Sábado, 22 Abril 2017 18:23

La Colombia medieval

Por: Sebastian Zapata

Con gran estupor escuché y leí hace poco unas declaraciones del ex procurador, Alejandro Ordoñez, en respuesta a algunas posturas, algo polémicas, sobre la religión dadas por el Ministro de Salud, Alejandro Gaviria. Y es que mi sorpresa surgió al ver que en sus redes sociales el señor Ordoñez lanzó interrogaciones tan retrogradas y sensacionalistas como, por ejemplo: “¿Dejaría usted la salud de su familia y la educación de sus hijos en manos de un ateo?”. Pregunta que, a mi parecer -y a partir de que vivimos en un Estado laico-, se puede catalogar como errónea y esquizofrénica.

Si bien, para nadie es secreto los brotes neoconservadores que se vienen dando en varios rincones del globo -el caso por excelencia en Colombia ocurrió el año pasado cuando múltiples corrientes cristianas salieron a las calles y generaron opinión pública sobre la mal llamada “ideología de género”-, hay que ser cuidadosos, críticos y reflexionar sobre estos procesos, debido a las mismas implicaciones colectivas y los posibles retrocesos sociales que pueden traer consigo.

Y es que per se, estos “resurgimientos religiosos” no tienen moralmente nada de cuestionable, porque la fe de cada persona o comunidad es netamente respetable, el problema realmente reside cuando se busca, por parte de ciertas figuras públicas y creadores de opinión, retornar a modelos teocráticos, donde la religión es el único fin del hombre y la única capaz de dictaminar el acontecer como sociedad.

Es claro que las religiones dan estabilidad social y respuestas a diversos vacíos existenciales, sin mencionar sus múltiples lecciones éticas que pueden aportar a la formación espiritual de los individuos. Pese a ello, insisto que se debe mirar lo complejo que puede ser, por ejemplo, combinar los postulados religiosos con la toma de decisiones vinculantes a nivel político, económico y/o cultural.

Y es que, para comprobar este peligro al que hago referencia, basta con mirar la historia y recordar los millones de muertos que dejó la instrumentalización o mal interpretación de la fe en los cinco continentes hace varios siglos o prestar atención a la actual irracionalidad de miles de sujetos en Medio Oriente y parte de África que, debido a la malversación interpretativa de su credo, tienen a varios países y pueblos sumergidos en el caos.

Reitero, en lo personal, me preocupan los intereses de ciertos actores en el país, como el ex procurador Ordoñez y sus feligreses, que abogan por una Colombia medieval, en la que se busca imponer a los funcionarios el requisito de ser católicos, en la que se pretende que ciertas minorías no puedan coexistir con el resto de la ciudadanía, en la que se quiere que las políticas, planes y proyectos estén en pro del designio de Dios, entre otras tenebrosas particularidades.

Por esto, es fundamental comprender que los procesos de secularización que se han dado históricamente no evaporan ni eclipsan la religión, sino que, más bien, le dan un espacio funcional en la comunidad, apartándola de escenarios como la política y la economía, con el fin de evitar controversias, instrumentalizaciones y malos usos a los postulados religiosos.

Por ello, hay que recordarle a Alejandro Ordoñez y a otros individuos que abogan de manera extrema por el credo religioso, que la política y las políticas deben orientarse bajo parámetros y lineamientos medianamente objetivos que respondan a las necesidades terrenales, no a creencias singulares ancladas a patrones de fe.

Twitter @sebastianzc

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Viernes, 17 Febrero 2017 18:34

La Procuraduría de Ordóñez sí actuó

Por: Sergio Rodríguez

Ya no sorprende que los medios con sesgo ideológico y con “verdades a medias”, busquen hacer ver la gestión de la procuraduría como inexistente, y más en el caso de Odebrecht.

Esta semana, en una emisión de Noticias Uno, “informaban” sobre una denuncia que se realizó ante la procuraduría sobre el caso Odebrecht, antes que todo este escándalo saliera a flote, diciendo que se llevó de despacho en despacho sin ninguna solución, enlodando así la buena imagen que lleva el Ex Procurador Alejandro Ordóñez.

