Domingo, 18 Agosto 2019

Por: Paola Bogotá

El 30 de Diciembre de 2004, Estefanía y su hermano Lautaro se enteran de que uno de sus grupos favoritos va realizar una presentación de despedida de final de año en la Republica de Cromañón, discoteca ubicada en el barrio porteño y  administrada por Omar Chabán, empresario argentino difusor del rock argentino para ese entonces. Lo que inició como una celebración de despedida terminó convirtiéndose en una de las tragedias más grandes de la Argentina.

“Lauta y yo nos fuimos caminando hasta el bar ya que vivíamos a cinco calles. Nos fuimos con una remera delgada, unos short y zapatillas. Ese día hacía un calor insoportable en la capital”

Al igual que estos jóvenes argentinos otros cientos tienen la misma idea;  terminar el año festejando al lado de su banda favorita.  Ese día el recital iba a estar a cargo de “Ojos locos” y la sensación del momento “Callejeros”

“Ese día llegamos al recital sobre el tiempo. No tuvimos que hacer fila. Sin embargo cuando entramos ya estaba lleno. Decidimos ubicarnos en el segundo piso porque teníamos una mejor visión sobre el escenario.”

Una de las costumbres argentinas en los recitales de rock es que los aficionados enciendan bengalas para acompañar los recitales. En esta oportunidad la logística del lugar tenía orden de no permitir el ingreso de artefactos incendiarios en al lugar. 

Juan Ledezma, uno de los encargados de seguridad la noche del recital narra cómo tenían que requisar a los asistentes del lugar.

“Revisábamos la cintura, los brazos, las piernas. Se tocaba todo para asegurarnos de que no ingresaran pirotecnia. Sin embargo, muchos de ellos eran conocidos del administrador del lugar y nos lo revisamos al entrar”

Al lugar asisten alrededor de unos 3000 espectadores, entre ellos familiares y conocidos de la banda “Cajelleros” sin embargo, Republica de Cromañón tiene autorizado un ingreso de mil personas por espectáculo.   

Al sonar los primeros acordes la multitud empieza a enloquecer y con ellos las bengalas se empiezan a encender. Estefanía quién estaba ubicada en el segundo piso del lugar vio en momento justo en que el lugar se empieza a incendiar.

“Justo a los diez minutos yo vi un chico con la bengala que apuntaba al techo. Yo me tiraba hacia atrás para que no me quemara. Lo que recuerdo es que miraba para el techo y empezaron a caer pedazos negros y en un abrir y cerrar de ojos se cortó la luz. Todo estaba oscuro, en ese momento Lauta se me suelta de la mano y yo empecé a gritar, tocía y gritaba. Después, ya no podía respirar.

Un concierto de rock, más bengalas encendidas dieron como resultado 194 muertes y más de 1400 heridos. Así mismo, está tragedia deja al descubierto el mal estado del sistema hospitalario público de la capital.

El factor detonante que vislumbro el mal funcionamiento de los hospitales fue el tiempo de espera en la sala de emergencia por cada de uno de los heridos de la tragedia. Según los familiares de los afectados, en su portal www.quenoserepita.com.ar afirma que el tiempo de espera fue:

Cirugía Prioritaria De emergencia: en menos de 24 horas

(intervención durante De urgencia: en menos de 72 horas

internación) Preferente: en menos de 14 días

Cirugía Programada Prelación alta: en menos de 6 semanas

(intervención posterior Prelación media: en menos de 3 meses

al alta hospitalaria) Prelación baja: en menos de 9 meses

T. @PaoBogota

 

La música, el arte de las musas, la combinación lógica y sensible de sonidos y silencios en melodías, armonías y ritmos. La música pariente cercana de la poesía y la danza, de la razón y el deseo. La música como expresión humana y sus conexiones interminables e ilimitables con la voz, con el cuerpo, con la madera, con el viento… ¡La música! ¡Que difícil hablar de la música!

Evadiendo la responsabilidad de escoger un artista, un grupo, un escenario o un evento que bien pudieran dar cuenta de lo que es o encierra la música, hoy no critico y me dedico a pedir tres hurras por las músicas. Y digo las músicas porque son muchas las formas, las lógicas y las sensibilidades que organizan sonidos y silencios y hoy defiendo su derecho legítimo de existir y sonar. 

Como si los efectos propios de los procesos de modernización y expansión de capitalismo a nivel mundial no se hubieran agotado en la colonización y la dominación de los espacios de producción del poder y el saber, una mirada reflexiva a la música nos repite y confirma que la colonización también impactó profundamente al ser, a los sujetos y sus oídos, a sus cuerpos, sus sentires y sus bailares. Y como todos los procesos de colonización, estos impactos perduran como la cara oculta de nuestras modernidades a medio hacer.

