Miércoles, 24 Julio 2013 21:50

No más servicio militar en Colombia

No he prestado el servicio militar obligatorio,(afortunadamente ese honor de servirle a la patria se puede comprar) nunca lo quise prestar y no lo pienso prestar ni alquilar ni probar ni mínimamente conocerlo. Le huyo a lo que sea que pretendan imponerme, que me lo exijan, que me suene a obligación, además de eso soy un hombrecito débil y llorón, soy delicado y maricon, y no pienso que sea buena idea enrolarme en las filas con tanto hombre junto, debo evitar cualquier  tentación placentera, debo alejarme de la comida grasosa, de los chocolates, de las harinas y de los hombres atractivos. “El colombiano que no quiera prestar el servicio militar es un maricon” nos dijo un tipo barrigón, feo, con bigote sopero y empacado al vacío en un traje de esos camuflados que identifican a los supuestos héroes de nuestra patria. Según el héroe obeso todo hombre se hace hombre mientras presta el servicio militar, es allí donde en realidad un hombre conoce y define su virilidad. Puede entonces ser verídica la afirmación del gordinflón héroe, eso explicaría por qué varios de los jóvenes uribistas responsables de la campaña de Zuluaga a la presidencia son mariconsitos, teniendo entendido que ninguno de ellos, que tanto mérito le otorgan a la profesión del militar, prestó el servicio obligatorio. Ellos debieron conocer al mismo militar bigotudo que yo conocí, y eligieron por supuesto seguir siendo maricones (a escondidas por supuesto), antes que portar un sucio y pesado fusil, y de paso correr el riesgo de volverse “hombres”. Y explicaría, por supuesto, mi condición de antiuribista, condición que me ha obligado a reconocerme maricón, ¿pero cómo no? Si a mí me llaman maricón los maricones uribistas, debo creerles, debo confiar en sus ojos maricones.

Estamos en el siglo XXI, hemos soportado y aguantado los golpes y deshonras que genera la guerra al punto tal de casi familiarizarnos con las circunstancias, millones de familias se han visto en la vergonzosa situación de recibir en bolsas negras a sus hijos militares después de ser dados de baja por los contrarios y eso solo cuando sus cuerpos logran ser extraídos del campo de batalla. Otros tantos millones han regresado mutilados, han dejado no solo fragmentos de sus cuerpos en la selva sino años de vida que les será imposible recuperar. Los han secuestrado, castigado, maltratado, los han expuesto a vejámenes vergonzosos para cualquier ser humano. Además de eso, el costo económico para el país es colosal, la cantidad de dinero que nos vemos obligados a gastar en armamentos, municiones, dotaciones, combustible, mantenimientos, sueldos e indemnizaciones que resultan al final insuficientes para subsanar los estragos de una guerra absurda y viciosa.

Ya nos independizamos, ya libramos las batallas que nos han traído hasta este punto, ya todas esas grandes proezas de hombres están reconocidas en libros y son tema de estudio en las aulas de los colegios, para todos los que tuvimos la fortuna de pasar por uno y los que afortunadamente están en uno en este momento. Aquí debe ser el fin, y que ese fin quede todo custodiado y su cruel historia expuesta en el mejor museo militar de toda Latinoamérica será sin duda un final justo y merecido, no un final feliz, pero si un final merecido, indicado, añorado por generaciones de colombianos maltratados y abusados. El presidente Santos tiene la voluntad de alcanzar un acuerdo que desmovilice a los activos guerrilleros, voluntad que no solo le nace al él, es la voluntad que la mayoría de los colombianos tenemos, excepto los que viven de la guerra, y los que hacen campaña con ella, como el tipo de Álvaro Uribe. A ver si Uribe prestó el servicio militar, o sus hijos.

Yo creo en la buena posibilidad que esta voluntad resulte favorable para el país, confío en que los diálogos arrojen resultados amables para el pueblo. Y si eso es así, y si no también, ya es hora que los varones jóvenes colombianos no se vean obligados a prestar el servicio militar y, luego de eso, como única opción a convertirse en soldados profesionales por falta de garantías académicas y laborales fuera de las tropas. El servicio militar no sirve para nada, no se preocupa por los pobres soldados en capacitarlos en algún oficio, noción  o cosa que, una vez cumplidas tales obligaciones, les abra puertas en la vida civil, ese tiempo resulta tiempo perdido, en vano, tiempo tirado a la basura.

En este país lo único obligatorio debería ser la educación y el voto. El que no estudie o el que evada su responsabilidad con el voto entonces que lo encierren con el militar obeso y bigotón, que lo encierren por un par de noches por lo menos y que el héroe ese haga lo que mejor sepa hacer.

Esa figura siniestra del servicio militar obligatorio debería ser en primera medida rebautizada y que su nuevo nombre sea Servicio Social Nacional (SSN), retirada de las Fuerzas Militares y que su administración le corresponda al ministerio de Cultura y al de Educación, luego ser extendida a las mujeres. ¿Por qué a nosotros sí y a ellas no? Y la función de esta nueva figura será brindar trabajo social en todo el país. La vaina funcionaría así; Todos los estudiantes del país, una vez aprobado el último grado de bachillerato, deberán vincularse al programa SSN y escoger una región del país en donde el programa tenga jurisdicción, deberá haber temas de trabajo establecidos en idiomas, matemáticas, cultura, artes visuales, deporte, escritura, tecnología, agricultura; deberán inducir a como dé lugar a los jóvenes de estas regiones vulnerables a culminar sus estudios, a ingresar a la universidad, a convertirse en profesionales, a crear empresa. La función primordial de estos trabajadores sociales es de abrirle los ojos y rellenar de conocimiento la cabeza de las generaciones que vienen avanzando. Este país necesita educación, cultura, gente educada, ya no necesitamos soldados, esa imagen que nos han vendido y que le han metido a los pobres militares que son los héroes de Colombia es un abuso con esos malogrados hombres.

No estoy desaprobando ni restándole agradecimiento a la labor de los militares en el pais, no me mal entiendan (uribistas que me leen) ¡gracias! a todos los militares, pero ya es hora que también dejen las armas, ya es hora que los militares hagan puentes, se especialicen en obras civiles, en medicina. Yo no quiero ver más soldados saludándome en las carreteras del país, yo los quiero ver desfilando los 20 de julio de cada año, los quiero ver construyendo, enseñando. O en últimas, en otros oficios, debemos trabajar para que en Colombia podamos solamente vivir con el servicio de la Policía Nacional. Los militares no son héroes, no se les puede llamar héroes a campesinos y jóvenes que mueren defendiendo un país que no los quiere, que no les brinda opciones. Esa es una campaña publicitaria que se inventaron en el gobierno del tipo de Uribe y que el país se la tragó completa, como muchas otras. Esos hombres deberían estar estudiando, capacitándose, conociendo, no cargando un fusil a ver a cuántos matan en el monte. El proceso que se está adelantando debe contar con el apoyo de los colombianos, no con los insultos y con las intenciones para desacreditar un trabajo en busca de una salida negociada al conflicto.

Si tanto quieren Uribe y sus cinco huevones pelear, disparar y matar, entonces que recluten a todos sus enérgicos voluntarios, compren uniformes y se internen en el monte a combatir, a pelear de verdad, de frente como debe ser. Uribe, por supuesto, como comandante fundador de las AUC II y sus comandantes Pachito Santos y Lafaurie, el viejito Holmes Trujillo que lo nombren representante en el exterior y les recaude recursos, ya tienen a Vélez Uribe en el Senado y Zuluaga está a tiempo de salir bien librado de esa manada de locos. A ver si los uribistas, estos mariconcitos que yo conozco, se meten en la selva y se comen la mierda que han comido nuestros “héroes” durante tantos años.