No sería interesante si los medios fueran objetivos con estos temas tan sensibles, cuando en la procuraduría descansa el archivo, donde efectivamente la función preventiva y disciplinaria sí se hizo en este caso, pero debido al secretismo y corrupta complicidad de los implicados en el periodo de investigación y rendición de indagatoria, no se pudo avanzar.

Es público el documento donde se ven las actuaciones de la procuraduría y los testimonios de los implicados en este caso, en el que no colaboran con la justicia, y dando con falsedad y gran habilidad testimonios no se logró que la investigación en la procuraduría avanzara.

Ahora, les recuerdo que no fue por alguna institución en Colombia que se descubrió este escándalo, sino gracias a un testimonio ante un organismo internacional. Pese a la eficaz función de la procuraduría. Es importante aclarar que estos casos de corrupción no sale a la palestra pública por investigaciones, debido a que quienes los cometen son expertos cumpliendo la Ley, a tal punto que se sabe esto únicamente y en lo general a los testimonios donde los unos venden a los otros.

Ojalá los medios en Colombia se encargaran de investigar a profundidad y no contar verdaderas a medias, porque en el caso de odebrecht, la Procuraduría de Alejandro Ordóñez sí actuó de una manera correcta y eficiente.

Twitter. @SdrodriguezT

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Lunes, 13 Enero 2014 08:14

Petro, posiblemente delincuente

Ya da pereza escuchar a Petro, dice lo mismo siempre y cada vez que lo repite le imprime un tono aún más lúgubre y, la verdad, escucharlo me da tristeza, pero no quiero entristecerme más de lo que lo hace la mala gestión de su alcaldía, por eso preferí –esta vez– no escuchar los alaridos que lanzó desde el balcón del Palacio de Liévano (transmitidos por el Canal Capital), utilizando los recursos públicos del Distrito con fines personales y electorales, lo que en Colombia podría llegar a ser una conducta punible denominada Peculado por aplicación oficial diferente (artículo 399 C.P.)

Pero una investigación más en contra del alcalde y empezaría a compararse con Mandela (si es que ya no lo hizo), entonces, me imagino, que no va a ser investigado por este delito y, tampoco, se lo van a cobrar en las urnas los petristas, porque ellos defienden ciegamente todo lo que este ‘mártir’ colombiano haga, no solo con gritos y vuvuzelas en la Plaza de Bolivar, sino también con tutelas sin sentido ni fondo jurídico, por eso, los que intentamos ser objetivos frente al tema ya sabemos que, aunque cualquier ciudad sufre con un cambio de alcalde antes de tiempo, éste además de mal ejecutor salió populista y, posiblemente, hasta delincuente, por lo que he decidido votar por el SÍ el 2 de marzo, si la elección se realiza.

Y es que a pesar de haberme negado a firmar a favor de la revocatoria porque no la justificaba políticamente, hoy creo que lo de Petro ha pasado de ser la actitud de un mal alcalde a la una persona potencialmente peligrosa y manipuladora, lo que para la democracia sería un retroceso, porque ni al Estado ni a sus ciudadanos nos conviene que una persona rete la institucionalidad del Estado con desinformación, porque después, quienes creyeron en esas mentiras, van a creer que las situaciones se solucionan de la misma forma y nada educa más que el ejemplo.

Petro está desinformando, porque está tratando de convencernos que la decisión del Procurador fue ilegal e inconstitucional, lo cual es errado, porque sí bien es exagerada y sesgada ideológicamente, el remedo de sacerdote sí era competente para expedirla y Petro lo sabe, pero también es consciente que si llega a ser alcalde para el 2 de marzo, tendrá más opciones de ganar si hace pensar a quienes votamos en esta ciudad que estamos votando por él o por Ordóñez; algo muy parecido a lo que quiere hacer Óscar Iván Zuluaga (que quién es él: dicen que va a ser candidato a la presidencia) con las elecciones presidenciales haciendo creer, erróneamente que las elecciones presidenciales son entre las FARC y él.