A pesar de reflexiones y peleas que parecieran hoy superadas, aún sigue vigente ese contraste odioso entre música “culta” y músicas “incultas”. Ritmos, tonalidades y letras que en un lenguaje “políticamente correcto” suelen llamar músicas populares, folclóricas o tradicionales, se han instituido como músicas condenadas a una inferioridad jerarquizada a la luz de la raza/etnia y la clase social. Lamentablemente, es innegable/inimaginable la asociación de lo popular, lo folclórico y lo tradicional (sobre todo en América Latina) con lo indígena, lo afro, lo campesino, lo pobre, lo ordinario, lo bárbaro… En antaño, mientras que la música culta ocupaba los grandes teatros y plazas públicas, las otras músicas ocupaban espacios en la parcela, la chagra, el socavón, el río; con el pasar del tiempo unas son exclusivas para las grandes arenas públicas a elevados costos mientras que otras suenan por las cadenas radiales más sintonizadas, en los buses, en las calles (músicas de la cultura de masas) o se han sumado a la industria musical propia del multiculturalismo neoliberal como nuevas músicas folclóricas… 

Que vivan entonces Beethoven y Bach, Van Halen y Dio, Lavoe y Celia Cruz, pero también los cientos dedicados al Hip-Hop, al Ska y el Reguetón. Que vivan las marimbas del pacífico, las chacareras del cono sur y las sayas afroandinas, pero también las composiciones electrónicas, los pies que cantan zarzuelas y los vientos que soplan Tibet. ¡Que vivan las músicas y que las dejen sonar! En últimas, con que no se le haga daño real a nadie (objetivo que nunca ha sido propósito reconocido de las músicas, por lo menos de las mayorías), que cada quien baile por lo que quiera bailar, que cada quien cante por lo que quiera cantar. Yo he optado por quedarme con los motivos de Benedetti: “cantamos porque el grito no es bastante/ y no es bastante el llanto ni la bronca/ cantamos porque creemos en la gente/  y porque venceremos la derrota”. Seguiremos cantando.

T. @PaoBogota

 

A los fines de contribuir con datos fidedignos que funcionen como la base a partir de la cual se afirme que en Argentina hay presencia de niveles de discriminación y xenofobia, se puede hacer uso del “Mapa Nacional de la Discriminación 2013”, elaborado por el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), al cual se le atribuye la elaboración de una serie de estadísticas, que reflejan las percepciones y representaciones generales que tienen las personas sobre la discriminación. A su vez, se indaga a la población sobre situaciones de discriminación y xenofobia que hayan padecido, y se arrojan datos como indicadores en relación a ello.

A partir del trabajo mancomunado entre el INADI, y 27 universidades públicas nacionales, se elaboró un mapeo sobre la situación de discriminación en sus múltiples manifestaciones en la Argentina, de la cual se obtuvo un total de 14.800 casos recogidos de las 23 provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires; que integran en conjunto el territorio Nacional. Dicho estudio se elaboró a partir de un único instrumento (encuestas) y sus resultados obedecen a un 95 por ciento de confiabilidad; siendo éste el porcentaje acorde que se busca en las investigaciones sociales, como estimación de ajuste a la realidad.

Dicho esto, ¿cuáles son los indicadores más importantes que releva el estudio, y que pueden servir como material empírico para el presente análisis?

Según las fuentes consultadas, del total de las encuestas se esgrime que las personas consultadas perciben un alto nivel de discriminación en el país, y que dicha premisa se debe a la falta de educación por parte de quienes ejercen rechazos simbólicos en general, en cualquiera de sus manifestaciones; y en último término, a una cuestión moral del agresor. En tanto que los grupos de colectivos más discriminados, según releva el “Mapa Nacional”, son: las personas pobres y/o marginados, según manifiesta 85 de cada 100 encuestados; las personas con obesidad y/o sobrepeso (78 de cada 100) y en ultimo termino, las personas migrantes de países limítrofes (71 cada 100). En menor medida, le siguen las personas con VIH- Sida, discapacitados, afrodescendientes, pueblos originarios, y las mujeres. Por su parte, los grupos más negativizados son los gitanos, musulmanes y los chilenos.

En este sentido, el extenso trabajo del mapeo nacional, refleja que según los encuestados, a la hora de mencionar los ámbitos en los que mayor presencia de discriminación hay, se postulan los boliches bailables, la calle, las escuelas, la televisión y las comisarias; como los sitios en donde las personas perciben mucha o bastante discriminación.

Por su parte, frente al alto porcentaje de encuestados que perciben un alto grado de discriminación en el país, el 76 por ciento de la población encuestada, manifiesta que el Gobierno Nacional le debería dar una importancia a la discriminación como problema social. Entre tanto, se dedujo del relevamiento, que las campañas de información y difusión se postulan como un medio de concientización sobre esta problemática, seguido de la aplicación de sanciones y el dictado de nuevas leyes.

