Elementos filtrados por fecha: Febrero 2017
Martes, 28 Marzo 2017 10:48

Liderazgo Regional

Por: Juan Carlos Fernández

¿Habla bien de Colombia que la paz o la guerra siga marcando la agenda?

A un año de elecciones del Congreso y a 14 meses de elecciones presidenciales, la sociedad está cansada que se hable de paz o de guerra y se hace necesario comenzar a plantearnos cuáles deben ser los temas que marquen la nueva agenda nacional. Nací en el 89 y desde que tengo memoria, los presidentes se han elegido por defender una u otra bandera. Habla muy mal de nosotros como sociedad no avanzar en temas fundamentales como la economía, corrupción o el manejo de nuestra política exterior.

La agenda de los gobiernos, demuestra para donde va su gente y cuáles son los objetivos a corto, mediano y largo plazo que toda la nación debe luchar para alcanzar. Por ejemplo, a Estados Unidos le preocupa cómo seguir liderando el mundo. Para ello cuenta con una economía sólida, disuasión militar y un cuerpo diplomático como pocos en el sistema internacional. En la otra orilla, vemos a Venezuela, en donde la agenda depende o es definida por los problemas de escasez de alimentos, inflación, inseguridad y la violación de derechos humanos. La agenda en pocas palabras es la foto, el diagnóstico y el camino que los gobiernos toman para que su gente sea más o menos próspera.

El tema de mayor importancia para los colombianos es el trabajo. Y es lo que demandan los más vulnerables en este país. Sin duda alguna, están cansados que los gobernadores y alcaldes los distraigan con un mercado al mes, y tengan que sobrevivir con “ayudas técnicas” como le dice ahora el gobernador de Norte de Santander. En pocas palabras “pan pa´ hoy y hambre mañana”. Este departamento y sus municipios son un claro ejemplo de estas dinámicas que deben ser eliminadas y reemplazadas por proyectos que se ejecuten y generen empleo, asegurando una mejor calidad de vida a la gente.

La corrupción será también, uno de los temas obligados a debatir en las próximas elecciones en Colombia. De acuerdo al contralor general de la República, Edgardo Maya Villazón, el desangre de la corrupción puede llegar a $50 billones al año. La agenda Guerra-paz ha ocultado esta enfermedad que consume la confianza de los ciudadanos en sus instituciones. El problema es tan grande, que tanto privados como servidores públicos, son culpables del pésimo manejo del erario y deben responder por los daños que le han causado a la sociedad.

Ahora bien, la política exterior de nuestro país debe ser un tema fundamental para el próximo gobierno. Tenemos un vecindario complejo, hostil y las dinámicas en varias fronteras requieren de inmediata atención. La invasión al territorio nacional por parte de más de 70 militares venezolanos debe llamar la atención del gobierno nacional. Sólo después de 3 días, fueron obligados por el ejército nacional a abandonar nuestro territorio y a quitar la bandera venezolana que habían instalado en la finca de Edgar Camacho en el departamento de Arauca.

Después de estos hechos, debemos preguntarnos si la actitud del primer mandatario ha sido la ideal con respecto a las relaciones bilaterales con Venezuela. Mi abuela decía, quien entra una vez al patio sin pedir permiso y no se le dice nada, la próxima entrará a la cocina y a los cuartos. Se entiende que Maduro quiere distraer a la opinión pública para ocultar los innumerables problemas internos; sin embargo, existen límites y estos ya han sido cruzados. Es hora que Santos se desmarque y le haga la vida más difícil al dictador vecino.

Finalmente, Si no podemos disuadir a un vecino como Venezuela, a que no nos invada con sus campamentos y su bandera portable. ¿cómo esperamos llegar a liderar la agenda de la región en las próximas décadas? Será en campaña, en donde diferentes candidatos nos muestren sus propuestas, y el camino que debemos tomar para que antes del 2030, Colombia guíe a la región en el largo camino hacia la prosperidad económica y la consolidación de la democracia.

Twitter. @Fernandezjca

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Jueves, 23 Marzo 2017 10:39

¿Y el próximo presidente qué?

Por Sebastian Zapata.

A poco más de un año de las elecciones presidenciales, la sociedad colombiana comienza a presenciar diversas acciones y discursos de una diversidad de personajes de la vida pública que aspiran a manejar las riendas del país en el cuatrienio 2018-2022.

Y como suele ser normal en contextos preelectorales, hay precandidatos y posibles precandidatos para todos los gustos y espectros ideológicos. Por esto, no es extraño que cada uno de tales individuos que aspiran a ser la máxima autoridad de la nación, traiga consigo sus propios temarios y una fotografía de las necesidades y fortalezas de Colombia. En este orden de ideas, es palpable ver que algunos personajes quieren consolidar en la agenda prelectoral asuntos como la corrupción, la paz, la familia y las “buenas costumbres”, la infraestructura, por mencionar algunos.

Pero más allá de lo que cada uno de estos individuos le diga y les proponga a los colombianos, lo importante es pensarse qué clase de Colombia es la que verdaderamente necesitamos para los años venideros, qué tipo de presidente demandamos y qué papel debemos tener nosotros como sociedad en todo este proceso socio-político.

Si algo es claro, es que estamos en un punto de inflexión como Estado-nación, que deja entrever unos cambios estructurales y coyunturales fruto del desgaste institucional, social, económico y ambiental del país. Por lo mismo, el próximo mandatario deberá asumir un sinnúmero de retos importantes porque es más que seguro que no se podrá pasar otros 4 años con una agenda monotemática como sucede actualmente con el tema de paz.

Será fundamental entonces que la o el próximo presidente esté en la capacidad de asumir algunos “macroretos”, como seguir consolidando la invaluable oportunidad de poder acabar con nuestro conflicto armado interno - dicho sea de paso nos ubicamos en plena fase de implementación de lo acordado con las FARC y dialogando con el ELN-; optar por modernizar nuestro modelo económico para que el mismo sea más diverso y menos homogéneo; llevar a cabo los suficientes arreglos institucionales para tener un Estado eficiente, abierto y más transparente -para esto una de las estrategias es formular una reforma política de impacto, pero no de la manera interesada y apresurada como se está planteando en estos momentos-; igualmente, el próximo mandatario deberá tener la misión de apostar por un desarrollo verde y sustentable que garantice el bienestar de las nuevas generaciones.

Enmarcados en este contexto, se hace más que evidente que Colombia necesita un o una mandataria que sea capaz de darle un verdadero revolcón al devenir del país, que tenga la experiencia suficiente para timonear un Estado con múltiples flagelos, un verdadero gestor y ejecutor, un planeador por excelencia, un individuo que se caracterice por ser un hacedor de políticas, alguien que tenga mapeado nuestros 32 departamentos en su cabeza y que sea lo suficiente dialógico y estratega para llevar a los múltiples sectores sociales, políticos y económicos del país a puntos en común sobre “lo fundamental”.

Es por ello que, desde ahora, las y los colombianos debemos ser críticos y lo más objetivos posibles en cuanto a la clase de presidente que vamos a elegir el próximo año. Por lo mismo, no podemos dejarnos llevar por los discursos pasionales, populistas, utópicos, revanchistas y politiqueros que algunos individuos van a ofrecernos durante los próximos meses.

En definitiva, la próxima persona que sea la máxima autoridad en el país va tener múltiples retos, pero a la vez varias ventanas de oportunidad para mejorar o empeorar las dinámicas nacionales, depende de nosotros escoger en las urnas al candidato que más nos beneficie y que tenga las suficientes cualidades de consolidar una Colombia mejor.

Twitter. @sebastianzc 

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