Miércoles, 08 Enero 2014 00:33

Todo menos la educación

Si el Gobierno y las FARC suscribieron un Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera, sobre la base de que debe promoverse el desarrollo económico con justicia social, el desarrollo social con equidad y bienestar y la ampliación de la democracia, la educación,  como eje del desarrollo económico y social que tanto invocan, o la ausencia de ella, que es una de las principales causas del conflicto, tenía que haber sido el primer punto de la agenda de La Habana. Pareciera que a los negociadores, como a la mayoría de los colombianos, todo les importa menos la educación.

Si hay un mérito que haya de reconocérsele al proceso de paz que actualmente se adelanta por el Gobierno y las FARC -fuera de la genuina voluntad que parece impulsar a las partes-, es que pretende atacar las causas que originan el conflicto y darles cabal solución en la fase de implementación. No de otra manera se justifica que la agenda de negociaciones incluya dentro de sus famosos cinco puntos los temas de Una Política de desarrollo agrario integral, Participación política en el postconflicto, Solución al problema de las drogas ilícitas, Víctimas y Fin del conflicto.

Nadie se tragaría el sapo de negociar con las FARC buena parte de los cimientos del Estado colombiano, como los que se están discutiendo, si no fuera porque la única manera de acabar con este absurdo conflicto, bélico y social, es la desactivación de los gérmenes del conflicto, como la desigualdad y la inequidad, y de los agentes que lo han agravado, como el narcotráfico y la sistemática violación de derechos humanos (de parte y parte).

Entonces, si de lo que se trataba era de erradicar las causas del conflicto, ¿por qué las FARC, que posan de adalides de la justicia social, no se la jugaron por la inclusión de la educación en la agenda? ¿Por qué tampoco el Gobierno, que se dice social e impulsor de la innovación como motor del desarrollo?

Si bien es cierto que una política de desarrollo agrario integral, la indemnización de las víctimas y la restitución de las tierras despojadas, temas que sí hacen parte de la agenda, representarían un gran avance, jamás serían suficientes para desactivar las causas del conflicto y combatir la desigualdad, según las confesas motivaciones del proceso de La Habana.

En efecto, el desarrollo económico con justicia social y en condiciones de competitividad no es posible sin conocimiento y progreso técnico, es decir, sin educación. Ya lo decía un ejemplo de reivindicación social, Diego Luis Córdoba, por la ignorancia se desciende a la servidumbre, por la educación se asciende a la libertad. El progreso social con equidad y bienestar no solo no es posible sin educación, sino que es sinónimo de ella. Donde hay educación no hay distinción de clases, diría Confucio. Y la ampliación de la democracia no es otra cosa que la formación de más y mejores ciudadanos, mediante la educación. No en vano el fundador de la Academia sentenció que el objetivo de la educación es la virtud y el deseo de convertirse en un buen ciudadano.

Este proceso de paz era sin duda la mejor oportunidad para transformar el inoperante, ineficaz, ineficiente y atolondrado sistema educativo colombiano, en uno sólido, estable, sostenible y vigoroso, eje del pretendido desarrollo económico y social del país, soporte del presuroso e inclemente postconflicto y hacedor de la verdadera democracia. Las FARC y el Gobierno todavía tienen la sartén por el mango, entonces ¿qué esperan en La Habana para sustituir las AK-47, muerto su creador, por el arma de la educación? Al fin y al cabo la educación es la única herramienta legítima a disposición de los menos afortunados para hacerse parte de la sociedad, la cual, en el caso colombiano, tiende a excluirlos cada vez más.

@HumbertoIzqSaa 

Publicado en Artículos
Jueves, 07 Noviembre 2013 01:32

Crónica de un fracaso anunciado

Este artículo lo comencé a escribir en Septiembre del 2012, para un diplomado que estaba haciendo en ese entonces “Escuela de Escritores”. En ese momento el país comenzaba a ver como un Presidente, que llegó al poder con el mandato popular de llevar al país por el camino que había trazado el ex presidente Uribe, había resuelto, un día, darle la espalda a la opinión de sus electores y comenzar los diálogos de paz en La Habana, que hoy solo demuestran fracasos, cómo quisiera estar diciendo lo contrario hoy casi después de un año. Qué equivocada estaba yo en ese momento, “Las FARC nos han demostrado con acciones claras su voluntad de llegar a un acuerdo de Paz, y lo quieren hacer confesando sus crímenes, cediendo en las negociaciones, incluso han comenzado con un cese al fuego…”

Pero desafortunadamente hoy, 5 de Noviembre de 2013, los hechos demuestran lo que se veía venir.

Aquel artículo comenzaba diciendo: ¡¡¡Qué país de locos!!!  Esta frase se vino a mi mente después de encender el televisor, en uno de los horarios prime y ver a uno de los principales victimarios de campesinos, mujeres, niños y niñas de este país, al grupo narcoterrorista de las FARC haciendo declaraciones cínicas ante todos quienes estuvieran viendo los noticieros en ese momento.

