Jueves, 28 Julio 2016 15:00

Campaña del SÍ y el NO por la paz

Surgen movimientos ciudadanos en torno a los acuerdo de paz de la Habana, unos promotores como "Por Colombia Sí",y otros grupos de opositores como "Resistencia Civil" 

 

Publicado en Artículos
Martes, 05 Julio 2016 08:57

Mermelada por la paz

Por: Luis Carlos Barraza

“Hay sapos muy grandes que uno se tiene que tragar para lograr la paz” Juan Manuel Santos.

Bastante trillado, cínico y egoísta el discurso de los autoproclamados “aliados de la paz”, llegando a satanizar aquellas personas que no se encuentran  conformes con dicho proceso, estos señores día a día buscan la manera de confrontar los diferentes sectores sociales de un país históricamente en conflicto. ¿Cuál es el verdadero costo de la paz?,  Atropello a los derechos de las víctimas, anteponiendo el bienestar de los verdugos, buscando recursos para financiar un proceso y un post conflicto que solo beneficia a unos pocos, las verdaderas víctimas olvidadas por el aparato gubernamental, no se sienten identificadas por negociadores, a quienes ni siquiera conocen más que por los excesos de publicidad contratada por el gobierno.     

El índice global de impunidad revelado en 2015 por la Universidad de las Américas de Puebla,  sitúa a Colombia como el tercer país más corrupto de 59 pertenecientes a la ONU. Cada vez son más las administraciones municipales y departamentales que manifiestan su respaldo a los acuerdos convenidos en la habana con el grupo terrorista FARC, estas administraciones no desconocen que el botín de mermelada para el post conflicto será mayor, por ende conviene desde ya montarse al tren de la paz, sin importar el sentir de las  víctimas.

Más que por un sentir patrio o constituir una verdadera unidad nacional que encamine el rumbo del país, por una paz con justicia con reparación integral a las víctimas, veraz y corroborarle, los sentimientos de paz del gobierno y sus aliados obedecen  a intereses populistas, lucrativos y politiqueros.  La verdadera paz no se puede constituir sobre cimientos de división, si no existe voluntad y convergencia desde todos los sectores en torno a una propuesta incluyente para hacer la verdadera paz, nunca los colombianos podremos disfrutar de ella. La paz es mucho más que mermelada y “proyectos de inversión” para los municipios (de estos últimos, muchos recursos acaban siendo desviados  para la financiación de campañas de los conocidos barones electorales), la paz es un engranaje perfecto, impulsado por la reparación y justicia.

En Colombia se ha logrado establecer, que los grupos al margen de la ley con intereses serviles al terrorismo, cuentan con gran capacidad económica, tendiente a crecer, producto del narcotráfico, extorsión y secuestro, flagelos vistos desde toda óptica racional, moral y legal como reprochables, repudiables y punibles. La revista Forbes sitúa al grupo terrorista FARC en el tercer grupo más rico  del mundo, ellos proclaman que no cuentan con dinero suficiente para reparar a víctimas, mientras tanto el gobierno nacional acude a la caridad mundial, incrementando la deuda externa a un techo histórico, y afectando la economía del ciudadano de bien,  afectación reflejada en el aumento de tasas e impuestos. Delinquir debe ser un hecho repudiable por la ciudadanía en general, ¿Qué mensaje de cinismo envía a la ciudadanía, el actual gobierno con un país que apremia el terrorismo y criminaliza la protesta pacífica?.

Nos rasgamos las vestiduras con una falsa moral criticando la corrupción y la violencia, pero a la primera no titubeamos en legitimarla, aunque esto atente contra nuestros principios de dignidad y sensatez. ¡NO!, cuando impera la ley, la sensatez y la razón por encima de los intereses personales,  no es necesario tragarse ningún sapo.

Twitter: @LuisK_Barraza

Publicado en Artículos
Lunes, 21 Marzo 2016 09:38

En nombre de la paz

 

Crónica de una muerte anunciada

Por: Ana Gardeazabal

Que la opinión pública afirme que la paz está cerca es un idealismo, sin embrago que el gobierno alarde de la Paz en Colombia es una mentira. Desconcierta la confusión que existe entre hablar de un acuerdo de paz y la paz, hay que dejar claro que son dos cosas diferentes.

Dudo mucho que tan prometida paz llegue al territorio colombiano, por varios factores: factores que no estoy segura si el gobierno Santos ha querido pasar por alto conscientemente, o si en su obstinada meta por conseguir un acuerdo de paz se ha nublado su juicio. El primero,el narcotráfico. El tráfico de drogas no terminará con la firma del acuerdo, por más de que este así lo estipule. La guerrilla de las FARC es uno de los carteles de droga más importantes de América Latina, el hecho de que su estructura delincuencial quedará mermada como resultado del acuerdo está fuera de cuestionamiento, sin embrago ¿Qué plan tiene el gobierno para quienes desistan en la decisión de desmovilizarse?

