Óscar Iván Zuluaga, excandidato presidencial del uribismo en 2014 y director del Centro Democrático, habló en Palabras Mass y Radio Amiga Internacional sobre el escenario político que se presentarán en las próximas elecciones en Alcaldías y Gobernaciones a nivel nacional

" Cuando un estado legitimo tiene una amenza real como las Farc, hay que trabajar  en mecanismos para avanzar con una paz negociada, pero sentarse con el terrorismo sin condición alguna es un error" Óscar Iván Zuluaga

Twitter. @PalabrasMass

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Lunes, 06 Octubre 2014 22:04

Unas Niñas Inolvidables

 

El pasado 28 de septiembre, la Selección Colombia de fútbol femenina de mayores se coronó subcampeona de la Copa América que se disputó en Ecuador. Luego de casi dos meses de competencia en donde enfrentaron a lo mejor del fútbol suramericano de su categoría, las "niñas" le cumplieron al país con creces y trazaron un camino que vale la pena recordar: invictas en 7 partidos jugados, vulneraron los arcos rivales 12 veces y solo permitieron dos tantos en contra, lograron 17 de 21 puntos posibles y consiguieron clasificarse a todos los torneos que estaban en juego en el campeonato. Llegaron con opción de llevarse el título al último partido del campeonato que fue contra la poderosa selección de Brasil; ganadora de 5 de los 6 campeonatos disputados hasta ese momento. No obstante, las cafeteras fueron un "hueso duro de roer" y no permitieron que las brasileras, que venían de golear 6-0 a Argentina, desplegaran su juego demoledor y sellaron con un apretado 0-0 el subcampeonato y de paso aseguraron su presencia en la Copa Mundial Femenina de la FIFA Canadá 2015, en los Juegos Olímpicos Rio 2016 y en los Juegos Panamericanos Toronto 2015.

Sin lugar a dudas la presentación de la Selección nacional fue más que decorosa y un éxito rotundo desde todo punto de vista. Pero más allá de los triunfos deportivos, esta selección mostró algo especial durante todo el torneo y es lo que quiero resaltar en esta ocasión. Al terminar el primer partido del cuadrangular final y luego de empatar 0-0 con Argentina, las niñas colombianas mostraron serios signos de decepción y tristeza; la periodista que hacía el cubrimiento para un canal de televisión les trataba de animar diciéndoles que era un buen resultado pero la repuesta de todas fue la misma: "salimos a la cancha siempre a ganar, en nuestro vocabulario no existe perder ni empatar".  No puedo negar que en principio me pareció algo pretensioso y por supuesto salido de los lineamientos que el fútbol ha creado a lo largo de la historia, después de todo es común escuchar cosas como: "cuándo no se puede ganar es mejor no perder" o "perder es ganar un poco".

Sin embargo me llamó mucho la atención la actitud ganadora de este equipo que no se consolaba con una buena presentación o un empate y empecé a darme cuenta de algunos detalles que diferenciaban a este grupo de guerreras de otros grupos y que posiblemente nos pueda servir de ejemplo a seguir. Estas niñas no tienen miedo de salir a jugar, no miran la camiseta ni el escudo del rival; no les importa si se enfrentan al mejor o al peor del grupo, si vienen de golear o si son las campeonas actuales. No tienen la mala costumbre de mirar al que está al otro lado de la cancha para tomar precauciones, para cambiar su manera de jugar, para arriesgar menos y asegurar más. Por estas restricciones es que el fútbol es cada vez más aburrido; este fútbol moderno "resultadista" en donde se ponen menos jugadores de talento para poner más jugadores que corten avances; en donde el ¨anti fútbol¨ (defender con 8 y buscar en un contragolpe o una pelota quieta un gol para luego volver a meter todo el equipo atrás y dedicarse a perder tiempo y a rechazar sin elegancia todas las jugadas de ataque rival),  parece coger más fuerza y más aceptación cada vez.  Estas niñas todavía no están afectadas por la comercialización total del fútbol moderno, en donde es más importante la chequera de los patrocinadores que el buen juego;  ojalá nunca lo estén.

En el camerino antes del partido definitivo contra Brasil, las niñas colombianas se levantan el ánimo cantando y bailando; todas participan de este ejercicio que las integra, les da confianza y alegría. Ya cambiadas y listas para salir, entonan el Himno Nacional, de la manera que creo se debería hacer cuando de defender los colores de una nación se trata: abrasadas, arrodilladas, con los ojos cerrados y algunas con lágrimas rodando por sus mejillas. Y ya dentro del campo lo que conocemos: guerreras vestidas de amarillo, peleando con el alma cada balón, señoritas con overol yendo al piso para cortar una jugada de ataque, o levantándose para despejar de cabeza y en muchas ocasiones, protagonizando jugadas preciosas de mucha habilidad dignas de jugadoras dotadas con talento natural y que además le ponen corazón y compromiso a lo que hacen.

