Domingo, 01 Septiembre 2013 14:16

Bievenido Howard Schultz

Supongo que el 99% de esos que ahora se oponen a la llegada de la cadena de tiendas de café más grande del mundo no tienen ni idea quién es Howard Schultz, ni tampoco deben saber en qué condiciones entra esta multinacional al mercado colombiano, tampoco se deben haber puesto en el ejercicio de estudiar los beneficios o posibles perjuicios que esta empresa pueda traerle a nuestro hermoso país de gente en ruana. Y no me asombra que sea así, Colombia es un país rico en gente bruta, Colombia es el único país del mundo en donde la gente no lee, no investiga, no conoce, no sabe nada. En Colombia, como la gente es bruta, entonces no tiene la capacidad de entender ni de razonar, son como extraterrestres, pero extraterrestres brutos. Lo malo de esto es que son muchos.

Son personas que les encanta “aportar” el típico granito de arena y lo hacen de la manera más acomodada posible, porque como dice Jaime Garzón: este es el país del facilista, del cómodo. Y como ponerse una ruana y salir a las calles a decir que apoya a los campesinos o subir al “face” fotos en ruana (cosa ordinaria, pero no la foto en ruana sino la expresión 'face') es mucho más fácil que leer, investigar y entender, entonces todo el mundo opta por el “face” y la ruana. Se sienten revolucionarios y héroes compartiendo imágenes y videos con todo el mundo, invitan a conocer su verdad y se enfrentan a todo el cosmos con argumentos miopes y simplones. Una semana después están otra vez chupando cerveza y haciéndose la paja con la misma revista vieja y maltratada heredada del abuelo.

Yo no tengo ruana, ni camiseta de la Selección Colombia, ni salgo a las calles a ventilar arengas en contra del mundo, ni escondo mi rostro detras de trapos olorosos, trapos “enmarihuanados”, ni le aviento piedras al Esmad, ni le arreo la madre a la policía. Yo soy de esos colombianos sensatos, de los que sí pagamos TransMilenio, de los que respetamos la fila, de los que no tira basura en las calles. Yo hago parte de los colombianos que quiere a su país de manera controlada, sin fanatismos, sin desmanes, sin revoluciones absurdas. Me molesta y me avergüenza ver tanto tontarrón invitando a no consumir en las próximas tiendas de Starbucks, tanto imbécil brindándole apoyo a los campesinos sin conocer el campo, sin entender en realidad cuál es la problemática de esos verdaderos colombianos que no le aportan granitos de arena al país, sino que le aportan toneladas de legumbres, frutas, verduras, tubérculos, materia prima, etc. Me tenía que desahogar.

 Ahora sí voy con el tema de Starbucks.

Afortunadamente las exigencias que hacen algunos grupos en Facebook no tienen ni piso ni futuro (como todas las intenciones virtuales últimamente). El próximo año se abrirán en Bogotá las primeras seis tiendas de Starbucks llegando a por lo menos cincuenta tiendas en todo el país en los siguientes cuatro años. La multinacional no llega sola, lo hace con el acompañamiento de la Federación Nacional de Cafeteros y en alianza con Nutresa que, para los que no saben, es una multinacional colombiana con presencia en doce países y con plantas propias en ocho de ellos,

Nutresa tiene activas setenta marcas en el mercado llevando así sus productos a sesenta y cinco países en los cinco continentes. La marca estadounidense de café hará una inversión inicial de 25 millones de dólares en el país. Aunque las primeras tiendas se abrirán hasta el próximo año en Bogotá, Starbucks llegó al país hace un año con la creación del Centro de Apoyo Starbucks en Manizales. La gente no conoce, y como consecuencia, dice sandeces.

Yo no soy economista ni administrador de empresas, ni estudie comercio exterior, yo no soy nadie. Y es que para entender algo tan básico como esto no hay que tener un MBA. Tan solo hay que leer lo necesario para comprender cómo funciona el mercado cafetero, aquí y afuera. El gremio cafetero ha hecho conocer sus incomodidades frente a los precios de producción y precios de venta del café. Ellos afirman que los precios de producción en ocasiones exceden el 25%, entonces aspiran que seamos nosotros, los colombianos, quienes asumamos esa diferencia y les subsidiemos $1.400 pesos por kilo. Si eso fuera así, nos tendríamos que alistar para ayudarles en la cosecha de este año con $ 1 billón y, además de esto, pretenden que este subsidio continúe por lo menos hasta que el precio deje de estar por debajo del costo de producción.

Lo lógico en este caso sería replicar la solución dada en países también cafeteros como Guatemala, Vietnam, Brasil y algunos países africanos que enfrentan este mismo mercado. Ajustar los costos de producción al precio internacional. Pero esto no lo conocen los encapuchados que destrozaron el centro de Bogotá en actos de vandalismo, ni lo conocen los colombianos que, en un acto de solidarización oportunista, aseguran en las redes sociales apoyar lo que no conocen.

Colombia está empezando un buen momento en producción del grano materia prima de la firma Starbucks, de Juan Valdez, Oma y pequeños empresarios que intentan darse a conocer en el mercado. Este año se alcanzaran los 10 millones de sacos, según la Federación Nacional de Cafeteros, además de eso contamos con más de 500 hectáreas de cafetales renovadas, lo que en castellano significa disfrutar de plantaciones jóvenes y resistentes, cosa que no pasa en países vecinos como Perú y Ecuador y algunos en Centroamérica, quienes están afrontando el avance de la roya y el envejecimiento en sus cafetales.

Pocos colombianos saben qué es Procafecol, y los que lo saben seguramente no se cubren el rostro con la intención de atentar contra la fuerza pública. Podría escribir un libro explicándoles los avances de nuestra industria cafetera en los últimos años y las metas a las que le estamos apuntando con determinación. Una cosa es vender sacos de café y otra cosa es vender café con leche o granizado de café. Los colombianos estamos acostumbrados a no querer esforzarnos en nuestras tareas diarias. no nos gusta madrugar, no nos gusta trasnochar, no nos gustan los lunes a no ser que sean festivos, no nos gusta caminar, no nos gusta TransMilenio, no nos gusta nada. Somos las personas más quejonas que conozco.

Yo soy amigo de la competencia. El mercado exige la competencia para incentivar el mercado y mejorar los productos o los servicios. Así como apoyo la llegada de Starbucks al país, apoyo también la expansión de Procafecol en el exterior. Ya contamos con tiendas en México, Panamá, Perú, Chile y Estados Unidos y estamos avanzando en la apertura de 45 tiendas en Perú durante los próximos tres años. Contamos con 63 tiendas en el exterior y espero que en los años que vienen ese número crezca con celeridad.

Llevo 25 días en Colombia después de permanecer tres meses en el exterior, en un país donde hay tiendas de Starbucks por doquier y ni una sola de Juan Valdez o cualquier marca colombiana. Mi primer café en este país fue en una tienda de Procafecol y me encontré con que ahora uno puede acumular puntos por cada compra, puntos que son redimibles en productos en cualquiera de sus tiendas. Hasta ayer llevo un poco más de mil puntos. Esto entonces me hace entender que Juan Valdez ya comenzó a cambiar su mecanismo de fidelización de clientes, cosa que me alegra, porque no solamente se alista para la llegada de la competencia sino que mejora su atención al cliente y muy seguramente conoceremos nuevos productos, nuevas presentaciones y en algunos casos mejoras en los que ya consumimos. El empresario que viene creciendo con dificultades, pues que siga luchando, para nadie es fácil crecer y posicionar una marca; y cuando logre ser grande prepárese para los que lo tilden de querer aplastar a los pequeños empresarios que quieren ser grandes.

 

Feliz domingo para todos.

 

Giovanni Acevedo

 

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Martes, 20 Agosto 2013 10:36

El Edil de Kennedy

Entré a un café del centro de Bogotá, en un segundo piso, muy concurrido y conocido por esos abogados de corbata amarilla, camisa roja y vestido color claro remendado en las axilas con hilo de cualquier color; esos que andan con su agenda dos años atrasada debajo del brazo y exhiben con elegancia un anillo enorme de piedra negra y un reloj dorado. Le pedí a la señorita camarera un café grande, oscuro y sin azúcar. Le hice énfasis en mi pedido, un café grande y sin azúcar por favor, se lo dije con luminosidad, con mesura. El hombre que me acompañaba amablemente, poco agraciado y testarudo, comenzó con su libreto diario.

El pesimismo, el escepticismo y en algunos casos la falta de coherencia son los ingredientes preferidos para conformar su discurso dicharachero al que no he logrado acostumbrarme. Sin que él se dé cuenta, siempre le cambio de tema para evitar que mi mal humor llegue al estado que siempre intento impedir. Dos mesas hacia el fondo de la zona de fumadores, estaba sentado el edil de Kennedy con uno de sus ayudantes. A mí me cuesta mucho trabajo saludar al que no se le ven ganas de saludarme, me cuesta trabajo levantarme de mi mesa, acercarme a la otra y extender mi mano; y sobre todo me cuesta trabajo sonreír cuando de mostrar amabilidad se trata. El edil de Kennedy, quien me conoce, evitó saludarme, su ayudante, un joven de figura atlética y melena castaña, se percató de mi presencia y en varias ocasiones lo sorprendí mirándome. Quise creer que le gusté y que sus miradas tenían alguna intención de cortejo, pero me di cuenta que mis conjeturas apresuradas no se aferraban a la realidad y con un gran sorbo de café sin azúcar respondí la llamada del caleño.