 

Feliz noche.

 

Giovanni Acevedo

 

Twitter: https://twitter.com/Giovanni_Bta
Facebook: 
http://www.facebook.com/giovanni.acevedo.5454
Fan Page: 
https://www.facebook.com/pages/Giovanni-Acevedo/109540275732024?fref=ts

Publicado en Artículos
Martes, 23 Julio 2013 02:36

Gracias a todos

El mejor regalo que la vida me puede dar, sin lugar a la duda, son las personas que me rodean y que por decisión libre eligen seguir a mi lado. Porque yo a nadie le obligo seguir a mi lado, a nadie le pido ser mi amigo, y a nadie le pido cariño, como debe ser. Por eso creo que esperar regalos y celebraciones pomposas resultan excesos y redundancias innecesarias, además de abusivas. Yo no celebro mi cumpleaños y por favor no intenten celebrarlo tampoco porque no me gusta fingir sonrisas y dar las gracias a diestra y siniestra, no me llamen y me feliciten por seguir vivo, por aguantar un años más, por sobrevivir doce meses más de vida y por envejecer progresivamente. No me escriban en el muro de mi Facebook real ni en el muro del Facebook falso que algún buen misericordioso decidió crear para facilitar amablemente mi intensa labor diaria por desacreditar mi nombre y mal obrar mi persona. No me hagan regalos, no me empaquen dulces, no me envíen chocolatinas, no me den abrazos, no me feliciten ni me den buenos deseos, por favor no se tomen ese atrevimiento, no les corresponde, no les pertenece semejante labor desgastante y aburridora, monótona, repetitiva. No gasten dinero en mí, no valgo nada, no mal gasten un solo peso en un presente para alguien que no lo va a valorar ni lo va a aceptar con agrado.

Déjenme esa labor a mí, por favor permitan que sea yo quien les agradezca la cortesía de aprobar conocerlos, de dejarme darles la mano y de brindarles un buen abrazo, gracias a todos los que me miran a los ojos sin esquivar mi mirada, gracias a los que me sonríen, a los que me han permitido caminar a su lado, a los que me han escuchado, a los que se han aguantado mis estados deplorables de embriaguez y guayabo sentimental. Gracias a los que me ceden la coyuntura de conocerles. Gracias a mis amigos por seguir siendo mis amigos muy a pesar de saber quién soy y a sabiendas que ser amigo mío no resulta una posición tranquila, segura, nunca se sabe en qué momento quiera publicar alguna intimidad reveladora y desagradada, gracias por aceptarme y demostrarme cariño, gracias a los que me han vinculado a su familia, gracias a la persona con la he aprendido a querer y a entender que me quiere también, gracias a su madre, a mi madre, a mi abuela y a mi hermana. Soy un llorón, soy un hombre débil y escribir esto incita a mis lágrimas a derramarse tímidamente. Tal vez no soy lo que muchos de ustedes esperan de mí, y por eso les pido disculpas, yo les aseguro que todos ustedes han resultado ser lo que yo siempre esperé de ustedes, los quiero a todos y por eso, gracias por permitirme quererlos.

Con seguridad no soy ni seré, ni quiero serlo tampoco, quien inspire mayor atención, no cometo esa abusiva insolencia, no exijo tan bajo comportamiento, porque a pesar de mis constantes e incurables trastornos mentales puedo asegurarles que estoy totalmente lúcido cuando les afirmo que no merezco otra cosa que todo lo que tengo, y estoy a gusto con todo lo que el azar me ha proporcionado y con todas las personas que la casualidad le ha dado por ponerme en mi camino. No merezco más, y si lo merezco seré un afortunado incalculable, desbocado, y de eso me daré cuenta cuando el momento decida que es preciso, que es prudente. La vida continua, con o sin nosotros, cumpliendo o no cumpliendo años, no somos importantes, no somos nada, solo recuerdos, momentos, sentimientos, besos, sonrisas, miradas, caricias, somos abrazos, somos perfectamente inperfectos.

Sé que esto no lo podrá leer, porque no necesita leerlo, tampoco necesita entenderlo ni oírlo, sé que esto nunca lo conocerá, sé que esto poco le importa, sé que no espera que a mi regreso le lleve lo que sea, sé que nunca me pedirá nada, sé que siempre estará dispuesta a darme buenos momentos, buenas lamidas, buenas miradas, tal vez por eso le ame tanto, tal vez por esa razón, por esa condición desinteresa y amorosamente incondicional debo darle las gracias a Sam.

Luz Elena, Daniela, Magola, Mery, Sebastián, Gilber, Claudia, Javier, Alberto, Gabriel, Néstor, Miguel, Carrillo, Mariana, Soto, Ospina, Valentina, Gustavo, Claude, Quentin, Fernanda, Flórez, Cristian, Ibarguen, Marcela, Jair, Tristancho, Rochu, Aline, Rochi, Morales, Mayorga, Alexander, Andrés, María, Paola, Torres, Mauricio, Castaño, Jaime, Manuel, Andrés, Alejandra, Vanessa, Sam, Doña Rosita, Acevedo, Laura, Lovo, Carlos, Manuela, Oscar, Mejía, Bernate, Juan, Turbay, Felipe, Lina, Federico, Mariana, Soto, Ospina, Valentina, Gustavo, Carlos, Diego, Jean, Alejandro, Sebastián, Ardila, Sergio, Jhonny, Miguel, Carrillo, Mariana, Soto, Ospina, Valentina, David, Diana, Mónica, Diego, Gómez, Mariela, Acevedo, Mauricio, Castaño, Jaime, Manuel, Andrés, Alejandra, Vanessa,  Botero, Pinzón…

 

Giovanni Acevedo

 

Twitter: https://twitter.com/Giovanni_Bta
Facebook: 
http://www.facebook.com/giovanni.acevedo.5454
Fan Page: 
https://www.facebook.com/pages/Giovanni-Acevedo/109540275732024?fref=ts

Publicado en Artículos
Sábado, 20 Julio 2013 15:37

Grito de Independencia

Épico  momento, triste desenlace, suele ser el eterno vivir de pocos, de esos insuficientes grandes, de esos magnos mártires de una causa relativa, parece ser el inviable camino de nuestra patria; ¡feliz 20 de Julio para más de los 45 millones de despatriados! Y como no avergonzarme de esta índole plaga arraigada a una miseria común, nefasto  es el espacio que nos colocó a todos en el mismo lugar.

Aprovecho la ocasión para recordar a todos mis queridos coterráneos; que el mundo no es de los vivos, sobre todo en Colombia, cuna de solemne frase, el mundo es de abolengos, de linajes, de apellido, eso sí,  gracias a todos nosotros, me incluyo, porque lo hemos permitido y lo malo de la rosca es...

Falta de coraje, de rudeza, de corazón, de esfuerzo y dedicación, -Lastima que seas ajena bella Colombia – Lastima que sigamos optando por la raza más pura de nuestros paisanos como líderes nocivos, erróneos, esos que se criaron en Miami y se educaron en Paris, eso de descendencia pura; claro está, pura de poder y corrupción.

¿Esta vez cual será el florero de Llorente?  Por lo visto que nos afecten el bolsillo no nos ha perturbado en lo más mínimo pues somos gente de plata, nos  es indiferente si regalan, si despilfarran, si nos piden más aportes indiscriminados para distribuir nuestros recursos entre nuestros conciudadanos de bien, esos que son disque ingenieros, abogados, economistas, ganaderos o aunque usted no lo crea políticos. Y como por si eso fuera poco derrochamos a nuestros verdaderos caudillos esos que la prensa mal interpreta “intencionalmente” porque cierto también es que ese negocio es familiar.  Y eventos por montón, carruseles, viajes desde la jaula, negligencia, hurtos, fallecimientos algo dudosos, tratados, conversaciones, miseria, paseos de la muerte, falsas guerrillas, falsos políticos, falsas reformas, falsas guerras, falsas promesas.

