Sábado, 22 Abril 2017 18:23

La Colombia medieval

Por: Sebastian Zapata

Con gran estupor escuché y leí hace poco unas declaraciones del ex procurador, Alejandro Ordoñez, en respuesta a algunas posturas, algo polémicas, sobre la religión dadas por el Ministro de Salud, Alejandro Gaviria. Y es que mi sorpresa surgió al ver que en sus redes sociales el señor Ordoñez lanzó interrogaciones tan retrogradas y sensacionalistas como, por ejemplo: “¿Dejaría usted la salud de su familia y la educación de sus hijos en manos de un ateo?”. Pregunta que, a mi parecer -y a partir de que vivimos en un Estado laico-, se puede catalogar como errónea y esquizofrénica.

Si bien, para nadie es secreto los brotes neoconservadores que se vienen dando en varios rincones del globo -el caso por excelencia en Colombia ocurrió el año pasado cuando múltiples corrientes cristianas salieron a las calles y generaron opinión pública sobre la mal llamada “ideología de género”-, hay que ser cuidadosos, críticos y reflexionar sobre estos procesos, debido a las mismas implicaciones colectivas y los posibles retrocesos sociales que pueden traer consigo.

Y es que per se, estos “resurgimientos religiosos” no tienen moralmente nada de cuestionable, porque la fe de cada persona o comunidad es netamente respetable, el problema realmente reside cuando se busca, por parte de ciertas figuras públicas y creadores de opinión, retornar a modelos teocráticos, donde la religión es el único fin del hombre y la única capaz de dictaminar el acontecer como sociedad.

Es claro que las religiones dan estabilidad social y respuestas a diversos vacíos existenciales, sin mencionar sus múltiples lecciones éticas que pueden aportar a la formación espiritual de los individuos. Pese a ello, insisto que se debe mirar lo complejo que puede ser, por ejemplo, combinar los postulados religiosos con la toma de decisiones vinculantes a nivel político, económico y/o cultural.

Y es que, para comprobar este peligro al que hago referencia, basta con mirar la historia y recordar los millones de muertos que dejó la instrumentalización o mal interpretación de la fe en los cinco continentes hace varios siglos o prestar atención a la actual irracionalidad de miles de sujetos en Medio Oriente y parte de África que, debido a la malversación interpretativa de su credo, tienen a varios países y pueblos sumergidos en el caos.

Reitero, en lo personal, me preocupan los intereses de ciertos actores en el país, como el ex procurador Ordoñez y sus feligreses, que abogan por una Colombia medieval, en la que se busca imponer a los funcionarios el requisito de ser católicos, en la que se pretende que ciertas minorías no puedan coexistir con el resto de la ciudadanía, en la que se quiere que las políticas, planes y proyectos estén en pro del designio de Dios, entre otras tenebrosas particularidades.

Por esto, es fundamental comprender que los procesos de secularización que se han dado históricamente no evaporan ni eclipsan la religión, sino que, más bien, le dan un espacio funcional en la comunidad, apartándola de escenarios como la política y la economía, con el fin de evitar controversias, instrumentalizaciones y malos usos a los postulados religiosos.

Por ello, hay que recordarle a Alejandro Ordoñez y a otros individuos que abogan de manera extrema por el credo religioso, que la política y las políticas deben orientarse bajo parámetros y lineamientos medianamente objetivos que respondan a las necesidades terrenales, no a creencias singulares ancladas a patrones de fe.

Twitter @sebastianzc

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Martes, 28 Marzo 2017 10:48

Liderazgo Regional

Por: Juan Carlos Fernández

¿Habla bien de Colombia que la paz o la guerra siga marcando la agenda?

A un año de elecciones del Congreso y a 14 meses de elecciones presidenciales, la sociedad está cansada que se hable de paz o de guerra y se hace necesario comenzar a plantearnos cuáles deben ser los temas que marquen la nueva agenda nacional. Nací en el 89 y desde que tengo memoria, los presidentes se han elegido por defender una u otra bandera. Habla muy mal de nosotros como sociedad no avanzar en temas fundamentales como la economía, corrupción o el manejo de nuestra política exterior.

