Sábado, 20 Julio 2013 04:04

Triste 20 de Julio

Voy caminando por la avenida Cabildo y voy caminando tranquilo, sin prisa, sin afanes de ninguna clase. Me tomo el tiempo necesario para ver con diligencia todo lo que me rodea, a todos los que me rodean. Porque yo aquí en Buenos Aires no hago nada, solo escribo y ya, y como reposar mis nalgas y acomodarme en posición de escritor fracasado y escribir cualquier necedad como las que yo escribo es tan fácil y poco exigente, entonces tengo tiempo suficiente para caminar mansamente y para ver los gestos de los demás. Hace frio porque aquí es invierno, porque cuando es invierno hace frio, y uno aquí, o por lo menos yo, lucho contra el frio y húmedo y despiadado con una taza de café muy caliente, tan caliente que me calienta todo el cuerpo, desde las manos hasta las piernas el cuerpo todo entra en calor y me veo en la necesidad de abrir un poco mi chaqueta, de darle aire a mi institución.

Justo cuando la Av Cabildo termina una línea del tren cruza torpemente y corta el paso de los andarines perezosos y calmosos como yo, que no queremos esforzarnos en lo más mínimo, que queremos caminar sin obstáculos y sin tropiezos. Esta interrupción arquitectónica le da muerte a la Av Cabildo y le da vida a la Av Santa Fe, nos obliga a internarnos en un pasadizo sucio, oscuro, que te puede llevar a tres destinos distintos: A la estación del Subte Ministro Carranza, a la parada del tren Ministro Carranza, o a la cautivadora Av Santa Fe. La vida siempre te va a poner intencionalmente en momentos incomodos y angustiantes como este, y no vas a saber qué camino tomar, si te vas en tren, en metro o sigues caminando, o compras otro café y regresas a casa y te das por vencido. Como estoy a punto de cumplir 50 años, y mi cuerpo no me da más que para caminar pausadamente y me pide que no lo exponga a la aventura, entonces decido seguir caminando por la Av Santa Fe y dejarles el tren y el metro a los trotamundos.

Decido comprar un café más, y lo acompaño con unas galletas dulces y le digo al joven vendedor que no quiero azúcar, porque el azúcar estropea el café, él sospecha entonces que mi vida es amarga como el café y me lo hace saber y me sonríe.

De donde sos. De Colombia. Siempre eres tan serio. Al parecer sí, todos me hacen la misma pregunta. Debe ser porque le falta el azúcar a tu vida. Puede ser, cuanto le pago. Dejá así que yo invito. Gracias pero yo quiero pagar, cuanto es. No es nada, yo invito hoy y vos me podes invitar otro día. Seguro me quiere invitar. Claro que sí, yo hoy te invito. Bueno, entonces quiero el café grande y las galletas con crema de dulce de leche. Bueno.

Sigo caminando, sigo luchando contra el frio, sigo observando detenidamente a los demás, sigo vivo y sigo escribiendo.  Caminando siempre obediente al trazo de la Av Sante Fe llego a la estación del Subte de Plaza Italia. Estoy cansado, cruzo la calle, entro en un bonito parque y me siento en una bonita silla. Aun me quedan galletas con crema de dulce de leche.

Hace frio. Si hace frio. Por qué dejó Colombia. Como sabe que soy colombiano. Porque uno conoce a los colombianos. Yo no me di cuenta que usted es colombiano. Muchos dicen que no parezco colombiano, usted no es el primero, pero si soy colombiano, soy bogotano, igual que usted, por qué dejó Colombia. No sé, usted por qué la dejó. No la dejé, nunca la he dejado, solo estoy aquí por un tiempo corto, ya regresaré. Por qué no se queda aquí. Porque no soy de aquí, porque aquí no están las personas que amo y las personas que me aman, que es eso. Mi tiquete de regreso a Colombia. No sabe si regresar. No sé nada. Por qué se fue de Colombia. Porque no tenía nada, porque no tenía dinero para estudiar, porque no podía estudiar, porque no conseguia trabajo, porque en Colombia todo es una mierda. Y si Colombia es una mierda, pues no regrese, no tiene sentido. Me hace falta Colombia. Le hace falta la mierda entonces. Puede ser, usted cuando regresa. Dentro de poco. Que hace en Colombia. Lo mismo que hago aquí. Y que hace aquí. Nada. Como así que nada, algo debe hacer. Soy escritor, un escritor malo por supuesto, un escritor corriente. La gente en Colombia lo lee mucho. No, solo mis amigos por misericordia y todos mis enemigos, ellos me leen a ver si los nombro y digo que me los comí, o que entre ellos se comen. Por qué tiene enemigos. En política todos tienen enemigos. Usted es político entonces. Tal vez, para cuando está el vuelo. Para hoy 20 de julio. Va a regresar. No lo sé, no me presione. Y aquí está estudiando. Sí, aquí estudio, aquí trabajo, aquí vivo. Entonces a que va a Colombia, no sea estúpido. Ya le dije, me hace falta mi país. Le hace falta la mierda. Bueno y es que usted odia a Colombia o que. No, a Colombia no, de hecho no odio a nadie. Entonces. Entonces qué. Entonces porque se expresa así de su país. Yo únicamente escribo la verdad. Por qué tanto fastidio hacia Colombia. No le tengo fastidio a Colombia, les tengo asco a los colombianos. Oiga, respete. Respete que. A mí, yo soy colombiano, igual que usted. Y quien respeta a los demás. A quienes. A los que mueren, a los que viven en el exilio, a los que son masacrados, a los que se le prohíbe casarse, a los que no tienen que comer, a los que no tienen como estudiar, a los que mueren de hambre, a ellos quien los respeta. Pues no sé, yo no tengo la culpa de eso. Yo sí. Usted la tiene, pero por qué, si es un escritor fracasado que vive en Buenos Aires no me dice que no es nadie. Soy colombiano, que más quiere. Pues no sé, ser colombiano no razón para sentirse culpable por el país de mierda que tenemos. El país no es una mierda, el país es hermoso, la mierda son los colombianos. Usted es una mierda entonces. Si, correcto. En serio no debería ser tan duro con usted. No soy duro conmigo, conmigo soy suave, soy condescendiente. Cuando llegue a Colombia que va a hacer entonces. Escribir. Su vida es aburrida. Sí, mi vida es miserable. Por qué lo dice. Porque nací en un país en donde la mayoría son miserables, y la mayoría manda, somos democracia. Eso no es así, los miserables no somos la mayoría, los miserables son lo que están en el poder. Ellos no son miserables, ellos son felices en un país triste. Ellos tienen acabada a Colombia, no ve a Samuel Moreno, a Uribe, al procurador Ordoñez ellos si son una mierda, no nosotros. A ellos quien los elige. El pueblo. Y usted hace parte del pueblo. Claro, por supuesto. Entonces usted es una mierda, usted eligió a esos desgraciados. Yo no vote, yo no los elegí. Entonces quienes. Los que votaron, y ganó la mayoría y por eso los eligieron. Se da cuenta. De qué. De que la mayoría si elige, elige por usted y por mí. Que quiere que haga entonces, no puedo hacer nada. Entonces no haga nada, haga lo que hacen todos. Y que hacen todos. Quejarse. Pues hablar mal del país no lo va a cambiar. Seguramente hablar bien del país sí. Pues no lo sé, y va a celebrar el 20 de Julio. No celebro nada. Pero es el día de nuestra independencia. Usted es independiente. No. No entiendo. Yo tampoco. Yo voy a ir a la celebración del 20 de Julio, va a estar bueno. A que se refiere. Pues que van a poner música y vienen grupos de salsa y orquestas y una pantalla gigante, debería ir, así se distrae y baila un rato. Yo no sé bailar. Un colombiano que no sepa bailar no es colombiano. Eso me dicen siempre. Vamos, y de paso conoce mujeres. Para qué. Pues no sé, es que usted es marica. No lo sé. Un escritor fracasado que no sabe si es o no marica, usted es muy raro. Un colombiano que ama a su país pero que no vota, que no sabe si regresar o no, y que baila, usted es muy normal. Pues sí, soy normal, eso no es malo. Bueno me voy, quiere estas galletas con crema de dulce de leche. Bueno si, gracias. Gracias de que. Pues por las galletas. Pierda cuidado.