El caleño es un joven político con buen humor, me busca para que me mude a Cali, para que me vaya a vivir allá, para que sea yo quien le maneje su campaña política a la Cámara de Representantes. Yo le gradezco su invitación, le aseguro que no podría pasar largas temporadas en tierras calurosas, que prefiero vivir en tierras frías, que me exijan utilizar ropa pesada, abrigada. Le explico al caleño que mis responsabilidades me obligan a permanecer radicado en Bogotá y le agradezco constantemente su invitación y su voto de confianza. Es que en Cali no me conoce nadie, aquí en Bogotá tampoco, pero yo sí conozco a muchos, como al edil de Kennedy.

El edil evitó saludarme y su ayudante no evitó mirarme en varias oportunidades. Pagó la cuenta y los dos abandonaron el establecimiento comercial.

A los políticos se les olvida caminar despacio, y muchos cometen el tonto error de querer caminar rápido, de avanzar con celeridad y conquistar cada vez más poder. Al expresidente Uribe le pasa y a sus fieles también. Por eso ahora vemos candidatos del uribismo como arroz, los que buscan ocupar una curul y ganar imagen a costillas del “Gran Colombiano”, entonces se bañan en hierbas, se toman bebedizos y se entregan al uribismo como única estrategia política para ganar en la urnas. Porque es que Uribe ya no es presidente (afortunadamente), pero ahora es un chamán, es casi que un santo al que se encomiendan con fervor todos esos que, sin tener trabajo ni nombre, están confiados en ser elegidos. No por ellos, no por quiénes sean ellos; sino por ser uribistas, lo demás no les importa. Para ellos lo realmente importante es que sean uribistas y que se rasguen las vestiduras y que se unan para hacer spam, para atacar a los demás; si están graduados. si tienen trabajo con la comunidad o si son sinceros o si demuestran electorado, eso no les importa, Uribe lo puede todo.

Pero no solo los uribistas, también los liberales, los conservadores, los del Polo, los Progresistas, los Verdes, los blancos y los negros. Aquí hay de todo, desde el señor desconocido políticamente que diariamente y con religiosidad se posiciona en la esquina de la Av. Jiménez con Séptima en Bogotá, pasando por el costeño mantecoso experto en citar frases célebres en sus discursos acartonados y que le lanza halagos a Uribe, a Miguel Gómez y a Benedetti ignorando que ninguno se lo soporta y ninguno lo quiere ver como representante de nada ni de nadie, el boyacense uribista que después de quemarse en su intento a la Cámara por Bogotá, ahora quiere quemarse en un intento al Senado de la República.

El edil de Kennedy, de quien no soy amigo, tan solo conocido; tomó de decisión de hacer parte de la lista a la Cámara por Bogotá del Partido Liberal. Lo que un mal escritor desocupado y servidor de tintos, como yo, diga no tiene valor ni importancia, en estas líneas no se define nada ni se esclarece nada, por el contrario, aquí todo se oscurece y se enreda más. No creo que llegar a la Cámara por Bogotá sea una tarea extremadamente complicada, tampoco es fácil, es cuestión de estrategia y coyuntura, y de recursos indudablemente, recursos que aumentan considerablemente dependiendo del tipo de campaña que se quiera implementar.

Los votos están divididos en dos: el voto popular, que resulta poco fiel y costoso, y el voto de opinión, que resulta juicioso y económico. Conociendo la campaña que el edil de Kennedy realizó, y entendiendo la manera como se le inyectó dinero a su trabajo en la localidad, puedo asegurar que si ese mismo mecanismo lo replica en toda Bogotá, su campaña a la Cámara resultará supremamente costosa. No tengo nada en contra del eil, ni en contra de su trabajo ni de su aspiración a la Cámara por Bogotá. Creo que la política exige gente joven y nueva para generar cambios verdaderos, para depurarse. Y este hombre delgado pueda generarle a los bogotanos credibilidad y así salir victorioso en las urnas, solo espero que su compromiso sea real, sea sincero, sea sano para la política. Espero que no exista afán de correr, espero que su aspiración tenga más que ganas, conocimiento y preparación para el cargo al que se está postulando. Sería tal vez responsable concluir su responsabilidad como edil, luego sumar trabajo político y reconocimiento en toda la ciudad para tomar la decisión de ser candidato a la Cámara.

En este momento no votaría por el edil de Kennedy, creo que su aspiración está impulsada por su padre, un político curtido y experimentado, muy conocedor de la política tradicional y arrastrada por la maquinaria, cosa que yo no comparto. Los nuevos votantes deben hacerlo por compromiso, con responsabilidad, no por conveniencia personal o por un asado en el parque central del barrio. La política exige cambios, y esos cambios se deben dar desde ya, desde la base, desde el comienzo.

Feliz tarde

 

Giovanni Acevedo

 

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Te has dado cuenta que ese viaje que se te metió en la cabeza de modo caprichoso ha resultado, hasta ahora, ser un viaje beneficioso académicamente, y más que eso, favorable para tu corazón, para tus emociones, tus afectos, para tu paz interior. También te ha servido para comprobarte una vez más que eres definitivamente una mujercita cuando de sentimientos se trata.

La gente que dice conocerte, sin en realidad conocerte, conoce un hombre fuerte, recio, de un genio templado y de un humor inclemente. Te conocen como un hombre circunspecto, prudente, de pocas palabras, con la mirada fría, insípida, pero la verdad es que eres una mujercita débil, que cada noche antes de dormir, después de practicar algunas palabras en francés con tu roommate, siempre y sin excepción recuerdas a las personas que en una demostración infinita de cariño y sacrificio te han soportado y te siguen queriendo después de tanto tiempo. Esas personas que han compartido momentos excepcionales de su vida contigo, esas que han hecho que sonrías, que quieras seguir vivo y que quieras seguir sonriendo con ellos, con los que quieres inmensamente.

A mí no me puedes mentir, no te molestes con tus actuaciones y tus respuestas cortantes y secas, que yo te conozco perfectamente y sé que si bien estás feliz aprendiendo, leyendo, escribiendo, caminando y recordando viejas épocas en ese país hermoso en el que te encuentras; también quisieras regresar pronto. Quieres abrazar a tu madre, a tu hermana y a tu abuela. Yo sé que quieres estar en la comodidad de tu casa, te hacen falta, te hacen mucha falta. Ya te estoy viendo ahí, sentado en tu cama con la luz apagada y tus ojos muy despiertos, escribiendo desaforadamente, dejando constancia de tu vida, de tus momentos, sin hacer mucho ruido porque al francés eso le puede molestar, y él es un arquitecto en formación que debe batallar contra el sueño todas las mañanas, debe luchar contra la complacencia de sus cobijas y desprenderse de ellas en un acto de valor, de tesón.

Tú crees estar enamorado, pero no sabes si debas estarlo. No estás seguro si sea sano contener tanto amor dentro de ti, aun y cuando ese amor sea tan delicado, plácido y confortable como la cama del francés en las mañanas, aun y cuando ese amor en ocasiones resulte caprichoso y tormentoso no estás seguro si te conviene o no, y por eso es que lo piensas tanto, lo analizas, le intentas dar una definición como si estuviéramos hablando de palabras hermosas que han sido arrinconadas en el pasado por los nuevos usuarios del idioma castellano.

Lo cierto es que desde hace ya casi dos años y medio no hay un día en que no tengas un fastuoso pensamiento en el que no incluyas a tu amor narcótico, un amor que ha resultado para ti la droga más efectiva. Cada beso, cada sonrisa, cada caricia malintencionada, cada abrazo demoledor de huesos, cada momento en tantos lugares, los recuerdas todos, como una muy buena película, recuerdas lo bonita que ha sido tu relación con quien ha sido inmensamente complaciente contigo, infinitamente complaciente. Creo que sigues enamorado, creo que sigues respirando y sigues escribiendo. Aunque no escribes mejor, aun lo sigues haciendo.

Debes, por primera vez en tu vida, estar tranquilo, sin afán, sin correrías, sin estar pendiente del tiempo y debes tranquilizarte. La vida pasa rápido pero la felicidad se disfruta lentamente. Yo sé lo que tú sientes porque yo sé quién eres, porque yo tengo claro lo que quieres y a quién quieres, por eso mi consejo es que te calmes, que respires muy lentamente, que salgas a caminar en las madrugadas porteñas que resultan ser magníficas, créeme, no hay amanecer más sensual y hermoso que el que te brinda Buenos Aires por estos días. Seguramente el francés diga que en su país el amanecer sea mejor y que en París el amor fluye con naturalidad. Pero no conoces Paris, no has estado en el país del francés.