La agenda de los gobiernos, demuestra para donde va su gente y cuáles son los objetivos a corto, mediano y largo plazo que toda la nación debe luchar para alcanzar. Por ejemplo, a Estados Unidos le preocupa cómo seguir liderando el mundo. Para ello cuenta con una economía sólida, disuasión militar y un cuerpo diplomático como pocos en el sistema internacional. En la otra orilla, vemos a Venezuela, en donde la agenda depende o es definida por los problemas de escasez de alimentos, inflación, inseguridad y la violación de derechos humanos. La agenda en pocas palabras es la foto, el diagnóstico y el camino que los gobiernos toman para que su gente sea más o menos próspera.

El tema de mayor importancia para los colombianos es el trabajo. Y es lo que demandan los más vulnerables en este país. Sin duda alguna, están cansados que los gobernadores y alcaldes los distraigan con un mercado al mes, y tengan que sobrevivir con “ayudas técnicas” como le dice ahora el gobernador de Norte de Santander. En pocas palabras “pan pa´ hoy y hambre mañana”. Este departamento y sus municipios son un claro ejemplo de estas dinámicas que deben ser eliminadas y reemplazadas por proyectos que se ejecuten y generen empleo, asegurando una mejor calidad de vida a la gente.

La corrupción será también, uno de los temas obligados a debatir en las próximas elecciones en Colombia. De acuerdo al contralor general de la República, Edgardo Maya Villazón, el desangre de la corrupción puede llegar a $50 billones al año. La agenda Guerra-paz ha ocultado esta enfermedad que consume la confianza de los ciudadanos en sus instituciones. El problema es tan grande, que tanto privados como servidores públicos, son culpables del pésimo manejo del erario y deben responder por los daños que le han causado a la sociedad.

Ahora bien, la política exterior de nuestro país debe ser un tema fundamental para el próximo gobierno. Tenemos un vecindario complejo, hostil y las dinámicas en varias fronteras requieren de inmediata atención. La invasión al territorio nacional por parte de más de 70 militares venezolanos debe llamar la atención del gobierno nacional. Sólo después de 3 días, fueron obligados por el ejército nacional a abandonar nuestro territorio y a quitar la bandera venezolana que habían instalado en la finca de Edgar Camacho en el departamento de Arauca.

Después de estos hechos, debemos preguntarnos si la actitud del primer mandatario ha sido la ideal con respecto a las relaciones bilaterales con Venezuela. Mi abuela decía, quien entra una vez al patio sin pedir permiso y no se le dice nada, la próxima entrará a la cocina y a los cuartos. Se entiende que Maduro quiere distraer a la opinión pública para ocultar los innumerables problemas internos; sin embargo, existen límites y estos ya han sido cruzados. Es hora que Santos se desmarque y le haga la vida más difícil al dictador vecino.

Finalmente, Si no podemos disuadir a un vecino como Venezuela, a que no nos invada con sus campamentos y su bandera portable. ¿cómo esperamos llegar a liderar la agenda de la región en las próximas décadas? Será en campaña, en donde diferentes candidatos nos muestren sus propuestas, y el camino que debemos tomar para que antes del 2030, Colombia guíe a la región en el largo camino hacia la prosperidad económica y la consolidación de la democracia.

Twitter. @Fernandezjca

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Lunes, 27 Febrero 2017 16:15

Colombia: la política en coma

Por: Juan Carlos Fernández

¿Cómo lograr que ser político sea un honor y no una vergüenza en Colombia?

La política nunca muere, pero si puede quedar en un estado de coma. La desconfianza en quienes están a cargo de lo público cada día es mayor, lo cual se traduce en desesperanza y resignación para los ciudadanos.

A mi juicio, este es el estado actual de la política en Colombia y varios elementos pueden sustentar esta afirmación. El primero, es que ejercer un cargo público no es una dignidad en Colombia, como si lo es en varios países del mundo, como Dinamarca, Suiza o Suecia. Desde 1995 nos hemos venido rajando en el informe de Transparencia Internacional sobre percepción de la corrupción. En el 2016 ocupamos el puesto 90 de 176 países. Sin duda que esta percepción de la ciudadanía incentiva a hablar mal del sector público y distancia a miles de personas de servirle al país.