Me levante con esfuerzo, el frio se estaba apoderando silenciosamente de mi cuerpo, crucé la calle, camine unas cuentas cuadras hacia la Av Cabildo, entre al mismo lugar de hace un rato y pedí dos cafés calientes, con galletas dulces pero sin crema de dulce de leche. El joven de ojos verdes sonrió. Esta vez invitás vos. Por supuesto. Y contame, por qué no estas celebrando como todos los colombianos el 20 de Julio. No tengo nada que celebrar. No parecés colombiano che. Eso dicen…

 

 

Giovanni Acevedo

 

 

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Domingo, 14 Julio 2013 20:40

Mujeres colombianas

Soy hijo de un arquitecto boyacense muy próspero y con grandes extensiones de tierra cebollera, a quien no le agradezco otra cosa que unos cuantos pesos que me han servido para poco en momentos en que no los he necesitado. Soy hijo putativo de un negro sin grandes extensiones de tierra, pero inteligente, con varias carreras y especializaciones encima, muy inteligente y próspero, pero pienso que tal vez con ambición hubiera podido llegar a Papa. Tengo dos padres, uno blanco y uno negro, uno biológico y otro putativo.

Soy hijo de dos mujeres, las dos hermosas, mi madre bogotana y mi abuela boyacense criada a punta de papa y rejo me dice ella cada vez que debe llamarme la atención, soy hijo de las dos, a las dos les debo todo lo que soy, todo lo que tengo y todo lo que pueda tener, y todo lo que pueda llegar a ser. En mi casa siempre la mayoría ha sido por tradición femenina, mi abuela, mi madre, mi hermana, mi perra pastor alemán virgen y yo, que estoy entre hombre y mujer, pero creo ser más mujer que hombre, por eso prefiero no recurrir a la democracia dentro de los muros de nuestro apartamento, ahí soy un dictador. Yo soy el que tomo las decisiones más irrelevantes y poco transcendentales, de lo demás que se encarguen ellas, las mujeres de mi casa.

En los países que he visitado, siempre me he encontrado con hombres que me preguntan por las mujeres de mi país, y yo les hablo de mi madre, mi abuela y mi hermana. – si, si,si, ¿pero cómo son las paisas en tu país?­– me preguntó un canadiense, son como mi madre, mi abuela y mi hermana, son hermosas le contesté. ­– ¿es verdad que todas las mujeres en tu país tienen las tetas grandes?­– me preguntó un francés, pues mi madre no las tiene tan grandes, mi hermana un poco si, y mi abuela las tiene como las tienen las abuelas, le contesté. – ¡che! ¿Es verdad que las mujeres colombianas solo quieren efectivo y que si no ténes estas en el orto?  – me pregunto un argentino borracho, y le dije que no, yo no tengo dinero y mi madre, mi abuela y mi hermana me quieren. – ¿verdai que las mujerei colombiana toas son putá weon? – me indagó un chileno, bueno, que yo sepa mi madre, mi abuela y mi hermana no lo son.

Ya el simple hecho que nuestras mujeres colombianas tengan fama en el exterior de putas, interesadas y plásticas es sin duda para mí ofensivo, es insultante, es irritante, no es para menos. Pero más humillante es ver como entre risas y conversaciones desordenadas algunos hombres colombianos se divierten alentando la imagen denigrante de nuestras mujeres en la opinión extrajera. Yo soy amigo de la verdad por dura que sea, por incomoda que resulte, por eso debo reconocer que ese tipo de mujeres si las hay en Colombia, y no es una cantidad mínima, son muchas las que quieren capitalizar a punta del sacrificio sexual, son muchas las que instalan en su cuerpo un centro de atención al cliente personalizado, que busca dejar al cliente complacido a cambio de bonitas y costosas retribuciones por tan dedicada y sacrificante labor. Entonces se hacen no como ellas se gustan sino como al cliente le guste no porque el cliente tenga la razón sino porque es él cliente el que paga. El tamaño de las tetas, la forma del culo, la cintura, la nariz, las orejas, el mentón, el ombligo, hasta el clítoris se lo pueden ahora intervenir mediante una breve intervención quirúrgica por si el cliente quiere reinaugurar el establecimiento dedicado al placer.

En que carajos están pensando los pocos hombres colombianos que toman la tremendamente estúpida posición burlesca y fiestera sobre la imagen de nuestras mujeres colombianas. 

Estaba en Uruguay, no recuerdo el día pero recuerdo el frio abusivo y penetrante. Acompañaba a un amigo francés a un lugar donde vivió por una época. En ese lugar tuve la desgracia de conocer a un colombiano desastroso, él tipo decía ser paisa, y tenía ese acento que a mí me irrita con tan solo oírlo a lo lejos, y él lo tenía en frente. Decía ser jugador de futbol, decía ser hombre, decía saber mucho, decía tantas estupideces, una detrás de la otra, parecía una maquina humana de estupideces. La basura de “hombre” intentaba darle lecciones a una manada de extranjeros curiosos por visitar nuestro país, pero no por nuestras montañas, café o playas, sino por nuestras mujeres tetonas, putas y comprometidas con la vida placenteramente facil, él les mostraba como se tenian que vestir para levantar con facilidad, para “culiarse” a cualquier colombiana. Le aseguro que ni mi madre, ni mi abuela, ni mi hermana, ni siquiera mi perra “culiarian” con usted. Le dije al indecente tipo ese. (risa nerviosa y estúpida) ­– ¿y porque no? – me preguntó. Usted es alguien peculiar, tal vez por eso sea le contesté. Pero él no sabe que es ser peculiar, él piensa y relaciona el término con lo único en lo que sus neuronas trabajan, y es en sus ganas enormes de tener sexo con la primera mujer que por desgracia se le cruce por sus narices. 