Es que Petro puede ser muy mal alcalde, pero de bobo no tiene un pelo (una de las ventajas de quienes padecemos de alopecia) y sabe que aunque a muchos no simpatizamos con él, somos más quienes no simpatizamos con Ordóñez y, por lo tanto, si nos pusieran a elegir entre él y el Procurador muchos más votarían por Petro que por Ordóñez (aunque Petro mismo ya votó por él), otros votaríamos en blanco y muchísimos más preferirían ver un especial de Padres e hijos todo ese domingo y quedarse en casa antes que salir a votar por alguno de ellos dos.

Por eso Petro quiere personalizar esta elección, porque él no solo gana con el NO, sino también con la abstención, porque es necesario que más de 1’200.000 personas salgamos a votar ese día, lo que sería toda una proeza para una elección atípica, que no será posible si los bogotanos y quienes votamos en esta ciudad nos dejamos convencer que votar por el SÍ es votar por Ordóñez.

Así que, invito a quienes lean este artículo, que no se dejen convencer por nuestro alcalde; que la elección del 2 de marzo es para expresar nuestro poco o mucho conformismo con la administración de Petro y con sus actos de excesivo populismo que posiblemente rayan con conductas delictivas: que esta elección no es entre Petro y Ordóñez, porque sé que somos más los que no votaríamos nunca por ninguno de estos dos personajes.

Añadidura.

-El autor de este artículo no recibió pago alguno por mencionar a Óscar Iván Zuluaga en éste y aumentar un poco su reconocimiento dentro de la ciudadanía colombiana. Esta mención se ha hecho de manera desinteresada. 

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El Procurador sí era competente para destituir a Petro, como a cualquier funcionario elegido popularmente, por lo menos según las normas vigentes, como lo ha ratificado la Corte Constitucional. La conducta que le fue imputada ameritaba la destitución e inhabilidad, incluso por veinte años, como bien lo anota el Defensor del Pueblo. Cuesta aceptarlo, pero es así.

A un funcionario público elegido popularmente no debería poderlo destituir un ente de control, como la Procuraduría. Es un derecho político cuya limitación solo puede depender de un juez, en un proceso penal, como lo establece el artículo 23 de la Convención Americana de Derechos Humanos, que hace parte de la Constitución nacional. Aunque este problema es, sin duda, achacable al diseño constitucional colombiano, entre muchos otros, nunca antes el ejercicio del poder disciplinario había sido objeto de semejante abuso por parte de un procurador. De allí, en parte, el enérgico e indignado rechazo por parte de la opinión pública, capitalizado por una izquierda que se victimiza con el objetivo de apalancar a una tercería que le pelee la presidencia a Santos.

Muchos personajes, brillantes y oscuros, liberales y conservadores, habían pasado por la Procuraduría General de la Nación, pero ninguno como Alejandro Ordóñez había puesto a esa institución en el primer lugar del debate nacional, para mal o para bien, salvo Carlos Mauro Hoyos por su desafortunado asesinato. En un principio Ordoñez parecía ser el enemigo número uno de los corruptos. Le echó mano a la izquierda, con Samuel Moreno; le echó mano a la derecha, con Andrés Felipe Arias. Fue el primero en “meterse” con los que nunca antes se habían metido, era el Harvey Dent de la Bogotá gótica.

Pero el fanatismo religioso y la arbitrariedad que lo caracterizan, acompañados de la cantidad de enemigos que poco a poco fue sumando a su larga lista, en los medios, en la política y en la sociedad, desvirtuaron esa falsa imagen de grandeza y probidad que aparentaba y finalmente Colombia pudo sacudirse de semejante engaño y reconocer el peligro que representaba para la democracia.

Desacató a la Corte Constitucional para pasar por encima de los derechos de las mujeres y las minorías, amenazó a notarios con el poder disciplinario que detenta y puso contra la pared a los médicos que practicaran abortos en el marco del derecho. Se embarcó en una desafortunada y desgastante riña con el Fiscal general por demostrar quién mandaba en el vecindario. Desde entonces traslucía su desdén por la paz, al punto que recientemente se arrogó competencias de jefe de Estado y viajó a la Corte Penal Internacional para oponerse al proceso de paz. Retomó su ritmo destituidor y fue por la cabeza del Superintendente financiero, un tipo decente y conocedor de la materia.