Segundo, la ilegitimidad de las instituciones genera desconfianza en los ciudadanos y hace que la esperanza en un mejor futuro sea mínima. Diferentes firmas encuestadoras como Gallup demuestran que la gente tiene una percepción desfavorable de varias instituciones colombianas. Por ejemplo, siempre la peor calificada es el Congreso de la República; 77% de las personas encuestadas no tiene opinión favorable sobre su gestión.

Tercero, la ausencia del Estado en varios municipios y zonas fronterizas del país, genera un vacío que históricamente ha sido reemplazado por delincuentes que destruyen y capturan las reducidas instituciones existentes y terminan creando más escepticismo. Norte de Santander es un ejemplo claro de ausencia estatal. ¿Cómo es posible que solo hayan siete puntos de control para 2219 km de frontera? En los últimos meses quedó demostrado que no estamos preparados ante un posible estallido social en Venezuela. Y sumado a esto, con el paso de los días, se comprueba que la ausencia de instituciones ha generado la mayor crisis de inseguridad de la historia de Cúcuta; desafortunadamente, las bandas criminales están de fiesta.

Ahora bien, el costo que genera el estado de coma de la política colombiana es muy alto. Duele pensar por ejemplo, que perdemos a miles de jóvenes talentosos que pueden aportarle al sector público y no se involucran porque entrar a este medio genera desconfianza y una suerte de desprestigio. Personalmente, me quita el sueño, ¿cómo lograr que ejercer política en Colombia sea un honor y no una vergüenza? ¿Cómo lograr que los servidores públicos sean los más preparados y lleven a cualquier gobierno a lograr los objetivos colectivos que nos propongamos?

En el futuro cercano veo muy difícil que ejercer un cargo público sea un honor. Y menos cuando semanalmente sale un escandalo de corrupción; estas dinámicas desincentivan a la ciudadanía en vez de animarla a trabajar por Colombia. En el largo plazo, resulta necesario que movimientos sociales y partidos políticos formen a la futura clase dirigente de este país y desde un principio se condene cualquier intento de malas prácticas o corrupción.

En el siglo XIX Abraham Lincoln dijo una frase muy poderosa y que los norteamericanos aplican en su vida con mucho rigor. “Este país, con sus instituciones, pertenece a las personas que lo habitan” En Estados Unidos la gente conoce el valor de cada persona en la democracia. Cosa que estamos muy lejos que suceda en Colombia. Acá se le hace creer a la gente que el país es de los políticos y que estos pueden hacer lo que se le da la gana sin ningún tipo de consecuencia. Adicionalmente, las personas muchas veces creen estar por encima de las instituciones, lo cual afecta gravemente el funcionamiento del Estado. Esto cambiará en la medida que la sociedad tenga mayor conocimiento y obligue a sus mandatarios por todas las vías, a cumplir los intereses de todos y no de un grupo selecto.

Por último, es importante señalar, que ni la juventud garantiza renovación, ni la educación  probidad en la política. Varios egresados de Harvard, Yale o de los Andes están condenados. Y algunos que han sido puestos por su familia en una curul, pueden ser muy jóvenes, pero representan y aplican las malas prácticas de sus antecesores. Lo que si garantiza una transformación de la política es la participación activa de toda la sociedad en los asuntos públicos y la sanción social a quienes creen que pueden hacer con el erario lo que les da la gana.

El principal reto es y será, lograr total legitimidad del sector público. Y esto solo se obtiene ganándonos la confianza de la gente; para ello necesitamos pequeñas victorias que solucionen las problemáticas de la vida cotidiana de la ciudadanía, que nos permitan convencer a nuestras familias que quienes trabajamos como servidores públicos lo hacemos porque es un honor y no una vergüenza.

Twitter @fernandezjca

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 Por: Juan Carlos Fernández 

Sin trabajo ni comida, con un gobierno totalitario que desconoce y vulnera los derechos humanos de la población, con el más alto índice de percepción de corrupción pública en Latinoamérica de acuerdo a Transparencia Internacional y con una hiperinflación proyectada de 1.660% para el 2017 por el Fondo Monetario Internacional (FMI), Nicolás Maduro desestabilizó a Venezuela y construyó la tormenta perfecta. A medida que pasan los meses, crecen las probabilidades que empiece una guerra civil sin precedentes.

Dejando a un lado las emociones, ¿qué tan preparada está la frontera colombiana ante un posible estallido social en Venezuela?