Desistir de la rendición y desmovilización y mantenerse en pie de lucha en la filas de las FARC, es en la mente de muchos, una decisión completamente entendible. En términos de incentivos, en la medida en que disminuya el número de subversivos dentro de la organización, el margen de las ganancias por los negocios ilícitos se verán incrementadas para quienes continúen delinquiendo, así que muchos no querrán volver a la legalidad, simplemente por las ganancias que recibirán cuando la torta de las drogas sea repartida entre pocos.

Segundo, ¿Quién garantiza que las FARC es un grupo cohesionado que recibe y acata ordenes de quienes los representan en la mesa de negociación en La Habana? Muchas veces los jefes negociadores han incumplido promesas de no realizar atentados terroristas, ¿porque así los jefes negociadores lo permiten, o porque los disidentes e incrédulos en el proceso de paz dentro de las FARC, lo ordenan?

Tercero, el ELN también esta constitudo como un grupo guerrillero y no ha demostrado una intención real de negociar con el gobierno.

Cuarto, como resultado de los factores anteriores ¿quién puede asegurarle al pueblo Colombiano que después la firma del acuerdo de paz, se acabara la guerra, llegará la verdad y cesarán las víctimas?, La revictimización después de la firma del acuerdo es inminente, en la medida en que exista una disputa de poder entre los disidentes de la futura desmovilización de las FARC, el ELN y las bandas criminales.

Entonces, el acuerdo entre las FARC y el gobierno tiene como objetivo remover el nombre de una guerrilla o cambiar la dinámica de la guerra. Ponderando costos y beneficios, el gobierno, y en consecuencia todos los colombianos partimos de una clara desventaja, porque aunque se habla de verdad, justicia y reparación, los victimarios difícilmente cumplirán condenas justas, aunque se habla de combatir el narcotráfico, este se tratará como un delito conexo a la rebelión, aunque se condena el proselitismo político armado, se ordena salir a la fuerza pública de un territorio para abrir paso a jornadas de socialización de grupos de grupos armados fuera de la institucionalidad y aunque se habla de victimas es muy difícil asegurar que no lo seguirán siendo después del acuerdo de paz.

En resumen, ¿Qué ofrece el acuerdo de paz a todos los colombianos? Verdad, porque consiste en que los guerrilleros acepten, confiesen los delitos cometidos y se comprometan a no repetirlos. También tendrán que confesar las rutas del narcotráfico - lo que probablemente no cumplirán a cabalidad - y entregar las armas - lo cual también intuyo, no todos estarán dispuestos hacer, a cambio de que el gobierno en nombre de los Colombianos les otorgue prebendas políticas, rebajas en las penas o penas alternativas y zonas de concentración para la socialización de los acuerdos, zonas que a la larga terminarán facilitando el tráfico ilegal de drogas y armas.- Todo esto resulta siendo un fantástico desacierto debido a que a pesar del esfuerzo del gobierno Santos por conseguir un acuerdo de paz que termine con la guerra, en términos reales solo conseguirá transfórmala.  

Finalmente, termino haciéndome las preguntas que rondan por las mentes de muchos colombianos, ¿valdrá la pena la inversión exorbitante por conseguir el acuerdo de paz?, ¿valdrá la pena el endeudamiento de la nación por consolidar los puntos acordados?, ¿valdrá la pena el desgaste institucional que está teniendo el país? Aún quedan muchos interrogantes, sin embargo, a costa de cualquier cosa, supongo que como dice el Presidente Santos, todo será en nombre de la paz.

Twitter.

 

Publicado en Artículos
Jueves, 17 Marzo 2016 22:01

Los avances en la Habana

Reconocido por sus posturas políticas, León Valencia visitó los estudios deRadio.amiga Internacionaly partició enPalabras Mass, con sus conceptos acerca del proceso de paz y los avances en La Habana. Dirige. Alberto Diaz #Opinión #Política #Radio.

 

Publicado en Artículos
Viernes, 06 Noviembre 2015 15:10

Guerras nuevas en un mundo globalizado

 

Por: Daniela Camargo Camacho

 

Después de la Guerra Fría prácticamente se acabaron en el mundo las guerras convencionales entre Estados pero surgieron, en ciertas regiones, otras clases de confrontaciones intestinas de bandos armados que luchan por el poder.