Ahora bien, de vuelta al eje central, entre los tres grupos que la población encuestada manifiesta que son los más discriminados, se menciona a las personas migrantes de países limítrofes, a raíz de los estereotipos y prejuicios que hacen que las personas rechacen y excluyan a determinadas poblaciones que no son oriundas del país en el que residen. En este sentido, según el dato que arroja el indicador, la nacionalidad es una de las principales causas de expresiones discriminatorias, en donde, según las estadísticas, en las regiones del NOA (noroeste argentino) y del NEA (noreste argentino), es donde se dan los mayores niveles de xenofobia.

En esta línea, a partir de la frase consultada “La Argentina solo debería ser para los/las argentinas y por eso deberían limitar el ingreso a inmigrantes”, el 32.6 por ciento de la media nacional acordó con dicha afirmación, mientras sus altos índices se dejan expresos en NEA (45.2 por ciento) y NOA (43.3 por ciento), lo cual concuerda con una mirada de hostilidad hacia los inmigrantes que son visto como una “amenaza” en el campo laboral, siendo estas dos regiones del territorio argentino, donde más inmigrantes se alojan.

No obstante, la región AMBA (Área Metropolitana de Buenos Aires) y dentro de ella la CABA (Ciudad Autónoma de Buenos Aires) refleja el mayor porcentaje de casos de discriminación por ser migrante, en donde a diferencia del resto del país, en donde este tipo de discriminación se posiciona en tercer lugar, es en CABA, en donde la nacionalidad se presume en primer orden. En este sentido, según las estadísticas, son los jóvenes de la Ciudad Autónoma, los que más han experimentado la preeminencia de discriminación por nacionalidad, en los ámbitos educativos, entradas en los boliches y los centros de salud y hospitales.

Por su parte, al desagregar el colectivo migrante, se observa en orden, que las personas de nacionalidad boliviana son el grupo más afectado, seguido de los peruanos, paraguayos y chilenos. Este imaginario xenófobo, que surgió a partir de la percepción de los encuestados como los grupos más afectados, se condice con las experiencias de inmigrantes consultados por este mismo proyecto, en donde un 40 por ciento manifiesta haber sido discriminado por su nacionalidad, nivel de pobreza y color de piel; en el trabajo, en ámbitos educativos, en la calle y en los medios de transporte públicos; siendo éste ultimo uno de los ámbitos en donde prevalecen hechos segregacionistas, a causa de la mirada excluyente que tílda al extranjero de “diferente”, atribuyéndosele connotaciones negativas y desvalorizantes.

En conclusión, el mapeo de discriminación y xenofobia en Argentina, refleja altos índices de percepción, sobre niveles y tipos de discriminación, los cuales se condicen por quienes han padecido o padecen situaciones discriminatorias y xenófobas en el territorio nacional. Es decir, “la percepción” se confirma.

En adelante, las conclusiones merecen una valoración subjetiva, propia e individual, de los resultados del “Mapa Nacional de Discriminación”; pero a priori, la intención de presentar algunas de los resultados en el presente texto.

T.@PaoBogota

"La Niñez Indigena Invisibilizada, Una Problemática Latinoamericana"

La ONU, ha promovido desde su oficina del “Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas (un organismo que proporciona asesoramiento a los diversos países del mundo), la discusión acerca de las problemáticas indígenas desde los mismos pueblos involucrados, en especial de niños y jóvenes pertenecientes a dichos grupos. Cada uno de estos foros procura establecer lineamientos que permitan generar estrategias adecuadas para el desarrollo de una vida digna de estas comunidades en sus respectivos territorios”. Desde esta perspectiva, y estando este mes dedicado a la niñez, surgen algunas inquietudes acerca de la viabilidad de dichas estrategias que se han ído construyendo a través del tiempo para la “integración” de estas comunidades, pero más aún, sobre las consecuencias de éstas en la actualidad.

La afanosa necesidad y preocupación de integración, se ha desatado bajo lógicas modernas, occidentales y capitalistas que han logrado establecer, para empezar, parámetros legales, con los cuáles se han eliminado o adaptado algunas costumbres en cada una de las culturas, ejemplo de ello puede ser las rituales (como el corte de clítoris a las mujeres, realizado por Embéras y Paéces de Colombia), o la acomodación por parte de las comunidades a la justicia ordinaria de cada nación, en cuanto a los castigos a crímenes cometidos por integrantes de sus propias comunidades, que al no ser aplicable la pena con rapidez, ha provocado que en represaría se acuda (en su mayor parte los jóvenes) a grupos al margen de la ley para que dictamine y ejerza el castigo (situación constante en México, Colombia, Perú y Bolivia).