En los primeros días del año se dieron dos hechos importantes que pueden marcar el futuro cercano del vecino e impactar los intereses de Colombia.

El primero, fue el nombramiento de Tareck El Aissami como nuevo Vicepresidente. El Aissami representa el ala más radical del chavismo y en caso de llevarse a cabo el proceso de referendo revocatorio, sería el sucesor de Maduro hasta el año 2019. El segundo hecho fue la aprobación del acuerdo con el cual se calificó el “abandono del cargo” al presidente Maduro por parte de 106 diputados de mayoría opositora. Con este acuerdo, se le puso presión a la caldera, pues el presidente salió a dar declaraciones desconociendo el acuerdo y pidiendo al Tribunal Supremo de Justicia que anule cualquier intento de golpe de Estado de la Asamblea Nacional y que adopte inmediatas acciones legales contra los diputados. El no reconocimiento recíproco de los poderes, fractura aún más la democracia y aumenta las probabilidades de un estallido social.

La debilidad institucional de Venezuela preocupa cada día más a varios países de la región, incluidos México, Argentina, Perú y Estados Unidos, quedando evidenciado en el informe de la oficina del Director Nacional de Inteligencia del Estado norteamericano, presentado el pasado 9 de enero. El informe llamado “Tendencias Globales”, que se publica cada cuatro años con la llegada de nuevo presidente al Despacho Oval, afirma que el incremento de la presión económica y humanitaria en Venezuela podría llevar a una mayor represión por parte del actual presidente y señala que existe el riesgo de una crisis humanitaria que podría enviar más refugiados a países vecinos como el nuestro y a Estados Unidos.

Sin embargo, es a Colombia el único país al que parece no preocuparle la situación de Venezuela ni los riesgos que conlleva una crisis humanitaria.

Hace un mes estuve en el puente internacional Simón Bolívar, recibiendo a familiares que venían a Cúcuta a pasar la navidad y año nuevo. Guardando las proporciones y a causa de una crisis económica y no de una guerra, ésta parece la frontera turco-siria en donde refugiados de Alepo pasan a pie cabizbajos a Turquía en busca de seguridad y alimentos.

Constaté que no se exigía ningún documento de identidad para ingresar a Colombia, lo cual es muy preocupante.

Hace 10 años esta situación era normal, pues Venezuela no sufría una crisis económica y social como la actual. Hoy es inadmisible que exista tanta negligencia en los puentes internacionales - Bolívar y Santander – más importantes de los 2.219 km de frontera común.

Ese día me formulé varias preguntas: ¿qué capital humano queremos y nos sirve que ingrese al país?. ¿Nuestras regiones fronterizas están preparadas ante un estallido social al otro lado?. ¿Ha acertado el presidente Santos en la defensa obligada de los intereses de sus connacionales, ante los reiterados e injustificados cierres de la frontera?

Según Migración Colombia, más de 175.000 personas pasaron en los primeros cinco días de este año hacia Colombia, cifra inexacta pues cientos de ellas están pasando sin ningún control y el desinterés en aplicarlo en los puentes internacionales, confirma la debilidad del Estado colombiano. Y corrobora que a nuestro gobierno nacional no le importan las calidades ni antecedentes de los venezolanos que ingresan al país ni los problemas que puedan traer.

Nuestras zonas fronterizas no están preparadas si hay una guerra civil en Venezuela. Tampoco existe un control migratorio serio que garantice que quienes ingresan ilegalmente, no se establezcan en nuestro territorio y sean expulsados.  

Cúcuta, la ciudad fronteriza más dinámica de Suramérica, no está preparada para recibir a miles de colombianos y venezolanos que necesitarían de servicios en salud, educación y empleo como sucede desde el arbitrario cierre fronterizo, cuando ni siquiera ha podido hacerlo con sus residentes. Se aumentaría el desempleo que ya es devastador. La informalidad, que ya es la más alta del país, y la inseguridad ya desbordada, serían incontrolables.

Santos continúa sin cumplir sus compromisos contraídos en las dos campañas políticas presidenciales. Después de 6 años de gobierno, la frontera no está controlada por el Estado y las bandas criminales siguen dominando el rentable negocio del contrabando y el narcotráfico.