 “No somos Narcotraficantes, no tenemos un  sólo civil secuestrado, eran algunas de sus  afirmaciones…”

 El artículo continuaba:

No es que esté en contra de la paz ni mucho menos, pero la verdad me siento triste, impotente, desilusionada, engañada tal y como deben sentirse muchos otros compatriotas. Siento que el país se vuelve a desviar, adoptando el reconocido “caminado de cangrejo”.

El resto del texto era realmente pesimista, lo escribí, aunque no era mi tarea para ese día, y lo hice para sacar el dolor de patria que sentía, de la manera más pacífica que conozco: escribiendo…

Creo que casi me sumerjo en el desagradable pesimismo… después de ver a dos de los noticieros nacionales más reconocidos, regalando una de sus franjas más importantes a esos que se hacen llamar ejercito del pueblo…

 -¿De cuál pueblo? Me pregunté.

-¿De ese al que secuestran?  ¿Al que le arrebatan sus niños y niñas para reclutarlos en sus filas? ¿Ese pueblo al que han familiarizado de tal manera con el terrorismo, que sus expresiones ya no causan las reacciones que deberían?

Por favor… pongamos los pies sobre la tierra, es totalmente válido y humano que tengamos como objetivo último alcanzar la paz y que ese sea nuestro idilio como pueblo y sociedad que somos. Pero no podemos olvidar que la palabra paz tiene un significado real que es bien amplio y complejo.

¿Qué es la paz? Decir que estamos en un proceso de paz, no lo creo; una paloma, blanca tampoco; transmitir videos alusivos al “ejército del pueblo” en televisión nacional, tampoco.

La paz  es la seguridad, y esta no es una frase mía, tengo que confesar que la leí, pero cuando lo hice pensé: es verdad, la paz en este contexto y en esta realidad colombiana es sinónimo de seguridad.

¡¡¡Que escena de Locos!!!, pensé esa mañana  de finales del 2012parece sacada de Alicia en el país de las maravillas,el ejercito del pueblo en televisión nacional hablando en nombre de los colombianos y de las víctimas de la violencia. Asegurando que su bandera es la de la paz y la igualdad, ¿secuestro?,  ¿ narcotráfico? Estos personajes se venían a dar por enterados en ese preciso momento que estos actos atroces existían, era como si nunca hubieran cometido el más mínimo acto de terrorismo, como si no existieran los testimonios de civiles que estuvieron en cautiverio, o como si no existieran múltiples pruebas de que son: el más grande cartel del narcotráfico.

Y me pregunté: ¿Cómo funciona una mente criminal?, ¿es para ellos algo natural la actitud cínica y prepotente que demuestran en su discurso? Claro que lo es…

Si empezamos los diálogos así, con cinismos, mentiras y sin admitir los errores del pasado, ¿será que tiene algún sentido este dialogo?, ¿se puede confiar en una organización como las FARC?

Pero bueno, parece que no queda más remedio que creerles a unos cuantos bandidos ¿o quizá, ex bandidos? Que ya tantas veces han jugado con nuestras buenas intenciones y esperanzas…

Y así finalizó mi artículo de Septiembre del 2012.

Como quisiera que el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC me estuvieran demostrando, hoy, con hechos, que era la decisión correcta y que ambas partes están sentadas en La Habana con la firme intención de buscar un mejor futuro para los colombianos, pero tal como muchos nos lo sospechábamos, los terroristas siguen dilatando las discusiones centrales del proceso, y es claro el porqué: no tienen ningún interés sincero, son simplemente un cartel del narcotráfico que practica el terrorismo y se disfraza bajo el manto de las antiguas ideas de una guerrilla comunista engendrada en los campos de Colombia, y que tenía su razón de ser…

“El Ejército del Pueblo” sigue presentando su función, aprovechando la carpa de circo que les armo el Gobierno, gobierno que va tras su propia función, en la que el presidente Santos sueña pasar a la historia con un premio nobel de paz, para alimentar su vanidoso ego.

Hoy los señores de las FARC gozan de sus paseos en catamarán por el hermoso mar Caribe, mientras ordenan secuestros al son de la salsa y el aroma de un buen tabaco, y entre el ruido de las maracas siguen controlando sus rutas de narcotráfico y dirigen acciones terroristas contra el pueblo que dicen representar.

Y mientras tanto, ese pueblo pide a gritos que el gobierno deje por un momento el espectáculo del cual es protagonista y voltee la mirada hacia los problemas de hoy: una justicia ineficaz -con altos niveles de impunidad-, un Congreso con bajísima credibilidad, falta de gobernabilidad y ejecución, un sistema de salud que no piensa en sus pacientes, una educación que requiere calidad, un Estado con sus instituciones fragmentadas…

Pero que siga la fiesta, porque lo que es este Gobierno de la Unidad Nacional, se queda, así haya que resucitar a la mismísima Celia Cruz, para atraer más espectadores al show.