La noche, a medida que tú escribes y recuerdas, va madurando al paso que tú se lo permitas. Esto no es más que anotaciones cargadas de sentimientos en medio de una noche fría, en medio del invierno. Yo sé que no quieres sentirte como ya te has sentido antes y sé también que no quieres que los demás se sientan como tú ya los hiciste sentir en algún momento, pero te da miedo que te dejen, que te abandonen, que te quedes solo. Sabes que eres supremamente controlador y eso estás dispuesto a cambiarlo, a desecharlo, ya sabes qué es bueno y qué no y sabes qué es lo que debes hacer y cómo lo debes hacer para mejorar tu relación que ya no existe. Pero no quieres que esto llegue a los ojos ni a los oídos de quien amas porque sabes que no sería justo contigo, tú siempre con ese orgullo asqueroso. No piensas llamarle y pedirle que regresen porque si lo haces vas a sentir que eres un pusilánime, pero ya es hora que comprendas que eres y siempre serás un maldito pusilánime sin vergüenza ni sentido.

Te fuiste del país con afán, nadie sabía que te ibas, ni siquiera tú mismo, ni siquiera yo que lo sé todo de ti. Un día te diste cuenta que el amor de tu vida tomaría un avión y se iría lejos por varios meses y te diste cuenta lo débil que eres para soportar tanto tiempo lejos sin sus besos, sin su sonrisa; entonces te levantaste de tu cama y, sin bañarte, te pusiste lo primero que encontraste, saliste en compañía de tu hermosa madre, ella tan alcahueta, tan hermosa, tan perfecta; te acompañó a comprar los tiquetes del avión que te sacaría por entre las nubes del martirio que te esperaba aquí en Bogotá si te quedabas a la espera, hasta el día que tu amor regresara.

El amor de tu vida te llevó al aeropuerto y en el aeropuerto lloraron después de desayunar. Fumaron y se despidieron. Eres tan débil que saliste corriendo, entraste al avión, llorabas y no querías decir que llorabas. Te fuiste, te alejaste de la realidad y pensabas que así podrías olvidar, pensaste que estando lejos el amor sería débil, pensaste tontamente que los kilómetros y el tiempo logran debilitar ese sentimiento fuerte que te hace cosquillas por todo el cuerpo, que te hace reír. Solo mírate: fumando, tomando mate y escribiendo siempre de tu amor.

Te has dado cuenta ahora que no importa qué tan lejos huyas o qué tanto licor le suministres a tu cuerpo, a tu cabeza; ya sabes que amas y que amas sin condiciones ni restricciones. Ya sabes cuánto quieres tomar un avión de regreso y esperar a que regrese esa persona que ha sabido ponerte a escribir de la manera como lo haces. Te conozco tanto que puedo asegurar que esto no lo va a leer nadie porque eres un hombre débil, eres muy débil, prefieres que la gente siga creyendo que eres de mal genio y que eres recio y fuerte.

Ese señor ciego, ese con el que tomas café en la esquina de un café reconocido, siempre debajo de un parasol verde, ese señor tiene 85 años. Es un argentino que ha sabido amar incondicionalmente. Militar y excombatiente defensor de la soberanía de las Malvinas, enamorado y amante del café, es ahora un hombre ciego que aún estando ciego puede ver al amor de su vida. No seas terco y haz caso a su voz ronca con acento porteño, regresa a Colombia en un avión que no haga escala ni en Brasil ni en Perú porque ya sabes que te pones de mal humor, regresa en un avión que no haga ninguna escala, y espera con paciencia y suma tranquilidad a que el amor de tu vida regrese, espéralo con los brazos abiertos y no le pidas ni le preguntes nada, solo entrégale y respóndele todo.

El amor es complicado pero no es exigente, el amor es complaciente, es paciente, es perfectamente amor. No pienses que te debe explicaciones, no seas tontarrón, el amor de tu vida es perfecto, no hay un amor imperfecto. Acepta con coraje que te has enamorado de la persona indicada y acepta si tal vez tú no eres la persona indicada, sé hombre cabrón.

 

“Si un escritor se enamora de ti, nunca morirás”  Anónimo

 

Giovanni Acevedo

 

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Lunes, 05 Agosto 2013 18:19

Hasta pronto Buenos Aires

Buenos Aires es una ciudad romántica, culta, educada. Es, en medio del caos una ciudad tranquila. Estoy feliz por regresar a mi ciudad, pero alejarme de Buenos Aires hace que mis ojos se humedezcan, hace que ya quiera regresar pronto para caminar y tomar café de máquina. Te quiero.

El escritor mediocre regresa a su país y nadie sabe que regresó. Es así porque él quiere que sea así, porque ese tiempo en la clandestinidad le da espacio al ocio que tanto le gusta, lo hace sentir libre. Se reúne en un costoso restaurante con una buena amiga, una a la que le relata sus intimidades, todas sus intimidades; se toma un café, se asegura que sea un café económico, él sabe que su labor de escritor no es bien remunerada y no le da para un café costoso.

Por seguridad, el jefe de los escoltas de su amiga acomodada (un hombre guapo pero mayor) le aconseja continuar con el reencuentro en uno de los clubes en donde ella hace parte como socia. Deciden entonces ir a uno de los más tradiciones de la ciudad. Ese en el que pusieron una bomba y murió mucha gente. En el club, el escritor no es más que un tonto invitado, un invitado pobre, austero no por decisión voluntaria, sino por obligación. En el club es solo un invitado de una socia a la que los empleados del club quieren mucho. En el club los dos amigos tienen toda tranquilidad para fumar y beber, de algún modo se sienten libres pero no lo son, solo creen serlo, se engañan, se ríen.

Sigo enamorado y tal vez más que antes. Haz algo, no seas tonto, está bien que seas un escritor mediocre, pero un escritor enamorado tampoco, no abuses de tu locura. ¿Qué hago?. Pues sal, conoce gente, conoce hombres, conoce mujeres, diviértete. No creo que funcione, no creo poder ser feliz. ¿Pero cómo no? Inténtalo. En el medio en el que me muevo es muy difícil encontrar a alguien atractivo, todos son gordos, barrigones, con la barba ajada, algunos ya se están quedando calvos. Salte entonces de la política, no tienes nada que hacer en este país, vete lejos y escribe, pinta, dibuja, fuma y toma café y se feliz lejos de aquí. De aquí soy y es aquí donde debo estar por lo menos hasta que sienta que mi presencia sobra.

Si vas a estar aquí en Colombia, entonces quiero que seas feliz. Dime cómo… ¿Por qué no vuelves con esa novia cristiana que tuviste, esa que siempre te busca para satisfacer sus antojos sexuales, inténtalo. Es que a mí los senos muy grandes no me gustan, ni los perfumes baratos. Bueno, ya sabemos que nadie es perfecto y menos los cristianos, acepta sus invitaciones sexuales, estás joven. Pero soy impotente. No te creo. Créeme. Además de impotente, cuando por fin despierta, entonces soy precoz. Entonces amigo mío, tienes serios problemas ¿Qué piensas hacer? ¿Qué puede hacer un hombre que además de impotente es precoz?. No sé, ¿escribir?. No creo, política tal vez. ¿Será entonces que todos los que decidimos irrumpir en política tenemos la desgracia de ser impotentes? ¿Será que Petro es impotente?. Si no es impotente, por lo menos sí es incompetente. Jaajaja ¿y no vas a continuar con el proceso de la revocatoria, con la segunda fase?. No creo que me pidan ayuda, hay muchos uribistas en el grupo de Miguel Gómez que, por supuesto, también es uribista, pero es un uribista silencioso. ¿Cómo silencioso? Miguel Gómez es un tipo inteligente, calmado, él debe saber que hoy en día decir que es uribista no le trae buenas cosas a nadie, por eso no lo dice en voz alta.

Me contaron que es el director del directorio del Centro Democrático en Bogotá. Sí, eso me dijeron a mí también, no sé entonces cómo hará ese costeño barrigón para tener el apoyo de Miguel ahora que quiere disque llegar a la Cámara por Bogotá. Pobre hombre, sí le gusta quemarse. No le fue suficiente quemarse en las urnas de Chapinero, ahora quiere quemarse en las urnas de toda Bogotá. Ajjajaja y ya tiene foto y todo. Si, una con camisa blanca y con un reloj gigantesco, yo creo que tiene a los mismos publicistas de Pacho Santos. ¿No sabra que en las fotos políticas no se debe salir con reloj? Es que no creo que sea una foto política, debe ser la foto que le sacaron en protagonistas de telenovela. Jajajaja ¿y lo expulsaron? No lo dejaron ni entrar a la casa estudio por convivencia.  

El escritor y su amiga siempre han sido amigos en espacios tranquilos y poco concurridos, a ellos no les gusta la multitud, a ellos les gusta más el silencio y la tranquilidad, donde puedan hablar, donde se puedan oír y, sobre todo, en donde puedan fumar y tomar café barato.

¿Qué tal tu viaje? Cuéntame que hiciste. No hice nada, ya sabes que alguien que escriba es un desocupado y eso fue lo que más hice, escribir. He leído todas tus columnas y me gustan, pero no sé qué tanto le puedan gustar a los demás. A los uribistas definitivamente no les gusta nada mío, pero no hay problema, que no me lean y ya. ¿Para que escribes mal de ellos? No escribo mal de nadie, solo digo la verdad, lo que veo, lo que siento. Ellos están en plena campaña y eso no les conviene. ¿Por qué no simplemente te quedas callado y ya? Así te evitas malos momentos. No puedo ser hipócrita, no puedo actuar como lo hacen algunos cachacos y otros samarios y paisas que, por ejemplo, detestan al costeño quemado, pero se quedan callados por no quedar mal, yo digo la verdad.