Aprovechando la firma el acuerdo de paz con la guerrilla de las Farc, ya es hora que el presidente Santos se desmarque de Maduro, y recupere la gobernabilidad en la región, demostrando que el gobierno colombiano no comparte las decisiones unilaterales de Venezuela y condene el mal trato que reciben allí nuestros compatriotas, sancionando la ilegalidad y controlando una frontera sometida por las bandas criminales.

Resulta fundamental ejercer mayor autoridad y presencia gubernamental de la Nación en la frontera con Venezuela y redefinir la hoja de ruta a seguir en las relaciones bilaterales, previa consulta a las poblaciones allí establecidas. Es imperativo que el Congreso Nacional ejerza un mayor control político al Gobierno Nacional, en especial de los congresistas norte-santandereanos, para que se redefinan las relaciones bilaterales y se estructure un plan de gobierno encaminado a dinamizar la débil economía de las zonas fronterizas con inversiones públicas que dinamicen la actividad empresarial regional en función de las nuevas fuerzas del cambiante mercado internacional.   

Twitter @fernandezjca

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Por: Jorge Iván Cárdenas

Desde que a el magnate se le dio por presentarse a las elecciones presidenciales en Estados Unidos, siempre ha tenido dos cosas relevantes: Primero, su show mediático para saber llegarle a la ciudadanía, y segundo sus políticas económicamente proteccionistas, que plantean reformar los bloques comerciales a nivel mundial. Siendo este último tema relevante a tratar en el presente artículo.

Sus ataques continuos y de forma despiadada a México, no solo en temas de inmigración, si no también en temas de productividad industrial generan conmoción en los mercados financieros y de activos. Pues Trump empezó el año 2017 con fuertes acusaciones a los fabricantes de automóviles BMW y Toyota, indicándoles que, si establecían plantas de producción en México, sus vehículos tendrían tasas impositivas más altas en el mercado de vehículos de los Estados Unidos.

Trump también ha mencionado que el acuerdo de libre comercio de América del Norte, ósea el NAFTA debe ser revisado y corregido, porque a su criterio Estados Unidos está perdiendo representatividad y beneficios comerciales. Adicionalmente Trump felicita a Gran Bretaña, por establecer un “Brexit” radical con el objetivo de dejar el mercado único de la Unión Europea. Siendo así que estas acciones y pensamientos de política económica, son el más fuerte argumento en contra del libre mercado y las economías a escala, y por el contrario promueve el proteccionismo de la industria de su país y genera un nuevo actuar entre el paradigma de instituciones financieramente representativas a nivel mundial como es el Fondo Monetario Internacional.

Y es que Trump no está del todo mal. ¡El entiende que, al cerrar las fronteras comerciales, Estados Unidos se verá obligado a hacer crecer su sistema productivo para satisfacer su demanda interna de bienes y servicios…claro esto tiene un costo! Y los economistas a favor del libre comercio y movilidad de capitales, dirán: “Si cierra fronteras y restringe la movilidad de capitales, ¿De donde se piensa financiar para aumentar el gasto público que se requiere para hacer crecer el sistema productivo de Estados Unidos?” ... pues yo les respondería con esta máxima a esos economistas: “Es el hombre más poderoso del mundo”.

Las agencias calificadoras de riesgos y las instituciones financieras, generalmente han aplaudido con entusiasmo el control de la deuda, la austeridad y la regla fiscal de los países en materia monetaria. Pero eso está cambiando, el Fondo Monetario Internacional estima que la política fiscal expansiva de Trump aumentaría las expectativas de crecimiento del Producto Interno Bruto de los Estados Unidos. ¡Claro, es Keynesianismo puro y estoy de acuerdo!, lo importante para resaltar es que el FMI está patrocinando políticas económicas Keynesiana que ni en plena crisis del 2008 quiso adoptar para salir de la misma crisis.

Por otro lado, esa misma semana la prestigiosa agencia calificadora de riesgo Moody`s ratifica la calificación AAA para los Estados Unidos, siendo consciente de la política proteccionista, fiscal expansiva y descontrol de la regla fiscal que Trump va a realizar en los Estados Unidos con el objetivo de aumentar su producción interna. Otro gesto más del poder de influencia que tiene el Presidente de los Estados Unidos en materia económica en el mundo y sus instituciones.