En segundo lugar, se pasa por los modelos educativos, económicos, sociales, etc., desde los que se fomenta una trasformación profunda y a la vez involucra radicalmente la niñez y juventud de las comunidades, porque por un lado los centros educativos implican para el niño: alejarse de su familia durante largo tiempo durante el día y, que los conocimientos impartidos no sean fácilmente acomodables a su realidad cotidiana (teniendo en cuenta que el conocimiento indígena se basa en la experiencia y su aplicabilidad en la vida diaria), incluso, puede hablarse de la nulidad de metodologías alternativas, pues en muchos de estos centros la educación sigue siendo de tradición occidental, solo cambia los tipos de juguetes y herramientas con los que juegan los niños.

Desde el punto de vista económico y social no hay campo abierto para que estas comunidades desarrollen su economía sostenible a causa de los desplazamientos sufridos de su territorio, ya no hay posibilidad de producción y autoabastecimiento para muchas de ellas, viéndose en la obligación de entrar en la entramado global de la economía y así mismo en la perdida de su autonomía, que le permitía dedicar más tiempo a la familia en especial a la enseñanza de los niños y a los rituales de fortalecimiento espiritual y humano.  

Este camino, nos ha permitido llegar al cambio en las perspectivas de vida, totalmente ajenos a las costumbres y cosmovisiones de las comunidades. Es por esto que se puede decir que no se habla de una “integración” para la preservación de las costumbres en el universo actual, nuestras comunidades se están enfrentando a una transformación total de su visión de mundo, quedando relegadas a la simple acomodación dentro del sistema por intereses ajenos a ellas. Es decir la intención general de esta “integración”, resulta convertirse en una homogenización e invisibilización de la diferencia.

No quiere decir esto que las comunidades sean simples agentes dentro de un mundo en movimiento las cuáles no tienen acción propia, al contrario, puede evidenciarse su desencuentro, cuando en muchas de las comunidades en Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia decidieron extraer a sus niños de las escuelas, a los jóvenes de las universidades y de las ciudades porque sus tradiciones y el mundo occidental entraron en un conflicto profundo, generando una pérdida de las bases fundamentales que las cimientan, como la integridad del ser humano y su coexistencia con la naturaleza. Después de recuperar esta escencia y de atribuirle la importancia necesaria a ello, ya habría un propósito y un fundamento real, del por qué resulta necesario ir a estas instituciones, y en qué medida se beneficiarían de ello como comunidad.

T.@PaoBogota

Era un día como cualquier otro. Hacía frío y caían unas cuantas gotas de lluvia. Yo salía del colegio con mi amiga Ángela y nos dirigíamos a casa. Caminábamos lento y hablando acerca de las tareas para el día siguiente. Íbamos tranquilas cuando de pronto comenzó a llover mucho más fuerte, y como aún nos faltaba mucho para llegar, rápidamente buscamos refugio mientras ella buscaba su paraguas. Continuamos caminando y precisamente ese día se nos ocurrió irnos por un lugar por el cual nunca habíamos transitado que, por cierto, se encontraba muy solo.

De pronto, vi que un hombre muy extraño comenzó a hablarle a mi amiga. Le dijo algo, pero en ese momento no supe muy bien qué fue. Ella me miró muy asustada, pero yo no podía entender qué pasaba. De repente otro hombre con muy mal aspecto físico estaba junto a mí y nos apuntaba con un arma, dijo -¡páseme los anillos!-. Mi amiga y yo, muy asustadas, hicimos inmediatamente lo que pedían. Nos revisaron los bolsillos y el bolso, y cuando se dieron cuenta de que no teníamos más objetos de valor, dijeron -no le digan a nadie que nosotros sabemos en dónde viven-. Después de haber dicho esto, se fueron corriendo.

Ángela no pudo contenerse y lloró, ya que el anillo que le habían robado se lo habían regalado en sus quince años y, además de eso, era de oro. Yo trataba de consolarla mientras mis manos y piernas temblaban intensamente sin haber asimilado totalmente lo que había sucedido. Aún así continuamos nuestro camino, muy nerviosas claro, y desconfiando de todas las personas que en ese momento pasaban junto a nosotras.

Llegamos a nuestra casa salvo y nuestras familias se asustaron mucho al escuchar lo que había pasado, pero todavía nos faltaba algo por hacer: poner la denuncia, así que al día siguiente a primera hora nos dirigimos hacia la estación de policía, dimos nuestros datos, el lugar de los hechos y un retrato hablado de los dos hombres que nos habían robado. Allí nos dijeron que harían lo posible por atraparlos. Quedamos un poco preocupadas, pero ya no había nada que hacer.

Mi mamá respondió diciéndome que tenía un dolor fuertísimo en la pierna, que ya no podía caminar y por eso la llevaron de urgencias y decidieron dejarla hospitalizada.