¿Cómo ves el Centro Democrático? Un desastre, una vergüenza, desde que dejó de ser puro se convirtió en un “agáchese y recoja”, ahí todos están por algo, el costeño por su aval y los otros por puestos y reconocimiento. ¿Pero tienen fuerza no? No tienen nada, solo tienen hambre de poder y ambición, ahí en medio de tanto lagarto el único inocente es el pobre de Zuluaga y se está dejando sonsacar todo, se dejó meter de una mujer poco agraciada los servicios de unos YouTubers que no juegan limpio, Pacho Santos ya les advirtió a los del Centro Democratico que si él no era el candidato a la presidencia, entonces que montaría circo aparte, Lafaurie se fue con sus amigos los ganaderos para el Partido Conservador y a la pobre de Marta Lucía le tocó meterse entre los cuatro huevos de Uribe. Jajjajja ¿entonces qué va a pasar? Nada, no va a pasar nada, van a sacar Senadores y Representantes a la Cámara y ya.

La amiga del escritor se nota emocionada. Le encanta hablar con él, le gusta fumar y hablar, disfruta pasar horas al lado de su amigo el mediocre, el escritor, el que dice lo que los demás no quieren que diga. Al escritor mediocre le gusta fumar y le gusta hablar poco y escribir mucho, y escribir mientras habla y mientras fuma. Justo en medio de la cafeína y el tabaco se acerca un joven bien vestido, un poco guapo, un poco emborrachado. Invita al par de amigos a su apartamento oculto en medio de los edificios que se pueden ver detrás del club. Es un joven uribista. Dice ser también pachista y zuluaguista. El caballero, de apellido robusto, le hizo confesiones al escritor vulgar en medio de la noche bogotana, confesiones que tal vez nunca debieron llegar a los oídos de este maldito escritor.

 

Buena tarde.

 

Giovanni Acevedo

 

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Sábado, 27 Julio 2013 00:38

Las dos huevas de Uribe

La estrategia que están implementando los uribistas para ganar terreno a nivel nacional les está saliendo por la culata, y es que con tanto esfuerzo mediático y en redes sociales deberían estar pisando fuerte en todo país, los precandidatos uribistas deberían aparecer con buenos números en la encuestas, pero eso no está ocurriendo, la realidad es que tanto esfuerzo no les está dando el resultado que ellos esperan, tal vez por eso el nerviosismo y la zozobra que se siente en el ambiente uribista, tal vez por eso a Uribe se le ve cada día más agotado, más angustiado, más asustado. Y no es para menos, ninguno de sus precandidatos logra posicionarse con firmeza como una fuerte opción en las próximas elecciones presidenciales, cosa que debe tener al expresidente Uribe con estreñimiento y a los precandidatos con soltura.

Pacho Santos es él que más florece en los medios, él que más da para hablar, pero no porque sea un buen candidato, nadie dice que Pacho pueda ser el próximo presidente, nadie le apuesta al tipo chiquito y barrigón. De él hablan mucho pero por payaso, por sus vallas publicitarias que han resultado efectivas a la hora de darle de que hablar a la prensa y no más. La estrategia del primo del Presidente es venderse como el gracioso, el pobre y el mártir. Así piensa acercarse al pueblo, con fotografías en su cuenta en Facebook con pobres campesinos y colombianos necesitados que posan para las instantáneas sin conocer mucho del bufón que saludan. Cuenta con una página web donde se publican columnas de opinión de él y sus colaboradores, todos estrado 6, porque Pacho no es el plebeyo que quiere aparentar, sus reuniones son siempre en buenos lugares, en costosos restaurantes, sus ayudantes están bien vestidos, bien comidos y bien mantenidos. Cosa que no es mala, no hay nada de malo en rodearse de simpáticos caballeros bien posicionados, pero no concuerda con el mensaje que quiere que los colombianos le compremos. Su reunión de jóvenes en el espléndido restaurante Afroglam en el 5 piso del Centro Comercial El Retiro, resultó ser un fracaso, aún y cuando eligió un sito pequeño sabiendo que su convocatoria de jóvenes iba a terminar en desastre, como están resultando sus asesores de campaña. Soy hay que ver que Pacho no tiene identidad publicitaria, ni una línea de imagen. En las polémicas vallas usan diferentes tipos de letras y diferentes colores, cosa que no es prudente, no es inteligente. Y su discurso se limita a recordar que es el feo de la familia Santos, que lo secuestraron y debió por eso salir del país, y que ama incondicionalmente al expresidente Uribe, a tal punto de querer ser su primera dama, pero como Uribe es tan conservadora solo le permitió ser el vicepresidente. Sus asesores de marketing político se la deben pasar más tiempo en el Corral de la 93, o en el BBC de la T, fumando y comiendo que trabajando para que Pacho crezca en opinión. Como ahora la tecnología está al alcance de todos, y como ahora todos cuentan con celulares de alta gama, entonces el trabajo para estos jóvenes buenos mozos resulta fácil, por eso la mayoría de las fotos de Pacho pasan por una minuciosa y estricta edición en el complejo y reconocido programa Instagram. Pues felicitaciones, eso demuestra sin duda el profesionalismo con el que se trabaja dentro de la pre campaña presidencial de Pachito. En toda historia debe haber un ocurrente, un gracioso que divierta a los demás, y ese indudablemente es Pachito Santos.

Oscar Ivan Zuluaga por lo contrario demuestra mucha más entrega, mucho más compromiso con el proceso, se nota que el tipo ha estudiado lo que dice, además que cuenta con un equipo numeroso pero poco compacto. Uribe, sus allegados y los jóvenes del Centro Democrático, de CREO Colombia y de Colombia Lider  le hacen fuerza a Zuluaga, ellos saben que el candidato mas preparado y con mejores opciones para enfrentar la batalla electoral es este hombre de buenos principios y con una carrera política sana. Por eso le apuestan, por eso le trabajan, por eso lo defienden. Zuluaga cuenta con jóvenes de todos los estratos sociales y de todas las clases de políticos, desde el lagarto tontarrón que anda por ahí con un carrito rojo desencajado pero engallado, que ha pertenecido al centro, a la derecha, posiblemente a la izquierda y que llega pidiendo para la gasolina, hasta los que en realidad mandan, los que lideran el proceso y vienen desde hace mucho tiempo buscando lo que evidentemente han logrado. Si todos los jóvenes que apoyan a Zuluaga estuvieran unidos, seguramente el trabajo sería mucho más ameno y productivo, pero no sucede, la ganas de figurar de todos, de estar cerca y de demostrar resultados mucho más interesantes que los demás afortunadamente entorpecen la labor y le resta productividad a cualquier ejercicio que decidan emprender. Los de CREO tildan de marica al más cercano colaborador de Uribe, divulgan sus diferencias y disputas en las redes sociales y lo acusan de traidor y de maricon. Él pobre hombre (que si resulta maricon es poco atractivo) se limita a buscar apoyo en terceros. Todos quieren hacer mucho pero en realidad hacen poco, y Amalia, la delgada y atractiva mano derecha femenina de Zuluaga se interpone siempre en las iniciativas de los demás, no hay nada que no se haga sin su visto bueno, sin su aprobación, y esta mujer no tiene muy buen temperamento, pero si buen cuerpo. German Medina, el reconocido estratega y asesor de campañas políticas (que hace rato no gana una y viene de una quiebra y disputa con su anterior socio) es el responsable de hacerle la imagen a Zuluaga. Ha hecho su esfuerzo, ha aplicado sus conocimientos que por tontos que parezcan pueden resultar  si el equipo se une, si se acercan y trabajan en comunión. Es innegable que Zuluaga a mejorado su discurso y el manejo de la voz, la forma de expresarse, los consejos de inyectarle emoción y energía a sus intervenciones en publica los está aplicando con juicio, con religiosidad, por eso lo podemos ver agitando los brazos con sus manos en firmes, con su voz templada, ahora camina por el escenario, hace apuntes jocosos pero sobrios, opta por no utilizar micrófono de mano y es tanta la energía que le suministra a sus discursos que sus camisas terminan totalmente empapadas en sudor. Imagino que CREO debió crear un comité de camisas limpias para Zuluaga. Esta campaña ya se decidió hace rato por un solo tipo de letra, escogió los colores y le dio identidad a la imagen publicitaria, su página web y su presencia en la redes sociales demuestran un candidato comprometido con su papel, dejan ver el acercamiento con el pueblo, el trabajo y apoyo de su esposa y sus hijos son fundamentales en un país que defiende en palabras la unión familiar. Ya tiene camisetas impresas, tarjetas, piezas gráficas y un centenar de imágenes regadas por las redes sociales con sus propuestas y su ejemplar hoja de vida. Pero aún me mantengo en mi tesis, que el único gran defecto para Zuluaga es el apoyo del ex presidente Uribe, y no solo por la imagen deteriorada y maloliente en la población joven y los residentes en el exterior que tiene el ex presidente, sino por el fuerte impacto que causa Uribe en la comunidad, Uribe se ha convertido en una celebridad, en un icono que todo el mundo quiere conocer, entonces todos le piden fotos, todos lo saludan, todos lo quieren tocar, en esos momentos Zuluaga termina confundido entre el esquema de seguridad de Uribe. Competir con la fuerza que tiene la imagen de Uribe no es tarea fácil, y menos cuando se está en el mismo bando, por eso creo que en ese campo le hace falta mucho trabajo, porque le va a pasar lo mismo que a Santos, con solo una diferencia, y es que no va a llegar a la Casa de Nariño.