Y en cuanto a nuestros representantes en el exterior, deportistas, artistas y demás, les quiero reconocer en hora buena al fruto de su trabajo porque gracias a ustedes este pueblo de grandes utopías se siente viendo en ustedes el colono que llevamos dentro conquistando tierras ajenas, Espejismo osado de esta nuestra patria, invadida por las grandes multinacionales.

Despatriados, pueblo de palabras más y de pocos hechos, ¿No es hora ya de emancipar? De luchar por un bienestar común, por aportar a nuestra sociedad educación como base y cimiento de la patria, y no hablo de la educación que se les ofrece a los niños que viven en el Upper East Side hablo de esa educación que consiste en el bien colectivo, en la formación de personas conscientes de su entorno para la construcción de verdaderas vías de hecho.

Un feliz día de la independencia les desea Pacific Rubeales, la Drummond y como impresionables despatriados, borrón y cuenta nueva. 

 

David Augusto Diaz Baez

Vicepresidente UBSIFO

Estudiante Odontología

Universidad El Bosque

 

http://about.me/davidiazz

Publicado en Artículos
Sábado, 20 Julio 2013 04:04

Triste 20 de Julio

Voy caminando por la avenida Cabildo y voy caminando tranquilo, sin prisa, sin afanes de ninguna clase. Me tomo el tiempo necesario para ver con diligencia todo lo que me rodea, a todos los que me rodean. Porque yo aquí en Buenos Aires no hago nada, solo escribo y ya, y como reposar mis nalgas y acomodarme en posición de escritor fracasado y escribir cualquier necedad como las que yo escribo es tan fácil y poco exigente, entonces tengo tiempo suficiente para caminar mansamente y para ver los gestos de los demás. Hace frio porque aquí es invierno, porque cuando es invierno hace frio, y uno aquí, o por lo menos yo, lucho contra el frio y húmedo y despiadado con una taza de café muy caliente, tan caliente que me calienta todo el cuerpo, desde las manos hasta las piernas el cuerpo todo entra en calor y me veo en la necesidad de abrir un poco mi chaqueta, de darle aire a mi institución.

Justo cuando la Av Cabildo termina una línea del tren cruza torpemente y corta el paso de los andarines perezosos y calmosos como yo, que no queremos esforzarnos en lo más mínimo, que queremos caminar sin obstáculos y sin tropiezos. Esta interrupción arquitectónica le da muerte a la Av Cabildo y le da vida a la Av Santa Fe, nos obliga a internarnos en un pasadizo sucio, oscuro, que te puede llevar a tres destinos distintos: A la estación del Subte Ministro Carranza, a la parada del tren Ministro Carranza, o a la cautivadora Av Santa Fe. La vida siempre te va a poner intencionalmente en momentos incomodos y angustiantes como este, y no vas a saber qué camino tomar, si te vas en tren, en metro o sigues caminando, o compras otro café y regresas a casa y te das por vencido. Como estoy a punto de cumplir 50 años, y mi cuerpo no me da más que para caminar pausadamente y me pide que no lo exponga a la aventura, entonces decido seguir caminando por la Av Santa Fe y dejarles el tren y el metro a los trotamundos.

Decido comprar un café más, y lo acompaño con unas galletas dulces y le digo al joven vendedor que no quiero azúcar, porque el azúcar estropea el café, él sospecha entonces que mi vida es amarga como el café y me lo hace saber y me sonríe.

De donde sos. De Colombia. Siempre eres tan serio. Al parecer sí, todos me hacen la misma pregunta. Debe ser porque le falta el azúcar a tu vida. Puede ser, cuanto le pago. Dejá así que yo invito. Gracias pero yo quiero pagar, cuanto es. No es nada, yo invito hoy y vos me podes invitar otro día. Seguro me quiere invitar. Claro que sí, yo hoy te invito. Bueno, entonces quiero el café grande y las galletas con crema de dulce de leche. Bueno.

Sigo caminando, sigo luchando contra el frio, sigo observando detenidamente a los demás, sigo vivo y sigo escribiendo.  Caminando siempre obediente al trazo de la Av Sante Fe llego a la estación del Subte de Plaza Italia. Estoy cansado, cruzo la calle, entro en un bonito parque y me siento en una bonita silla. Aun me quedan galletas con crema de dulce de leche.

Hace frio. Si hace frio. Por qué dejó Colombia. Como sabe que soy colombiano. Porque uno conoce a los colombianos. Yo no me di cuenta que usted es colombiano. Muchos dicen que no parezco colombiano, usted no es el primero, pero si soy colombiano, soy bogotano, igual que usted, por qué dejó Colombia. No sé, usted por qué la dejó. No la dejé, nunca la he dejado, solo estoy aquí por un tiempo corto, ya regresaré. Por qué no se queda aquí. Porque no soy de aquí, porque aquí no están las personas que amo y las personas que me aman, que es eso. Mi tiquete de regreso a Colombia. No sabe si regresar. No sé nada. Por qué se fue de Colombia. Porque no tenía nada, porque no tenía dinero para estudiar, porque no podía estudiar, porque no conseguia trabajo, porque en Colombia todo es una mierda. Y si Colombia es una mierda, pues no regrese, no tiene sentido. Me hace falta Colombia. Le hace falta la mierda entonces. Puede ser, usted cuando regresa. Dentro de poco. Que hace en Colombia. Lo mismo que hago aquí. Y que hace aquí. Nada. Como así que nada, algo debe hacer. Soy escritor, un escritor malo por supuesto, un escritor corriente. La gente en Colombia lo lee mucho. No, solo mis amigos por misericordia y todos mis enemigos, ellos me leen a ver si los nombro y digo que me los comí, o que entre ellos se comen. Por qué tiene enemigos. En política todos tienen enemigos. Usted es político entonces. Tal vez, para cuando está el vuelo. Para hoy 20 de julio. Va a regresar. No lo sé, no me presione. Y aquí está estudiando. Sí, aquí estudio, aquí trabajo, aquí vivo. Entonces a que va a Colombia, no sea estúpido. Ya le dije, me hace falta mi país. Le hace falta la mierda. Bueno y es que usted odia a Colombia o que. No, a Colombia no, de hecho no odio a nadie. Entonces. Entonces qué. Entonces porque se expresa así de su país. Yo únicamente escribo la verdad. Por qué tanto fastidio hacia Colombia. No le tengo fastidio a Colombia, les tengo asco a los colombianos. Oiga, respete. Respete que. A mí, yo soy colombiano, igual que usted. Y quien respeta a los demás. A quienes. A los que mueren, a los que viven en el exilio, a los que son masacrados, a los que se le prohíbe casarse, a los que no tienen que comer, a los que no tienen como estudiar, a los que mueren de hambre, a ellos quien los respeta. Pues no sé, yo no tengo la culpa de eso. Yo sí. Usted la tiene, pero por qué, si es un escritor fracasado que vive en Buenos Aires no me dice que no es nadie. Soy colombiano, que más quiere. Pues no sé, ser colombiano no razón para sentirse culpable por el país de mierda que tenemos. El país no es una mierda, el país es hermoso, la mierda son los colombianos. Usted es una mierda entonces. Si, correcto. En serio no debería ser tan duro con usted. No soy duro conmigo, conmigo soy suave, soy condescendiente. Cuando llegue a Colombia que va a hacer entonces. Escribir. Su vida es aburrida. Sí, mi vida es miserable. Por qué lo dice. Porque nací en un país en donde la mayoría son miserables, y la mayoría manda, somos democracia. Eso no es así, los miserables no somos la mayoría, los miserables son lo que están en el poder. Ellos no son miserables, ellos son felices en un país triste. Ellos tienen acabada a Colombia, no ve a Samuel Moreno, a Uribe, al procurador Ordoñez ellos si son una mierda, no nosotros. A ellos quien los elige. El pueblo. Y usted hace parte del pueblo. Claro, por supuesto. Entonces usted es una mierda, usted eligió a esos desgraciados. Yo no vote, yo no los elegí. Entonces quienes. Los que votaron, y ganó la mayoría y por eso los eligieron. Se da cuenta. De qué. De que la mayoría si elige, elige por usted y por mí. Que quiere que haga entonces, no puedo hacer nada. Entonces no haga nada, haga lo que hacen todos. Y que hacen todos. Quejarse. Pues hablar mal del país no lo va a cambiar. Seguramente hablar bien del país sí. Pues no lo sé, y va a celebrar el 20 de Julio. No celebro nada. Pero es el día de nuestra independencia. Usted es independiente. No. No entiendo. Yo tampoco. Yo voy a ir a la celebración del 20 de Julio, va a estar bueno. A que se refiere. Pues que van a poner música y vienen grupos de salsa y orquestas y una pantalla gigante, debería ir, así se distrae y baila un rato. Yo no sé bailar. Un colombiano que no sepa bailar no es colombiano. Eso me dicen siempre. Vamos, y de paso conoce mujeres. Para qué. Pues no sé, es que usted es marica. No lo sé. Un escritor fracasado que no sabe si es o no marica, usted es muy raro. Un colombiano que ama a su país pero que no vota, que no sabe si regresar o no, y que baila, usted es muy normal. Pues sí, soy normal, eso no es malo. Bueno me voy, quiere estas galletas con crema de dulce de leche. Bueno si, gracias. Gracias de que. Pues por las galletas. Pierda cuidado.