 Ese día me angustié muchísimo y no hacía más que preguntar por ella cada vez que mi mamá llamaba desde el hospital. Tal era el mal que tenía mi prima en la pierna que decidieron trasladarla a un hospital más sofisticado que quedaba cerca a mi casa. La mamá de mi prima, Rubiela, tuvo que quedarse en mi casa y para mí era mejor porque podía saber todo lo que pasaba con mi primita en el hospital.

 La mamá de Carol me contó que lo que había pasado era que Carol estaba trabajando en una tienda de zapatos y que ella en su afán de alcanzar uno de la pared, que estaba muy alto, no se fijó que había una puntilla oxidada y terminó por chuzarse con ella en su pierna. Ella no hizo nada ese día y dejó que el dolor avanzara y sólo se tomaba unas pastillas que no le causaban mucha mejoría. Después de unos días, su pierna se tornó de un color morado y el dolor no le permitía caminar de manera normal.

 Al notar estas inconsistencias, una amiga de mi prima decidió llamar a los papás de ella y contarles todo lo que estaba sucediendo. Al enterarse de eso, Rubiela  se dirigió inmediatamente para el almacén donde mi prima laboraba y se la llevó enseguida para un hospital. Después de llegar al hospital, le dijeron a mi prima que tenía que quedarse allí porque debían hacerle unos exámenes para así poder diagnosticar qué era lo que le estaba afectando la pierna. Luego de un tiempo le dijeron a mi prima y a su mamá que Carol tenía una infección llamada tétano y que lastimosamente no existía cura alguna para esta porque ya estaba muy avanzada y para poder detenerla tendrían que amputar el órgano afectado.

 La noticia causó conmoción en mi familia. Todos nos sentíamos profundamente afectados porque era bastante cruel que ella, una chica tan joven y bonita, tuviera que pasar por una situación tan traumática, pero lo que aún nadie sabía era que faltaba algo más grave por descubrirse. La infección ya se había expandido por todo el cuerpo de mi Carol, de nada servía el amputarle su pierna porque ya tenía infectado su cuerpo.    

 En esos momentos me armé de esperanza y algo me decía que ella se iba a salvar y decidí invocar a Dios y esperar que Él nos hiciera el milagro. Recuerdo que un sábado llegó Rubiela a mi casa súper contenta porque los médicos habían notado una gran mejoría en la salud de Carol y que era muy probable que le dieran la salida del hospital el domingo. Todos felices esa noche dormimos tranquilos y el día siguiente mi mamá se fue para la iglesia con mi abuelita y Rubiela, mi hermano y yo nos quedamos dormidos. Muy temprano sonó el teléfono y yo me levanté casi dormida a contestar, cuando contesté preguntaron por Rubiela y yo pregunté ¿quién la necesita? y me dijeron que era de parte del hospital. Yo la desperté y le indiqué que debía tomar el teléfono porque la habían llamado. Ella, muy tranquila, tomó el teléfono y tuve que vivenciar la peor imagen que nunca hubiera querido ver...

 Fue bastante difícil ver a una mujer gritando ¡no, mi niña no! Verlaatacada llorando en el piso y yo sin poder hacer nada y preguntando ¿qué pasó? Lo peor es que era bastante obvio: mi prima, mi amiga, mi hermana había muerto y con ella todas las ilusiones que muchos teníamos. No entendíamos por qué el día anterior nos habían dicho que estaba mejorando. ¿Qué había pasado? Nadie lo sabía.

 Mi hermano se fue para la iglesia a avisarle a mi mamá y a mi abuelita, quienes llegaron en seguida y se encargaron de todo lo referente al sepelio. Hasta ese instante mi corazón estaba profundamente dolido, pero no había manera de llorar para deshacer ese nudo que tenía en el pecho y que me hacia sufrir más. A la hora de cremar su cuerpo se escuchaban muchos gritos de dolor que me afectaron aún más, todos estábamos muy mal y hubo algo que hizo que me impactara mucho y fue el hecho de verla después de muerta y notar cómo habían desfigurado su rostro y su cuerpo todos los medicamentos que no evitaron que se fuera de esta tierra, de esta familia, de mi vida… 

Esta historia comienza la noche del 7 de diciembre del año 2003. Desde esa noche comprendí que una persona se debe valorar mientras está presente y no cuando se va para siempre, aunque lastimosamente su ausencia es la que nos hace notar su importancia en nuestras vidas.   

