquí la discusión política. Los derechos humanos para las mujeres implican que decidan libremente sobre su cuerpo, su sexualidad y su salud reproductiva. La política pasa por asumir el cuerpo como un territorio que se habita y determina, donde priman la autodeterminación y libertad individual; en ese sentido, es inviable obligar a una mujer a finalizar un embarazo que no desea tener. El Estado, por el contrario, debe de garantizar la promoción y apertura a la información sobre los métodos de anticoncepción y la forma de vivir la sexualidad. Según la OMS donde se dispone de métodos anticonceptivos efectivos se disminuye la cantidad de abortos realizados: Más educación sexual es menos abortos. Pero, como ningún anticonceptivo es 100% seguro, los casos de embarazos no deseados seguirán sucediendo; y, por ende, algunos abortos.

¿Queremos que se hagan en la clandestinidad o en espacios seguros y con acompañamiento a la madre? Ello no significa aumentar los abortos en el país (recordemos el aborto no es un método anticonceptivo). En el mundo hay 1 aborto inseguro por cada 7 nacidos vivos. Pero, en América Latina según la OMS sube a 1 por cada 3. Vivimos en una sociedad donde las situaciones de inequidad afectan más a ciertas poblaciones y en ciertas geografías: necesitamos que los abortos inseguros se hagan en la legalidad.

Que las mujeres tengan limitantes para acceder a este derecho constituye una violación a su dignidad y una degradación de su ciudadanía. Las tres causales de la Corte deben ser defendidas hasta el final, porque hoy son terreno ganado para las mujeres en Colombia. Empero, la discusión política ahora debe ser en torno al empoderamiento femenino sobre su cuerpo, lo que implica aceptar que basta con que una mujer admita que no desea llevar a término su embarazo para que sea meritorio realizar una Interrupción Voluntaria.

La discusión en el derecho es clara. Se requiere progresividad en materia de derechos, no regresividad. Es necesario exigir la legalización del aborto (diferente a despenalización por causales) y su garantía en hospitales públicos. Hay congresistas que manifiestan estar de acuerdo con la magistrada Pardo. Es absolutamente inconveniente establecer un límite temporal para el aborto. Es como si un ciudadano tuviera derecho a la educación hasta los 20 años. Según DeJusticia, en una intervención realizada en la Corte Constitucional, las mujeres tienen dificultades estructurales para acceder libre, informadamente y a tiempo al aborto. Así, imponer un limitante de tiempo es hacer inviable el derecho. No lo prohíben, pero no lo permiten.

El Congreso tiene dos opciones. En 20 años, cuando el movimiento feminista haya asegurado la garantía y ampliación de los derechos de las mujeres, el Congreso de Colombia puede haber pasado a la historia como otro actor que intentó limitar los derechos de las mujeres o como un ente garantista y a la vanguardia de la protección de los derechos. ¿Cómo quieren ser recordados? ¿Retroceso de derechos o garantía de los mismos?

La Corte Constitucional en el 2006 no garantizó un derecho a medias. No aceptamos recortes. Las mujeres no van a permitir que se arrebate su derecho a decidir. Las mujeres piden educación para poder decidir, métodos anticonceptivos para ejercer su sexualidad libremente y aborto legal y seguro para proteger su vida. Mujeres, ustedes no están solas.

Instagram: juancamiloparrarestrepo

Publicado en Artículos
Jueves, 23 Agosto 2018 12:57

El Aborto

VER PROGRAMA goo.gl/LAtF2r

En debates Palabras Mass hablamos acerca de si en Colombia y América Latina debería haber #Aborto legal, seguro y gratuito en todos los casos. 
Invitados: Emilie Pontacq - Andrea Garzón C por Canal BoxMov
Con Lorena Castañeda - Maria Gardeazabal | Dirige Beto Diaz

Publicado en Artículos
Viernes, 09 Enero 2015 20:45

Estimada Sinvergüenza

Por: María Alejandra Amaya

Le escribo a usted mujer de valores distraídos, tan solo para hacerle saber que no estoy de acuerdo con su modo de vida y que por mujeres como usted a muchas otras se nos amarga la existencia. ¿No se da usted cuenta que el maquillaje y el querer mostrar, lo que no tiene, es tan solo una inmadurez que ufana su necesidad por ser observada? Déjeme decirle de la manera más cordial, que para mí es casi un “DELITO” que mujeres como usted se entrometan y dañen lo que otros construyen. Por favor señorita de los cabellos pintados y sobre planchados: piense en los demás, no sea egoísta, la cabeza no se hizo sólo para ponerse las extensiones que usted usa, por favor razoné…