Me pregunto si el fútbol era así en sus comienzos;  si a los jugadores les era suficiente el hecho de representar una bandera o unos colores y no tenían la necesidad de ser ¨superestrellas¨ adquiridas por cantidades alucinantes de dinero; si jugaban por pasión y no por compromisos comerciales con las marcas más poderosas; si acaso el camerino era un lugar sagrado en donde se preparaba cuerpo y alma para salir a la batalla, y no un spa con comodidades de celebridad lleno de espejos para arreglarse el peinado y mirar que el uniforme este perfectamente colocado, que es lo que tenemos hoy en día. Alguien dirá que lo de las niñas es inocencia y que no se puede comparar con el fútbol masculino; yo digo que es fútbol en estado puro y que deberíamos volver a esos inicios; que lo importante no sea la cantidad de ceros que tenga el contrato sino la satisfacción de jugar este precioso deporte. ¿En dónde están esos jugadores que nunca cruzaron el océano aún teniendo oportunidades en grandes equipos por el simple hecho de quedarse a defender los colores del equipo de sus amores?  ¿En donde están esos espectáculos de talento y buen fútbol en donde el resultado era un detalle no más y lo que predominaba era divertir y agradar al público con juego bonito y de calidad?. Cada vez hay menos jugadores habilidosos, por que regularmente son pequeños de estatura; hoy se buscan máquinas, jugadores corpulentos que hagan la diferencia en lo físico, pero que no ofrecen técnica ni habilidad; llevando a que el fútbol sea un juego de fuerza, aburrido y de poca estética. Los que saben lo llaman ¨fútbol táctico".

Lo cierto es que las guerreras de la selección Colombia nos dejan muy contentos con su fútbol y su pasión por la tricolor, pero a su vez nos hacen un llamado unánime: no nos olvidemos de ellas. Se vienen torneos muy importantes y difíciles a los cuales deben llegar muy bien preparadas. La federación debe encargarse de hacer convocatorias y programar partidos amistosos para que este grupo siga creciendo y consolidándose en su juego. Talento y ganas les sobran, pero necesitan el apoyo de todos los colombianos. Nuestra parte es seguir pendientes de ellas, apoyarlas y continuar agradeciéndoles por hacer grande y defender como lo hacen a nuestro país, en donde quiera que salen a jugar.

T. @10SUE10

 

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Sábado, 09 Agosto 2014 15:08

Reflexiones sobre la Paz de “JuanPa”

Bajo el anhelo de la Paz, en los últimos dos años hemos asumido los retos de los diálogos de la Habana en Cuba, los cuales han sido el bastión del presidente para evitar el fenómeno del "lame duck political" o "funcionario pato cojo" es decir, impedir la acostumbrada cuenta de cobro al final de su periodo. Pues Después de cuatro años mediocres con muchas reformas fallidas y paros gremiales, fue el discurso de la Paz el que le valió la reelección.

Se posesionó un gobierno endeudado. Le debe al pueblo Colombiano una Paz verdadera, fundamentada en el equilibrio y la estabilidad del país, no unos diálogos en Cuba acompañados de terrorismo en Colombia. Nos debe una efectiva reforma a la salud, a la justicia y a la educación, junto con la promesa de asignar un nuevo presupuesto para esta última, convirtiendo el Ministerio de Educación en su cartera con más recursos por encima de la seguridad y la defensa. Le debe a los dirigentes y líderes políticos costeños, y de izquierda, no sólo la presidencia del Senado, sino un par de carteras ministeriales y demás mermelada burocrática para compensar y agradecer todo el show mediático de Clara López con Musa Besaile, Kiko Gómez y lo más ruin de la clase política Colombiana, en aras de la "Paz".