La estrategia de este par de huevas no se diferencia de fondo en mucho, y se están equivocando. Atacar al gobierno Santos de manera sistematica y ciega está dejando al aire la gran preocupación que les embriaga, y el afán por desacreditar un contendor muy fuerte como lo va a ser el Presidente Santos. Han llegado al punto de unirse con sus antiguos enemigos, como pasó hace poco con las declaraciones de Robledo y la rápida defensa del ex presidente Uribe. Desde que se despiertan hasta que se duermen los jóvenes uribistas no pierden oportunidad por tonta que sea para atacar al gobierno y a sus funcionarios. ¿En qué momento tiene sexo estos jóvenes? ¿En qué momento se encuentran íntimamente?

Los demás precandidatos no tienen mayor importancia, porque no quitan ni ponen, no vale la pena ni nombrarlos, son solo unos que hacen bulto, son esos que usan para rellenar.

Así pues que las cartas del uribismo están reducidas a sus dos huevas más comprometidas con la carrera presidencial, Pacho y Zuluaga. Como son sus dos huevas lo siguen la para todo lado, una a la derecha y la otra a la izquierda, una más fea que la otra, pero las dos siempre ahí, incondicionales, inseparables. Buena suerte para este par de huevas, la necesitan.

 

Giovanni Acevedo

 

 

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Miércoles, 24 Julio 2013 21:50

No más servicio militar en Colombia

No he prestado el servicio militar obligatorio,(afortunadamente ese honor de servirle a la patria se puede comprar) nunca lo quise prestar y no lo pienso prestar ni alquilar ni probar ni mínimamente conocerlo. Le huyo a lo que sea que pretendan imponerme, que me lo exijan, que me suene a obligación, además de eso soy un hombrecito débil y llorón, soy delicado y maricon, y no pienso que sea buena idea enrolarme en las filas con tanto hombre junto, debo evitar cualquier  tentación placentera, debo alejarme de la comida grasosa, de los chocolates, de las harinas y de los hombres atractivos. “El colombiano que no quiera prestar el servicio militar es un maricon” nos dijo un tipo barrigón, feo, con bigote sopero y empacado al vacío en un traje de esos camuflados que identifican a los supuestos héroes de nuestra patria. Según el héroe obeso todo hombre se hace hombre mientras presta el servicio militar, es allí donde en realidad un hombre conoce y define su virilidad. Puede entonces ser verídica la afirmación del gordinflón héroe, eso explicaría por qué varios de los jóvenes uribistas responsables de la campaña de Zuluaga a la presidencia son mariconsitos, teniendo entendido que ninguno de ellos, que tanto mérito le otorgan a la profesión del militar, prestó el servicio obligatorio. Ellos debieron conocer al mismo militar bigotudo que yo conocí, y eligieron por supuesto seguir siendo maricones (a escondidas por supuesto), antes que portar un sucio y pesado fusil, y de paso correr el riesgo de volverse “hombres”. Y explicaría, por supuesto, mi condición de antiuribista, condición que me ha obligado a reconocerme maricón, ¿pero cómo no? Si a mí me llaman maricón los maricones uribistas, debo creerles, debo confiar en sus ojos maricones.

Estamos en el siglo XXI, hemos soportado y aguantado los golpes y deshonras que genera la guerra al punto tal de casi familiarizarnos con las circunstancias, millones de familias se han visto en la vergonzosa situación de recibir en bolsas negras a sus hijos militares después de ser dados de baja por los contrarios y eso solo cuando sus cuerpos logran ser extraídos del campo de batalla. Otros tantos millones han regresado mutilados, han dejado no solo fragmentos de sus cuerpos en la selva sino años de vida que les será imposible recuperar. Los han secuestrado, castigado, maltratado, los han expuesto a vejámenes vergonzosos para cualquier ser humano. Además de eso, el costo económico para el país es colosal, la cantidad de dinero que nos vemos obligados a gastar en armamentos, municiones, dotaciones, combustible, mantenimientos, sueldos e indemnizaciones que resultan al final insuficientes para subsanar los estragos de una guerra absurda y viciosa.

Ya nos independizamos, ya libramos las batallas que nos han traído hasta este punto, ya todas esas grandes proezas de hombres están reconocidas en libros y son tema de estudio en las aulas de los colegios, para todos los que tuvimos la fortuna de pasar por uno y los que afortunadamente están en uno en este momento. Aquí debe ser el fin, y que ese fin quede todo custodiado y su cruel historia expuesta en el mejor museo militar de toda Latinoamérica será sin duda un final justo y merecido, no un final feliz, pero si un final merecido, indicado, añorado por generaciones de colombianos maltratados y abusados. El presidente Santos tiene la voluntad de alcanzar un acuerdo que desmovilice a los activos guerrilleros, voluntad que no solo le nace al él, es la voluntad que la mayoría de los colombianos tenemos, excepto los que viven de la guerra, y los que hacen campaña con ella, como el tipo de Álvaro Uribe. A ver si Uribe prestó el servicio militar, o sus hijos.

Yo creo en la buena posibilidad que esta voluntad resulte favorable para el país, confío en que los diálogos arrojen resultados amables para el pueblo. Y si eso es así, y si no también, ya es hora que los varones jóvenes colombianos no se vean obligados a prestar el servicio militar y, luego de eso, como única opción a convertirse en soldados profesionales por falta de garantías académicas y laborales fuera de las tropas. El servicio militar no sirve para nada, no se preocupa por los pobres soldados en capacitarlos en algún oficio, noción  o cosa que, una vez cumplidas tales obligaciones, les abra puertas en la vida civil, ese tiempo resulta tiempo perdido, en vano, tiempo tirado a la basura.

En este país lo único obligatorio debería ser la educación y el voto. El que no estudie o el que evada su responsabilidad con el voto entonces que lo encierren con el militar obeso y bigotón, que lo encierren por un par de noches por lo menos y que el héroe ese haga lo que mejor sepa hacer.

Esa figura siniestra del servicio militar obligatorio debería ser en primera medida rebautizada y que su nuevo nombre sea Servicio Social Nacional (SSN), retirada de las Fuerzas Militares y que su administración le corresponda al ministerio de Cultura y al de Educación, luego ser extendida a las mujeres. ¿Por qué a nosotros sí y a ellas no? Y la función de esta nueva figura será brindar trabajo social en todo el país. La vaina funcionaría así; Todos los estudiantes del país, una vez aprobado el último grado de bachillerato, deberán vincularse al programa SSN y escoger una región del país en donde el programa tenga jurisdicción, deberá haber temas de trabajo establecidos en idiomas, matemáticas, cultura, artes visuales, deporte, escritura, tecnología, agricultura; deberán inducir a como dé lugar a los jóvenes de estas regiones vulnerables a culminar sus estudios, a ingresar a la universidad, a convertirse en profesionales, a crear empresa. La función primordial de estos trabajadores sociales es de abrirle los ojos y rellenar de conocimiento la cabeza de las generaciones que vienen avanzando. Este país necesita educación, cultura, gente educada, ya no necesitamos soldados, esa imagen que nos han vendido y que le han metido a los pobres militares que son los héroes de Colombia es un abuso con esos malogrados hombres.

No estoy desaprobando ni restándole agradecimiento a la labor de los militares en el pais, no me mal entiendan (uribistas que me leen) ¡gracias! a todos los militares, pero ya es hora que también dejen las armas, ya es hora que los militares hagan puentes, se especialicen en obras civiles, en medicina. Yo no quiero ver más soldados saludándome en las carreteras del país, yo los quiero ver desfilando los 20 de julio de cada año, los quiero ver construyendo, enseñando. O en últimas, en otros oficios, debemos trabajar para que en Colombia podamos solamente vivir con el servicio de la Policía Nacional. Los militares no son héroes, no se les puede llamar héroes a campesinos y jóvenes que mueren defendiendo un país que no los quiere, que no les brinda opciones. Esa es una campaña publicitaria que se inventaron en el gobierno del tipo de Uribe y que el país se la tragó completa, como muchas otras. Esos hombres deberían estar estudiando, capacitándose, conociendo, no cargando un fusil a ver a cuántos matan en el monte. El proceso que se está adelantando debe contar con el apoyo de los colombianos, no con los insultos y con las intenciones para desacreditar un trabajo en busca de una salida negociada al conflicto.