Dentro de mis amigas, las mujeres de mi casa y con las que a diario tengo contacto en Bogotá no recuerdo conocer una de las que menciona el paisa futbolista que conocí en la capital del Uruguay, en mis recuerdos está viva doña Rosita, la señora que me vende cigarrillos en frente de los estudios de radio los martes cuando grabo programa, madre de dos hijos, uno cocinero y otro estudiante de diseño gráfico. Doña rosita me acerca el encendedor con sus manos maltratadas, y no por putiar, sino por lavar ropa por más de 20 años en casas ajenas. Está viva doña Nidia Quintero, la cara y el alma de la Fundación Solidaridad por Colombia quien cada año convoca a la única marcha a la que voy con gusto y ánimo. O una de mis colaboradoras en la recolección de firmas para revocar al alcalde Petro, madre de dos hijos, trabajadora incansable, responsable y honesta, maltraída por un animal infeliz, golpeada por una escoria que dice ser su esposo. En mi memoria están vivas muchas mujeres, con y sin tetas prominentes, gordas y flacas, bonitas y algunas pocas no tan agraciadas físicamente, pero con toda seguridad si mujeres hermosas, completas, irrepetibles y ejemplares. 

Escribiendo esto, acostado en mi cama, lejos de las mujeres de mi casa que amablemente me aman, y yo agradecido por tanto las amo de regreso, he pensado que tal vez las mujeres en Colombia necesitan menos hombres colombianos,  tal vez ellas, como evidentemente funciona en mi casa, deberían ser las que mayoritariamente tomen las decisiones más importantes de nuestro país, ellas deberían ser la mayoría en todo, las mejores en todo. Yo quiero ver mujeres colombianas representando nuestro país como ejemplarmente lo hace Toto La Monposina, o Shakira, o la tetona Sofia Vergara, porque es que el problema no es que sean o no tetonas, el problema es que lo hombres las devaluemos cínicamente como miles lo hacen a diario.

De pronto si la mayoría en el congreso no fueran hombres, y además de eso uribistas, de pronto si fueran mujeres independientes, tal vez estaríamos mejor, pienso, tal vez la realidad marcharía a otro ritmo un poco más saludable para nosotros los colombianos.

 

Buena noche.

 

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Jueves, 11 Julio 2013 14:58

El típico colombiano

Funesto tal vez sea el término más ajustado para definir el modelo aceptado y absurdamente repetido generación tras generación del típico colombiano. Es un infortunio, es una vergüenza, una cínica desgracia. Soy colombiano, afortunadamente lo soy, y me siento bien siéndolo, no imagino viviendo como ciudadano de otra tierra, no me interesa tampoco, aún y cuando debo reconocer que no soy completamente feliz porque no se puede ser completamente feliz en un país en donde viven tantos hijos de puta, tantos delincuentes, tantos hipócritas que se pasan la vida robándole el aire a quienes se lo ganan, a quienes se lo merecen, a quienes deberían ser inmortales y protegidos, no censurados y asesinados o empujados al exilio que al final termina siendo lo mismo. El típico colombiano carece de conciencia y de memoria, de valores, el típico colombiano desconoce su historia y le importa un carajo su futuro porque sabe que su futuro no tiene corrección, está destinado a la mediocridad infinita, al fracaso aceptado y siempre justificado con reproches y lloriqueos en contra del mundo pero nunca en contra de él mismo.

El típico colombiano sale en las mañanas del interior de su miseria con sueño, con lagañas en sus ojos y en su alma, va destino a su anodino trabajo, a su infeliz responsabilidad que le da para medio comer y para medio vivir, para envejecer lentamente en un país que le importa un carajo sus viejos, en una patria que se resiste a caer al abismo mientras la gran mayoría de sus ciudadanos hace muy poco por salvarle la vida.

El típico colombiano es mentiroso, chamuyero, ladronzuelo, hambriento, aventajado, falso, farsante, pobre, canalla, estafador, grosero, inculto, perezoso, dormilón, gritón, homofóbico, indolente, creyente, obstinado, grosero, hostil, rico, feo, uribista y santista, porque el típico colombiano no nace con autonomía mental, no lee, solo bebe licor y baila cuenta cosa suene, y se ríe los sábados en la noche y el domingo va a misa enguayabado, con sumisión, con los ojos abiertos pero la mente cerrada, obstruida, reprimida, condenada a la muerte, a una vergonzosa y deprimente muerte. Pobre Colombia, pobre tierra que tiene la desgracia de tenernos como inquilinos, inquilinos que no la queremos y no la cuidamos. Pobres animales inocentes y puros, inteligentes y nobles, que deben compartir su existencia con decadentes seres humanos que los maltratan, que los ofenden, que les roban con cinismo su espacio, sus propiedades; pobres perros colombianos tan nobles y tan fieles, tan hermosos y tan cariñosos a una especie de seres humanos vergonzosa.

Políticos embusteros y ladrones, policías corruptos y mentirosos, padres irresponsables y desalmados, taxistas aventajados, buseteros cabrones, presidentes ineptos, alcaldes desastrosos, ex presidentes prófugos de la verdad, de la transparencia. Pobre Colombia, pobre realidad, ancianos abandonados, hambrientos, friolentos, madres jóvenes, madres viejas de varias vidas sin un futuro promisorio, pobres nuevas generaciones, pobres viejos políticos cómplices de nuestra realidad que se traga las ilusiones de generaciones enteras, de jóvenes cabreados con el sistema pero débiles para enfrentársele. El típico colombiano come solo, le importa un carajo los demás, vive en familia, en sociedad pero no le importa nadie, solo él.

Los ricos cada vez más ricos y los pobres cada vez más brutos, más hambrientos, más futboleros, más creyentes, con más hijos y con más nietos. Los ricos cada vez más prósperos en un país hermoso pero maltratado y los pobres cada vez más pobres, cada vez más enfermos, más cansados, agotados por una vida dura que se ensañó en contra de ellos, en contra de familias enteras, todas pobres, todas sucias, todos con grandes sonrisas. Las ganas de vivir están en la necesidad de hacerlo, en las responsabilidades que por azar, o por desgracia, o por insensatez, les ha tocado soportar, convivir con la crudeza de la realidad necesitada y desaventurada.

Cuándo será el día que nos separaremos de la miseria, de la pobreza, de las limitaciones tontas de la cabeza, financiadas por la pereza y el conformismo, reglas básicas del típico colombiano. Cuándo será que entenderemos que la pobreza es mental, es momentánea, es una mugre que se pega al cuerpo como el mal olor de un día exigente de un campesino, mal olor propio y testigo del cansancio de una institución rigurosa, trabajadora, pero mal olor que se quita, que se desvanece, que se esfuma. Cuándo será que comprenderemos por fin que nada en la vida es tan fácil como no hacer nada, porque es que ni siquiera respirar es fácil, porque es que las manos ajadas y gruesas del campesino no toman ese natural estado por la ausencia del compromiso.