Otro agravante para que La Paz se haya convertido en el sofisma perfecto para lograr la reelección -que ahora quiere prohibir, después de haberse reelegido- es, que creemos con el folclor que nos caracteriza, que la Paz se logra sólo con la firma de los acuerdos y que mientras en Cuba las cosas marchen bien, acá nos podemos educar con propuestas interesantes y llamativas pero poco procedentes, ya que si pretenden reducir el gasto en seguridad y defensa para invertirlo en educación, lo cual sería idóneo y muy loable en un país sin conflicto, se desconocen los retos del posconflicto y cuán costoso es, o qué pasará con la reinserción de los combatientes, la reparación de las víctimas y la restitución de las tierras, sumado a un presupuesto público inflexible que tienen en la Hacienda Pública Colombiana las Fuerzas Militares, situación que cobra sentido si se tiene en cuenta que posiblemente existe una transformación del conflicto, la probable aparición de sectores disidentes que se mantendrían en la insurgencia y la existencia del narcotráfico el cual seguiría vigente y en manos de actores aislados y sin "ideología".
Entonces, cómo pretende el Presidente que los Colombianos refrendemos en la urnas un proceso de Paz tan estropeado como el actual, donde los mayores enemigos de los diálogos son las FARC, y contrario a todo pronóstico, es en tiempos de “Paz” cuando más temor se siente.

En suma, se evidencia un cambio en el eje del discurso, pues ya no recarga todos sus desaciertos en la posibilidad de tener Paz en Colombia sino en la Educación, y una vez que redujo el presupuesto a Colciencias, el paso a seguir fue prometer inversión en educación para el próximo cuatrienio, es decir le quita recursos a la investigación, la innovación y la tecnología, pero su apuesta es por una Colombia más educada. Pero en algo aún es consecuente Santos y es en continuar alejando su accionar de sus discursos y promesas. Dado que llevamos unos diálogos de Paz que van a cumplir dos años, después de proponer "un proceso de Paz de meses, no de años" y a la fecha, la apuesta es por la educación y el ambicioso presupuesto que se piensa asignar a este sector, pese a la reducción que sufrió Colciencias. Será ahora el sofisma de la educación el que le cubra su torpe proceder, ojalá nos cumpla.

T. @jorgescamargo

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Martes, 24 Junio 2014 09:41

Análisis Elecciones

 

El pasado Martes 17 de junio en Palabras Mass nos acompañaron, Diana Silva, Lorena Castañeda, Fernando Vega y Álvaro Forero para analizar los resultados electorales en segunda vuelta, donde quedó elegido para el segundo mandato el Presidente Juan Manuel Santos.

@DePacotilla: “La sociedad colombiana se polarizó frente a la posibilidad de avanzar en el camino de la paz, aunque el camino es bastante incierto”

@Lore_Castaneda: “Estas elecciones dejaron un sin sabor los colombianos le dieron una oportunidad al Presidente Santos, pero no vi unos Colombianos felices votando, tenemos una esperanza bastante reducida”

@dcarosilva: “Santos Logró que le creyeran su asunto paz vs guerra, porque en el balance de su primer gobierno y sus locomotoras, se raja”

@FernandoVeLu: “No fue una campaña rica en debate,   es un falso debate la Paz de Santos, cuáles son los gestos de paz de Santos, cuando habló en su discurso de aumento de Fuerzas Militares, militarización de la ciudades”

 

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Miércoles, 18 Junio 2014 22:09

Para hacer la paz.

Esta resaca electoral no deja un panorama feo, pero fácil de comprender: el país está polarizado. Como lo había explicado en mi primera entrega, somos un electorado de hinchas y no de votantes[1], lo cual hace que nuestras prácticas democráticas dejen más sabor a circo que a algo sobrio. Se puede ver en las redes sociales cómo los derrotados en los pasados comicios siguen reticentes a la idea de haber perdido, aún cuando los jefes de sus toldas ya aceptaron la derrota.

Estamos en medio de dardos cruzados; digo estamos, porque somos muchos los que no sabemos qué hacer y a quién hay que apoyar; los que no sabemos si volvernos fanáticos de uno o de otro bando. Nos limitamos simplemente a observar cómo, paradójicamente, todos los que quieren la paz no la practican entre ellos mismos. Unos dicen: 

-Es que su candidato ganó, porque se fue con la izquierda castro-chavista del país, uniéndose a los mamerto-comunistas de esos grupos. Terroristas. La paz con los terroristas no es mi paz.        

Los otros no se quedan callados y responden enervados:

-Acá queremos es la paz, no queremos la godarria en el poder. Su argumento guerrerista no es válido.Pequeñoburgués, guerrerista, parami…

… y así se la pasan mis paisanos, en este rifi-rafe desde la oficina, la clase o la casa.

Que esto pase no es nuevo. De hecho pasa todo el tiempo y ha pasado toda la vida con los colombianos. Por tanto, se hace aquí evidente uno de los grandes problemas que el colombiano promedio deja ver en sus prácticas cotidianas: siempre quiere tener la razón, no importa cómo ni por qué.