Estas guerras nuevas surgieron internamente como consecuencia no sólo de la debilidad militar de los gobiernos, sino también de la escasez de recursos, de la desigualdad social, la falta de trabajo y la falta de educación, sometido a las minorías que propician no sólo el hambre y la miseria, sino también al surgimiento de jefes militares guerrilleros o paramilitares que luchan entre sí o contra el Gobierno de turno. Estos grupos insurgentes están basados en una ideología totalmente diferente a la propuesta por el Gobierno, como es el caso de Uganda, Kenya, Guatemala, El Salvador, Perú, Colombia, entre otros.

Uno de los graves problemas de estas “guerras nuevas” es que tanto los victimarios como las víctimas en su gran mayoría son civiles. En estas nuevas guerras, existe una violación generalizada del Derecho Internacional Humanitario y de los Derechos Humanos, pues se practican las limpiezas sociales y raciales, se usurpan las tierras, se hacen desplazamientos forzados. Los métodos para financiar tales guerras por parte de los agentes insurgentes son: el terror, el secuestro extorsivo, el cobro de “impuestos”, la explotación del narcotráfico y la minería ilegal.                                                                                    

Los organismos internacionales como la Corte Penal Internacional (CPI), han sido incapaces de perseguir y castigar a genocidas y líderes de estos grupos insurgentes que cometen atrocidades contra la población civil, no sólo porque el Gobierno no cuenta con un aparato militar poderoso, sino también porque muchas facciones rebeldes son amparados por gobiernos corruptos; la CPI ha condenado en toda su corta historia a una sola persona, por lo que queda en duda el papel que dicha organización está realizando para ponerle fin a las vulneraciones de los derechos humanos en el plano de un conflicto armado.

¿Cómo acabar estos conflictos armados contemporáneos? Es una pregunta que tanto Estados como organizaciones internacionales se han hecho desde hace muchos años. Lo único que se sabe, a ciencia cierta, es que no ha habido ni hay ni habrá una sola guerra con fines altruistas o humanistas: detrás de las motivaciones de cualquier guerra siempre habrá motivos mezquinos que hay que combatir primero si se quiere conseguir la paz duradera.

Guerras como las de la antigua Yugoslavia y Ruanda, han terminado y han dado lugar al surgimiento de tribunales ad-hoc para castigar a todos aquellos que torturaron, masacraron, violaron y asesinaron a un sin número de civiles, pero no han acabado del todo con los conflictos internos. Otras guerras nuevas han tenido tan larga duración que aún se sigue debatiendo su finalización como el caso específico de Colombia, que cumple con más de cincuenta años de lucha entre hermanos con gran violación a los derechos humanos. Puede que en La Habana los políticos y líderes de las FARC, la guerrilla más antigua del mundo, estén encaminados en la firma de un acuerdo de paz, pero aún falta una negociación con el ELN, otra guerrilla de izquierda que sigue haciendo de las suyas, no sólo asesinando a los miembros del ejército que se enfrentan con ellos en los rincones más recónditos de la selva colombiana, sino masacrando y explotando a la población civil.

Tal vez la forma como se podría mitigar y acabar con el conflicto armado contemporáneo, no es sólo persiguiendo y encarcelando a los cabecillas de los cuerpos armados insurgentes, ni indultando o amnistiando con perdón y olvido a sus dirigentes a través de acuerdos de paz que sólo tienen en cuenta a los victimarios pero no a las víctimas. Más bien, debería haber más cooperación de los Estados desarrollados y así se solidaricen con los pueblos en conflicto armado, se propicie la paz, el progreso, la educación, la igualdad socioeconómica y se combata la corrupción de estos gobiernos. Sólo así se puede fomentar un postconflicto que restañe las heridas y beneficie a todos por igual.

 

Publicado en Artículos
Jueves, 20 Noviembre 2014 08:00

Para blindar la paz: ¡Que cese el fuego!

Por: Fernando Vega Lugo

La suspensión de los diálogos de paz por parte del presidente Santos es una afrenta al proceso desarrollado en La Habana. No se trata de una simple pausa, sino de un termómetro con el que Santos busca equilibrar su relación con los altos mandos militares, a la vez que mide el apoyo ciudadano al proceso de paz.

Las reflexiones son muchas. No han perdido oportunidad los sectores guerreristas, para beber de la sangre y esgrimir sus reticencias sobre cada posibilidad de avances del proceso. A modo de rimbombantes “capitulaciones” o detalladas cartas de amplia difusión por la gran prensa, no cesan las conspiraciones en contra del proceso, de quienes terminan por inflar sus cuentas en redes sociales a través de chivas filtradas por medio de la inteligencia militar.