El típico colombiano resulta ser entonces una plaga devastadora, vergüenza y repugnante para una sociedad que necesita educación, compromiso y responsabilidad. El típico colombiano da vergüenza, da lástima, preocupa,  pero es el que todo el mundo conoce y es el que la gran mayoría aprueba, tal vez porque hacen parte también. El típico colombiano nunca va a llegar a leer esto que usted está leyendo y el típico colombiano que lo lea va a asegurar que esto es pura y fisica mierda, porque no hay cosa que más moleste al típico colombiano que le digan la puta verdad. Y ellos tendrán la verdad.

 

Buena tarde.

 

Giovanni Acevedo

 

 

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Lunes, 08 Julio 2013 17:32

Aún me masturbo

Pues claro que sí, tal vez ya no con tanta devoción y religiosidad como lo hacía en mis primeros años de pubertad, cuando era estudiante de bachillerato, cuando buscaba en las noches esos canales que muestran gente desnuda frotándose entre sí. Ahora estoy en mis primeros años de la vejez, ya no busco esos canales en la televisión, ya eso me aburre, ahora prefiero practicar todo lo que vi en la televisión nocturna, pero ahora con quien lo practico no está a mi lado, estamos lejos y no pienso tocarle el cuerpo a nadie, soy muy asquiento para hacerlo así no más, por eso tal vez haya retomado mis costumbres masturbadoras íntimas, cuando siento la necesidad. Pero yo cuento con una adversidad complicada de remediar, y es que soy un varón impotente, no me funciona, no despierta, no resucita. Pero lo intento, con fe, con tranquilidad, con la compañía silenciosa y cómplice de la intimidad de mi cuarto ¿Por qué no hacerlo? ¿Por qué ocultarlo?

Yo creo que masturbarse es la mejor decisión en término sexual que uno puede tomar. Sobre todo si uno es soltero, es pobre y feo. Varios de mis amigos han recurrido a los servicios sexuales de alguna prostituta, o de algún prostituto, eso lo decide el gusto, el momento, el antojo. A mí eso me parece vergonzoso, además de costoso, ¿pagar por sexo? Eso es derrochar dinero, es un lujo, un lujo que indudablemente viene con un sin número de inconvenientes fastidiosos, cuantos malos momentos no se hubieran evitado tantas personas si hubieran recurrido a la imaginación en la intimidad de sus cuartos, y hubieran decidido masturbarse antes de contratar los servicios decadentes del placer sexual.

Por ejemplo; si nuestros pobres soldados, esos que se adueñaron de una caleta de dólares de las FARC en vez de contratar prostitutas se hubieran masturbado, otra seria la pelicula que hubieramos visto. Si los agentes de seguridad del presidente Obama se hubieran masturbado el escándalo no existiría y la prostituta seguiría prostituta, si el funcionario de la Embajada de Honduras se hubiera masturbado seguramente el embajador seguiría como embajador y el funcionario masturbándose, si el ex presidente Uribe se masturbara seguramente tendría mejor humor, estaría más tranquilo, si Pacho Santos se masturbara menos sería un poco más serio, de pronto, no lo sé, no soy un experto en masturbación, solo creo que es una buena opción, limpia, tranquila, legítima. Por eso no comparto de ninguna manera la campaña nociva que ha emprendido la señora Alicia Latorre, presidenta nacional de la Federación de Asociaciones Provida de España, campaña en contra de la masturbación. Según ella, los practicantes de la masturbación debemos ser vistos como un montón de genocidas en potencia. Las pretenciones de esta señora anti-masturbación es conseguir el apoyo de la Iglesia Católica, una vez lo logre entonces presionar para que en su país se legisle sobre esta práctica placentera, inofensiva y económica.  

Que no se le ocurra por favor a nadie en Colombia querer encarnar los odios contra la masturbación, no seamos insensatos que todos nos masturbamos. ¿Qué congresista podría defender un proyecto de ley en contra de la masturbación? ¿Gerlein? ¿Y cómo piensan controlar si yo me masturbo o no?

Antes que algún activista de algo quiera convocar a una marcha por la Carrera 7 en contra de la masturbación, yo quiero invitarlos a todos a la masturbación íntima y con su pareja, pero de manera juiciosa y emprendedora, no una masturbación cualquiera, una bien ejercida y complaciente, invito a todos a que lo hagan, es bueno, es económico, es sano. El mundo fuera un mejor lugar para vivir si todos en la mañana, justo antes de entrar a la ducha nos masturbáramos. Comenzaríamos el día con una grande y hermosa sonrisa producto de una buena masturbada. Antes de una reunión importante de trabajo, mastúrbate. Antes de votar un proyecto de ley, por favor señores congresistas mastúrbense, en la intimidad de sus despachos, hagan coalición masturbadora, que se sienta la verdadera unidad nacional. Y que le ayuden al senador Gerlein que ya está viejito, y no debe coordinar bien el movimiento de sus manos, porque si no logra coordinar su cabeza, mucho menos sus manos.

Solo les advierto, tengan cuidado con el senador Roy Barreras, porque hoy puede masturbar a uno y mañana a otro y luego decir que no ha masturbado a nadie, que él siempre se masturba solo, y más adelante puede salir a la luz un acuerdo firmado entre algún pastor y él en donde se comprometen a no masturbarse, solo si el pastor le da votos.

 

Feliz noche. 

 

 

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Jueves, 04 Julio 2013 05:36

Uribe, feliz cumpleaños

Por esta época, en el 2010 recibí una llamada en mi teléfono celular. Era una mujer, de esas que te hablan muy afectuosamente, muy amables, en exceso -tanto así que resultan empalagosas, fastidiosas- me decía amor, y me hablaba con diminutivos. Y yo odio los diminutivos. Camila Moreno, una política de poca monta, uribista entregada, no a Uribe, a sus tesis, aunque si pudiera entregársele al señor presidente yo no dudo que ella lo haría sin vacilaciones, sin regla alguna. –Giovanni mi amor te necesito, te espero en el bar mexicano esta noche– me dijo ella y yo corté la llamada inesperadamente, antes de que siguiera hablando, antes que me llamara de nuevo amor. El bar mexicano es un establecimiento público, por la Calle 85 en Bogotá, una cuadra arriba de la Av 15, en plena Zona Rosa. Acudí al llamado de la empalagosa mujer con un buen amigo de quien prefiero no dar su nombre ni profundizar en su descripción porque a él no le gusta salir en mis columnas, le molesta que su nombre o por lo menos una vaga delineación de su persona aparezca en una de mis columnas, siempre me llama y me pide que elimine inmediatamente su presencia involuntaria cualquiera de mis publicaciones.

Llegamos al lugar, Camila nos saludó con besos y abrazos por montones, nos presentó con un grupo de viejos feos, según ella empresarios. Los señores malacarosos eran uribistas y necesitaban de nuestra ayuda para festejarle el cumpleaños al entonces presidente Uribe. En la campaña del hoy Presidente Santos organizamos varias caravanas por la ciudad, lo hicimos con chivas de tal vez la empresa más reconocida, mi contacto en esa empresa era directo, los dueños de las chivas eran uribistas y querían a Santos como presidente, por eso nos dejaban casi que regalado el servicio de las chivas. Camila no me quería a mí ni a mi amigo, ella quería el descuento que nos daban en la empresa de chivas porque ellos querían hacer una caminata desde el Parque Nacional hasta la Calle 72, en donde instalaron una tarima, y querían chivas en el evento.