Mi intención no es ofenderla, ni mucho menos quiero herir su suspicacia con mis palabras, tan sólo quiero decirle mi querida sinvergüenza, o estimada compañera del mundo, que usted y sus amigas tienen un lugar reservado en el listado de mis personas “un poco menos deseables”, que conozco miles como usted que sobresalen y viven en carros lujosos, que sin necesidad de insultarla considero, NO es feliz porque todo lo ha construido sumergida en una burbuja, le recuerdo solo a manera de tip, que no se disfruta aquello que no se lucha y no se trabaja y hasta donde mi razón me lleva, el coquetear no es considerado aún como trabajo. Mi método para conseguir lo que quiero es otro, quizá me demore más pero a usted le durará menos.

Sin mayor extensión en este escrito y con mis ojos encendidos por lo que produce su imagen, olor y hasta recuerdo en mi cabeza, me atrevo a decirle que es usted la sinvergüenza que más estimo, porque me ha dado la importancia que merezco, me ha hecho entender que si otros viven pensando en lo que hago y desean lo que tengo, incluyendo hasta el marido, es porque lo que Dios me ha regalado es muy bueno.

Gracias infinitas señorita por ello, espero estar en la lista de personas a imitar que usted ha de guardar con recelo en su agenda fucsia de escarcha.

Le envío un fuerte y fraternal abrazo, advirtiéndole que la guerra espiritual que usted ha iniciado yo no pretendo continuar, dese por bien servida, gano por W.

Cordialmente,

Su principal pasatiempo en estos días,

Yo

T. @Aleja_Amaya

Publicado en Artículos
Domingo, 14 Julio 2013 20:40

Mujeres colombianas

Soy hijo de un arquitecto boyacense muy próspero y con grandes extensiones de tierra cebollera, a quien no le agradezco otra cosa que unos cuantos pesos que me han servido para poco en momentos en que no los he necesitado. Soy hijo putativo de un negro sin grandes extensiones de tierra, pero inteligente, con varias carreras y especializaciones encima, muy inteligente y próspero, pero pienso que tal vez con ambición hubiera podido llegar a Papa. Tengo dos padres, uno blanco y uno negro, uno biológico y otro putativo.

Soy hijo de dos mujeres, las dos hermosas, mi madre bogotana y mi abuela boyacense criada a punta de papa y rejo me dice ella cada vez que debe llamarme la atención, soy hijo de las dos, a las dos les debo todo lo que soy, todo lo que tengo y todo lo que pueda tener, y todo lo que pueda llegar a ser. En mi casa siempre la mayoría ha sido por tradición femenina, mi abuela, mi madre, mi hermana, mi perra pastor alemán virgen y yo, que estoy entre hombre y mujer, pero creo ser más mujer que hombre, por eso prefiero no recurrir a la democracia dentro de los muros de nuestro apartamento, ahí soy un dictador. Yo soy el que tomo las decisiones más irrelevantes y poco transcendentales, de lo demás que se encarguen ellas, las mujeres de mi casa.

En los países que he visitado, siempre me he encontrado con hombres que me preguntan por las mujeres de mi país, y yo les hablo de mi madre, mi abuela y mi hermana. – si, si,si, ¿pero cómo son las paisas en tu país?­– me preguntó un canadiense, son como mi madre, mi abuela y mi hermana, son hermosas le contesté. ­– ¿es verdad que todas las mujeres en tu país tienen las tetas grandes?­– me preguntó un francés, pues mi madre no las tiene tan grandes, mi hermana un poco si, y mi abuela las tiene como las tienen las abuelas, le contesté. – ¡che! ¿Es verdad que las mujeres colombianas solo quieren efectivo y que si no ténes estas en el orto?  – me pregunto un argentino borracho, y le dije que no, yo no tengo dinero y mi madre, mi abuela y mi hermana me quieren. – ¿verdai que las mujerei colombiana toas son putá weon? – me indagó un chileno, bueno, que yo sepa mi madre, mi abuela y mi hermana no lo son.