 Esa noche era luminosa y particularmente muy bonita. La gente corría, jugaba, cantaba, prendía velitas y hacía de esa noche una noche diferente, llena de alegría y de paz. Todas las personas se volcaban a las calles a festejar y a disfrutar. Mientras tanto, yo estaba en mi casa, de luto me vestía y no había fiesta que me motivara ni juego que me alegrara; al contrario, yo tenía un dolor que embargaba mi corazón y una soledad evidente en mi casa y, más que todo, en mi cuarto, un vacío que ni el peluche más grande ni el helado más gigante me podía llenar. A pesar de estar triste y sentirme sola, mi familia me acompañaba, pero yo me encerraba en mi propio dolor e ignoraba el que estaba presente en ellos. Yo quería llorar y desahogarme de todos los sentimientos que me embargaban, pero no podía; al contrario, la amargura se había apoderado de mí y nada iba hacer que saliera fácilmente.

 Mi vida continuó y seguí mi rumbo, pero cada vez que amanecía sentía un vacío que era inevitable. Ya no estaba quien se mantenía verdaderamente pendiente de mí. Realmente me faltaba alguien, no mi empleada, sino quién me recordara que a alguien le importaba más que por una nota o por un permiso.

 Sentía un gran desespero por todos los errores que cometía por causa de su ausencia, que más que una ausencia por una necesidad material era una ausencia espiritual. Sentía que me faltaba ese alguien que todas las noches escuchaba mis larguísimas confesiones y me acompañaba en mi obsesión por jugar stop o cuadrito. Realmente era la única que jugaba conmigo y lo disfrutaba.

Ese vacío tenía nombre propio, Carol Sáenz, mi prima. Ella era más que una prima, una hermana o una amiga, ella era simplemente mi otro yo. Sabía todo de mí, qué ropa me gustaba, qué comía, qué no; sabía mis profundos miedos y conocía la forma como yo iba actuar. Es que ella en verdad era mi hermanita, parecía que hubiéramos crecido muy juntas. Y hoy, es para mí muy difícil volver a estar sola y saber que una persona como ella jamás encontraré.

 Fue bastante particular la manera como ella llegó a mí vida a pesar de conocerla por ser primas. Todo ocurrió una noche en la que ella llegó muy tarde a mi casa. Mi mamá la guió hasta mi cuarto e hizo que ella se acostará al lado mío sin que yo lo notara. Al día siguiente yo desperté primero que ella y realmente me asusté, no lograba reconocerla, sin embargo, yo seguí durmiendo porque era muy temprano y no quería despertarla. Luego de unas horas volví a despertar y ella ya no estaba. Me levanté y bajé hasta la cocina y allí estaba. Me asombré porque no sabía qué estaba haciendo Carol en mi casa. Subí hasta el cuarto de mis padres y les pregunté, ellos me respondieron que ella necesitaba trabajar por unos días y, pues, mi mamá necesitaba que le ayudaran en la casa y no encontró problema en decirle que viniera. Yo no le vi ningún inconveniente en que se quedara en mi cuarto y compartiéramos algunas cosas. En un principio había cierta timidez entre nosotras, pero ya después de un tiempo se convirtió en confianza y en una amistad, más que amistad, una hermandad que me hizo quererla mucho. Ella me ayudaba en trabajos, me mantenía mi cuarto impecable y hacía que dejara malas palabras que a mi corta edad ya tenía.

 Carol vivió con nosotros bastante tiempo, bueno no sé ni cuanto, pero para mí fue mucho. Mis papás se encariñaron con ella demasiado gracias a su decencia, responsabilidad y buen desempeño. Mi mamá nunca tuvo queja alguna de ella y siempre la trató como a una hija y no como a una empleada. Mi cariño y entrega total a ella fue muy rápida ya que siempre tuve y sigo teniendo el sueño frustrado de una hermana mayor, pero que sólo lo fuera por algunos años; una hermana en quien pudiera confiar, que me apoyará y me diera los consejos que yo necesitaba.

 Pero como dicen por ahí: no hay felicidad completa, y para mí eso es completamente cierto. Cuando por fin me sentía muy bien por todo, por mi colegio, por mi familia y porque tenía la hermana que siempre había querido, ocurrió algo que debía esperarse, Carol se fue y me dejó sola, pero igual nos seguíamos hablando y me visitaba a menudo. En una de esas visitas fuimos a comer helado, me contó que se había enamorado y que quería hacer cosas nuevas para su vida. Después de ese encuentro quedé muy tranquila y seguí con mi vida normal.

 Un día mi mamá llegó muy angustiada a la casa y me contó que mi prima estaba muy enferma y la habían hospitalizado. Después de semejante noticia quedé fría y lo único que pude preguntar fue: ¿qué le pasó? ¿Por qué está hospitalizada? 