Al siguiente día llegamos temprano a la casa de Camila, nos recogió un amigo de ella y nos llevó a la Calle 72 con Carrera 7. Para esa época los Uribitas y los Santistas eran amigos aún. Yo llegué a querer a Uribe, llegué a defenderlo, era joven, estaba confundido, no me había definido ni sexualmente ni políticamente, era un poco más tonto de lo que soy hoy en día. Políticamente creo que ya encontré mi identidad, pero sexualmente sigo explorando opciones, sigo explorando mi cuerpo.

El festejo al presidente Uribe estaba marchando según lo planeado, un carro nos recogió y nos llevó al Parque Nacional, no nos dieron desayuno ni Camila me volvió a decir "amor", me utilizó vilmente para conseguir el descuento en las chivas y luego me desechó. La gente comenzó a llegar, comenzaron a amontonarse y cuando la gente se amontona se calienta, como que se se desinhiben. Había trago por todo lado camuflado en botellas de agua. Mi amigo y yo decidimos hacer negocio con el nombre de Uribe, así como el señor Castellanos hace negocio en el nombre de Dios. Entonces nosotros mismos compramos sombreros vueltiaos hechos en cartón, de piñatería, y les pegamos un papel adhesivo con una frase que ya olvidé, pero que con seguridad debía desearle feliz cumpleaños al presidente Uribe.

En el trayecto sobre la Séptima los medios de comunicación buscaban lograr buenas notas, capturar buenas imágenes. Mi amigo, a quien le encanta salir en televisión y en radio, se encargó de dar entrevistas a diestra y siniestra por toda la Carrera Séptima. Yo tenía novia, pero siempre he sido malo para las novias, me olvidé de ella. No sabía que tenía novia hasta que la vi al lado de mi suegra enfrente de la tarima en la Calle 72. Ella y toda su familia son muy uribistas, su tío le dio la bendición al entonces candidato Santos y con su mano en la cabeza del candidato nos dijo a todos que el Señor Todopoderoso le estaba diciendo que Santos iba a ser el próximo presidente de Colombia. La gente se había convertido con rapidez en multitud, mi novia y yo nos subimos a la tarima y mi suegra estaba orgullosa de ver a su hermosa hija sobre una tarima. El presidente Uribe le habló a toda su fanaticada por intermedio de un celular que acercaron al micrófono para agrandar su voz, nos agradeció tan generoso detalle.

Luego del saludo presidencial y de ver volar una paloma blanca como símbolo de paz, la fiesta se prendió y la gente comenzó a beber ahora sí sin prevenciones. Un uribista, Santiago Hinojosa, decidió cantarle una horrible canción al presidente, yo sospecho que este Santiago es el mismo que me acusa en un comentario en mi última columna de inepto y de lagarto, esta vez no me llaman maricón, pero sí me piropea, dice que tengo 20 años, error que me agrada. También dice que él es un pésimo cantante de vallenato, que su voz chillona es irritante y que su aliento fétido es parte de su personalidad.De él no tengo muchos recuerdos, yo nunca lo vi trabajando de manera continua en la campaña de Santos, no olvido la vez que me llamó a mi celular después de terminada la campaña y groseramente me despertó de mi siesta, y me llamó a pedirme expresamente que intercediera por él con Gabriel Gómez Jaime. Yo le decía que no conozco a ningún Gabriel Gómez Jaime. Le dije que conocía a un Gabriel Jaime Gómez, pero que él no tenía una bolsa de empleos, que él era asesor en PROEXPORT.

Hinojosa se enfadó conmigo, me dijo que él había trabajado muy fuerte en la campaña de Santos como para que no le fueran a dar un empleo digno, el que fuera, que cómo así, que él estaba muy dolido y que Gabriel Gómez Jaime (a quien no conozco) tenía que darle trabajo porque cuando uno trabaja en una campaña electoral es porque busca empleo, entonces que él quería un empleo y que ese hombre desconocido del que me hablaba le tenía que dar empleo. Yo le sugerí que conformara una agrupación vallenata, pero él me dijo que no, que él quería empleo en el Gobierno Santos.

A Uribe le debe gustar que le celebren sus cumpleaños, es un hombre que le gusta que hablen de él. A mí no me gusta que me celebren nada, y mucho menos mi cumpleaños. Tal vez le gustaría mucho que como regalo le diéramos la presidencia, pero creo que eso no va a ser posible, ni a Uribe ni a Zuluaga ni a Pachito ni a ningún otro uribista.

A mi amigo y a mí nos fue bien con el negocio de los sombreros uribistas, mi novia me terminó tiempo después porque no fui capaz de consumar nuestro amor pasajero. Los uribistas ya no son amigos de los santistas. Camila Moreno se quemó en su intento de ser edil de Teusaquillo, se lanzó por un partido pero hacia campaña con otro, regalaba pitos y hacía reuniones de no más de cinco personas en auditorios construidos para quinientas. Hinojosa hoy en día trabaja como cartero.

Feliz cumpleaños Uribe

 

Giovanni Acevedo

 

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Miércoles, 03 Julio 2013 15:28

¿Colombia el país más feliz?

Las personas quieren ser felices, pero no todos lo logramos, algunos estamos entre la felicidad y la infelicidad, ni muy muy ni tan tan, y es esa nuestra realidad. Quien sea feliz infinitamente, sin reservas ni exigencias, quien de verdad no tenga ocasionales encuentros con la desdicha, con el infortunio, que nos diga ¿Cómo lo logra? ¿En qué país vive? Porque de seguro no vive en Colombia, ni tampoco aquí en la Argentina, ni en Chile ni en Uruguay, ni en el Perú, Bolivia o Panamá, a donde me debo mudar para encontrar una felicidad un poco menos incompleta, en qué país debo respirar para hallar una vida un poco más complaciente. Eso que ahora dicen, que en Colombia somos felices enormemente, que somos el país más feliz del mundo, eso es apariencia, es artificial. Siempre tendremos algún acontecimiento que justifique un poco de tristeza, de desolación. Eso que dicen que somos el país más feliz del mundo no es verdad, yo soy colombiano y les puedo aseverar que no somos tan felices como se cree, como se dice por todo lado, ni somos tan insurgentes como se cree.

¿Cómo se puede ser feliz cuando el ser humano solicita de otros para mantener satisfecho su voraz apetito de ser feliz? He intentado últimamente buscar la manera más económica y cómoda para ser feliz, pero no la he encontrado, es esquiva la felicidad. Me he dado cuenta que mi felicidad está en los demás, no en mí. Mi felicidad debe también alimentarse de pequeños gestos impregnados o por lo menos mínimamente untados de amor hacia mí, de cariño. Muchos no saben, porque muchos no me conocen completamente, pero los últimos dos años y un poco más he estado enamorado, me he mantenido en esas redes escamosas del amor y he aprendido a ser el novio de alguien, a conocer a alguien y a cambiar costumbres por alguien y que ese alguien cambie costumbres por mí, en los últimos dos años y un poco más he sido más feliz que antes, por supuesto no fue una felicidad completa, pero si se acercó mucho a ese estado ilusorio, casi lo fue sino hubiera sido por mi natural torpeza, que siempre lo estropeo todo, siempre daño algo, siempre incomodo a alguien.