Sin lugar a eufemismos, apegados al artículo 4 del Convenio 3 de Ginebra relativo al trato debido de los prisioneros de guerra de 1949 la desafortunada retención del general Alzate encaja perfectamente en esta categoría. Dicha acción de guerra debe ubicarse al lado de la retención de los soldados de Arauca por parte de la insurgencia, los bombardeos de las Fuerzas Militares en contra de campamentos guerrilleros y con afectación a civiles, la siembra de minas antipersona, los falsos positivos, las operaciones encubiertas, entre muchas otras, como actos que por sí mismos desestabilizan los anhelos colectivos de paz que hoy permanecen en Colombia. Los actos de guerra traen siempre consigo derramamiento de sangre, y en esta ocasión, hay que pararlos.

Hay que superar algunos discursos para construirle una mayoría social a la paz. Esa recalcitrante idea de la “división interna de las FARC” impulsada por los grandes “conflictólogos” hoy se cae por su propio peso. Resulta equivocado pensar que esa supuesta realidad aceleraría la posibilidad de avanzar hacia la firma de un acuerdo de paz. Por el contrario, esa realidad haría pensar en una imposibilidad rotunda de finalizar la confrontación armada. Hoy preocupa más una eventual división en el Estado colombiano, entre unas Fuerzas Militares que parecen confiar más en los caprichos del expresidente Uribe que en las órdenes del presidente Santos, que evidencia por redes sociales y en discursos sus dificultades. Aún faltan respuestas profundas, que deben Santos, Pinzón y hasta Uribe y la inteligencia militar al país.

No puede la opinión pública pararse desde una orilla de la guerra, sino desde la profundidad de la paz. El reconocimiento del conflicto –condición necesaria para el diálogo- implica per sé la bilateralidad de las hostilidades. No pueden los cálculos militares de un lado u otro ser óbice para que no sea posible pactar hoy una tregua. La paz es un derecho fundamental y como tal debe ser defendido, ante una posibilidad inminente de pactar un cese al fuego, que por supuesto debe ser bilateral. No exigirlo de esa manera sería tal como pedirle a alguna de las partes del conflicto que deponga sus armas mientras la otra continúa con su ofensiva, donde no estaríamos ante un proceso de paz, sino ante un escenario de sometimiento.

Está entonces latente –como hace 50 años- la dicotomía entre guerra y paz. Hay que defender la paz por encima de los cálculos políticos o militares, de la legitimidad de cualquiera de las dos partes del conflicto y anteponiendo la vida humana como un principio y un valor para comprometerse con el proceso.

Hay que blindar la paz. Blindarla desde el sentido común, pero además blindarla desde la esperanza que representa el anhelo colectivo de vivir –al fin- en una Colombia en paz.

Que se dé el primer paso: ¡Que sea un cese al fuego bilateral inmediato!

@FernandoVeLugo

Publicado en Artículos
Lunes, 27 Octubre 2014 08:26

¿Paz o Premio Nobel?

 

Les pregunté a algunas de las personas con las que comparto a diario qué opinión tenían acerca del proceso de paz y las repuestas fueron del estilo, "eso es una farsa" o "no tengo ni idea". Alguno con un poco mas de información, ¿o desinformación? me dijo que todo el proceso iba dirigido a darle poder político a la guerrilla y que Colombia iba camino a terminar como Venezuela. Tampoco conoce con exactitud cuál es la situación del país vecino pero lo que sabe es que va mal.  Me llama la atención que haya entre las personas del común tan poca curiosidad por un tema tan delicado y crucial como lo es el comienzo del fin de un conflicto de más de 50 años. Sin embargo, si hay algo cierto es que las negociaciones para buscar un acuerdo entre el gobierno de Colombia y la guerrilla de las Farc han sido un proceso tan largo como polémico, lleno de toda clase de confusiones y verdades a medias, (por ejemplo, en un programa de radio muy escuchado una periodista dijo que el único guerrillero que faltaba por ir a la Habana era alias "Negro Acacio"; asesinado el 2 de septiembre de 2007) del que se sabe poco y se especula mucho, que suena bonito por que han utilizado el termino paz como bandera pero que si se analiza un poco, se llega a la conclusión de que si se firman los acuerdos será el pequeñísimo primer paso en busca de una paz verdadera e igualitaria en Colombia. Por otro lado, en un proceso que se supone participa todo el gobierno colombiano, resulta bastante raro que el jefe máximo de las Farc Rodrigo Londoño Echeverri quien tiene más de 100 ordenes de captura haya estado ya dos veces en la Habana sin que lo supiera la opinión pública, avalado según el Ministro del  interior Juan Fernando Cristo por la prórroga de la ley 418 que suspende las ordenes de captura en su contra y lo habilita para salir del país. Si todo era legal y trasparente, ¿por qué el procurador Alejandro Ordoñez le exige explicaciones al presidente Santos por este caso?