Parecía haber desistido de la posibilidad de destituir a Petro, pero ante la ineptitud y falta de liderazgo de Miguel Gómez para revocarlo por la vía democrática, fracasada en buena parte por las múltiples leguleyadas de las que se valieron Petro y su abogado, el Procurador se dejó presionar por Uribe y Londoño, en las múltiples visitas que le hicieron, según Pachito le confesó en privado a Otty Patiño, ex m-19 y ahora uribista, para hacer moñona. Con la destitución le abro el camino a Pachito para a alcaldía, se lo cierro a Petro, y me los quito a los dos para las elecciones del 2018, pensó el todo poderoso Ordoñez.

La respuesta de Petro ha sido desproporcionada, sin duda. Si bien es cierto que el abuso de autoridad por parte del Procurador es muy grave para la democracia, jamás será comparable con un magnicidio o un genocidio político, como lo sugirió el alcalde al equiparar su destitución con el asesinato de Gaitán y con la masacre de la UP. A propósito, que alguien le recuerde al alcalde que está muy pero muy lejos de arrimarse a la capacidad del caudillo liberal para confundirse con el pueblo que lo aclamaba, y muy lejos también de sus condiciones intelectuales.

Aun más grave fue la incitación reaccionaria de un pueblo embriagado como el que acudió a la Plaza de Bolívar el día de la destitución.  “¡Yo voy hasta donde ustedes me digan!”, arengaba en un acto de irresponsabilidad solo comparable con las invitaciones guerreristas del ex presidente Uribe. ¿Qué esperaba el acalde del pueblo? ¿Que lo respaldara en sus intenciones de apegarse al poder por la fuerza? Todo bajo la descabellada tesis de que fue objeto de un golpe de Estado, como si Bogotá fuera un Estado.

Al igual que el Procurador viajero, Petro se creyó presidente, pero a los dos les falta mucho pelo para la moña, como se dice coloquialmente. Los dos, “Gus”, el caudillo, y “Alejo”, el destituidor, están cortados con la misma tijera, la tijera del capricho, la arbitrariedad, el cinismo, la egolatría: la tijera del totalitarismo.

A los dos les salió el tiro por la culata y no se sabe a cuál le fue peor. Nadie va a votar por Pachito a la alcaldía y ahora, con el descontento general que produjo su decisión, Alejo la tiene de para arriba en el 2018. Gus, ni se diga, porque va a quedar inhabilitado, aunque ha sabido aprovechar la coyuntura para impulsar a Antonio Navarro, Camilo Romero y Aída Avella, mientras le echa el agua sucia al presidente Santos, con el argumento de que es el único que lo puede destituir.

Lo mejor del cuento es que Petro y sus abogados no están tan locos. Resulta que ahora, según una interpretación desafortunada de la Corte Constitucional, el procurador no es el único alto funcionario del Estado que puede destituir a un funcionario elegido por las urnas. También puede hacerlo el Presidente, como si en Colombia ya no fuera lo suficientemente poderoso.

Para mala fortuna de Petro, la sentencia C-229 de 1995 en ningún momento niega la competencia del procurador y, por el contrario, la reafirma. Y lo peor del cuento es que la sentencia fue proferida por los magistrados buenos. ¿Qué no estarán diciendo los malos en sus providencias?

Así que ¡Cuidado alcaldes, pórtense bien con el Presidente, porque los puede destituir!

Parágrafo: Se avecina un nuevo round entre el Fiscal y el Procurador por cuenta de la investigación que el primero acaba de iniciar contra el segundo.