A mí me hace feliz que por las noches, antes de dormir me den un besito y me deseen buena noche, me hace feliz que en el cine me tomen de la mano, que también lo hagan en los taxis, soy feliz cuando me cepillan los dientes, cuando me regañan por comer mal, por preferir la grasa en vez de las legumbres, que me besen en los ascensores, que me besen a oscuras, que me besen en la ducha con el agua caliente y con los ojos cerrados, que me besen, en ultimas que me besen donde sea pero que lo hagan con entrega, con devoción, con mucho amor. Me pone feliz que me regalen boxers que me queden grandes y camisetas que no utilizo fuera de la cama, en serio eso me hace feliz. Que me inviten a un café, a unas onces de chocolate espumoso con muffins de chocolate y muffins de queso. Despertar y encontrar sobre la cama el mejor desayuno de mi vida, huevos, jugo de naranja, queso, fruta y pan, me hace muy feliz. Que me abracen, que me mimen, que me muerdan, que me hagan masajes, que me llamen a mi teléfono celular y me pregunten si estoy bien, me hace feliz que me regalen dulces, que me regalen besos, y que me los roben. Alguien dirá que todo esto lo puede hacer cualquiera, y es verdad, pero no será nunca igual, a mí solo me gusta que lo haga una sola persona, nadie más, los demás seres humanos no me gustan, nadie más me gusta.

Yo solo quiero los besos y los brazos de alguien, pero estamos lejos, a cientos de kilómetros, en medio de nosotros deben haber unos ocho países, casi 10.000 kilometos, entre nosotros hay silencio, distanciamiento, no nos vemos ni nos escuchamos hace muchos días, después de vernos y besarnos a diario durante dos años y unos cuantos meses, entre nosotros hay preguntas y respuestas que se niegan a salir, hay silencio, hay amor pero un amor silencioso, cauteloso, tal vez un amor prudente por ahora, o pueda que ya no haya amor y yo esté haciendo planes en vano, o pueda que haya cariño, aprecio, agradecimiento pero no amor, o puede que sí. El amor y la felicidad siempre confabulan, saben que deberían estar siempre juntos pero no siempre es así, ¿por qué? No lo sé.

El amor es la suma de todos los sentimientos, de eso soy testigo, la vida me lo ha enseñado en el ejercicio de la práctica. He amado y me han amado, he amado a una sola persona y me ha amado solo una persona, que yo conozca. Me odian muchos, que conozco, y ese odio tontarrón que inspiro en otros contribuye un poco a mi felicidad.

¿Cuánto tiempo hay que esperar? ¿Cuántas lágrimas hay que derramar?  Me hago estas preguntas a diario porque quiero saber cuándo por fin voy a ser feliz sin tantos reproches, sin contradicciones. Cuento afortunadamente con el inmenso y caritativo amor de mi familia, que me ha demostrado cuanto me aman aun y sabiendo que yo me siento incapaz de gratificar tanto amor hacia mí, y hago lo posible por hacerlo, pero no me alcanza porque es mucho, es desbordante, fuerte y arrasador.  Gracias a ellas, a mi abuela, mi madre, mi hermana y mi perra, todas hermosas, todas amorosas, todas incondicionales, las amo, y no he colocado nunca nuestro amor en duda ni lo he sometido a cuestionamientos, al que si he sometido a la indagación de mis sentimientos exigentes es al amor que nace entre esa persona que viaja hoy por los Estados Unidos de Norteamérica y yo, que no viajo, más bien me siento y escribo al sur del continente, con frio y con las manos inquietas.

–No busques el amor que él llega solo– me dice una buena amiga. –No lo busco, él ya me encontró, lo que pretendo es no dejarlo ir­–  le contesto con seguridad.

Darle tiempo al tiempo ya me está dejando un mal sabor, escucho y leo esa frase por todo lado, no se puede siempre estar esperando porque se corre el riesgo de morir en la espera, y yo no quiero morir esperando nada ni a nadie, no sería justo conmigo, tampoco quiero que alguien muera esperándome, no me lo perdonaría. Tal vez mi felicidad esté mal educada, sea una felicidad caprichosa, una felicidad antojada, exigente y excluyente, pero me gusta, siempre y cuando esté satisfecha yo voy a hacer lo posible por complacerla. Ya ella ha hecho su elección, y eligió a alguien hace dos años y unos meses más, yo simplemente respeto su elección, nuestra elección.

Siempre vamos a depender de los demás, de unos menos y de otros un poco más. No se puede hacer nada ante eso, y no pretendo tampoco retar de ninguna manera al tiempo ni a la vida, pero ya estuvo bueno, ya quiero estar tranquilo, quiero que estemos tranquilos, juntos y tranquilos, juntos y revueltos.

Al final no importa en que país se viva, ni en qué condiciones, ni con que comodidades, (yo prefiero las mejores siempre) lo importante es con quien se decida vivir, esa persona que va a compartir amablemente su tiempo, su espacio y su vida contigo.

 

Giovanni Acevedo

 

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Domingo, 30 Junio 2013 20:46

Colombia joven, Colombia hipócrita

Todos hemos sido en algún momento hipócritas, todos hemos fingido algún tipo de sentimiento o gusto por algo en alguna situación incómoda, en momentos que buscamos encajar en un grupo o quedar bien en frente de la mirada de terceros. La hipocresía en mínimas dosis resulta inofensiva, irrelevante, es más, puede la hipocresía resultar propicia para evitar herir sentimientos ajenos.

El problema comienza cuando la hipocresía es cultivada y adiestrada, cuando encaja en nuestra personalidad y termina convirtiéndonos en unos malditos hipócritas, eso a nivel personal resultará supremamente vergonzoso y reprochable, pero si eres político, si eres servidor público, si tus actuaciones tienen algún tipo de repercusión sobre el pueblo, sobre la sociedad, entonces ya no serás un maldito hipócrita sino un hijo de puta y terminaras rápidamente convertido en un Roy Barreras, Álvaro Uribe, Roberto Gerlein, por ejemplo, entre muchos otros, montones, manadas de políticos que han logrado escalar a punta de hipocresía política.

Lastimosamente ser político es sinónimo de ser aventajado, ladrón, mentiroso y también hipócrita. Definición que resulta entendible si nos fijamos en la mayoría de nuestros actuales políticos, los que están ejerciendo, los que están elegidos. En Bogotá tenemos un alcalde inepto, tarado, que si bien no es ladrón (hasta ahora) sí es torpe, condición que resulta gravísima y alarmante para un cargo tan trascendental como el que desempeña el señor Gustavo Petro. Un amigo mío señala, en un intento desesperado por defender la gestión de Petro, “por lo menos no es ladrón”, y entonces yo quedo consternado. ¿Cómo que "por lo menos"? No seamos majaderos, es que los administradores del erario no deben tener ningún tipo de concesión, de comprensión ni defensa a sus errores, menos cuando dependen de la incompetencia o la corrupción, deben sencillamente trabajar para lo que fueron elegidos, pero la realidad nos ha venido convirtiendo en conformistas, además de hipócritas.   –Uribe por lo menos le dio duro a la guerrilla– Sí señora ¿y lo demás?