Por lo que se puede averiguar y sacando conclusiones de un artículo de EL ESPECTADOR, "el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera" se firmó en la capital de Cuba a mediados de 2012. Se acordó también crear una mesa de conversaciones en la capital noruega y establecer La Habana como sede principal de los diálogos; permitir reuniones en otros países; se llegó a un compromiso de ambas partes por garantizar la efectividad del proceso en el menor tiempo posible y se determinó desarrollar los diálogos con Cuba y Noruega como garantes y Venezuela y Chile como acompañantes. El jefe de la delegación del gobierno para la mesa de negociación es Humberto de la Calle, lo acompaña el ex director de la policía General Oscar Naranjo entre otros. Al comienzo de las conversaciones el turno fue para los políticos de las Farc como Andrés París y Rodrigo Granda; luego llegaron los jefes de combate: Iván Márquez, El médico y Pablo Catatumbo.  En los últimos días han entrado en escena enrareciendo aún más el ambiente, reconocidos jefes con amplios prontuarios criminales siendo Henry Castellanos Garzón alias "Romaña" el más llamativo, para comenzar a tratar temas del pos conflicto tales como el acuerdo agrario, la participación política y la solución al uso de drogas ilícitas por parte de la guerrilla. Todo este proceso ha ido avanzando paralelamente a comentarios de apoyo de un sector esperanzado del país que cree que este es la salida y por otro lado resistiendo a los que  oponen férrea resistencia siendo el Centro Democrático del ex presidente Uribe el que más critica las negociaciones.

No sé si el problema es que no aprendí bien ese principio de pensar siempre lo mejor de la gente o es que a raíz de los pésimos manejos que le han dado a todo, los gobiernos y las administraciones públicas he creado una desconfianza respecto de los resultados. Ya he dicho antes que con el apretón de manos y la firma de acuerdos entre las Farc y el gobierno (ya me imagino la cara de ponqué de Santos si llega a suceder, creyendo que está más cerca del anhelado Nobel) sólo se dará inicio a un largo y difícil verdadero proceso hacia la paz donde van a tener que lidiar por ejemplo, con la reintegración a la vida civil de varios miles de guerrilleros que lo único que saben hacer es empuñar un arma, asesinar, poner bombas, sembrar minas y secuestrar gente; dando por hecho que ellos tengan el deseo de hacerlo, aunque el término reintegro a la vida civil no aplica para muchos ya que nacieron casi en las filas guerrilleras. ¿A dónde los van a integrar? ya pasó con los desmovilizados de los grupos paramilitares, ¿por qué tendría que ser diferente ahora?. ¿No salieron a controlar el negocio del narcotráfico en donde sea que este se mueva?  ¿no son jefes y miembros de las bacrim que siembran el terror en nuestras ciudades? Desafortunadamente estamos en una sociedad elitista y excluyente en donde las oportunidades son para algunos nada más. No quiero justificar la delincuencia, pero la violencia muchas veces es producto de la falta de oportunidades y programas que atraigan a nuestros jóvenes y los impulsen a hacer algo bueno con sus vidas. La única opción que tienen muchas personas de algunos sectores de la población es regalarse por sueldos miserables para seguir engordando los bolsillos de unos pocos honorables señores capitalistas que aparte de estar a la cabeza de la pirámide social, son parte de gremios y federaciones haciendo que el sistema esté circulando siempre en torno a su beneficio y a su enriquecimiento. ¿A este sistema los van a traer? ¿Creen que va a ser un país en paz en estas condiciones?. ¿No sería mejor comenzar la paz con las personas que ya se puede, nivelando un poco las cargas, reconociendo mejor la mano de obra, valorando como se debe la clase trabajadora, promoviendo espacios y herramientas para que personas de todos los estratos tengan la misma posibilidad de ir a una universidad por ejemplo?  No me digan que el problema es el dinero, no me digan que no hay recursos porque mientras en un lado de la ciudad hay familias enteras que tienen que sobrevivir con el injusto sueldo mínimo, al otro lado hay personas que se ponen relojes de 300 millones de pesos (lo digo con conocimiento de causa) y si eso se gastan en un accesorio que no es necesario, me imagino cuánto gastarán en cosas que sí lo son. Así que no me hablen de paz con este grado estúpido de desigualdad, no me digan que después de firmar los acuerdos, todos estos problemas sociales que existen se van a desaparecer como por arte de magia y vamos a salir a abrazarnos todos en las calles. La paz es igualdad, es ausencia de discriminación, es inclusión y oportunidades para todos, la paz también traduce condiciones de vida dignas para todo el pueblo. No existe la paz si a manos de los gobiernos siguen cayendo los que no están de acuerdo con el régimen, hablo Gaitán, Galán, y Garzón.