Si tanto quieren Uribe y sus cinco huevones pelear, disparar y matar, entonces que recluten a todos sus enérgicos voluntarios, compren uniformes y se internen en el monte a combatir, a pelear de verdad, de frente como debe ser. Uribe, por supuesto, como comandante fundador de las AUC II y sus comandantes Pachito Santos y Lafaurie, el viejito Holmes Trujillo que lo nombren representante en el exterior y les recaude recursos, ya tienen a Vélez Uribe en el Senado y Zuluaga está a tiempo de salir bien librado de esa manada de locos. A ver si los uribistas, estos mariconcitos que yo conozco, se meten en la selva y se comen la mierda que han comido nuestros “héroes” durante tantos años.

 

Feliz noche.

 

Giovanni Acevedo

 

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Martes, 23 Julio 2013 02:36

Gracias a todos

El mejor regalo que la vida me puede dar, sin lugar a la duda, son las personas que me rodean y que por decisión libre eligen seguir a mi lado. Porque yo a nadie le obligo seguir a mi lado, a nadie le pido ser mi amigo, y a nadie le pido cariño, como debe ser. Por eso creo que esperar regalos y celebraciones pomposas resultan excesos y redundancias innecesarias, además de abusivas. Yo no celebro mi cumpleaños y por favor no intenten celebrarlo tampoco porque no me gusta fingir sonrisas y dar las gracias a diestra y siniestra, no me llamen y me feliciten por seguir vivo, por aguantar un años más, por sobrevivir doce meses más de vida y por envejecer progresivamente. No me escriban en el muro de mi Facebook real ni en el muro del Facebook falso que algún buen misericordioso decidió crear para facilitar amablemente mi intensa labor diaria por desacreditar mi nombre y mal obrar mi persona. No me hagan regalos, no me empaquen dulces, no me envíen chocolatinas, no me den abrazos, no me feliciten ni me den buenos deseos, por favor no se tomen ese atrevimiento, no les corresponde, no les pertenece semejante labor desgastante y aburridora, monótona, repetitiva. No gasten dinero en mí, no valgo nada, no mal gasten un solo peso en un presente para alguien que no lo va a valorar ni lo va a aceptar con agrado.

Déjenme esa labor a mí, por favor permitan que sea yo quien les agradezca la cortesía de aprobar conocerlos, de dejarme darles la mano y de brindarles un buen abrazo, gracias a todos los que me miran a los ojos sin esquivar mi mirada, gracias a los que me sonríen, a los que me han permitido caminar a su lado, a los que me han escuchado, a los que se han aguantado mis estados deplorables de embriaguez y guayabo sentimental. Gracias a los que me ceden la coyuntura de conocerles. Gracias a mis amigos por seguir siendo mis amigos muy a pesar de saber quién soy y a sabiendas que ser amigo mío no resulta una posición tranquila, segura, nunca se sabe en qué momento quiera publicar alguna intimidad reveladora y desagradada, gracias por aceptarme y demostrarme cariño, gracias a los que me han vinculado a su familia, gracias a la persona con la he aprendido a querer y a entender que me quiere también, gracias a su madre, a mi madre, a mi abuela y a mi hermana. Soy un llorón, soy un hombre débil y escribir esto incita a mis lágrimas a derramarse tímidamente. Tal vez no soy lo que muchos de ustedes esperan de mí, y por eso les pido disculpas, yo les aseguro que todos ustedes han resultado ser lo que yo siempre esperé de ustedes, los quiero a todos y por eso, gracias por permitirme quererlos.

Con seguridad no soy ni seré, ni quiero serlo tampoco, quien inspire mayor atención, no cometo esa abusiva insolencia, no exijo tan bajo comportamiento, porque a pesar de mis constantes e incurables trastornos mentales puedo asegurarles que estoy totalmente lúcido cuando les afirmo que no merezco otra cosa que todo lo que tengo, y estoy a gusto con todo lo que el azar me ha proporcionado y con todas las personas que la casualidad le ha dado por ponerme en mi camino. No merezco más, y si lo merezco seré un afortunado incalculable, desbocado, y de eso me daré cuenta cuando el momento decida que es preciso, que es prudente. La vida continua, con o sin nosotros, cumpliendo o no cumpliendo años, no somos importantes, no somos nada, solo recuerdos, momentos, sentimientos, besos, sonrisas, miradas, caricias, somos abrazos, somos perfectamente inperfectos.

Sé que esto no lo podrá leer, porque no necesita leerlo, tampoco necesita entenderlo ni oírlo, sé que esto nunca lo conocerá, sé que esto poco le importa, sé que no espera que a mi regreso le lleve lo que sea, sé que nunca me pedirá nada, sé que siempre estará dispuesta a darme buenos momentos, buenas lamidas, buenas miradas, tal vez por eso le ame tanto, tal vez por esa razón, por esa condición desinteresa y amorosamente incondicional debo darle las gracias a Sam.

Luz Elena, Daniela, Magola, Mery, Sebastián, Gilber, Claudia, Javier, Alberto, Gabriel, Néstor, Miguel, Carrillo, Mariana, Soto, Ospina, Valentina, Gustavo, Claude, Quentin, Fernanda, Flórez, Cristian, Ibarguen, Marcela, Jair, Tristancho, Rochu, Aline, Rochi, Morales, Mayorga, Alexander, Andrés, María, Paola, Torres, Mauricio, Castaño, Jaime, Manuel, Andrés, Alejandra, Vanessa, Sam, Doña Rosita, Acevedo, Laura, Lovo, Carlos, Manuela, Oscar, Mejía, Bernate, Juan, Turbay, Felipe, Lina, Federico, Mariana, Soto, Ospina, Valentina, Gustavo, Carlos, Diego, Jean, Alejandro, Sebastián, Ardila, Sergio, Jhonny, Miguel, Carrillo, Mariana, Soto, Ospina, Valentina, David, Diana, Mónica, Diego, Gómez, Mariela, Acevedo, Mauricio, Castaño, Jaime, Manuel, Andrés, Alejandra, Vanessa,  Botero, Pinzón…

 

Giovanni Acevedo

 

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Sábado, 20 Julio 2013 04:04

Triste 20 de Julio

Voy caminando por la avenida Cabildo y voy caminando tranquilo, sin prisa, sin afanes de ninguna clase. Me tomo el tiempo necesario para ver con diligencia todo lo que me rodea, a todos los que me rodean. Porque yo aquí en Buenos Aires no hago nada, solo escribo y ya, y como reposar mis nalgas y acomodarme en posición de escritor fracasado y escribir cualquier necedad como las que yo escribo es tan fácil y poco exigente, entonces tengo tiempo suficiente para caminar mansamente y para ver los gestos de los demás. Hace frio porque aquí es invierno, porque cuando es invierno hace frio, y uno aquí, o por lo menos yo, lucho contra el frio y húmedo y despiadado con una taza de café muy caliente, tan caliente que me calienta todo el cuerpo, desde las manos hasta las piernas el cuerpo todo entra en calor y me veo en la necesidad de abrir un poco mi chaqueta, de darle aire a mi institución.

Justo cuando la Av Cabildo termina una línea del tren cruza torpemente y corta el paso de los andarines perezosos y calmosos como yo, que no queremos esforzarnos en lo más mínimo, que queremos caminar sin obstáculos y sin tropiezos. Esta interrupción arquitectónica le da muerte a la Av Cabildo y le da vida a la Av Santa Fe, nos obliga a internarnos en un pasadizo sucio, oscuro, que te puede llevar a tres destinos distintos: A la estación del Subte Ministro Carranza, a la parada del tren Ministro Carranza, o a la cautivadora Av Santa Fe. La vida siempre te va a poner intencionalmente en momentos incomodos y angustiantes como este, y no vas a saber qué camino tomar, si te vas en tren, en metro o sigues caminando, o compras otro café y regresas a casa y te das por vencido. Como estoy a punto de cumplir 50 años, y mi cuerpo no me da más que para caminar pausadamente y me pide que no lo exponga a la aventura, entonces decido seguir caminando por la Av Santa Fe y dejarles el tren y el metro a los trotamundos.

Decido comprar un café más, y lo acompaño con unas galletas dulces y le digo al joven vendedor que no quiero azúcar, porque el azúcar estropea el café, él sospecha entonces que mi vida es amarga como el café y me lo hace saber y me sonríe.

De donde sos. De Colombia. Siempre eres tan serio. Al parecer sí, todos me hacen la misma pregunta. Debe ser porque le falta el azúcar a tu vida. Puede ser, cuanto le pago. Dejá así que yo invito. Gracias pero yo quiero pagar, cuanto es. No es nada, yo invito hoy y vos me podes invitar otro día. Seguro me quiere invitar. Claro que sí, yo hoy te invito. Bueno, entonces quiero el café grande y las galletas con crema de dulce de leche. Bueno.

Sigo caminando, sigo luchando contra el frio, sigo observando detenidamente a los demás, sigo vivo y sigo escribiendo.  Caminando siempre obediente al trazo de la Av Sante Fe llego a la estación del Subte de Plaza Italia. Estoy cansado, cruzo la calle, entro en un bonito parque y me siento en una bonita silla. Aun me quedan galletas con crema de dulce de leche.