T. @HumbertoIzqSaa

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Martes, 10 Diciembre 2013 15:25

La penitencia/sanción de Petro

Estoy tan en desacuerdo con el Procurador como con Petro, los dos lo hacen mal en sus cargos y no han sido capaces de lograr lo que la Constitución y las leyes esperan de ellos. Petro no debió salir nunca del congreso, es un orador probo y contaba con un gran equipo de investigación que le permitía ejercer control político y proponer una que otra cosa buena; por otro lado Ordoñez debería estar dando misa, o podría ser nombrado embajador vitalicio en el vaticano, pues, aunque, su verdadera pasión sí es juzgar, él no es capaz de dejar sus convicciones a un lado para hacerlo, por eso le vendría mejor un confesionario que el cargo de Procurador.

Los dos sufren del mal de los extremos, uno es extremadamente terco como para no recibir y acatar los consejos de sus asesores, arriesgándose a contratar un modelo de recolección de basuras sin los requisitos legales durante algunos meses mientras llegaban los carros especializados para esta labor (podría ser que en este momento también: hace pocos días vi una Chevrolet Luv 4x2 sirviendo para la recolección en la Localidad de Chapinero). El segundo es extremadamente subjetivo para un cargo en el que sería más efectivo –por no decir “justo”– si fuera lo más objetivo posible, porque juzgar en derecho es un acto de tanto poder que no lo debe ejercer alguien que no puede dejar a un lado sus convicciones más íntimas, porque aunque pueda hacerlo sus juicios siempre estarán viciados por el contenido de su consciencia.

No cabe duda que las faltas en la contratación del modelo de basuras ameritaban una sanción disciplinaria y tal vez penal, sin embargo en el comunicado que leyó el Procurador no es claro que la sanción se haya impuesto por los errores legales en la contratación, sino por sus efectos (ver comunicado http://www.elespectador.com/noticias/bogota/texto-de-decision-del-procurador-general-destituyendo-a-articulo-463102). En este sentido, haciendo una interpretación literal (exegética, como le gusta al Procurador) de la Constitución y de la ley, Ordoñez no habría podido sancionar al Alcalde, pues la Constitución (artículo 277.6) solo le permite ejercer vigilancia sobre los funcionarios electos y la Ley 80 de 1993 (ley de contratación estatal), en su artículo 62, faculta al Procurador a investigar y sancionar a los funcionarios por falta de observancia de principios y fines en la contratación, sin distinguir entre quienes son elegidos y los que son nombrados.

Sin embargo, supongamos que Ordoñez es un señor abierto y que no le gusta interpretar todo en sentido literal, sino que le gustan las interpretaciones extensivas de la ley y la Constitución, en ese supuesto él tendría la facultad de sancionar a los funcionarios electos, en ese supuesto la sanción –en mi opinión– es exagerada, porque si bien la contratación se hizo por fuera de los parámetros legales, no se ha probado que se haya configurado una conducta delictiva (artículo 410 Código Penal), y más bien, debería sancionarse al alcalde con la suspensión de su labor mientras se comprueba si hubo o no un delito, para después emitir el concepto disciplinario (lo que en derecho se llama prejudicialidad).

Pero a pesar que de derecho saben el Procurador y los asesores del Alcalde, pareciera que al primero se le olvidaran estos conceptos para que sea él el protagonista de las decisiones más importantes que se han tomado últimamente y a los segundos, pareciera, que se les ha olvidado insistirle al Alcalde para evitar que cometa estos errores en la contratación y, además, se les ha olvidado revisarle el discurso, pues ayer dijo que el presidente Santos era la última instancia de la decisión del Procurador y que de él dependía su continuidad en el cargo, lo que es completamente falso, como también es falso que esto sea un golpe de Estado, él debería reconocer que hizo las cosas mal y que, sabiendo que podía ser disciplinado por un enemigo político, se arriesgó a saltarse las normas para cumplir con sus caprichos.