Me levante con esfuerzo, el frio se estaba apoderando silenciosamente de mi cuerpo, crucé la calle, camine unas cuentas cuadras hacia la Av Cabildo, entre al mismo lugar de hace un rato y pedí dos cafés calientes, con galletas dulces pero sin crema de dulce de leche. El joven de ojos verdes sonrió. Esta vez invitás vos. Por supuesto. Y contame, por qué no estas celebrando como todos los colombianos el 20 de Julio. No tengo nada que celebrar. No parecés colombiano che. Eso dicen…

 

 

Giovanni Acevedo

 

 

Twitter: https://twitter.com/Giovanni_Bta
Facebook: 
http://www.facebook.com/giovanni.acevedo.5454
Fan Page: 
https://www.facebook.com/pages/Giovanni-Acevedo/109540275732024?fref=ts

Publicado en Artículos
Miércoles, 17 Julio 2013 17:10

¡Que gane Santa Fe!

Esta noche juega un equipo de futbol bogotano, rojo y blanco, y sus seguidores aquí en Buenos Aires se están alistando desde ya para una noche (dicen ellos) memorable, agitada. Se están todos citando en un bar en el tradicional barrio de Palermo, conocido por la gran oferta de restaurantes de comida italiana y propia, por sus calles limpias y tranquilas y por la Plaza Serrano, un punto obligado de conocer por cualquier viajero. Palermo tiene buena fama por brindar un oasis de tranquilidad en medio de una ciudad que vive corriendo, que vive trabajando, una ciudad que no descansa. Palermo es un barrio sereno, es un barrio seguro, alejado del bullicio, es un barrio con hojas secas por ahí, volando, perdidas, es un barrio que se perfuma todos los días con aromas exquisitos de vinos, quesos, panes calientes, pizzas con especias. Yo soy bogotano, y se lo que implica un encuentro futbolístico de esta magnitud en mi ciudad. Implica que nos gastemos millones de pesos en combustible, en salarios, en personal de seguridad, fuerza pública, ambulancias, bomberos, porque no sabemos que pueda pasar, no sabemos en qué momento los rojos y verdes se den en la cara, o se lancen por las barandas del Campin, o se prendan fuego, nos implica blindar las estaciones de transmilenio aledañas, por si acaso estos tipos se les da por demostrar su emoción con vandalismo, les implica a los vecinos enrejar sus casas, resguardarse y no salir, esperar y rogar porque el partido termine en paz, sin muertos, sin heridos, sin llantos ni personas quejambrosas y agitadas. 

Mientras media ciudad se alista para la incertidumbre, para pasar una noche embriagada en zozobra, unos cuantos se alistan para celebrar una victoria o para vengar una derrota. Pero aquí, lejos de Bogotá, estos hinchas parecen no ser hinchas, parecen ser hinchas educados, o por lo menos hinchas reformados. Aquí no cargan navajas ni objetos peligrosos, aquí andan con las ganas fervientes y sanas de ver ganar a su equipo, de ver jugar futbol en una pantalla gigante. Y ya me estoy emocionando, si bien a mí no me gusta ver tipos corriendo detrás de una pelota, (preferiría verlos haciendo otras actividades mucho más eróticas) si me emociona saber que voy a estar por lo menos seguro, en medio de tanto hincha, no me van a agredir en ningún momento. Y eso es porque la gente aprende, y porque la gente hace lo que hacen los demás. 

Y no voy a ver el partido porque me interese que gane ese equipo, lo voy a ver porque me hace bien excitarme de vez en cuando, me hace bien gritar en ocasiones, y porque la cerveza es económica.

Que carajos, ¡que gane Santa Fe! Aún y reconociendo que a mí el futbol nunca me ha gustado, que cosa más aburridora, me parece la peor manera de perder tiempo, y más hoy en día que a uno le pagan por horas. Yo prefiero ver una película o asistir a una obra de teatro, yo soy un tipo templado, tranquilo, calmoso, a mí no me gusta la gritería ni la algarabía, no me gusta correr, no me gusta agitarme, no me gusta emocionarme, no me gusta enfadarme, no me gusta confundirme en medio de tumultos de gente gritona y emocionada, mejor me confundo en tumultos de gente silenciosa y sentada, a oscuras, con una pantalla gigante enfrente y algo de comer sombre mi regazo. Además que nunca entiendo en donde deben meter la pelota los hombres esos sudorosos en pantalonetas y con piernas fuertes y brazos fuertes, negados para hablar ante una cámara, para que los entrevistan si saben que siempre dicen lo mismo, nada. 

No creo que Claudia Ospina me lea, no creo que llegue a leer esta columna, debe tener mejores cosas que hacer, no debe perder su tiempo en mis líneas. Pero le deseo un buen encuentro, tal vez porque sea mi amiga, porque la quiero, porque es hermosa, porque se cómo quiere a su equipo, y como disfruta de una tarde en el estadio, con su hermano, con su padre, con su novio, por eso quiero que gane Santa Fe, porque esa victoria sin duda le generara felicidad a personas que quiero, Mariana Botero, hermosa hincha, espero y te comportes en cualquiera de los resultados. 

Jhonny Sosa es una de esas personas que los asares de la vida te pone en frente, te hace conocer, y te hace aprender, y te obliga a comprender pensamientos y sentimientos que por rebeldía no has querido nunca asimilar. Jhonny fue mi narrador en el partido de Colombia y Argentina aquí en Buenos Aires, y lo que hoy comprendo de ese deporte al que tanto fastidio le profeso es gracias a este bogotano hincha de Santa Fe. 