¿Y usted se preguntará que tiene que ver esto con Colombia? Pues estimado lector o lectora, en primer lugar y recientemente se aprobó una Reforma Tributaria con el objetivo de mantener las cuentas fiscales en orden y hacer que las mismas calificadoras de riesgo – esas que le pusieron AAA a Estados Unidos por políticas fiscales expansivas – nos mejoraran la calificación por hacer políticas fiscales restrictivas como la aprobación de la última Reforma Tributaria. Lo cierto es que el mismo día en que Moody´s le pone AAA a Estados Unidos, consiente de una alta deuda que traerá la posesión a Trump, a nosotros como América Latina nos dicen que el panorama de crecimiento es negativo por una alta deuda y falta de reformas estructurales en política económica.

¿Me hago entender? Pues lo que quiero decir, es que a Estados Unidos lo felicitan por que van a gastar más dinero y los países de América Latina los castigan porque están siendo juiciosos con su regla fiscal. Este suceso nos brinda argumentos para decir que nos equivocamos al aprobar la última reforma tributaria, porque de nada sirvió.  Las agencias calificadoras de riesgos siguen siendo escépticas con las economías latinoamericanas, el ministro Mauricio Cárdenas -el cual no tengo ningún parentesco familiar- reduce la meta de crecimiento económico del 3% a un 2.5%, en la revisión del Plan Financiero del 2017 presentado el 18 de enero del presente año y además ni hablar de la indignación de la ciudadanía que causo la aprobación de dicha reforma tributaria, ya el gobierno conoce el costo político que tiene que asumir.

Seamos sinceros en materia económica, no podemos seguir en unos costos hundidos creyendo que la austeridad, el control fiscal y el libre comercio nos van a llevar por una senda de crecimiento económico, la política económica mundial está cambiando y la confianza que tenemos en las antiguas instituciones y bloques financieros están en un proceso de transformación. El proteccionismo y el desarrollo interno de las economías es la nueva tendencia a nivel mundial, es la oportunidad que tenemos para que nosotros como país también renegociemos más de un acuerdo comercial que quedo a medias con grandes economías y debilito el aparato productivo del país, a tal punto que el problema inflacionario tiene una gran dependencia de los bienes importados y además dependiéramos de las materias primas para crecer económicamente, y no de la diversidad productiva.

Llego el momento de que nosotros como colombianos creamos realmente que es lo que tenemos y ahora que “no tenemos conflicto”, empecemos crecer industrialmente, a generar procesos productivos internos que inspiren innovación y que no dependamos de inversión extranjera para crecer. Es así que, si apoyamos los mismos ideales que Trump – dejando claro, el ideal económico, no la persona - que viene promocionando a nivel mundial, nos obliga a mirar hacia adentro, a reformar el aparato productivo, a empezar a tener liderazgo productivo en la regiones, que los otros países también tengan que ceder ante nosotros en el momento que ellos quieran hacer algún acuerdo comercial, o que las calificadoras de riesgos tengan temor en el momento de revisar nuestras expectativas de crecimiento.

Twitter. @JorgeIvCardenas

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Jueves, 28 Julio 2016 15:19

25 años de la constitución de 1991

hablando de los 25 años de la constitución de 1991 con Alvaro Forero NavasSebastián CaballeroPablo Londoño SalazarJorge Camargo Tovar Dirige Alberto Diaz Baez 

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Jueves, 28 Julio 2016 15:00

Campaña del SÍ y el NO por la paz

Surgen movimientos ciudadanos en torno a los acuerdo de paz de la Habana, unos promotores como "Por Colombia Sí",y otros grupos de opositores como "Resistencia Civil" 

 

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Lunes, 21 Marzo 2016 09:38

En nombre de la paz

 

Crónica de una muerte anunciada

Por: Ana Gardeazabal

Que la opinión pública afirme que la paz está cerca es un idealismo, sin embrago que el gobierno alarde de la Paz en Colombia es una mentira. Desconcierta la confusión que existe entre hablar de un acuerdo de paz y la paz, hay que dejar claro que son dos cosas diferentes.