Es evidente que los dos personajes se equivocaron de ocupación: a pesar de que Petro esté intentando hacer de Bogotá una ciudad incluyente y sustentable, está descuidado muchos aspectos de ejecución propias de un Gobierno Distrital o Municipal; a pesar de que Ordoñez sea abogado (hasta inteligente será), él debería estar defendiendo las causas de la Iglesia o de la orden a la que pertenece por fuera de un cargo público, porque –gracias a Dios– Colombia es un Estado laico y acá las sanciones son en derecho no en la fe, acá se sanciona con base en la ley y no con base en la Biblia, acá quince años no son equiparables a quince Padres-nuestros, aunque a Petro le hubiera gustado que esa fuera su penitencia/sanción.

Añadiduras:

*Podría apostarle a cualquiera que en el fallo que resuelva el recurso de reposición el Procurador le rebajará el tiempo de inhabilidad a Petro a unos 12 años, no por las protestas sociales, sino para mostrarle a la clase política colombiana que él hace lo que se le da la gana.

*Definitivamente Uribe no quiere a Francisco Santos, ya lo va a mandar a quemarse a la Alcaldía de Bogotá. Quién va a ir a votar por Pachito, más cuando Uribe ha perdido las últimas tres elecciones en Bogotá…

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Martes, 10 Diciembre 2013 11:14

Las herejías de Petro

Un día antes de que el todopoderoso Procurador Ordóñez destituyera al alcalde  Gustavo Petro, el país conocía un informe conjunto de la Mesa de Diálogos de La Habana, sobre participación política, en el cual se plasma la necesidad de una ampliación y profundización de la democracia en el país para proscribir la violencia como forma de acción política en Colombia.

Los medios de comunicación, desde el inicio de ese ciclo de conversaciones han desdibujado la esencia de tal discusión en la Mesa, caricaturizando que allí solo se habla de las formas mediante las cuales las FARC van a participar en política, cuando en lo que se puede leer en el informe es que hay al menos siete puntos enfocados en democratizar el país para el grueso de la sociedad y no solo para la insurgencia.

Ahora bien, la noticia de la destitución de Petro tiene estrecha ligazón con las posibilidades de participación política para cualquier expresión social o política medianamente distinta a las representadas en la política tradicional. Claro, porque Petro fue guerrillero, pero además porque tanto vida política como su gestión en la alcaldía representan una idea de pensamiento disidente en varios aspectos, donde se encuentra una noción mucho más amplia de democracia a la que algunos nos podemos acercar. No se trata acá de ser petrista, se trata de entender, en serio, qué significa la destitución de Petro cuando en el país se discute de participación política como condición para la paz.

El todopoderoso procurador ha sido bastante duro para sancionar a Piedad por sus gestiones humanitarias con las FARC; pero muy reacio al momento de sancionar, entre otros, a los parapolíticos y demás clientela de la política tradicional que colmó el matrimonio de su hija o a militares implicados en falsos positivos. Vale destacar, no obstante, que su primera elección en el Senado, estuvo apoyada por el propio Petro, aunque no solo de él. Únicamente votaron en su contra Piedad (a quien más fuerte le ha aplicado sus “súper-poderes”), Gloria Inés Ramírez y Robledo.

La destitución no representa un gran debate jurídico, realmente. Es una discusión profundamente política sobre la función de la Procuraduría que parte de ponderar, desde los principios más liberales de la democracia si la legitimidad de Ordóñez (elegido en el Senado dentro de un interesante juego clientelar) da para destituir a un alcalde Petro avalado por 723.157 votos.

Las herejías del alcalde han sido varias. La más cuestionada por el Procurador, y punto de quiebre para su destitución, tiene que ver con el manejo que se le dio al tema de basuras, en donde en una apuesta por recobrar lo público, se le arrebató a los privados el negocio de los residuos, pasando a un esquema público, en el cual se ampliaron las garantías laborales para los recicladores y recolectores de basuras; con ello cuestionado un dogma que en la clase política colombiana tiene más creyentes que el propio Dios: el mercado.