Tal vez si Millonarios estuviera en el lugar de Santa Fe en este momento, entonces le hubiera dedicado esta columna a Javier Prieto, otro hincha que quiero, no por hincha, ni por boyaco, sino por buena persona, como Claudia, Mariana, Gabriel Gómez y Jhonny, hinchas amigos.

Suerte para todos los hinchas de Santa fe y mi más sentido pésame para los de Nacional, pero en Bogotá mandamos nosotros papá, tranquilidad y felicidad para los de la guardia albi-roja sur.


¡Salud!




Twitter: https://twitter.com/Giovanni_Bta
Facebook: http://www.facebook.com/giovanni.acevedo.5454
Fan Page: https://www.facebook.com/pages/Giovanni-Acevedo/109540275732024?fref=ts

Publicado en Artículos
Domingo, 14 Julio 2013 20:40

Mujeres colombianas

Soy hijo de un arquitecto boyacense muy próspero y con grandes extensiones de tierra cebollera, a quien no le agradezco otra cosa que unos cuantos pesos que me han servido para poco en momentos en que no los he necesitado. Soy hijo putativo de un negro sin grandes extensiones de tierra, pero inteligente, con varias carreras y especializaciones encima, muy inteligente y próspero, pero pienso que tal vez con ambición hubiera podido llegar a Papa. Tengo dos padres, uno blanco y uno negro, uno biológico y otro putativo.

Soy hijo de dos mujeres, las dos hermosas, mi madre bogotana y mi abuela boyacense criada a punta de papa y rejo me dice ella cada vez que debe llamarme la atención, soy hijo de las dos, a las dos les debo todo lo que soy, todo lo que tengo y todo lo que pueda tener, y todo lo que pueda llegar a ser. En mi casa siempre la mayoría ha sido por tradición femenina, mi abuela, mi madre, mi hermana, mi perra pastor alemán virgen y yo, que estoy entre hombre y mujer, pero creo ser más mujer que hombre, por eso prefiero no recurrir a la democracia dentro de los muros de nuestro apartamento, ahí soy un dictador. Yo soy el que tomo las decisiones más irrelevantes y poco transcendentales, de lo demás que se encarguen ellas, las mujeres de mi casa.

En los países que he visitado, siempre me he encontrado con hombres que me preguntan por las mujeres de mi país, y yo les hablo de mi madre, mi abuela y mi hermana. – si, si,si, ¿pero cómo son las paisas en tu país?­– me preguntó un canadiense, son como mi madre, mi abuela y mi hermana, son hermosas le contesté. ­– ¿es verdad que todas las mujeres en tu país tienen las tetas grandes?­– me preguntó un francés, pues mi madre no las tiene tan grandes, mi hermana un poco si, y mi abuela las tiene como las tienen las abuelas, le contesté. – ¡che! ¿Es verdad que las mujeres colombianas solo quieren efectivo y que si no ténes estas en el orto?  – me pregunto un argentino borracho, y le dije que no, yo no tengo dinero y mi madre, mi abuela y mi hermana me quieren. – ¿verdai que las mujerei colombiana toas son putá weon? – me indagó un chileno, bueno, que yo sepa mi madre, mi abuela y mi hermana no lo son.

Ya el simple hecho que nuestras mujeres colombianas tengan fama en el exterior de putas, interesadas y plásticas es sin duda para mí ofensivo, es insultante, es irritante, no es para menos. Pero más humillante es ver como entre risas y conversaciones desordenadas algunos hombres colombianos se divierten alentando la imagen denigrante de nuestras mujeres en la opinión extrajera. Yo soy amigo de la verdad por dura que sea, por incomoda que resulte, por eso debo reconocer que ese tipo de mujeres si las hay en Colombia, y no es una cantidad mínima, son muchas las que quieren capitalizar a punta del sacrificio sexual, son muchas las que instalan en su cuerpo un centro de atención al cliente personalizado, que busca dejar al cliente complacido a cambio de bonitas y costosas retribuciones por tan dedicada y sacrificante labor. Entonces se hacen no como ellas se gustan sino como al cliente le guste no porque el cliente tenga la razón sino porque es él cliente el que paga. El tamaño de las tetas, la forma del culo, la cintura, la nariz, las orejas, el mentón, el ombligo, hasta el clítoris se lo pueden ahora intervenir mediante una breve intervención quirúrgica por si el cliente quiere reinaugurar el establecimiento dedicado al placer.

En que carajos están pensando los pocos hombres colombianos que toman la tremendamente estúpida posición burlesca y fiestera sobre la imagen de nuestras mujeres colombianas. 

Estaba en Uruguay, no recuerdo el día pero recuerdo el frio abusivo y penetrante. Acompañaba a un amigo francés a un lugar donde vivió por una época. En ese lugar tuve la desgracia de conocer a un colombiano desastroso, él tipo decía ser paisa, y tenía ese acento que a mí me irrita con tan solo oírlo a lo lejos, y él lo tenía en frente. Decía ser jugador de futbol, decía ser hombre, decía saber mucho, decía tantas estupideces, una detrás de la otra, parecía una maquina humana de estupideces. La basura de “hombre” intentaba darle lecciones a una manada de extranjeros curiosos por visitar nuestro país, pero no por nuestras montañas, café o playas, sino por nuestras mujeres tetonas, putas y comprometidas con la vida placenteramente facil, él les mostraba como se tenian que vestir para levantar con facilidad, para “culiarse” a cualquier colombiana. Le aseguro que ni mi madre, ni mi abuela, ni mi hermana, ni siquiera mi perra “culiarian” con usted. Le dije al indecente tipo ese. (risa nerviosa y estúpida) ­– ¿y porque no? – me preguntó. Usted es alguien peculiar, tal vez por eso sea le contesté. Pero él no sabe que es ser peculiar, él piensa y relaciona el término con lo único en lo que sus neuronas trabajan, y es en sus ganas enormes de tener sexo con la primera mujer que por desgracia se le cruce por sus narices. 

Dentro de mis amigas, las mujeres de mi casa y con las que a diario tengo contacto en Bogotá no recuerdo conocer una de las que menciona el paisa futbolista que conocí en la capital del Uruguay, en mis recuerdos está viva doña Rosita, la señora que me vende cigarrillos en frente de los estudios de radio los martes cuando grabo programa, madre de dos hijos, uno cocinero y otro estudiante de diseño gráfico. Doña rosita me acerca el encendedor con sus manos maltratadas, y no por putiar, sino por lavar ropa por más de 20 años en casas ajenas. Está viva doña Nidia Quintero, la cara y el alma de la Fundación Solidaridad por Colombia quien cada año convoca a la única marcha a la que voy con gusto y ánimo. O una de mis colaboradoras en la recolección de firmas para revocar al alcalde Petro, madre de dos hijos, trabajadora incansable, responsable y honesta, maltraída por un animal infeliz, golpeada por una escoria que dice ser su esposo. En mi memoria están vivas muchas mujeres, con y sin tetas prominentes, gordas y flacas, bonitas y algunas pocas no tan agraciadas físicamente, pero con toda seguridad si mujeres hermosas, completas, irrepetibles y ejemplares. 

Escribiendo esto, acostado en mi cama, lejos de las mujeres de mi casa que amablemente me aman, y yo agradecido por tanto las amo de regreso, he pensado que tal vez las mujeres en Colombia necesitan menos hombres colombianos,  tal vez ellas, como evidentemente funciona en mi casa, deberían ser las que mayoritariamente tomen las decisiones más importantes de nuestro país, ellas deberían ser la mayoría en todo, las mejores en todo. Yo quiero ver mujeres colombianas representando nuestro país como ejemplarmente lo hace Toto La Monposina, o Shakira, o la tetona Sofia Vergara, porque es que el problema no es que sean o no tetonas, el problema es que lo hombres las devaluemos cínicamente como miles lo hacen a diario.