Hace frio. Si hace frio. Por qué dejó Colombia. Como sabe que soy colombiano. Porque uno conoce a los colombianos. Yo no me di cuenta que usted es colombiano. Muchos dicen que no parezco colombiano, usted no es el primero, pero si soy colombiano, soy bogotano, igual que usted, por qué dejó Colombia. No sé, usted por qué la dejó. No la dejé, nunca la he dejado, solo estoy aquí por un tiempo corto, ya regresaré. Por qué no se queda aquí. Porque no soy de aquí, porque aquí no están las personas que amo y las personas que me aman, que es eso. Mi tiquete de regreso a Colombia. No sabe si regresar. No sé nada. Por qué se fue de Colombia. Porque no tenía nada, porque no tenía dinero para estudiar, porque no podía estudiar, porque no conseguia trabajo, porque en Colombia todo es una mierda. Y si Colombia es una mierda, pues no regrese, no tiene sentido. Me hace falta Colombia. Le hace falta la mierda entonces. Puede ser, usted cuando regresa. Dentro de poco. Que hace en Colombia. Lo mismo que hago aquí. Y que hace aquí. Nada. Como así que nada, algo debe hacer. Soy escritor, un escritor malo por supuesto, un escritor corriente. La gente en Colombia lo lee mucho. No, solo mis amigos por misericordia y todos mis enemigos, ellos me leen a ver si los nombro y digo que me los comí, o que entre ellos se comen. Por qué tiene enemigos. En política todos tienen enemigos. Usted es político entonces. Tal vez, para cuando está el vuelo. Para hoy 20 de julio. Va a regresar. No lo sé, no me presione. Y aquí está estudiando. Sí, aquí estudio, aquí trabajo, aquí vivo. Entonces a que va a Colombia, no sea estúpido. Ya le dije, me hace falta mi país. Le hace falta la mierda. Bueno y es que usted odia a Colombia o que. No, a Colombia no, de hecho no odio a nadie. Entonces. Entonces qué. Entonces porque se expresa así de su país. Yo únicamente escribo la verdad. Por qué tanto fastidio hacia Colombia. No le tengo fastidio a Colombia, les tengo asco a los colombianos. Oiga, respete. Respete que. A mí, yo soy colombiano, igual que usted. Y quien respeta a los demás. A quienes. A los que mueren, a los que viven en el exilio, a los que son masacrados, a los que se le prohíbe casarse, a los que no tienen que comer, a los que no tienen como estudiar, a los que mueren de hambre, a ellos quien los respeta. Pues no sé, yo no tengo la culpa de eso. Yo sí. Usted la tiene, pero por qué, si es un escritor fracasado que vive en Buenos Aires no me dice que no es nadie. Soy colombiano, que más quiere. Pues no sé, ser colombiano no razón para sentirse culpable por el país de mierda que tenemos. El país no es una mierda, el país es hermoso, la mierda son los colombianos. Usted es una mierda entonces. Si, correcto. En serio no debería ser tan duro con usted. No soy duro conmigo, conmigo soy suave, soy condescendiente. Cuando llegue a Colombia que va a hacer entonces. Escribir. Su vida es aburrida. Sí, mi vida es miserable. Por qué lo dice. Porque nací en un país en donde la mayoría son miserables, y la mayoría manda, somos democracia. Eso no es así, los miserables no somos la mayoría, los miserables son lo que están en el poder. Ellos no son miserables, ellos son felices en un país triste. Ellos tienen acabada a Colombia, no ve a Samuel Moreno, a Uribe, al procurador Ordoñez ellos si son una mierda, no nosotros. A ellos quien los elige. El pueblo. Y usted hace parte del pueblo. Claro, por supuesto. Entonces usted es una mierda, usted eligió a esos desgraciados. Yo no vote, yo no los elegí. Entonces quienes. Los que votaron, y ganó la mayoría y por eso los eligieron. Se da cuenta. De qué. De que la mayoría si elige, elige por usted y por mí. Que quiere que haga entonces, no puedo hacer nada. Entonces no haga nada, haga lo que hacen todos. Y que hacen todos. Quejarse. Pues hablar mal del país no lo va a cambiar. Seguramente hablar bien del país sí. Pues no lo sé, y va a celebrar el 20 de Julio. No celebro nada. Pero es el día de nuestra independencia. Usted es independiente. No. No entiendo. Yo tampoco. Yo voy a ir a la celebración del 20 de Julio, va a estar bueno. A que se refiere. Pues que van a poner música y vienen grupos de salsa y orquestas y una pantalla gigante, debería ir, así se distrae y baila un rato. Yo no sé bailar. Un colombiano que no sepa bailar no es colombiano. Eso me dicen siempre. Vamos, y de paso conoce mujeres. Para qué. Pues no sé, es que usted es marica. No lo sé. Un escritor fracasado que no sabe si es o no marica, usted es muy raro. Un colombiano que ama a su país pero que no vota, que no sabe si regresar o no, y que baila, usted es muy normal. Pues sí, soy normal, eso no es malo. Bueno me voy, quiere estas galletas con crema de dulce de leche. Bueno si, gracias. Gracias de que. Pues por las galletas. Pierda cuidado.

Me levante con esfuerzo, el frio se estaba apoderando silenciosamente de mi cuerpo, crucé la calle, camine unas cuentas cuadras hacia la Av Cabildo, entre al mismo lugar de hace un rato y pedí dos cafés calientes, con galletas dulces pero sin crema de dulce de leche. El joven de ojos verdes sonrió. Esta vez invitás vos. Por supuesto. Y contame, por qué no estas celebrando como todos los colombianos el 20 de Julio. No tengo nada que celebrar. No parecés colombiano che. Eso dicen…

 

 

Giovanni Acevedo

 

 

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Domingo, 14 Julio 2013 20:40

Mujeres colombianas

Soy hijo de un arquitecto boyacense muy próspero y con grandes extensiones de tierra cebollera, a quien no le agradezco otra cosa que unos cuantos pesos que me han servido para poco en momentos en que no los he necesitado. Soy hijo putativo de un negro sin grandes extensiones de tierra, pero inteligente, con varias carreras y especializaciones encima, muy inteligente y próspero, pero pienso que tal vez con ambición hubiera podido llegar a Papa. Tengo dos padres, uno blanco y uno negro, uno biológico y otro putativo.

Soy hijo de dos mujeres, las dos hermosas, mi madre bogotana y mi abuela boyacense criada a punta de papa y rejo me dice ella cada vez que debe llamarme la atención, soy hijo de las dos, a las dos les debo todo lo que soy, todo lo que tengo y todo lo que pueda tener, y todo lo que pueda llegar a ser. En mi casa siempre la mayoría ha sido por tradición femenina, mi abuela, mi madre, mi hermana, mi perra pastor alemán virgen y yo, que estoy entre hombre y mujer, pero creo ser más mujer que hombre, por eso prefiero no recurrir a la democracia dentro de los muros de nuestro apartamento, ahí soy un dictador. Yo soy el que tomo las decisiones más irrelevantes y poco transcendentales, de lo demás que se encarguen ellas, las mujeres de mi casa.

En los países que he visitado, siempre me he encontrado con hombres que me preguntan por las mujeres de mi país, y yo les hablo de mi madre, mi abuela y mi hermana. – si, si,si, ¿pero cómo son las paisas en tu país?­– me preguntó un canadiense, son como mi madre, mi abuela y mi hermana, son hermosas le contesté. ­– ¿es verdad que todas las mujeres en tu país tienen las tetas grandes?­– me preguntó un francés, pues mi madre no las tiene tan grandes, mi hermana un poco si, y mi abuela las tiene como las tienen las abuelas, le contesté. – ¡che! ¿Es verdad que las mujeres colombianas solo quieren efectivo y que si no ténes estas en el orto?  – me pregunto un argentino borracho, y le dije que no, yo no tengo dinero y mi madre, mi abuela y mi hermana me quieren. – ¿verdai que las mujerei colombiana toas son putá weon? – me indagó un chileno, bueno, que yo sepa mi madre, mi abuela y mi hermana no lo son.

Ya el simple hecho que nuestras mujeres colombianas tengan fama en el exterior de putas, interesadas y plásticas es sin duda para mí ofensivo, es insultante, es irritante, no es para menos. Pero más humillante es ver como entre risas y conversaciones desordenadas algunos hombres colombianos se divierten alentando la imagen denigrante de nuestras mujeres en la opinión extrajera. Yo soy amigo de la verdad por dura que sea, por incomoda que resulte, por eso debo reconocer que ese tipo de mujeres si las hay en Colombia, y no es una cantidad mínima, son muchas las que quieren capitalizar a punta del sacrificio sexual, son muchas las que instalan en su cuerpo un centro de atención al cliente personalizado, que busca dejar al cliente complacido a cambio de bonitas y costosas retribuciones por tan dedicada y sacrificante labor. Entonces se hacen no como ellas se gustan sino como al cliente le guste no porque el cliente tenga la razón sino porque es él cliente el que paga. El tamaño de las tetas, la forma del culo, la cintura, la nariz, las orejas, el mentón, el ombligo, hasta el clítoris se lo pueden ahora intervenir mediante una breve intervención quirúrgica por si el cliente quiere reinaugurar el establecimiento dedicado al placer.