Yo he decidido entregarle mi vida laboral a la profesión más desagradecida, agotadora y exigente que pueda existir. La política. Y en los años que llevo conociéndola me he enamorado de ella. Ha sabido oportunamente seducirme. He conocido tantos hipócritas como buenos políticos porque en esto hay de todo. La hipocresía es una forma sutil de mentir, de ocultar la verdad, de construir una máscara y así mostrar una falsa, una que le convenga al autor de esa mentira sutil pero vergonzosa. Esta manera de actuar se ve a diario en la política, pareciera casi ser una regla. Si los políticos son hipócritas y los electores son hipócritas, ¿entonces a qué estamos jugando?

Jaime Garzón decidió construir máscaras y esconderse detrás de ellas, de personajes encantadores para decir lo que los demás nunca se atrevieron, la verdad. Por decir la verdad terminó muerto, asesinado por desgraciados que hoy en día deben estar ejerciendo la hipocresía para esquivar la verdad, para sobrevivir. Yo hago parte de una generación que creció en medio de la hipocresía, del reguetón y de necesidades sociales que aún no han sido cubiertas por la sociedad, de falencias que siguen respirando, que siguen siendo ignoradas por muchos políticos hipócritas. Pero yo no quiero que esto mismo lo escriba un joven de las generaciones que hasta ahora se están gestando, me preocupa que eso suceda, me aterra terminar siendo cómplice de la realidad mañosa en la que vivimos.

En Colombia somos 8.500.000 jóvenes entre los 15 y los 24 años, (me queda poco tiempo dentro de esta categoría). Colombia es uno de los países, por fortuna, más jóvenes del mundo, no me imagino si fuera lo contrario, si nuestras esperanzas dependieran mayormente de viejos verdes, pero no de viejos verdes como Mockus o Gilma Jiménez,(lastimosamente ha fallecido, pero nos ha dejado grandes logros en el ejercicio de sus funciones como concejal y senadora) sino de vejetes verdes desagradables como los concejales de Bogotá Marco Fidel o Jorge Durán, o el diputado obeso y feo de Antioquia Rodrigo Mesa. En Colombia el promedio de edad es de 26 años, eso quiere decir que el país es de jóvenes, somos los jóvenes los que tenemos el compromiso gigantesco de mejorar las condiciones sociales y políticas de nuestro pais, ¿por qué?, porque vivimos en un país democrático. Eso quiere decir que la mayoría decide, y si la mayoría somos jóvenes, entonces nosotros decidimos. Esto en teoría, pero en la práctica la realidad es preocupante.

Debemos saber, que si bien en este momento somos jóvenes, dentro de 15 años, 30 años, no lo seremos. Entonces me pregunto si le dejaremos las mismas falencias sociales a los jóvenes que vienen en camino, me pregunto si los jóvenes de hoy haremos algo por los jóvenes del mañana, o si más bien preferimos utilizar la hipocresía para evadir nuestras responsabilidades, que no son finalmente severas, y más bien todos conseguimos un empleo cómodo que no me exija mucho, o me voy del pais y ya. El derecho al voto, por ejemplo, es una de ellas, debe ser una realidad y una herramienta importante utilizada por los jóvenes de todo el país.

Los jóvenes del Cauca, de la Guajira, del Chocó se enfrentan a una pobreza que supera en ocasiones el 60%, jóvenes sin oportunidades, sin posibilidades académicas con calidad, sin proyecciones profesionales reales. Esto hace que los jóvenes del campo crezcan con profundas y marcadas desigualdades en comparación con los jóvenes de la ciudad. Colombia vergonzosamente tiene la tasa de desempleo en jóvenes más alta de América Latina y la tasa de desempleo en mujeres dobla la de los hombres, cosa que resulta aún más preocupante y pone a nuestras jóvenes en condiciones mucho más hostiles por cuestiones de género. Preocupante también es que casi el 80% de los reclusos en Colombia tienen menos de 30 años, los que controlan el negocio del microtráfico de droga son jóvenes, los índices más altos de delincuencia son cuota de jóvenes.

Esa frase cliché, repetida por tantos políticos hipócritas, “los jóvenes son el futuro de nuestro país, por eso debemos trabajar por ellos” resulta un pajazo mental. Es solo ver las condiciones académicas de nuestros jóvenes: 9.300.000 jóvenes asisten a la educación pública versus 1.300.000 que asiste a la educación privada. Sabemos que la calidad no es la misma, la intensidad horaria tampoco, las oportunidades de un joven educado por la educación pública lastimosamente no son las mismas que las de uno educado por la educación privada. Yo le agradezco la intención momentánea de esos políticos en época electoral por nuestra educación, ahora confió en el compromiso de los jóvenes por su educación, por nuestra educación. En Colombia se gradúan al año un promedio de 900.000 bachilleres, de esa cifra solamente 350.000 tienen acceso a la educación superior. Y si continúo esto no va a terminar como columna de opinión sino como un libro que nadie compraría, pero que muchos criticarían.

Hay muchos políticos alejados de la hipocresía viciosa, hay muchos funcionarios públicos comprometidos juiciosamente con su labor, como Gabriel Gómez por ejemplo, amigo, y juro no caer en la hipocresía conveniente cuando afirmo que Gabriel me enseñó a dar mis primeros pasos en política confiando responsabilidades en la campaña del ahora presidente Santos, responsabilidad que espero no haber defraudado. Hoy, como director del programa presidencial Colombia Joven, ha logrado grandes avances en beneficio de la juventud colombiana. No quiero que mis letras se malentiendan y algún hipócrita oportunista llegue a la oficina de Gabriel anunciándole en susurros mal intencionados que un desconocido ha escrito en contra de su amigo, como lo hizo Juan Pablo Echeverry hace unos meses, además recurriendo a la mentira, a la hipocresía en ese afán que tienen los uribistas por mostrase como fieles defensores de las tesis uribistas encarnadas hoy en varios candidatos, todos flojos, todos sin opciones palpables de ganar las elecciones presidenciales el próximo año. El cambio no se hace en un gobierno, ni lo va lograr una sola persona, el cambio y ese camino a mejorar lo damos todos, la mayoría, es un trabajo que demanda y exige compromiso, tiempo, dedicación.

Votar y ser responsables con ese voto no nos exige alejarnos de nuestra vida cotidiana, ni pertenecer a la política o a un grupo político, solo exige compromiso con el país, con mejorar nuestra realidad.

El próximo año son las elecciones al Congreso, ¿Vamos a permitir que ganen los de siempre? El expresidente Uribe y sus seguidores se tienen tanta fe que desde ya nos están anunciando victoria presidencial y una gran representación uribista en el Congreso. ¿Vamos a permitir que pase lo que ya pasó? Casi todos los congresistas uribistas en la cárcel y en procesos por parapolítica.