El colombiano odia que se le cuestione lo que dice, le causa un escozor inmenso. Quiere siempre tener la última palabra, por más errado que esté y así se haya dado cuenta de ello; quiere que se haga siempre lo que él diga y el que se niegue, automáticamente es su rival. Veo esto y me siento como en la época de las cruzadas, cuando los Cruzados se enfrentaban cruelmente contra los Sarracenos de Saladino (y ni siquiera, porque el monarca de los Sarracenos era venerable por respetar la vida de sus rivales, aun cuando ya los hubiese derrotado).

Por ganar la batalla de la opinión, se ha vuelto válido que se lancen acusaciones insulsas, llenas de falacias poco medidas, ofensivas a más no poder. Tal parece que se nos ha enseñado no sólo a pelear, sino a buscar sumir al rival en la peor de las ignominias y los desprestigios… y todo por tener la razón, por negarse a agachar la cabeza de cuando en cuando para llegar a un acuerdo.        

El Conflicto Armado y sus negociaciones en La Habana ya han mostrado avances y pre-acuerdos, al menos sobre el papel. Una de las mitades del país votó por esa alternativa, al tiempo que la otra reniega porque, a su modo de ver, “esa paz no es mi paz”. Yo pienso en la paz, como el concepto que ha definido el diccionario de la RAE, entre tantos: Sosiego y buena correspondencia de unas personas con otras, especialmente en las familias, en contraposición a las disensiones, riñas y pleitos.

En lugar de andar peleando por tener la razón y por saber cual es “la paz” que se quiere, opino que debemos declarar la paz que sí podemos dar: la paz de ceder el paso, la paz al medio ambiente no botando basura y guardando el papel en el bolsillo, la paz de no continuar una pelea, la paz de respetar el trabajo del otro. Y esto no es una cuestión de firmar acuerdos; es algo de sentido común que le hace falta, la mayoría de las veces, a los habitantes de este país.

Para hacer la paz indudablemente hay que ceder y ceder sirve, muchas veces, para hacer la vida un poco más soportable.

Epitafio:

Yace el cadáver del libre albedrío colombiano; en su persecución desmedida, prefirió suicidarse cuando supo que no habían más opciones, aparte del sida o el cáncer.

 

T. @ElSepulturero_

 


[1] Lea aquí por qué http://www.palabrassociales.org/index.php/item/372-ya-va-a-empezar-el-mundial-y-aun-no-tengo-el-album#.U6AtgT15OSo

 

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Viernes, 30 Mayo 2014 09:21

Un mejor país

A veces, después del almuerzo, me pongo a caminar por las criptas del cementerio para leer cosas. Los epitafios resultan buenos textos, cargados de una emoción y un sentido que los hace únicos. El desvencijado “Aquí terminan las vanidades del mundo” de la entrada me saluda todos los días; pienso en las tantas cosas que habrán dejado los que ahora son mis inquilinos. Me topo con muertos de todos los estratos; desde presidentes de la república hasta los más humildes desconocidos. Todos aquí, durmiendo bajo la misma loza, con la misma almohada, con el mismo frío.

Leo y pienso en lo mucho que nos llevan de ventaja quienes ya no respiran; ellos no tienen sobre sus hombros el peso de hacer realidad sus sueños. Ya no tienen posibilidad real de hacerlo y, por tanto, ya no son responsables de nada. Ya no son, punto.

No hay muertos; quedan los vivos. Quedamos nosotros, los vivos. Pero sabemos claramente para qué hacernos los vivos: para la trampa, la corruptela, la colada en la fila… Pero también nos hacemos los muertos, así como los perritos que sacan a hacer pipí en el pradito del parque. Cuando hay promoción de medias, regalada de lechona, chocolate gratis, ahí estamos vivos, muy vivos; nos pellizcamos hasta para goterear tinto en un velorio (díganmelo a mí, que me gano el pan entre cajón y cajón). Nos acomodamos a lo que sea para sacar provecho. Pero también nos parece cómodo hacernos los muertos para no hacer lo que nos toca; si nosotros, como colombianos, somos capaces hasta de hacerle el quite a nuestra mamá para no lavar la loza ¿qué nos puede hacer pensar que podemos con una responsabilidad tan grande como la responsabilidad electoral? Ad portas de una segunda vuelta para elegir presidente veo gente que le hace el quite a su responsabilidad, a algo que literalmente está en manos de todos.

Nunca he podido comprender cómo hemos sido tan capaces, históricamente, de pasar de largo nuestras responsabilidades ciudadanas. Viendo las mismas tumbas pienso que tal vez muchos estarían dispuestos a volver a acabar lo que dejaron empezado (algunos quizás ya votaron, uno nunca sabe con tanto difunto que resucita por estas fechas).