Adicional a eso hay que tener en cuenta también el más de medio millón de efectivos que conforman las fuerzas militares colombianas. ¿Acaso les van a decir como les dijeron a las mecánicos de patio en Bogotá cuando acabaron con el transporte público colectivo implementando el SITP y los excluyeron y los dejaron sin trabajo de la noche a la mañana? El comunicado de la administración de Petro les informó:  "tienen que entender que ya no se requiere su labor". Así sin más, sin un plan de inclusión, sin importar de qué iban a vivir. Porque lo que han demostrado los gobiernos y las administraciones públicas es una facilidad sin límites para hacer convenios y acuerdos con los dueños de capital y al mismo tiempo olvidarse de los sectores que no tienen capacidad económica. Yo, de los guerrilleros y de los militares rasos, estaría muy preocupado por mi futuro.

Le pido por favor que no me malinterprete; quiero tanto como todos que se acabe esta maldita guerra. Sueño con no escuchar más de secuestros, de bombas, de niños reclutados por la guerrilla, de minas, de barbarie; pero también de falsos positivos, de policías y militares corruptos, de políticos que tienen nexos con grupos delincuenciales; que es lo que escuchamos a diario y que ya no nos sorprende. Lo que exijo es que se llame a las cosas por su nombre y que no nos dejemos deslumbrar por promesas sin fundamento. Porque la paz ha sido para este gobierno una estrategia proselitista y un objetivo que quieren hacer creer a la gente que alcanzaran firmando unos papales con acuerdos inalcanzables.

T. @10SUE10

 

Publicado en Artículos
Lunes, 28 Julio 2014 23:53

A propósito de la paz

La paz es un término que se define según quien lo predica, en términos generales podría decirse que es un estado en el que la humanidad pudiese vivir en tranquilidad absoluta, esto, refiriéndose a un nivel de confianza en el que se pueda salir a marchar, donde se pueda opinar libremente, donde se pueda diferir a un gobierno, donde la oposición sea un estado y no un miedo.

Creo que las personas temen a llegar a un término de concesión o de paz ya que no se sabe si lo que viene es peor… Es decir, la paz que viene es ¿para quién? y ¿bajo qué condiciones? quién dice que su definición será un bien colectivo, o como siempre, sólo para los que están en el círculo vicioso.

En los diálogos por la misma se habla de cese de fuego bilateral, palabras y más palabras pero: “Que nadie se haga ilusiones de que la simple ausencia de guerra, aún siendo tan deseada, sea sinónimo de una paz verdadera. No hay verdadera paz sino viene acompañada de equidad, verdad, justicia, y solidaridad.” Juan Pablo II (1920-2005).  En qué más piensa el gobierno que no sea en convenios con otros países, acuerdos y mutuos beneficios, cuando el conflicto está dentro de nosotros.

¿Cómo podremos estar en paz con otros cuando el ser humano en ocasiones no puede estar en paz consigo mismo? La paz se concibe en cada persona, en diferentes términos, con diversas condiciones que le permiten al mismo ser o no feliz, esta  depende de circunstancias y momentos que la determinan.

La paz no dependerá de los gobiernos, esta se definirá tras la voz de un pueblo entero. “O caminamos todos juntos hacia la paz, o nunca la encontraremos.” Benjamin Franklin (1706-1790). Es un pueblo que no pide paz sino que la exige, y que está dispuesto a lograrla bajo las condiciones que su moral permite.

T.@lau94rodriguez

Publicado en Artículos
Miércoles, 08 Enero 2014 00:33

Todo menos la educación

Si el Gobierno y las FARC suscribieron un Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera, sobre la base de que debe promoverse el desarrollo económico con justicia social, el desarrollo social con equidad y bienestar y la ampliación de la democracia, la educación,  como eje del desarrollo económico y social que tanto invocan, o la ausencia de ella, que es una de las principales causas del conflicto, tenía que haber sido el primer punto de la agenda de La Habana. Pareciera que a los negociadores, como a la mayoría de los colombianos, todo les importa menos la educación.