La invitación final es a votar, desde ya, hacerlo por quien mejor nos parezca, con responsabilidad, con tranquilidad, sin compromisos mañosos, sin un tamal de por medio.

 

Feliz noche.

 

Giovanni Acevedo 

 

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Domingo, 31 Marzo 2013 20:45

Soy Rosita la putita

Soy rosita, y soy una putita. Tengo la facilidad de llevarme a la cama al hombre que prefiera, y no porque yo sea muy atractiva, más bien es porque la mayoría de los hombres resultan ser más putitos que yo. Con tan solo un escote mostron, o una faldita cortita es suficiente para que sus miembros comiencen a crecer y ponerse muy duritos.  

Soy abogada, trabajo en el congreso de la república, soy colombiana y soy una putita. Me he acostado con derechistas, con izquierdosos, con los del centro independiente y algunos del centro democrático, y en el ejercicio de mis funciones he podido entender porque les gusta tanto el centro. Les encanta el centro, les complace y defienden a capa y espada su elección, no son muy buenos en la cama pero si les encanta el centro, y eso es un punto a favor para ellos. En la cama, como en la política se necesita de versatilidad, de confianza, de mucha destreza y definitivamente de mucho tacto, el que no sepa de tacto nunca será un buen político ni tendrá éxito en la cama.

Yo no tengo problema con que me vea salir con liberales un día, y al otro con conservadores, y al otro con un izquierdoso, la gente lo que no sabe es que en ocasiones nos reunimos todos, en una misma cama, y a todos nos gusta lo mismo. Un poco de trago, una corta conversación para despejar el ambiente, y antes de darme cuenta todos me están sobre mí, me están tocando y me están babeando. No hay uno al que no le guste sentirme, olerme, besarme, lo hacen entre todos, les encanta que yo les haga gestos y les toque sus partes más íntimas, les da placer saber que soy de ellos, de todos ellos.

Ahí, en la cama, en ese nido de mutuo placer se les olvida de que partido son y la ideología a la que pertenecen, se les olvidan sus promesas, su familia, su gente, en ese momento de lujuria lo único que les inquieta es encontrar la mejor manera de satisfacerme y de satisfacerse, sobre todo a ellos, satisfacerse a ellos, porque en realidad nunca piensan en mí, nunca piensan en satisfacerme a mí, más bien ellos me usan a mí para satisfacerse ellos mismos, me utilizan como un consolador para satisfacer sus más profundos deseos. Eso sí que en realidad les inquieta. Y para lograrlo hacen de todo, en cualquier posición y en cualquier lugar, les gusta probar, les gusta degustar nuevas cosas, les encanta empotrar lo que sea, y algunos aseguran que a ellos lo que les metieron se lo metieron sin que ellos lo sintieran, aseguran que si se lo metieron fue a sus espaldas, en todo caso les encanta recibir a la mayoría sino es casi a todos, a pocos les gusta dar y si dan, dan mucho menos de lo que reciben.

Todos se preocupan mucho por satisfacer sus gustos sexuales de cualquier manera. Aquí lo importante es que todos tengan la mejor parte de mí. En alguna ocasión, y lo recuerdo con seguridad, un conservador quiso quedarse con mi seno derecho, puesto que ya un progresista tenía mi seno izquierdo. Mis dos senos son afortunadamente muy generosos. Entonces un ex quiso llegar de repente y quedarse con mis dos senos, y no siendo suficiente para él, quiso quedarse con mi centro democrático, que no es tan puro como algunos lo venden, pero de seguro si esta en todo el centro y aparenta ser democrático. Y así estamos, un conservador se alimenta de mi seno derecho, el izquierdoso de mi seno izquierdo y ex de mi puro centro. Por ahora, como soy una putita no se con quién o con quienes me toque más adelante, como sea me encanta ser de todos.

Los conservadores resultan ser casi siempre todos unos toros, defectivamente saben muy bien como hacérselo a una putita como yo, les encanta saber que soy su putita y me piden que se los recuerde mientras me usan y me comen con mucha pasión. Hay uno, que aunque esta pasado de peso y de edad es supremamente fogoso y ansioso, a él le gusta mucho jugar y me pide que le dé muy duro, es uno de los más conservadores con los que me he acostado. Los liberales, como son liberales son mucho más conocedores y recorridos, ellos son buenos, muy buenos, bueno, no tanto con mi gordito godo y pasivo, pero si son buenos. Con los que me resulta difícil acostarme es con los izquierdosos, estos políticos siempre son cochinos, se visten mal, tienen mal aliento, no saben cómo cogerme, no se les entiende tampoco mucho, me piden y me critican, acusan a los otros de ineptos, de tontos y de egoístas, pero cuando me tienen no logran hacerme gemir como lo hace uno del puro centro por ejemplo. Además que la mayoría son capuchones y eso a mí no me agrada, a decir verdad siempre prefiero evitarlos.

Yo no puedo ser además de putita, mentirosa. Es indecoroso, vergonzoso faltarle a la verdad. Por eso debo dejar claro que no todos me han devorado, y no todos lo hacen repetitivamente, lo hacen con ternura, por lo menos no lo han hecho con la misma ambición como lo han hecho los otros. Si me han tocado y me lo han metido pues yo no me he dado cuenta, así que es como si no lo hubieran hecho nunca. Por lo menos tienen el beneficio de la duda, y eso les permite pararse en frente de una plaza pública y asegurar que nunca han eyaculado su ambición babosa y blancuzca sobre mí. Ellos le reprochan a los otros que si lo hayan hecho conmigo y no con ellos.

Me estoy preparando desde ya para la buena temporada, que es cuando más trabajo tengo, y cuando más me tocan y me usan, cuando más paso de mano y mano y al final termino tan usada que me veo en la aligación de descansar un poco, entonces solo me acuesto con unos pocos, de otra manera ya no tendría vida.

Este es mi trabajo democrático, y como tal debo darles a todos un poco, aunque no por igual, pero si un poco a cada uno.

 

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Viernes, 28 Septiembre 2012 09:11

El poder del procurador

Esta semana en el programa de palabras más, palabras menos analizamos la reelección del procurador Alejandro Ordoñez.  Teniendo en cuenta el fallo de la Corte Constitucional que lo obligo a rectificar información falsa sobre las campañas de promoción de los derechos sexuales y reproductivos. Y como en la Procuraduría están empleando parientes de magistrados y cuotas de los senadores que lo van a elegir.

En la mesa de debate nos acompañaron Catalina Ruiz, columnista del Espectador; Humberto Izquierdo, del partido Liberal; y el equipo de palabras más, palabras menos Tatiana Dangond, Giovanni Acevedo y Alberto Diaz. Para que el oyente se forme su propia idea de los temas de actualidad. Escúchanos martes 10:30 Pm, Miércoles 4:30 Pm y Viernes 8:30 Pm por www.radioamigainternacional.com

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Círculo de Amigos