No hay una cultura del voto; no solemos asumirnos como ciudadanos, salvo para pedir insulsamente a un estado flaco que ya no da más. Nos hacemos los muertos, mientras los vivos, los más vivos, saben usar hasta el horno crematorio.

Un mejor país no se hace haciéndonos los de la vista gorda; siempre había pensado que necesitábamos un mejor país. Hoy me doy cuenta de lo equivocado que estoy; el país está bien. Lo que necesitamos es mejor gente y, si no, al menos gente que no se haga la muerta cuando la llaman a tomar decisiones.

Epitafio:

Reposan los restos de la Z del zorro.
Fue hallada raptada, coloreada y cruelmente lapidada en el logo de la campaña de alguien que tiene más de vampiro que de zorro.

 

@ElSepulturero_

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Sábado, 10 Mayo 2014 11:35

Menos ferias, más libros

 

Hace mucho tiempo que no voy a una Feria del Libro. No recuerdo ya cuándo fue la última vez. Cuando era más joven y más entusiasta, asistía sin falta a esa cita anual que se realiza acá en mi ciudad. Ir a una que otra conferencia, buscar autores, uno que otro autógrafo. No me parecía un plan tan malo. Además, en cada feria del libro hay demostraciones culturales y lúdicas, que varían con el país invitado de honor; sigue siendo una buena opción de ocio. Pero algo no estaba bien y por eso dejé de asistir a aquel evento.

Algo andaba mal y aun hoy en día se hace evidente: en cada feria del libro se reúnen muchas personas, pero no sabemos para qué. ¿Realmente vamos por la cultura que nos exponen? O ¿acaso vamos porque el colegio no tuvo otra mejor idea para dejar de hacer clase y nos metieron en un bus para ir a un día de ocio, pero de estudios nada? O quizás ¿vamos por el mero placer chauvinista de presumir de cultos, mientras sabemos plenamente que somos un país que lee muy poco? La última pregunta es la que más me martilla la conciencia. Durante dos semanas hacemos alarde de ser los lectores más voraces, los más cultos, los educados por excelencia; pero por dentro no podemos comernos esa patraña.

Los colombianos amamos lo fácil y leer no es algo tan sencillo, ni mucho menos algo que se aprenda de la noche a la mañana. Gran parte de ese público que asiste a la Feria del Libro no va sino con ánimo de presumir una cultura de la que se carece. Aparte de eso, es un gran centro comercial itinerante de libros, caros y, en ocasiones, impagables. Bien lo decía alguien por ahí, con toda razón, quien afirmaba que un libro que cueste el 10% del salario mínimo de un país como el nuestro no puede estar en una feria. En Colombia los libros son costosísimos, otra excusa que se suma a las demás para no tomar el hábito lector.

Aclaro que no tengo nada en contra del evento, ni de Corferias, ni de los organizadores. Es más, hay cosas que se pueden resaltar dentro de las programaciones que emiten. Pero creo que con estos eventos no se logra nada más allá que la reunión de gente desorientada, muchos esnobs, de esos  que creen que con comprar cinco libros ya son eruditos, y algunos miembros de una élite intelectual que sigue exponiendo ideas caducas. En un par de semanas al año llenamos los pabellones de Corferias para “llenarnos de cultura”, mientras que el resto del año las bibliotecas públicas no son los lugares más concurridos, ni siquiera por los estudiantes que van allá a buscar un conocimiento meramente enciclopédico.

No se está logrando el impacto que necesita un público famélico de cultura; pedagógicamente no hay mucho y no se está persuadiendo a la gente para que lea, como sí para que compre. Y es aun posible que los mismos que compren libros por montón, los arrumen en el último rincón para no ser abiertos por nadie.

La sola idea de tener una biblioteca privada es contradictoria y siempre me ha parecido absurda. Los libros siempre deben estar abiertos para todos; pero los libros solos no hacen magia; necesitamos que la gente se acerque a leer, promoción de lectura, lúdicas, etc. Ahí es en donde nunca vemos aparecer a los gobiernos, promoviendo la lectura. No quiero decir con esto que la Feria del Libro tenga la culpa de estos males que nos aquejan; simplemente quiero decir que hacer una Feria del Libro aquí es como hacer un festival de diversidad sexual en un país islámico o una celebración de la honestidad en el Congreso de la República. No podemos celebrar sobre algo que no abunda, cultura, hábito lector, generación de ideas, interpretaciones, etc.