De pronto si la mayoría en el congreso no fueran hombres, y además de eso uribistas, de pronto si fueran mujeres independientes, tal vez estaríamos mejor, pienso, tal vez la realidad marcharía a otro ritmo un poco más saludable para nosotros los colombianos.

 

Buena noche.

 

Twitter: https://twitter.com/Giovanni_Bta

Facebook: http://www.facebook.com/giovanni.acevedo.5454

Fan Page: https://www.facebook.com/pages/Giovanni-Acevedo/109540275732024?fref=ts

 

Publicado en Artículos
Jueves, 11 Julio 2013 14:58

El típico colombiano

Funesto tal vez sea el término más ajustado para definir el modelo aceptado y absurdamente repetido generación tras generación del típico colombiano. Es un infortunio, es una vergüenza, una cínica desgracia. Soy colombiano, afortunadamente lo soy, y me siento bien siéndolo, no imagino viviendo como ciudadano de otra tierra, no me interesa tampoco, aún y cuando debo reconocer que no soy completamente feliz porque no se puede ser completamente feliz en un país en donde viven tantos hijos de puta, tantos delincuentes, tantos hipócritas que se pasan la vida robándole el aire a quienes se lo ganan, a quienes se lo merecen, a quienes deberían ser inmortales y protegidos, no censurados y asesinados o empujados al exilio que al final termina siendo lo mismo. El típico colombiano carece de conciencia y de memoria, de valores, el típico colombiano desconoce su historia y le importa un carajo su futuro porque sabe que su futuro no tiene corrección, está destinado a la mediocridad infinita, al fracaso aceptado y siempre justificado con reproches y lloriqueos en contra del mundo pero nunca en contra de él mismo.

El típico colombiano sale en las mañanas del interior de su miseria con sueño, con lagañas en sus ojos y en su alma, va destino a su anodino trabajo, a su infeliz responsabilidad que le da para medio comer y para medio vivir, para envejecer lentamente en un país que le importa un carajo sus viejos, en una patria que se resiste a caer al abismo mientras la gran mayoría de sus ciudadanos hace muy poco por salvarle la vida.

El típico colombiano es mentiroso, chamuyero, ladronzuelo, hambriento, aventajado, falso, farsante, pobre, canalla, estafador, grosero, inculto, perezoso, dormilón, gritón, homofóbico, indolente, creyente, obstinado, grosero, hostil, rico, feo, uribista y santista, porque el típico colombiano no nace con autonomía mental, no lee, solo bebe licor y baila cuenta cosa suene, y se ríe los sábados en la noche y el domingo va a misa enguayabado, con sumisión, con los ojos abiertos pero la mente cerrada, obstruida, reprimida, condenada a la muerte, a una vergonzosa y deprimente muerte. Pobre Colombia, pobre tierra que tiene la desgracia de tenernos como inquilinos, inquilinos que no la queremos y no la cuidamos. Pobres animales inocentes y puros, inteligentes y nobles, que deben compartir su existencia con decadentes seres humanos que los maltratan, que los ofenden, que les roban con cinismo su espacio, sus propiedades; pobres perros colombianos tan nobles y tan fieles, tan hermosos y tan cariñosos a una especie de seres humanos vergonzosa.

Políticos embusteros y ladrones, policías corruptos y mentirosos, padres irresponsables y desalmados, taxistas aventajados, buseteros cabrones, presidentes ineptos, alcaldes desastrosos, ex presidentes prófugos de la verdad, de la transparencia. Pobre Colombia, pobre realidad, ancianos abandonados, hambrientos, friolentos, madres jóvenes, madres viejas de varias vidas sin un futuro promisorio, pobres nuevas generaciones, pobres viejos políticos cómplices de nuestra realidad que se traga las ilusiones de generaciones enteras, de jóvenes cabreados con el sistema pero débiles para enfrentársele. El típico colombiano come solo, le importa un carajo los demás, vive en familia, en sociedad pero no le importa nadie, solo él.

Los ricos cada vez más ricos y los pobres cada vez más brutos, más hambrientos, más futboleros, más creyentes, con más hijos y con más nietos. Los ricos cada vez más prósperos en un país hermoso pero maltratado y los pobres cada vez más pobres, cada vez más enfermos, más cansados, agotados por una vida dura que se ensañó en contra de ellos, en contra de familias enteras, todas pobres, todas sucias, todos con grandes sonrisas. Las ganas de vivir están en la necesidad de hacerlo, en las responsabilidades que por azar, o por desgracia, o por insensatez, les ha tocado soportar, convivir con la crudeza de la realidad necesitada y desaventurada.

Cuándo será el día que nos separaremos de la miseria, de la pobreza, de las limitaciones tontas de la cabeza, financiadas por la pereza y el conformismo, reglas básicas del típico colombiano. Cuándo será que entenderemos que la pobreza es mental, es momentánea, es una mugre que se pega al cuerpo como el mal olor de un día exigente de un campesino, mal olor propio y testigo del cansancio de una institución rigurosa, trabajadora, pero mal olor que se quita, que se desvanece, que se esfuma. Cuándo será que comprenderemos por fin que nada en la vida es tan fácil como no hacer nada, porque es que ni siquiera respirar es fácil, porque es que las manos ajadas y gruesas del campesino no toman ese natural estado por la ausencia del compromiso.

El típico colombiano resulta ser entonces una plaga devastadora, vergüenza y repugnante para una sociedad que necesita educación, compromiso y responsabilidad. El típico colombiano da vergüenza, da lástima, preocupa,  pero es el que todo el mundo conoce y es el que la gran mayoría aprueba, tal vez porque hacen parte también. El típico colombiano nunca va a llegar a leer esto que usted está leyendo y el típico colombiano que lo lea va a asegurar que esto es pura y fisica mierda, porque no hay cosa que más moleste al típico colombiano que le digan la puta verdad. Y ellos tendrán la verdad.

 

Buena tarde.

 

Giovanni Acevedo

 

 

Twitter: https://twitter.com/Giovanni_Bta

 

Facebook: http://www.facebook.com/giovanni.acevedo.5454

 

Fan Page: https://www.facebook.com/pages/Giovanni-Acevedo/109540275732024?fref=ts

 

Publicado en Artículos
Lunes, 08 Julio 2013 17:32

Aún me masturbo

Pues claro que sí, tal vez ya no con tanta devoción y religiosidad como lo hacía en mis primeros años de pubertad, cuando era estudiante de bachillerato, cuando buscaba en las noches esos canales que muestran gente desnuda frotándose entre sí. Ahora estoy en mis primeros años de la vejez, ya no busco esos canales en la televisión, ya eso me aburre, ahora prefiero practicar todo lo que vi en la televisión nocturna, pero ahora con quien lo practico no está a mi lado, estamos lejos y no pienso tocarle el cuerpo a nadie, soy muy asquiento para hacerlo así no más, por eso tal vez haya retomado mis costumbres masturbadoras íntimas, cuando siento la necesidad. Pero yo cuento con una adversidad complicada de remediar, y es que soy un varón impotente, no me funciona, no despierta, no resucita. Pero lo intento, con fe, con tranquilidad, con la compañía silenciosa y cómplice de la intimidad de mi cuarto ¿Por qué no hacerlo? ¿Por qué ocultarlo?