Pero seguro hay más herejías cometidas por Petro. Canal Capital, como un espacio de información en el que los movimientos sociales, los LGBTI y, en general, los que no tienen entrada en otros medios, pueden hablar, tampoco le debe gustar mucho a Ordóñez. Debe resultarle una herejía que gente morenita, bajita, marimachas o maricas tengan un medio en el cual son atendidos como a Santodomingo o Sarmiento Angulo en los demás canales. La prohibición de las corridas de toros también debe golpear profundamente la hispanidad del procurador, aun cuando dicho espectáculo cada vez cuenta con menos simpatizantes en todo el mundo. La atención de Petro a las víctimas del conflicto puede ser otra herejía. Desde ningún punto de vista, su talante permitiría que quienes han padecido los estragos de un conflicto (en cuya finalización no cree), tengan la atención que hoy tienen por parte de una alcaldía distrital. Ni hablar de cuán hereje puede sonarle a Su Santidad Ordóñez la creación de una Zona de Reserva Campesina en el Sumapaz.

Claro, no es este un culto al gobierno de Petro. De seguro a los ojos de la Escuela de Gobierno de Harvard, será un inepto, aunque otras calificaciones ha tenido en el mundo su gestión. No se puede negar que su alcaldía ha sido en gran medida democratizadora para la ciudad, pero Petro, así como las alcaldías del Polo que le precedieron, no ha tenido una ruptura real con el modelo de ciudad neoliberal. Evidencias de esto sobran, por ejemplo, en un POT en el que se privilegia el dejar hacer, por cuanto las operaciones estratégicas se dejan a discreción de la administración de turno, construyendo un ambiente privilegiado para la especulación del suelo de Sarmiento Angulo y sus cercanos; sin desconocer, claro está, que existe una intensión, aunque mínima ésta, por mitigar la segregación socioespacial y generar una ciudad algo más amigable con el ambiente.

Ni por unas, ni por otras. Ordóñez destituye a Petro enviando un mensaje profundamente negativo a quienes no se circunscriben de lleno en sus dogmas religiosos, políticos, éticos y económicos. La pregunta de moda es ¿quién controla a los que controlan? Llegarán decenas de Ordóñez más, hasta tanto no se modifiquen los mecanismos para elección de los órganos de control; y de darse las garantías pactadas en La Habana para la participación política, surgirían decenas de herejías más que serían tratadas cual viles Piedad Córdobas o Gustavos Petros, indistintamente de qué tan a la izquierda estén o cuan independientes sean.

Hoy, más que nunca, vale la pena reflexionar sobre la tan nombrada tercería, ¿cuánto duraría en la presidencia cualquier hereje como Aida Abella en caso de ganar en 2014? ¿Hay entonces garantías reales para participar de tal contienda?

Pd 1.: En medio de tantos dardos a la Mesa de La Habana, hay que celebrar el anuncio de las FARC del cese al fuego por un mes y, a la vez, seguir clamando para que el cese sea bilateral.

Pd 2: La segunda parte de “La primavera colombiana” vendrá más adelante…

@FernandoVeLu

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Viernes, 28 Septiembre 2012 09:11

El poder del procurador

Esta semana en el programa de palabras más, palabras menos analizamos la reelección del procurador Alejandro Ordoñez.  Teniendo en cuenta el fallo de la Corte Constitucional que lo obligo a rectificar información falsa sobre las campañas de promoción de los derechos sexuales y reproductivos. Y como en la Procuraduría están empleando parientes de magistrados y cuotas de los senadores que lo van a elegir.

En la mesa de debate nos acompañaron Catalina Ruiz, columnista del Espectador; Humberto Izquierdo, del partido Liberal; y el equipo de palabras más, palabras menos Tatiana Dangond, Giovanni Acevedo y Alberto Diaz. Para que el oyente se forme su propia idea de los temas de actualidad. Escúchanos martes 10:30 Pm, Miércoles 4:30 Pm y Viernes 8:30 Pm por www.radioamigainternacional.com

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Miércoles, 05 Septiembre 2012 15:53

Los confiados

 

Al estar lejos de Colombia, los medios que tengo para enterarme de aquello que pasa en mi país son las redes sociales, algunas páginas de medios de comunicación y la cuenta de correo electrónico. Eso, cuando decido enterarme y de qué lo quiero hacer.

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Círculo de Amigos