 Pasó esa noche y al otro día me fui a estudiar como de costumbre. Necesitaba distraerme e intentar no pensar en lo que había pasado. Mientras iba en el bus miré el interior de mi maleta. Fijé mi mirada en el libro que Daniel me había dado y lo saqué para observarlo con mayor atención. El título del libro era: “Perdidos y hallados en el desierto” de Michael Wells. Tocaba manejarlo con mucho cuidado. Este libro estaba en muy malas condiciones. Al parecer había pasado por muchas manos y no se le había dado el trato que merecía. Sus hojas estaban sueltas y arrugadas, tenía manchas de bebidas y su portada estaba realmente desgastada. Lo abrí y empecé a leer. No sé cuánto tiempo pasó. Recuerdo que todo fue muy rápido. Cuando me di cuenta ya había llegado a mi lugar de destino y no quería parar de leer. Cerré el libro con mucho dolor y fui a mi clase normal.

 No voy a decirles lo mucho que me dijo ese libro, ni tampoco les contaré con mayor detalle de que se trata. Pero lo que sí les puedo decir es que me dio los mejores consejos que nunca antes nadie me había podido dar. Fue así como mi forma de ver la vida y la forma de ver lo que me estaba pasando cambió notablemente.

 Este libro transformó y renovó mi vida.  Después de leerlo quizás tres o cuatro veces tuve que devolverlo. El libro era de un amigo en común de Daniel y mío y había llegado el momento de volver a donde su dueño. Ese día miré aquel libro deshojado, sucio y manchado y decidí hablarle. Díganme loca, sé que los libros no pueden oír, pero aún así lo hice. Le dije: “mira libro, créeme que fuiste el mejor amigo que pude haber tenido en este momento. Tú sabes lo mucho que me has ayudado. Has transformado y renovado mi vida. Yo estaba como quizás tú estás ahorita. Estaba desojada, arrugada y sucia. No me habían dado el trato que merecía y no se habían dado cuenta lo importante que era. Pero hoy voy a transformarte como tú lo hiciste.” Así lo lleve a el lugar donde restauran libros y pedí que lo dejaran como nuevo. Volví al lugar como una hora después y ya lo tenían listo. Pagué lo que me correspondía y me fui a un lugar donde estuviera sola. Saqué el libro de la bolsa donde me lo habían dado y lo miré. ¡UASH! No se imaginan como quedó. Todas sus hojas estaban en su lugar, su borde estaba perfectamente limado y su portada ahora estaba dura como antes, sus hojas habían cambiado de color y ahora sí podía devolverlo como se merecía.

 Después de este primer libro, empecé a buscar refugio en la lectura. El hecho de que no tuviera novio implicaba tener mucho tiempo libre y tenía que buscar un medio para gastarlo. Me dediqué a leer, leer y leer. Mis favoritos fueron los libros de psicología porque me ayudaban demasiado. Creo que estaba en la búsqueda de sentido de mi vida y los libros eran herramientas claves para encontrarlo.

 Luego de los libros psicológicos pasé a las novelas y después a las historias biográficas. Aprendí demasiado de vidas como las de Thomas Watson (dueño y fundador de la IBM) y siempre buscaba una enseñanza cuando terminaba de leer un libro. Preguntas como: ¿para qué me sirvió? ¿Cómo puede ayudarme en mi vida el libro que acabo de leer? Eran preguntas que siempre, sin excepción alguna, respondía. 

 Ahora mi vida ha dado un vuelco total. He empezado la universidad y estoy comenzando una nueva relación con un músico. A pesar de que cuando terminé con Daniel no veía la luz y todo era incierto, he aprendido que solamente cuando el cielo está realmente oscuro es cuando podemos ver las estrellas. El hábito de la lectura se quedará  conmigo por toda mi vida. No puedo pasar ni un solo día sin leer por lo menos un capítulo de un libro. He aprendido que son mis mejores amigos y consejeros y que siempre tienen un consejo sabio para mi vida. No sé cómo pero permanentemente me ayudan cuando lo necesito.

 

Recuerdo claramente ese día. Era 26 de abril de 2007. Allí fue cuando comenzó un proceso de transformación total en mi vida. Cumplía dos años exactos con mi novio Daniel y por ello era un día realmente especial. Ese día me vestí hermosa, me maquillé y alisté el regalo perfecto para la ocasión.

A pesar de que parecía un día normal, realmente no lo era. No solamente yo lo recuerdo por lo que pasó en mi vida, sino que en realidad ocurrió algo inesperado en la historia del país. Vale aclarar que durante el día nunca me di cuenta de eso, únicamente cuando llegué a mi casa y escuché las noticias. Ese día, por un error técnico en la ciudad de Medellín, a las 9:58 horas se produjo uno de los más grandes apagones eléctricos del país que duró más de cinco horas. Así como ese apagón fue la noticia y la decisión que Daniel tomaría y me diría ese día.

Comenzó diciéndome que la noche anterior no había sido un buen momento para él. Que no había podido dormir por pensar en nuestra relación. Que estaba confundido y no sabía que sentía. Que una cosa y que la otra. En conclusión, después de verlo que le costaba mucho pronunciar esa frase que quería pronunciar, le ayude y le dije que si quería terminar. Su respuesta fue que sí y yo la respeté.