Dudo mucho que tan prometida paz llegue al territorio colombiano, por varios factores: factores que no estoy segura si el gobierno Santos ha querido pasar por alto conscientemente, o si en su obstinada meta por conseguir un acuerdo de paz se ha nublado su juicio. El primero,el narcotráfico. El tráfico de drogas no terminará con la firma del acuerdo, por más de que este así lo estipule. La guerrilla de las FARC es uno de los carteles de droga más importantes de América Latina, el hecho de que su estructura delincuencial quedará mermada como resultado del acuerdo está fuera de cuestionamiento, sin embrago ¿Qué plan tiene el gobierno para quienes desistan en la decisión de desmovilizarse?

Desistir de la rendición y desmovilización y mantenerse en pie de lucha en la filas de las FARC, es en la mente de muchos, una decisión completamente entendible. En términos de incentivos, en la medida en que disminuya el número de subversivos dentro de la organización, el margen de las ganancias por los negocios ilícitos se verán incrementadas para quienes continúen delinquiendo, así que muchos no querrán volver a la legalidad, simplemente por las ganancias que recibirán cuando la torta de las drogas sea repartida entre pocos.

Segundo, ¿Quién garantiza que las FARC es un grupo cohesionado que recibe y acata ordenes de quienes los representan en la mesa de negociación en La Habana? Muchas veces los jefes negociadores han incumplido promesas de no realizar atentados terroristas, ¿porque así los jefes negociadores lo permiten, o porque los disidentes e incrédulos en el proceso de paz dentro de las FARC, lo ordenan?

Tercero, el ELN también esta constitudo como un grupo guerrillero y no ha demostrado una intención real de negociar con el gobierno.

Cuarto, como resultado de los factores anteriores ¿quién puede asegurarle al pueblo Colombiano que después la firma del acuerdo de paz, se acabara la guerra, llegará la verdad y cesarán las víctimas?, La revictimización después de la firma del acuerdo es inminente, en la medida en que exista una disputa de poder entre los disidentes de la futura desmovilización de las FARC, el ELN y las bandas criminales.

Entonces, el acuerdo entre las FARC y el gobierno tiene como objetivo remover el nombre de una guerrilla o cambiar la dinámica de la guerra. Ponderando costos y beneficios, el gobierno, y en consecuencia todos los colombianos partimos de una clara desventaja, porque aunque se habla de verdad, justicia y reparación, los victimarios difícilmente cumplirán condenas justas, aunque se habla de combatir el narcotráfico, este se tratará como un delito conexo a la rebelión, aunque se condena el proselitismo político armado, se ordena salir a la fuerza pública de un territorio para abrir paso a jornadas de socialización de grupos de grupos armados fuera de la institucionalidad y aunque se habla de victimas es muy difícil asegurar que no lo seguirán siendo después del acuerdo de paz.

En resumen, ¿Qué ofrece el acuerdo de paz a todos los colombianos? Verdad, porque consiste en que los guerrilleros acepten, confiesen los delitos cometidos y se comprometan a no repetirlos. También tendrán que confesar las rutas del narcotráfico - lo que probablemente no cumplirán a cabalidad - y entregar las armas - lo cual también intuyo, no todos estarán dispuestos hacer, a cambio de que el gobierno en nombre de los Colombianos les otorgue prebendas políticas, rebajas en las penas o penas alternativas y zonas de concentración para la socialización de los acuerdos, zonas que a la larga terminarán facilitando el tráfico ilegal de drogas y armas.- Todo esto resulta siendo un fantástico desacierto debido a que a pesar del esfuerzo del gobierno Santos por conseguir un acuerdo de paz que termine con la guerra, en términos reales solo conseguirá transfórmala.  

Finalmente, termino haciéndome las preguntas que rondan por las mentes de muchos colombianos, ¿valdrá la pena la inversión exorbitante por conseguir el acuerdo de paz?, ¿valdrá la pena el endeudamiento de la nación por consolidar los puntos acordados?, ¿valdrá la pena el desgaste institucional que está teniendo el país? Aún quedan muchos interrogantes, sin embargo, a costa de cualquier cosa, supongo que como dice el Presidente Santos, todo será en nombre de la paz.

Twitter.