Ya el simple hecho que nuestras mujeres colombianas tengan fama en el exterior de putas, interesadas y plásticas es sin duda para mí ofensivo, es insultante, es irritante, no es para menos. Pero más humillante es ver como entre risas y conversaciones desordenadas algunos hombres colombianos se divierten alentando la imagen denigrante de nuestras mujeres en la opinión extrajera. Yo soy amigo de la verdad por dura que sea, por incomoda que resulte, por eso debo reconocer que ese tipo de mujeres si las hay en Colombia, y no es una cantidad mínima, son muchas las que quieren capitalizar a punta del sacrificio sexual, son muchas las que instalan en su cuerpo un centro de atención al cliente personalizado, que busca dejar al cliente complacido a cambio de bonitas y costosas retribuciones por tan dedicada y sacrificante labor. Entonces se hacen no como ellas se gustan sino como al cliente le guste no porque el cliente tenga la razón sino porque es él cliente el que paga. El tamaño de las tetas, la forma del culo, la cintura, la nariz, las orejas, el mentón, el ombligo, hasta el clítoris se lo pueden ahora intervenir mediante una breve intervención quirúrgica por si el cliente quiere reinaugurar el establecimiento dedicado al placer.

En que carajos están pensando los pocos hombres colombianos que toman la tremendamente estúpida posición burlesca y fiestera sobre la imagen de nuestras mujeres colombianas. 

Estaba en Uruguay, no recuerdo el día pero recuerdo el frio abusivo y penetrante. Acompañaba a un amigo francés a un lugar donde vivió por una época. En ese lugar tuve la desgracia de conocer a un colombiano desastroso, él tipo decía ser paisa, y tenía ese acento que a mí me irrita con tan solo oírlo a lo lejos, y él lo tenía en frente. Decía ser jugador de futbol, decía ser hombre, decía saber mucho, decía tantas estupideces, una detrás de la otra, parecía una maquina humana de estupideces. La basura de “hombre” intentaba darle lecciones a una manada de extranjeros curiosos por visitar nuestro país, pero no por nuestras montañas, café o playas, sino por nuestras mujeres tetonas, putas y comprometidas con la vida placenteramente facil, él les mostraba como se tenian que vestir para levantar con facilidad, para “culiarse” a cualquier colombiana. Le aseguro que ni mi madre, ni mi abuela, ni mi hermana, ni siquiera mi perra “culiarian” con usted. Le dije al indecente tipo ese. (risa nerviosa y estúpida) ­– ¿y porque no? – me preguntó. Usted es alguien peculiar, tal vez por eso sea le contesté. Pero él no sabe que es ser peculiar, él piensa y relaciona el término con lo único en lo que sus neuronas trabajan, y es en sus ganas enormes de tener sexo con la primera mujer que por desgracia se le cruce por sus narices. 

Dentro de mis amigas, las mujeres de mi casa y con las que a diario tengo contacto en Bogotá no recuerdo conocer una de las que menciona el paisa futbolista que conocí en la capital del Uruguay, en mis recuerdos está viva doña Rosita, la señora que me vende cigarrillos en frente de los estudios de radio los martes cuando grabo programa, madre de dos hijos, uno cocinero y otro estudiante de diseño gráfico. Doña rosita me acerca el encendedor con sus manos maltratadas, y no por putiar, sino por lavar ropa por más de 20 años en casas ajenas. Está viva doña Nidia Quintero, la cara y el alma de la Fundación Solidaridad por Colombia quien cada año convoca a la única marcha a la que voy con gusto y ánimo. O una de mis colaboradoras en la recolección de firmas para revocar al alcalde Petro, madre de dos hijos, trabajadora incansable, responsable y honesta, maltraída por un animal infeliz, golpeada por una escoria que dice ser su esposo. En mi memoria están vivas muchas mujeres, con y sin tetas prominentes, gordas y flacas, bonitas y algunas pocas no tan agraciadas físicamente, pero con toda seguridad si mujeres hermosas, completas, irrepetibles y ejemplares. 

Escribiendo esto, acostado en mi cama, lejos de las mujeres de mi casa que amablemente me aman, y yo agradecido por tanto las amo de regreso, he pensado que tal vez las mujeres en Colombia necesitan menos hombres colombianos,  tal vez ellas, como evidentemente funciona en mi casa, deberían ser las que mayoritariamente tomen las decisiones más importantes de nuestro país, ellas deberían ser la mayoría en todo, las mejores en todo. Yo quiero ver mujeres colombianas representando nuestro país como ejemplarmente lo hace Toto La Monposina, o Shakira, o la tetona Sofia Vergara, porque es que el problema no es que sean o no tetonas, el problema es que lo hombres las devaluemos cínicamente como miles lo hacen a diario.

De pronto si la mayoría en el congreso no fueran hombres, y además de eso uribistas, de pronto si fueran mujeres independientes, tal vez estaríamos mejor, pienso, tal vez la realidad marcharía a otro ritmo un poco más saludable para nosotros los colombianos.