 

T.@Dmejiagiraldo

 

 

Publicado en Artículos

Presidente Santos no vaya a suspender los diálogos de paz. El levantamiento de la negociación solo aplazaría el resultado –satisfactorio o no– de ésta, porque con elecciones o sin ellas el resultado de las negociaciones va a ser similar, si no es el mismo: el Gobierno tiene inamovibles y el grupo terrorista está tratando de sacar lo que más se pueda de la mesa claro; y sí, hay que ceder para lograr la anhelada paz.

Ahora bien, ¿de dónde sale la propuesta de suspensión? En realidad la petición viene solo de las toldas ‘uribistas’, porque el Polo Democrático se pronunció a favor de la continuación de los diálogos y, por supuesto, los demás partidos de la coalición también. ¿Y la gente qué quiere? Los colombianos queremos la paz, una paz con el menor número de muertos, para lo que es necesario el proceso. Adicionalmente, está demostrado que los conflictos internos (en el mundo) no terminan por la vía de las armas, sino que es necesario un proceso que permita la transición, procesos que, en algunos casos, han durado hasta de diez años. Por lo que el año que lleva este proceso no es mucho con respecto a los más de cincuenta años del conflicto y al número de años que duran los procesos de negociación.

Los colombianos debemos dejar tanta ligereza y falta de memoria, hay personas que nos intentarán convencer de la falta de legitimidad del gobierno para buscar la paz; que sin cese de fuego no se puede negociar; que va a haber impunidad. A esas personas hay que responderles que a ningún gobierno (de Santos, de Jorge Barón o hasta de Pachito) le puede llegar a faltar legitimidad para negociar la paz, porque buscarla debe ser la máxima de cualquier gobernante colombiano: este país ya no quiere más sangre.

Por otro lado, quienes exigen cese al fuego están desconociendo que casi ningún proceso de paz ha iniciado de esta forma: IRA no dejó las armas para sentarse en la mesa, solo después de un tiempo lo hicieron. Adicionalmente, nadie puede negar que muchos frentes del grupo terrorista ya no dependen del mando central y que por lo tanto esas personas que no están representadas en la mesa no son guerrilleros,  sino vándalos, narcotraficantes y zares de la minería ilegal. El proceso se está haciendo con quienes son dueños de la marca FARC, para después tratar a los que queden como lo que son: terroristas.

Por último, no va a haber impunidad. Lo aseguro no solo porque el gobierno lo diga, es cuestión de nociones básicas de derecho penal, justicia transicional y derecho internacional. Si se aplicara el derecho penal, a ninguno de estos personajes se les podría excluir de la imputación, acusación y juzgamiento de sus delitos, sus rebajas de penas también serían las que contempla el código penal. Si se aplica la justicia transicional –como va a ocurrir–, se rebajarán las penas de estos guerrilleros de tal manera que sea atractivo y viable entregar las armas e ir a una cárcel con el compromiso de que no perderán sus derechos políticos, siempre y cuando no hayan cometido delitos de lesa humanidad, como ya lo advirtió el Fiscal General. Todo esto lleva a que si no se aplica el Código Penal o una verdadera justicia transicional, es decir, si no se administra justicia, la Corte Penal Internacional tendría que intervenir en el país para velar que se cumpla con la normativa penal y ningún gobierno permitirá que se diga que bajo su tiempo en el poder no funcionó la Rama Judicial.

Nos van a tratar de refutar cualquier argumento, porque todo lo del actual gobierno es malo y la paz solo es buena cuando ellos la tratan de conseguir, o ¡ya nos olvidamos de Ralito y los ‘Paras’ (ahora bacrim), o los múltiples intentos de diálogos con las FARC (alocución presidencial autorizando el despeje de Pradera y Florida) y con el ELN del ex presidente Uribe? ¿Ya nos olvidamos de Rodrigo Granda y alias ‘Karina’? También nos olvidamos que eso que dicen que la guerrilla estaba vencida tampoco es cierto, porque desde finales de 2008 (gobierno Uribe, para los que ya olvidaron) las cifras de atentados empezaron a aumentarse de nuevo y por lo tanto estos terroristas nunca estuvieron derrotados como dicen.

Presidente Santos, no vaya a suspender los diálogos y menos cuando quienes así lo desean prefieren el poder que la paz. No lo haga porque estos tipos solo quieren aprovecharse de la mala memoria de algunos ciudadanos en beneficio de sus intereses personales.

Presidente, no se le ocurra levantarse de la mesa, porque los colombianos no estamos dispuestos a aplazar la paz.

Javier Prieto Tristancho

@japritri

Publicado en Artículos
Página 2 de 2

Círculo de Amigos