Aplaudo ideas como Libro al viento, para que la gente lea y entregue los libros  a otro ciudadano; en este caso hay que vencer el facilismo que nos caracteriza y colaborar para que todos nos acerquemos a la cultura escrita, que es mucha,  la que no alcanza una vida entera para leer.

Sigo soñando con una ciudad en la que los libros no falten, en donde se sigan contando historias, en donde se lea algo más que las frías páginas de los avisos clasificados o el obituario de un periódico. Que haya una Feria del Libro no está mal; pero lo ideal es que haya más libros y, sobre todo, más público en las bibliotecas 

Epitafio:

Aquí descansa la confianza de los colombianos:
Azotada y martirizada, dejó de ver la luz, una mañana en que las encuestas electorales y la cursi propaganda política hicieron de la conciencia del votante un cadalso farandulero.

 

 

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Los fanáticos tumban las estanterías de los almacenes de cadena cuando llegan los Mundiales de Fútbol. Religiosamente, cada cuatro años, aguardan con sigilo y con paciencia la llegada del álbum, ese compendio de imágenes a las que idolatran casi como a dioses.

Los anuncian y los publicitan con meses de anticipación, al tiempo que van  comprando las láminas que pronto van a pegar en cada recuadro. El ritual es impecable: quitar el papel que recubre la película adhesiva, ubicar en limpia exactitud el caramelo dentro del recuadro, cuidar que no quede torcido o con espacios. Sólo hay una oportunidad para poner el caramelo dentro del recuadro, porque si queda mal puesto hay que despegarlo y el caramelo, posiblemente, se echará a perder. Los que hemos llenado álbumes alguna vez, sabemos que existen caramelos muy difíciles de conseguir y dañar uno significaría no completar la colección, probablemente jamás. Es un asunto de cuidado.

Curiosamente, aquí en Colombia, cada cuatro años llega otro álbum, con otras imágenes tal vez menos entusiastas. Quizás por eso es que no se ven tumultos por adquirirlo y mucho menos entusiasmo por llenarlo. No se ven las figuritas heroicas y apolíneas de los atletas, sino algunas caras menos saludables y con menor jovialidad.

Anunciados desde largas semanas atrás en los medios, también atiborran los espacios públicos. Sin embargo, a diferencia del álbum del Mundial, este solamente se puede llenar en un solo día, un día específico que la Registraduría Nacional tiene a bien cuadrar a su antojo. Algunos se llenan, pero la gran mayoría se queda sin estrenar y van a parar rotos, antes de caer la tarde, a una ignominiosa bolsa negra.

Cruel destino ¿no? El ritual es similar al primero: se entrega la cédula a un emisario, que quizás sonríe; otro emisario entrega el álbum, de una página y con ocho o nueve recuadros; se camina hacia un lugar privado en donde cuidadosamente se tomará un marcador o un esfero para marcar uno de los recuadros, el de nuestro ídolo, mesías, personaje del que somos hinchas… llamémosle como mejor nos parezca. No se puede marcar más de un ídolo, eso es traición según los más puristas . No faltan los entusiastas que marcan todos los recuadros; tampoco falta el indeciso que no sabe cómo llenarlo o a quién darle el favor de su cruz, la santa cruz electoral.

Al igual que el otro álbum, hay sólo una oportunidad para llenarlo y el hacerlo mal implica que la colección no se complete. Es, también, un asunto de cuidado.

En el mundial de fútbol, como en las elecciones, el ambiente es sabroso. Se habla de estadísticas, de jugadores que pueden meter más goles, de cuál de estos personajes es el más volador (o el más avión), de cómo se valen las jugadas ilícitas o en fuera de lugar. Es una forma divertida de perder el tiempo; uno, que es de lavar y planchar, se queda pegado al televisor viendo lo que pasa y lo que está en juego. Salen suplementos de noticias que muestran a los hinchas de uno u otro bando dándose en la jeta y matándose por los resultados, lo cual no es del todo malo para mí, pues al otro día hay trabajo y toca ganar la papita.

El reguero que queda después de cada partido es el mismo, y ahí hay trabajo para mis amigos los barrenderos. Después de que uno de los contendores gana, el otro alega por acto reflejo. No importa quién gane; malos perdedores va a haber siempre y se rehusaran a aceptar la derrota. Esa es la fiebre precisamente: ganar.

A los hinchas les importa poco el como gana su equipo o su jugador; con que gane, así sea por debajo de la mesa (o de la urna), el hincha va a celebrar y va a restregarle “su” victoria en la cara a sus acérrimos rivales. La borrachera del triunfo dura días, tal vez semanas. Los perdedores se lamentan porque pasarán otros cuatro años para poder sacarse la espinita. Y no hablemos de los periodistas o las gentes de bien que salen en televisión a ayudar a rociarle gasolina a la candela.