Si hay un mérito que haya de reconocérsele al proceso de paz que actualmente se adelanta por el Gobierno y las FARC -fuera de la genuina voluntad que parece impulsar a las partes-, es que pretende atacar las causas que originan el conflicto y darles cabal solución en la fase de implementación. No de otra manera se justifica que la agenda de negociaciones incluya dentro de sus famosos cinco puntos los temas de Una Política de desarrollo agrario integral, Participación política en el postconflicto, Solución al problema de las drogas ilícitas, Víctimas y Fin del conflicto.

Nadie se tragaría el sapo de negociar con las FARC buena parte de los cimientos del Estado colombiano, como los que se están discutiendo, si no fuera porque la única manera de acabar con este absurdo conflicto, bélico y social, es la desactivación de los gérmenes del conflicto, como la desigualdad y la inequidad, y de los agentes que lo han agravado, como el narcotráfico y la sistemática violación de derechos humanos (de parte y parte).

Entonces, si de lo que se trataba era de erradicar las causas del conflicto, ¿por qué las FARC, que posan de adalides de la justicia social, no se la jugaron por la inclusión de la educación en la agenda? ¿Por qué tampoco el Gobierno, que se dice social e impulsor de la innovación como motor del desarrollo?

Si bien es cierto que una política de desarrollo agrario integral, la indemnización de las víctimas y la restitución de las tierras despojadas, temas que sí hacen parte de la agenda, representarían un gran avance, jamás serían suficientes para desactivar las causas del conflicto y combatir la desigualdad, según las confesas motivaciones del proceso de La Habana.

En efecto, el desarrollo económico con justicia social y en condiciones de competitividad no es posible sin conocimiento y progreso técnico, es decir, sin educación. Ya lo decía un ejemplo de reivindicación social, Diego Luis Córdoba, por la ignorancia se desciende a la servidumbre, por la educación se asciende a la libertad. El progreso social con equidad y bienestar no solo no es posible sin educación, sino que es sinónimo de ella. Donde hay educación no hay distinción de clases, diría Confucio. Y la ampliación de la democracia no es otra cosa que la formación de más y mejores ciudadanos, mediante la educación. No en vano el fundador de la Academia sentenció que el objetivo de la educación es la virtud y el deseo de convertirse en un buen ciudadano.

Este proceso de paz era sin duda la mejor oportunidad para transformar el inoperante, ineficaz, ineficiente y atolondrado sistema educativo colombiano, en uno sólido, estable, sostenible y vigoroso, eje del pretendido desarrollo económico y social del país, soporte del presuroso e inclemente postconflicto y hacedor de la verdadera democracia. Las FARC y el Gobierno todavía tienen la sartén por el mango, entonces ¿qué esperan en La Habana para sustituir las AK-47, muerto su creador, por el arma de la educación? Al fin y al cabo la educación es la única herramienta legítima a disposición de los menos afortunados para hacerse parte de la sociedad, la cual, en el caso colombiano, tiende a excluirlos cada vez más.

@HumbertoIzqSaa 

Publicado en Artículos
Jueves, 07 Noviembre 2013 01:32

Crónica de un fracaso anunciado

Este artículo lo comencé a escribir en Septiembre del 2012, para un diplomado que estaba haciendo en ese entonces “Escuela de Escritores”. En ese momento el país comenzaba a ver como un Presidente, que llegó al poder con el mandato popular de llevar al país por el camino que había trazado el ex presidente Uribe, había resuelto, un día, darle la espalda a la opinión de sus electores y comenzar los diálogos de paz en La Habana, que hoy solo demuestran fracasos, cómo quisiera estar diciendo lo contrario hoy casi después de un año. Qué equivocada estaba yo en ese momento, “Las FARC nos han demostrado con acciones claras su voluntad de llegar a un acuerdo de Paz, y lo quieren hacer confesando sus crímenes, cediendo en las negociaciones, incluso han comenzado con un cese al fuego…”

Pero desafortunadamente hoy, 5 de Noviembre de 2013, los hechos demuestran lo que se veía venir.

Aquel artículo comenzaba diciendo: ¡¡¡Qué país de locos!!!  Esta frase se vino a mi mente después de encender el televisor, en uno de los horarios prime y ver a uno de los principales victimarios de campesinos, mujeres, niños y niñas de este país, al grupo narcoterrorista de las FARC haciendo declaraciones cínicas ante todos quienes estuvieran viendo los noticieros en ese momento.

 “No somos Narcotraficantes, no tenemos un  sólo civil secuestrado, eran algunas de sus  afirmaciones…”

 El artículo continuaba:

No es que esté en contra de la paz ni mucho menos, pero la verdad me siento triste, impotente, desilusionada, engañada tal y como deben sentirse muchos otros compatriotas. Siento que el país se vuelve a desviar, adoptando el reconocido “caminado de cangrejo”.