 

Buena noche.

 

Twitter: https://twitter.com/Giovanni_Bta

Facebook: http://www.facebook.com/giovanni.acevedo.5454

Fan Page: https://www.facebook.com/pages/Giovanni-Acevedo/109540275732024?fref=ts

 

Publicado en Artículos
Jueves, 20 Septiembre 2012 10:52

¿Cuál discriminación?

¡Si aquí en Colombia hombres y mujeres somos iguales!

Desde que nacemos el mundo nos lo dividen en dos: hombres y mujeres. Una vez concebida esta clasificación mental, pasamos a atribuir roles y funciones a cada uno. Es decir, que a cada uno se nos asigna que es lo que “debemos” hacer según nuestro género. Y así, vamos construyendo socialmente normas que van quedando ancladas en nuestro repertorio mental, que van pasando de generación en generación y que por lo tanto son luego muy difíciles de desvirtuar, pues han sido justificadas y normalizadas. Un ejemplo muy básico pero que permite entender este fenómeno es que “Las mujeres al timón son un peligro”. Básicamente se ha atribuido una calificación peyorativa y justificada a las mujeres que manejan. No obstante hay estudios que indican que los conductores de género masculino tienen mayor índice de accidentalidad.  

Dadas estas condiciones a las mujeres se les ha pasado a asignar tareas y actividades que corresponden mayoritariamente a los espacios privados que los públicos. Lamentablemente es un patrón que no solo se presenta en Colombia, sino en el mundo entero, incluso en países desarrollados. Por esta razón la Ley de cuotas, con amigos y enemigos, se ha establecido como un mecanismo que pueda romper con el patrón de las mayorías masculinas, sin embargo su implementación ha sido espinosa en la medida en que está tan asumida la idea de que líder hace referencia inmediatamente a hombre, fuerte con capacidad de decisión y autoridad, que la mujer queda relegada de taquito.   

Traigo el tema a colación, precisamente por dos hechos remarcables en las coyunturas políticas por las que está pasando el país y donde se ve de manera muy clara como mantenemos y limitamos la participación femenina en espacios de decisiones que  marcaran tanto nuestro presente como nuestro futuro. No es una cuestión de feminismo ni mucho menos como muchos aún lo creen. Simplemente de equidad y justicia. Precisamente la Resolución 1325 (2000) del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas fue desarrollada con miras a fortalecer la participación de la mujer en los procesos de paz, ya que su representación implica el reconocimiento de las mujeres como víctimas del conflicto armado  a través de agresiones físicas, sexuales y psicológicas. El presidente se la saltó olímpicamente!

Como había explicado en el artículo anterior, la forma en que el proceso de paz se desarrolle repercutirá profundamente en la institucionalización de comportamientos, que luego serán asumidos por los ciudadanos. Encontramos entonces contradicción entre lo que el estado propone y lo que realmente asume. Equipo de negociación se ha conformado  “a partir de criterios y principios como la prudencia, el valor de la seriedad, el realismo y la eficacia”, según las palabras del mandatario. ¿Y la equidad y la justicia como las vamos a ver reflejadas si no hay un claro ejemplo de ello? No asume que está en la obligación de incluir en este espacio mujeres, no solo por ponerlas, sino porque hay perfiles que dan un aporte inmensamente valioso, apreciable y que la mesa necesita.

Si bien existe una alta consejería para la equidad, el mismo presidente no tiene en su universo mental la figura de una mujer también al mando de las situaciones. Es como la frase que dice: “detrás de cada hombre hay una gran mujer” y ahí está el problema, nos ponen detrás y no al frente del campo de batalla. No tenemos condiciones y garantías para la participación política a pesar de que hay discursos que digan lo contrario. No hay acciones evidentes ni voluntad política.

El segundo hecho no menos importante que tiene la misma problemática de base: la terna y la elección del Defensor del pueblo. De los ternados Beatriz Linares, Olga Lucía Gaitán y Jorge Armando Otálora, se escogió a este último. Los dos primeros perfiles quiero resaltar que desde el punto de vista técnico están largamente calificados además de demostrar una experiencia robusta en cuanto a defensa de derechos humanos se trata. Contrario al perfil del elegido. Sobra decir que se evidencia aquí un episodio de discriminación porque para ser elegido basta con ser macho alfa de la manada, más que técnicamente calificado. 

Publicado en Artículos

Círculo de Amigos