En que carajos están pensando los pocos hombres colombianos que toman la tremendamente estúpida posición burlesca y fiestera sobre la imagen de nuestras mujeres colombianas. 

Estaba en Uruguay, no recuerdo el día pero recuerdo el frio abusivo y penetrante. Acompañaba a un amigo francés a un lugar donde vivió por una época. En ese lugar tuve la desgracia de conocer a un colombiano desastroso, él tipo decía ser paisa, y tenía ese acento que a mí me irrita con tan solo oírlo a lo lejos, y él lo tenía en frente. Decía ser jugador de futbol, decía ser hombre, decía saber mucho, decía tantas estupideces, una detrás de la otra, parecía una maquina humana de estupideces. La basura de “hombre” intentaba darle lecciones a una manada de extranjeros curiosos por visitar nuestro país, pero no por nuestras montañas, café o playas, sino por nuestras mujeres tetonas, putas y comprometidas con la vida placenteramente facil, él les mostraba como se tenian que vestir para levantar con facilidad, para “culiarse” a cualquier colombiana. Le aseguro que ni mi madre, ni mi abuela, ni mi hermana, ni siquiera mi perra “culiarian” con usted. Le dije al indecente tipo ese. (risa nerviosa y estúpida) ­– ¿y porque no? – me preguntó. Usted es alguien peculiar, tal vez por eso sea le contesté. Pero él no sabe que es ser peculiar, él piensa y relaciona el término con lo único en lo que sus neuronas trabajan, y es en sus ganas enormes de tener sexo con la primera mujer que por desgracia se le cruce por sus narices. 

Dentro de mis amigas, las mujeres de mi casa y con las que a diario tengo contacto en Bogotá no recuerdo conocer una de las que menciona el paisa futbolista que conocí en la capital del Uruguay, en mis recuerdos está viva doña Rosita, la señora que me vende cigarrillos en frente de los estudios de radio los martes cuando grabo programa, madre de dos hijos, uno cocinero y otro estudiante de diseño gráfico. Doña rosita me acerca el encendedor con sus manos maltratadas, y no por putiar, sino por lavar ropa por más de 20 años en casas ajenas. Está viva doña Nidia Quintero, la cara y el alma de la Fundación Solidaridad por Colombia quien cada año convoca a la única marcha a la que voy con gusto y ánimo. O una de mis colaboradoras en la recolección de firmas para revocar al alcalde Petro, madre de dos hijos, trabajadora incansable, responsable y honesta, maltraída por un animal infeliz, golpeada por una escoria que dice ser su esposo. En mi memoria están vivas muchas mujeres, con y sin tetas prominentes, gordas y flacas, bonitas y algunas pocas no tan agraciadas físicamente, pero con toda seguridad si mujeres hermosas, completas, irrepetibles y ejemplares. 

Escribiendo esto, acostado en mi cama, lejos de las mujeres de mi casa que amablemente me aman, y yo agradecido por tanto las amo de regreso, he pensado que tal vez las mujeres en Colombia necesitan menos hombres colombianos,  tal vez ellas, como evidentemente funciona en mi casa, deberían ser las que mayoritariamente tomen las decisiones más importantes de nuestro país, ellas deberían ser la mayoría en todo, las mejores en todo. Yo quiero ver mujeres colombianas representando nuestro país como ejemplarmente lo hace Toto La Monposina, o Shakira, o la tetona Sofia Vergara, porque es que el problema no es que sean o no tetonas, el problema es que lo hombres las devaluemos cínicamente como miles lo hacen a diario.

De pronto si la mayoría en el congreso no fueran hombres, y además de eso uribistas, de pronto si fueran mujeres independientes, tal vez estaríamos mejor, pienso, tal vez la realidad marcharía a otro ritmo un poco más saludable para nosotros los colombianos.

 

Buena noche.

 

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Jueves, 11 Julio 2013 14:58

El típico colombiano

Funesto tal vez sea el término más ajustado para definir el modelo aceptado y absurdamente repetido generación tras generación del típico colombiano. Es un infortunio, es una vergüenza, una cínica desgracia. Soy colombiano, afortunadamente lo soy, y me siento bien siéndolo, no imagino viviendo como ciudadano de otra tierra, no me interesa tampoco, aún y cuando debo reconocer que no soy completamente feliz porque no se puede ser completamente feliz en un país en donde viven tantos hijos de puta, tantos delincuentes, tantos hipócritas que se pasan la vida robándole el aire a quienes se lo ganan, a quienes se lo merecen, a quienes deberían ser inmortales y protegidos, no censurados y asesinados o empujados al exilio que al final termina siendo lo mismo. El típico colombiano carece de conciencia y de memoria, de valores, el típico colombiano desconoce su historia y le importa un carajo su futuro porque sabe que su futuro no tiene corrección, está destinado a la mediocridad infinita, al fracaso aceptado y siempre justificado con reproches y lloriqueos en contra del mundo pero nunca en contra de él mismo.

El típico colombiano sale en las mañanas del interior de su miseria con sueño, con lagañas en sus ojos y en su alma, va destino a su anodino trabajo, a su infeliz responsabilidad que le da para medio comer y para medio vivir, para envejecer lentamente en un país que le importa un carajo sus viejos, en una patria que se resiste a caer al abismo mientras la gran mayoría de sus ciudadanos hace muy poco por salvarle la vida.

El típico colombiano es mentiroso, chamuyero, ladronzuelo, hambriento, aventajado, falso, farsante, pobre, canalla, estafador, grosero, inculto, perezoso, dormilón, gritón, homofóbico, indolente, creyente, obstinado, grosero, hostil, rico, feo, uribista y santista, porque el típico colombiano no nace con autonomía mental, no lee, solo bebe licor y baila cuenta cosa suene, y se ríe los sábados en la noche y el domingo va a misa enguayabado, con sumisión, con los ojos abiertos pero la mente cerrada, obstruida, reprimida, condenada a la muerte, a una vergonzosa y deprimente muerte. Pobre Colombia, pobre tierra que tiene la desgracia de tenernos como inquilinos, inquilinos que no la queremos y no la cuidamos. Pobres animales inocentes y puros, inteligentes y nobles, que deben compartir su existencia con decadentes seres humanos que los maltratan, que los ofenden, que les roban con cinismo su espacio, sus propiedades; pobres perros colombianos tan nobles y tan fieles, tan hermosos y tan cariñosos a una especie de seres humanos vergonzosa.

Políticos embusteros y ladrones, policías corruptos y mentirosos, padres irresponsables y desalmados, taxistas aventajados, buseteros cabrones, presidentes ineptos, alcaldes desastrosos, ex presidentes prófugos de la verdad, de la transparencia. Pobre Colombia, pobre realidad, ancianos abandonados, hambrientos, friolentos, madres jóvenes, madres viejas de varias vidas sin un futuro promisorio, pobres nuevas generaciones, pobres viejos políticos cómplices de nuestra realidad que se traga las ilusiones de generaciones enteras, de jóvenes cabreados con el sistema pero débiles para enfrentársele. El típico colombiano come solo, le importa un carajo los demás, vive en familia, en sociedad pero no le importa nadie, solo él.

Los ricos cada vez más ricos y los pobres cada vez más brutos, más hambrientos, más futboleros, más creyentes, con más hijos y con más nietos. Los ricos cada vez más prósperos en un país hermoso pero maltratado y los pobres cada vez más pobres, cada vez más enfermos, más cansados, agotados por una vida dura que se ensañó en contra de ellos, en contra de familias enteras, todas pobres, todas sucias, todos con grandes sonrisas. Las ganas de vivir están en la necesidad de hacerlo, en las responsabilidades que por azar, o por desgracia, o por insensatez, les ha tocado soportar, convivir con la crudeza de la realidad necesitada y desaventurada.

Cuándo será el día que nos separaremos de la miseria, de la pobreza, de las limitaciones tontas de la cabeza, financiadas por la pereza y el conformismo, reglas básicas del típico colombiano. Cuándo será que entenderemos que la pobreza es mental, es momentánea, es una mugre que se pega al cuerpo como el mal olor de un día exigente de un campesino, mal olor propio y testigo del cansancio de una institución rigurosa, trabajadora, pero mal olor que se quita, que se desvanece, que se esfuma. Cuándo será que comprenderemos por fin que nada en la vida es tan fácil como no hacer nada, porque es que ni siquiera respirar es fácil, porque es que las manos ajadas y gruesas del campesino no toman ese natural estado por la ausencia del compromiso.

El típico colombiano resulta ser entonces una plaga devastadora, vergüenza y repugnante para una sociedad que necesita educación, compromiso y responsabilidad. El típico colombiano da vergüenza, da lástima, preocupa,  pero es el que todo el mundo conoce y es el que la gran mayoría aprueba, tal vez porque hacen parte también. El típico colombiano nunca va a llegar a leer esto que usted está leyendo y el típico colombiano que lo lea va a asegurar que esto es pura y fisica mierda, porque no hay cosa que más moleste al típico colombiano que le digan la puta verdad. Y ellos tendrán la verdad.

 

Buena tarde.

 

Giovanni Acevedo

 

 

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