Vemos entonces que una cosa no difiere de la otra. Nos tomamos lo político a lo futbolero, y somos un electorado que no es de votantes sino de hinchas. Las diferencias parecen ser irreconciliables y casi se vuelve traición tener un amigo que no sea del bando que uno defiende, apoya o del cual uno es seguidor. Fregado vivir así.

Claro está que los futboleros al menos tienen un poquito de ética que los electoreros no tienen: ellos al menos no vienen hasta aquí, al cementerio, a joderle la vida a mis muerticos, dizque para que vayan a votar. Seguiré  esperando el álbum.

Epitafio: Yace aquí el sentido común de los bogotanos: Colapsado por el afán matutino vivió, para morir como mártir una cruel mañana, en la que mandaron a las damas a un vagón y a los que no lo son al vagón de atrás. R.I.P

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Este domingo 9 de marzo se llevaran a cabo en el país las elecciones parlamentarias, que definirán la composición tanto del senado de la república como de la cámara de representantes, escenario de importante análisis en la actual coyuntura donde la democracia ha sido un eje nodal en las últimas manifestaciones, el proceso de paz con los grupos insurgentes, entre otras dinámicas que se viven en Colombia.

Es importante empezar reconociendo la existencia de candidaturas alternativas, que se enmarcan en proyectos diferentes de país, particularmente asistiré este domingo a mi correspondiente lugar de votación, pero no siendo esto un objetivo principal de este escrito, me abstendré de decir por quienes o que será mi elección, me resguardare en el supuesto de “el voto es secreto” y abriré la discusión frente al sistema electoral en Colombia.

La situación de antidemocracia en Colombia es un debate que no pasa solo por la cuestión electoral, pero que ineludiblemente hay que tocar, sobre todo en un país donde predomina la abstención electoral y el ejercicio del voto está lleno de anomalías y altercados que parten de desbarajustes institucionales, casos de corrupción, mafias, clientelas, y toda una serie de problemáticas que pueden ser más extensas que “El lobo de Wall Street”.

Se hace necesario avanzar en una verdadera independencia del poder electoral, mejor conocido en Colombia como el Consejo Nacional Electoral, ya que cuestiones como su forma de elección, hacen que sean los partidos los que sean “juez y parte” sobre ellos mismos, sin garantías a las minorías y a la oposición política, esta independencia del órgano se debe lograr con todas las fuerzas vivas del país.

Hace mucho tiempo que no hay una modernización técnica e institucional sobre la Registraduria Nacional de Estado Civil, el Censo electoral y el Consejo Nacional Electoral, modernización necesario para superar algunos vicios fraudulentos que ocurren sobre todo en zonas recónditas del país, y que hace más fácil a las grandes mafias y clientelas apoderarse del poder asegurando votos de manera corrupta, algo tan básico como la implementación del voto electrónico ayudaría un poco a cumplir esta meta.

Son necesarios que en los procesos electorales que se desarrollen en el país, tanto en el marco del actual proceso de paz como en un posible escenario de posconflicto se hagan con veedurías internacionales de procesos alternativos como la CELAC o UNASUR, que también contribuyan a que el fraude sea más difícil.

Para la igualdad de condiciones a la hora de desarrollar el ejercicio político, se debe prohibir la financiación privada de las campañas, esto debe correr por cuenta del estado mediante su órgano autónomo e independiente que represente el poder electoral, también hay que cuestionar la existencia del umbral siendo esto un impedimento para que las minorías participen en las dinámicas electorales.

Es importante participar este fin de semana del proceso, pero es más importante aún cuestionar el régimen electoral actual, que favorece a las elites y excluye a los sectores históricamente marginados, Colombia necesita una transformación de su régimen político, mediante un nuevo pacto social que destruya la antidemocracia promovida por la actual carta política, y promueva la reconciliación nacional, el poder constituyente debe poner en sus mismas condiciones al poder constituido ilegitimo mediante la diversidad política frente al reto de la culminación del conflicto colombiano.

@CristhianUN

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Miércoles, 05 Marzo 2014 22:29

¿Un congreso para la Paz?

El ambiente que se ha generado previo a las elecciones de este domingo nueve de marzo parece indicar que la composición que tendrá el Congreso de la República electo para los próximos cuatro años, poco y nada tendrá de novedoso. El panorama político parece con las cartas tendidas sobre la mesa y, salvo extrañas sorpresas, el santismo a través del Partido de la U y el Liberal tendrá una cómoda mayoría, de casi un tercio del Congreso, que le permitirá mantener la gobernabilidad que necesita.