Yo creo que masturbarse es la mejor decisión en término sexual que uno puede tomar. Sobre todo si uno es soltero, es pobre y feo. Varios de mis amigos han recurrido a los servicios sexuales de alguna prostituta, o de algún prostituto, eso lo decide el gusto, el momento, el antojo. A mí eso me parece vergonzoso, además de costoso, ¿pagar por sexo? Eso es derrochar dinero, es un lujo, un lujo que indudablemente viene con un sin número de inconvenientes fastidiosos, cuantos malos momentos no se hubieran evitado tantas personas si hubieran recurrido a la imaginación en la intimidad de sus cuartos, y hubieran decidido masturbarse antes de contratar los servicios decadentes del placer sexual.

Por ejemplo; si nuestros pobres soldados, esos que se adueñaron de una caleta de dólares de las FARC en vez de contratar prostitutas se hubieran masturbado, otra seria la pelicula que hubieramos visto. Si los agentes de seguridad del presidente Obama se hubieran masturbado el escándalo no existiría y la prostituta seguiría prostituta, si el funcionario de la Embajada de Honduras se hubiera masturbado seguramente el embajador seguiría como embajador y el funcionario masturbándose, si el ex presidente Uribe se masturbara seguramente tendría mejor humor, estaría más tranquilo, si Pacho Santos se masturbara menos sería un poco más serio, de pronto, no lo sé, no soy un experto en masturbación, solo creo que es una buena opción, limpia, tranquila, legítima. Por eso no comparto de ninguna manera la campaña nociva que ha emprendido la señora Alicia Latorre, presidenta nacional de la Federación de Asociaciones Provida de España, campaña en contra de la masturbación. Según ella, los practicantes de la masturbación debemos ser vistos como un montón de genocidas en potencia. Las pretenciones de esta señora anti-masturbación es conseguir el apoyo de la Iglesia Católica, una vez lo logre entonces presionar para que en su país se legisle sobre esta práctica placentera, inofensiva y económica.  

Que no se le ocurra por favor a nadie en Colombia querer encarnar los odios contra la masturbación, no seamos insensatos que todos nos masturbamos. ¿Qué congresista podría defender un proyecto de ley en contra de la masturbación? ¿Gerlein? ¿Y cómo piensan controlar si yo me masturbo o no?

Antes que algún activista de algo quiera convocar a una marcha por la Carrera 7 en contra de la masturbación, yo quiero invitarlos a todos a la masturbación íntima y con su pareja, pero de manera juiciosa y emprendedora, no una masturbación cualquiera, una bien ejercida y complaciente, invito a todos a que lo hagan, es bueno, es económico, es sano. El mundo fuera un mejor lugar para vivir si todos en la mañana, justo antes de entrar a la ducha nos masturbáramos. Comenzaríamos el día con una grande y hermosa sonrisa producto de una buena masturbada. Antes de una reunión importante de trabajo, mastúrbate. Antes de votar un proyecto de ley, por favor señores congresistas mastúrbense, en la intimidad de sus despachos, hagan coalición masturbadora, que se sienta la verdadera unidad nacional. Y que le ayuden al senador Gerlein que ya está viejito, y no debe coordinar bien el movimiento de sus manos, porque si no logra coordinar su cabeza, mucho menos sus manos.

Solo les advierto, tengan cuidado con el senador Roy Barreras, porque hoy puede masturbar a uno y mañana a otro y luego decir que no ha masturbado a nadie, que él siempre se masturba solo, y más adelante puede salir a la luz un acuerdo firmado entre algún pastor y él en donde se comprometen a no masturbarse, solo si el pastor le da votos.

 

Feliz noche. 

 

 

Twitter: https://twitter.com/Giovanni_Bta

 

Facebook: http://www.facebook.com/giovanni.acevedo.5454

 

Fan Page: https://www.facebook.com/pages/Giovanni-Acevedo/109540275732024?fref=ts

Publicado en Artículos
Viernes, 05 Julio 2013 21:26

La Cicuta de Mockus

A diferencia de algunas campañas, de las que me han llamado sus protagonistas para que les apoye en su proyecto político, el fenómeno de Antanas Mockus llamó mi atención, aún sin conocerlo en persona, para ese entonces, sus ideas como “Creo ser capaz de poner lo mejor de mí, pero sobre todo de convocar a la gente para que ponga lo mejor de sí” nos convocó a unos amigos y a mí a la verdadera unidad nacional.

No a la de Santos que tenía como protagonistas a los diferentes presidentes de Partidos como Rafael Pardo, Germán Vargas Lleras, que posteriormente se convertirían en sus ministros canjeando sus votos con puestos. La unidad nacional de Mockus la respaldaban, a su vez, los jóvenes con sus ahorros rompiendo el marrano, a diferencia del que se repartía en platos durante la campaña de Santos.

Con mis amigos decidimos que la campaña en Bogotá contaba con suficiente apoyo, por tanto en decisión con todos, nos fuimos a un municipio en particular de donde era oriundo uno de ellos, Tal sorpresa nos llevamos que ya había un Mockus en el pueblo, y este era el médico, que mientras paseaba en su bicicleta le gritaban: ¡Mockus, Mockus, Mockus! Su labor consistía  en ayudarle a la gente, algo así como: Yo lo hice porque quise, a mí no me pagaron. Al ver que sus acciones eran afines con las ideas mockusianas, terminamos uniendo esfuerzos, y en el desarrollo de la mini campaña incluimos ejercicios de confianza, similares a los usados en otros escenarios por Mockus.

Todo esto fue una locura, no por la Ola Verde de Mockus, sino por otros eventos como el desbordamiento del Magdalena, que nos impidió en ocasiones llegar a veredas de este municipio, sin contar con el tremendo impacto que nos llevamos al ser recibidos con la petición de dádivas para votar por nuestro verde candidato, en tanto que nuestra campaña contendora, tenía toda la maquinaria política a su favor, incluido los gamonales del pueblo.

Nunca antes había visto una emoción tan desbordada, de parte de los jóvenes y de aquellas personas que quieren un cambio trascendental en Colombia, creo que sigue siendo un sentimiento que anhelamos algunos y que, en cambio, a otros les suscita escozor porque defienden lo establecido, conservar los hábitos insanos de la política tradicional, a veces rojos de la ira por no robar lo suficiente, y en otras azules, como pálidos, sorprendidos ante su propia infamia, que pretende conservar las riquezas en exclusiva.     

Al término de la campaña, lamentablemente, no se obtuvo el deseado triunfo en las urnas, aunque quedó el precedente de que sí es posible pensar un mejor país sin acudir a artimañas, manteniendo sus principios y obteniendo resultados concretos. El hecho de obtener más de mil votos en la primera y segunda vuelta en este municipio, fue un evidente éxito, a pesar de que hoy lo gobierna una “Zarta” de mentiras.

En el ámbito nacional, la contraparte, denominada “Prosperidad Democrática”, acudió al engaño y persuadió a la gente de la impudicia del líder verde, le recordó el haberse bajado los pantalones veinte años atrás, lo calificó de ateo por haberse casado en un circo y su Parkinson le valió el epíteto de “Caballo Discapacitado” por parte del “Gran Colombiano”, entre otras cosas, en las cuales imperó “El Todo Vale”.

Unos añitos atrás, tanto a Jesús como a Sócrates les sucedió un acontecimiento semejante, fueron catalogados de herejes, de locos e incluso de revolucionarios, aunque después aquellos quienes los juzgaron, usufructuaron e hicieron como propias sus ideas. Aquellos escribas y fariseos siempre han existido, hoy se camuflan como periodistas y asesores de campaña, han hecho pan de cada día, “el miente, miente, que algo quedará” de Joseph Goebbels, ministro nazi de propaganda, que cuenta entre sus seguidores con J.J Rendón y José Obdulio Gaviria.