 

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Miércoles, 16 Marzo 2016 11:06

De Plan Colombia a Paz Colombia

Se conmemoraron los 15 años del Plan Colombia, el mandatario norteamericano, Barack Obama, sostuvo que la alianza entre su país y Colombia es la más fuerte del hemisferio occidental y que estos países seguirán estrechando sus lazos de cooperación. Para análizar que viene con Paz Colombia Katherine Miranda, Lorena Castañeda, Daniel Rojas Medellín y Camilo Martinez

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Viernes, 06 Noviembre 2015 15:10

Guerras nuevas en un mundo globalizado

 

Por: Daniela Camargo Camacho

 

Después de la Guerra Fría prácticamente se acabaron en el mundo las guerras convencionales entre Estados pero surgieron, en ciertas regiones, otras clases de confrontaciones intestinas de bandos armados que luchan por el poder.

Estas guerras nuevas surgieron internamente como consecuencia no sólo de la debilidad militar de los gobiernos, sino también de la escasez de recursos, de la desigualdad social, la falta de trabajo y la falta de educación, sometido a las minorías que propician no sólo el hambre y la miseria, sino también al surgimiento de jefes militares guerrilleros o paramilitares que luchan entre sí o contra el Gobierno de turno. Estos grupos insurgentes están basados en una ideología totalmente diferente a la propuesta por el Gobierno, como es el caso de Uganda, Kenya, Guatemala, El Salvador, Perú, Colombia, entre otros.

Uno de los graves problemas de estas “guerras nuevas” es que tanto los victimarios como las víctimas en su gran mayoría son civiles. En estas nuevas guerras, existe una violación generalizada del Derecho Internacional Humanitario y de los Derechos Humanos, pues se practican las limpiezas sociales y raciales, se usurpan las tierras, se hacen desplazamientos forzados. Los métodos para financiar tales guerras por parte de los agentes insurgentes son: el terror, el secuestro extorsivo, el cobro de “impuestos”, la explotación del narcotráfico y la minería ilegal.                                                                                    

Los organismos internacionales como la Corte Penal Internacional (CPI), han sido incapaces de perseguir y castigar a genocidas y líderes de estos grupos insurgentes que cometen atrocidades contra la población civil, no sólo porque el Gobierno no cuenta con un aparato militar poderoso, sino también porque muchas facciones rebeldes son amparados por gobiernos corruptos; la CPI ha condenado en toda su corta historia a una sola persona, por lo que queda en duda el papel que dicha organización está realizando para ponerle fin a las vulneraciones de los derechos humanos en el plano de un conflicto armado.

¿Cómo acabar estos conflictos armados contemporáneos? Es una pregunta que tanto Estados como organizaciones internacionales se han hecho desde hace muchos años. Lo único que se sabe, a ciencia cierta, es que no ha habido ni hay ni habrá una sola guerra con fines altruistas o humanistas: detrás de las motivaciones de cualquier guerra siempre habrá motivos mezquinos que hay que combatir primero si se quiere conseguir la paz duradera.

Guerras como las de la antigua Yugoslavia y Ruanda, han terminado y han dado lugar al surgimiento de tribunales ad-hoc para castigar a todos aquellos que torturaron, masacraron, violaron y asesinaron a un sin número de civiles, pero no han acabado del todo con los conflictos internos. Otras guerras nuevas han tenido tan larga duración que aún se sigue debatiendo su finalización como el caso específico de Colombia, que cumple con más de cincuenta años de lucha entre hermanos con gran violación a los derechos humanos. Puede que en La Habana los políticos y líderes de las FARC, la guerrilla más antigua del mundo, estén encaminados en la firma de un acuerdo de paz, pero aún falta una negociación con el ELN, otra guerrilla de izquierda que sigue haciendo de las suyas, no sólo asesinando a los miembros del ejército que se enfrentan con ellos en los rincones más recónditos de la selva colombiana, sino masacrando y explotando a la población civil.

Tal vez la forma como se podría mitigar y acabar con el conflicto armado contemporáneo, no es sólo persiguiendo y encarcelando a los cabecillas de los cuerpos armados insurgentes, ni indultando o amnistiando con perdón y olvido a sus dirigentes a través de acuerdos de paz que sólo tienen en cuenta a los victimarios pero no a las víctimas. Más bien, debería haber más cooperación de los Estados desarrollados y así se solidaricen con los pueblos en conflicto armado, se propicie la paz, el progreso, la educación, la igualdad socioeconómica y se combata la corrupción de estos gobiernos. Sólo así se puede fomentar un postconflicto que restañe las heridas y beneficie a todos por igual.

 

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Círculo de Amigos