El resto del texto era realmente pesimista, lo escribí, aunque no era mi tarea para ese día, y lo hice para sacar el dolor de patria que sentía, de la manera más pacífica que conozco: escribiendo…

Creo que casi me sumerjo en el desagradable pesimismo… después de ver a dos de los noticieros nacionales más reconocidos, regalando una de sus franjas más importantes a esos que se hacen llamar ejercito del pueblo…

 -¿De cuál pueblo? Me pregunté.

-¿De ese al que secuestran?  ¿Al que le arrebatan sus niños y niñas para reclutarlos en sus filas? ¿Ese pueblo al que han familiarizado de tal manera con el terrorismo, que sus expresiones ya no causan las reacciones que deberían?

Por favor… pongamos los pies sobre la tierra, es totalmente válido y humano que tengamos como objetivo último alcanzar la paz y que ese sea nuestro idilio como pueblo y sociedad que somos. Pero no podemos olvidar que la palabra paz tiene un significado real que es bien amplio y complejo.

¿Qué es la paz? Decir que estamos en un proceso de paz, no lo creo; una paloma, blanca tampoco; transmitir videos alusivos al “ejército del pueblo” en televisión nacional, tampoco.

La paz  es la seguridad, y esta no es una frase mía, tengo que confesar que la leí, pero cuando lo hice pensé: es verdad, la paz en este contexto y en esta realidad colombiana es sinónimo de seguridad.

¡¡¡Que escena de Locos!!!, pensé esa mañana  de finales del 2012parece sacada de Alicia en el país de las maravillas,el ejercito del pueblo en televisión nacional hablando en nombre de los colombianos y de las víctimas de la violencia. Asegurando que su bandera es la de la paz y la igualdad, ¿secuestro?,  ¿ narcotráfico? Estos personajes se venían a dar por enterados en ese preciso momento que estos actos atroces existían, era como si nunca hubieran cometido el más mínimo acto de terrorismo, como si no existieran los testimonios de civiles que estuvieron en cautiverio, o como si no existieran múltiples pruebas de que son: el más grande cartel del narcotráfico.

Y me pregunté: ¿Cómo funciona una mente criminal?, ¿es para ellos algo natural la actitud cínica y prepotente que demuestran en su discurso? Claro que lo es…

Si empezamos los diálogos así, con cinismos, mentiras y sin admitir los errores del pasado, ¿será que tiene algún sentido este dialogo?, ¿se puede confiar en una organización como las FARC?

Pero bueno, parece que no queda más remedio que creerles a unos cuantos bandidos ¿o quizá, ex bandidos? Que ya tantas veces han jugado con nuestras buenas intenciones y esperanzas…

Y así finalizó mi artículo de Septiembre del 2012.

Como quisiera que el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC me estuvieran demostrando, hoy, con hechos, que era la decisión correcta y que ambas partes están sentadas en La Habana con la firme intención de buscar un mejor futuro para los colombianos, pero tal como muchos nos lo sospechábamos, los terroristas siguen dilatando las discusiones centrales del proceso, y es claro el porqué: no tienen ningún interés sincero, son simplemente un cartel del narcotráfico que practica el terrorismo y se disfraza bajo el manto de las antiguas ideas de una guerrilla comunista engendrada en los campos de Colombia, y que tenía su razón de ser…

“El Ejército del Pueblo” sigue presentando su función, aprovechando la carpa de circo que les armo el Gobierno, gobierno que va tras su propia función, en la que el presidente Santos sueña pasar a la historia con un premio nobel de paz, para alimentar su vanidoso ego.

Hoy los señores de las FARC gozan de sus paseos en catamarán por el hermoso mar Caribe, mientras ordenan secuestros al son de la salsa y el aroma de un buen tabaco, y entre el ruido de las maracas siguen controlando sus rutas de narcotráfico y dirigen acciones terroristas contra el pueblo que dicen representar.

Y mientras tanto, ese pueblo pide a gritos que el gobierno deje por un momento el espectáculo del cual es protagonista y voltee la mirada hacia los problemas de hoy: una justicia ineficaz -con altos niveles de impunidad-, un Congreso con bajísima credibilidad, falta de gobernabilidad y ejecución, un sistema de salud que no piensa en sus pacientes, una educación que requiere calidad, un Estado con sus instituciones fragmentadas…

Pero que siga la fiesta, porque lo que es este Gobierno de la Unidad Nacional, se queda, así haya que resucitar a la mismísima Celia Cruz, para atraer más espectadores al show.

 

T.@Dmejiagiraldo

 

 

Publicado en Artículos
Página 1 de 2

Círculo de Amigos