En suma, la honestidad radical del maestro Antanas, lo llevó a su “fracaso”, prefirió ser coherente en su discurso y alejarse hasta el presente del partido verde, al no aceptar la compañía del “Gran Colombiano”, como lo sugería su ex co-partidario Enrique Peñalosa, que a la postre perdería en su carrera a la Alcaldía de Bogotá. Tomó entonces Mockus la Cicuta y acabó con su vida política.

Publicado en Artículos
Jueves, 04 Julio 2013 05:36

Uribe, feliz cumpleaños

Por esta época, en el 2010 recibí una llamada en mi teléfono celular. Era una mujer, de esas que te hablan muy afectuosamente, muy amables, en exceso -tanto así que resultan empalagosas, fastidiosas- me decía amor, y me hablaba con diminutivos. Y yo odio los diminutivos. Camila Moreno, una política de poca monta, uribista entregada, no a Uribe, a sus tesis, aunque si pudiera entregársele al señor presidente yo no dudo que ella lo haría sin vacilaciones, sin regla alguna. –Giovanni mi amor te necesito, te espero en el bar mexicano esta noche– me dijo ella y yo corté la llamada inesperadamente, antes de que siguiera hablando, antes que me llamara de nuevo amor. El bar mexicano es un establecimiento público, por la Calle 85 en Bogotá, una cuadra arriba de la Av 15, en plena Zona Rosa. Acudí al llamado de la empalagosa mujer con un buen amigo de quien prefiero no dar su nombre ni profundizar en su descripción porque a él no le gusta salir en mis columnas, le molesta que su nombre o por lo menos una vaga delineación de su persona aparezca en una de mis columnas, siempre me llama y me pide que elimine inmediatamente su presencia involuntaria cualquiera de mis publicaciones.

Llegamos al lugar, Camila nos saludó con besos y abrazos por montones, nos presentó con un grupo de viejos feos, según ella empresarios. Los señores malacarosos eran uribistas y necesitaban de nuestra ayuda para festejarle el cumpleaños al entonces presidente Uribe. En la campaña del hoy Presidente Santos organizamos varias caravanas por la ciudad, lo hicimos con chivas de tal vez la empresa más reconocida, mi contacto en esa empresa era directo, los dueños de las chivas eran uribistas y querían a Santos como presidente, por eso nos dejaban casi que regalado el servicio de las chivas. Camila no me quería a mí ni a mi amigo, ella quería el descuento que nos daban en la empresa de chivas porque ellos querían hacer una caminata desde el Parque Nacional hasta la Calle 72, en donde instalaron una tarima, y querían chivas en el evento.

Al siguiente día llegamos temprano a la casa de Camila, nos recogió un amigo de ella y nos llevó a la Calle 72 con Carrera 7. Para esa época los Uribitas y los Santistas eran amigos aún. Yo llegué a querer a Uribe, llegué a defenderlo, era joven, estaba confundido, no me había definido ni sexualmente ni políticamente, era un poco más tonto de lo que soy hoy en día. Políticamente creo que ya encontré mi identidad, pero sexualmente sigo explorando opciones, sigo explorando mi cuerpo.

El festejo al presidente Uribe estaba marchando según lo planeado, un carro nos recogió y nos llevó al Parque Nacional, no nos dieron desayuno ni Camila me volvió a decir "amor", me utilizó vilmente para conseguir el descuento en las chivas y luego me desechó. La gente comenzó a llegar, comenzaron a amontonarse y cuando la gente se amontona se calienta, como que se se desinhiben. Había trago por todo lado camuflado en botellas de agua. Mi amigo y yo decidimos hacer negocio con el nombre de Uribe, así como el señor Castellanos hace negocio en el nombre de Dios. Entonces nosotros mismos compramos sombreros vueltiaos hechos en cartón, de piñatería, y les pegamos un papel adhesivo con una frase que ya olvidé, pero que con seguridad debía desearle feliz cumpleaños al presidente Uribe.

En el trayecto sobre la Séptima los medios de comunicación buscaban lograr buenas notas, capturar buenas imágenes. Mi amigo, a quien le encanta salir en televisión y en radio, se encargó de dar entrevistas a diestra y siniestra por toda la Carrera Séptima. Yo tenía novia, pero siempre he sido malo para las novias, me olvidé de ella. No sabía que tenía novia hasta que la vi al lado de mi suegra enfrente de la tarima en la Calle 72. Ella y toda su familia son muy uribistas, su tío le dio la bendición al entonces candidato Santos y con su mano en la cabeza del candidato nos dijo a todos que el Señor Todopoderoso le estaba diciendo que Santos iba a ser el próximo presidente de Colombia. La gente se había convertido con rapidez en multitud, mi novia y yo nos subimos a la tarima y mi suegra estaba orgullosa de ver a su hermosa hija sobre una tarima. El presidente Uribe le habló a toda su fanaticada por intermedio de un celular que acercaron al micrófono para agrandar su voz, nos agradeció tan generoso detalle.

Luego del saludo presidencial y de ver volar una paloma blanca como símbolo de paz, la fiesta se prendió y la gente comenzó a beber ahora sí sin prevenciones. Un uribista, Santiago Hinojosa, decidió cantarle una horrible canción al presidente, yo sospecho que este Santiago es el mismo que me acusa en un comentario en mi última columna de inepto y de lagarto, esta vez no me llaman maricón, pero sí me piropea, dice que tengo 20 años, error que me agrada. También dice que él es un pésimo cantante de vallenato, que su voz chillona es irritante y que su aliento fétido es parte de su personalidad.De él no tengo muchos recuerdos, yo nunca lo vi trabajando de manera continua en la campaña de Santos, no olvido la vez que me llamó a mi celular después de terminada la campaña y groseramente me despertó de mi siesta, y me llamó a pedirme expresamente que intercediera por él con Gabriel Gómez Jaime. Yo le decía que no conozco a ningún Gabriel Gómez Jaime. Le dije que conocía a un Gabriel Jaime Gómez, pero que él no tenía una bolsa de empleos, que él era asesor en PROEXPORT.

Hinojosa se enfadó conmigo, me dijo que él había trabajado muy fuerte en la campaña de Santos como para que no le fueran a dar un empleo digno, el que fuera, que cómo así, que él estaba muy dolido y que Gabriel Gómez Jaime (a quien no conozco) tenía que darle trabajo porque cuando uno trabaja en una campaña electoral es porque busca empleo, entonces que él quería un empleo y que ese hombre desconocido del que me hablaba le tenía que dar empleo. Yo le sugerí que conformara una agrupación vallenata, pero él me dijo que no, que él quería empleo en el Gobierno Santos.

A Uribe le debe gustar que le celebren sus cumpleaños, es un hombre que le gusta que hablen de él. A mí no me gusta que me celebren nada, y mucho menos mi cumpleaños. Tal vez le gustaría mucho que como regalo le diéramos la presidencia, pero creo que eso no va a ser posible, ni a Uribe ni a Zuluaga ni a Pachito ni a ningún otro uribista.

A mi amigo y a mí nos fue bien con el negocio de los sombreros uribistas, mi novia me terminó tiempo después porque no fui capaz de consumar nuestro amor pasajero. Los uribistas ya no son amigos de los santistas. Camila Moreno se quemó en su intento de ser edil de Teusaquillo, se lanzó por un partido pero hacia campaña con otro, regalaba pitos y hacía reuniones de no más de cinco personas en auditorios construidos para quinientas. Hinojosa hoy en día trabaja como cartero.

Feliz cumpleaños Uribe

 

Giovanni Acevedo

 

Twitter: https://twitter.com/Giovanni_Bta

Facebook: http://www.facebook.com/giovanni.acevedo.5454

Fan Page: https://www.facebook.com/pages/Giovanni-Acevedo/109540275732024?fref=ts

Publicado en Artículos
Página 8 de 11

Círculo de Amigos