La “oposición” de la ultraderecha en cabeza de Álvaro Uribe Vélez no lo tiene tan fácil. Con sus “cuadros” prófugos de la justicia, cuando no sometidos a ella, el uribismo recurre como relleno de sus listas a analistas y personas vinculadas a los medios de comunicación, así como alguno que otro gamonal local. Cierto sí es que la campaña presidencial que hizo Uribe para el Congreso, no le va a alcanzar para tener las mayorías a las que le apunta, pues gran parte de sus viejos amigos en la U, el Conservador y hasta Cambio Radical, siguen comiendo la pega de la mermelada.

El Partido Conservador, con una apuesta astuta a la presidencia, en donde se logró conciliar entre santistas y uribistas con una opción que posa de independiente (aunque más uribista no podría ser), pero que representa las banderas del Partido que hace cuatro años llevaba en la misma vía Noemí Sanín, busca al menos mantener sus 22 senadores, aunque el fortalecimiento del Partido Liberal y “la U” a través de Santos, posiblemente disminuyan su caudal electoral.

Los demás partidos de la Unidad Nacional, probablemente se mantengan sin novedades también, como Cambio Radical y Opción Ciudadana (otrora PIN), que entre los dos pueden volver a sumar entre once y doce senadores.

Las cuentas empiezan, de ahí para abajo a complicarse. En medio del más recientemente show mediático, es factible que MIRA reduzca su votación y pase al ras el umbral, lo que le permitiría meter apenas dos senadores. Lo interesante a analizar estará dentro de las alternativas, puesto aunque el Partido Verde oficialmente hace parte de la Unidad Nacional, la reconfiguración del panorama electoral de los sectores alternativos de la política colombiana ha logrado colar varios matices entre los verdes. No obstante, muchos de ellos, restándole al Polo, al menos nominalmente.

De los actuales senadores del Polo Democrático, tan sólo Robledo y Alexander López podrían aspirar de nuevo a una curul por este partido. Iván Moreno, Avellaneda, Camilo Romero, Gloria Ramírez y otros están apoyando candidaturas de la Alianza Verde, salvo el primero quien se vio envuelto en el escándalo de la alcaldía de su hermano en Bogotá. Todo ello puede complicar los cálculos electorales del Polo, en donde sin embargo se han perfilado candidaturas fuertes como la del representante a la Cámara Iván Cepeda y la del dirigente social y agrario Alberto Castilla, entre otros.

En la Alianza Verde hay cosas interesantes. Están por una parte los Progresistas que ya se mencionaban y otros verdes “puros” del antiguo Partido Verde, en el que converge la gente de Peñalosa, de Mockus y de Lucho Garzón, entre algunos otros. Lo interesante allí está en la vinculación también de la Unión Patriótica por medio del gran Carlos Lozano, un defensor de la comunicación pública y luchador incansable por la paz, quien busca en la Alianza Verde llegar al Senado posicionando una idea de paz quizá disonante en la colcha de retazos verde. Entre estos y el Polo pueden sacar seis o siete senadores que, seguramente, sacarán a la Alianza Verde de la Unidad Nacional y podrán consolidar un escenario interesante de oposición parlamentaria.

El reto de todos estos, sin embargo, no está en la supervivencia electoral. Las prácticas clientelistas y politiqueras del juego electoral colombiano no permiten realizar apuestas más ambiciosas para las alternativas. Por ello, no cabe ningún análisis sobre las posibilidades en Cámara de Representantes, escenario aún más restringido al voto de opinión y más ligado a gamonales y terratenientes locales. La reaparición formal (porque nunca despareció) del paramilitarismo pone en evidencia los riesgos del ejercicio político en Colombia, lo cual debe guiar las apuestas de las fuerzas políticas en su conjunto hacia la recomposición de la política nacional en su conjunto.

El Congreso electo el 9 de marzo debe ser para la paz. Difícilmente, el parlamento de la mermelada santista y la motosierra uribista logre serlo. Por ello, es la capacidad de sumar en la construcción de una idea profunda de paz y solución política que confronte la arremetida neoliberal y guerrerista q           ue pueda emerger del “nuevo” Congreso de la República, será crucial para construir, desde el fortalecimiento de la lucha social nuevos referentes unitarios que permitan derrotar la politiquería y el clientelismo y resignificar el ejercicio de la política en Colombia.  

T.  @FernandoVeLu

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