 Empecé a llorar como nunca antes porque en verdad lo quería mucho. Fue mi primer novio oficial y me había apegado mucho a él. Había dejado de lado a mis amigos y a mi familia por estar dedicada únicamente a compartir momentos con mi novio.

Cuando le pregunté por la razón de su decisión, me dijo que no la tenía clara. No sé por qué pero dentro de mí algo me decía que había otra persona. Yo le pregunté si ésta existía, pero él me decía que no. Yo siempre le creía todo lo que expresaba, pero ese día la duda me invadió y sabía que esa afirmación no era cierta. Le pregunté unas cinco veces más si había otra persona y a la quinta vez me confesó que sí existía.

Si antes había llorado como nunca, ahora mis ojos quedarían sin lágrimas. Me confesó que había empezado a salir con Tania (la otra persona) días antes y que no quería engañarme más.

No sé si pueda explicar ese momento, pero sentí que mi vida se derrumbaba, sentí que mi corazón quedaba en millones de pedazos y sentía que no tenía razones para vivir, sentía que no era tan buena novia y que me podrían cambiar por cualquier persona cuando quisieran. Mi identidad se vio realmente afectada con ese momento.

Después de esta noticia, no tenía fuerzas ni para sostenerme en mis pies, me senté en el piso y lo único que hacía era llorar y llorar. Daniel se dedicó a verme y con un silencio absoluto me demostró que ya no le importaba tanto como antes.

No teniendo nada más que decir, lo único que quedaba era entregar mi regalo de aniversario. Saqué de mi maleta una linda caja, color blanca, perfectamente hecha de un material bastante fino y tenía alrededor un hermoso y gigante moño, color rojo. Se la entregué y él la abrió. Su interior estaba aparentemente vacío. Daniel me miró con cara de asombro y con mirada de querer una explicación. Yo comencé a explicarle, le dije que allí había querido empacar gran parte de mi amor. Que esa caja estaba llena de besos, caricias y abrazos, y que a pesar de querer empacar todo mi amor, en la caja sólo cabía una pequeña parte de éste.

Cuando terminé con mi regalo, él me dijo que no tenía regalo para mí, pero que sabía que éste era un choque muy fuerte en mi vida y que por ello había buscado un medio para intentar ayudarme. Sacó de su mochila un libro deshojado, de hojas amarillas y con una portada dañada. Me dijo que lo leyera y que en verdad me ayudaría. Dentro de mí me dije: “por favor, ¿me va ayudar un libro? No necesito leer, lo que necesito es que me digas que vas a dejar a Tania y vas a volver conmigo”. Pero no, eso no lo iba a decir, así que sin mirar siquiera el nombre del libro lo guardé indignada y me fui llorando a mi casa. Me encerré en mi cuarto y sólo lloraba y lloraba. No tenía cabeza para nada pero en el fondo sabía que la única persona que tenía el control de mi vida era Dios y que si Él había decidido que tenía que afrontar eso, lo tenía que hacer. Sabía que mi vida seguía y que tenía que vivirla a pesar que en el fondo no quisiera.

 

Continuará…

A mediados de año, mi mamá se enteró de lo que había o estaba sucediendo con otra mujer. Recuerdo que fue una noche antes de un viaje que teníamos planeado para el San Pedro en Neiva. Ese día, por más de que lo quiera olvidar, nunca lo haré. Yo estaba encerrada en mi cuarto sola, sintiéndome como la basura más grande del mundo por no haberle contado la situación a mi mamá y con ganas de salir corriendo ya que mis papás se estaban diciendo cosas demasiado feas. Creo que nunca se habían tratado de esa manera, por eso decidí salir de mi casa y por casualidad me encontré con mi prima Karen, ella en ese momento fue como un ángel que me mandó Dios. Sus palabras no sé por qué calmaban y aliviaban el dolor que mi alma sentía.

Mientras tanto, mis padres, por estar peleando, no se dieron cuenta de que me había ido sino hasta después de un rato, así que comenzaron a llamarme al celular porque estaban preocupados; no les contesté. No quería saber nada. Ya había llorado y sufrido mucho desde que me había enterado de la situación. Luego de un rato me quedé dormida y tiempo después mi prima me despertó y me dijo:

-Nata, levántese que llegaron sus papás-

Ya estaba un poco más calmada así que accedí a hablar. Mil y una explicaciones hubo, mil y una disculpas también por parte de mi papá y mil y un regaños por parte de mi mamá. A ella no tenía nada que reprocharle, todo lo que me decía era verdad, pero ¿a él? En verdad tenia tantas cosas por decirle y tantos reproches por hacerle, pero decidí quedarme callada y solo escuchar y recordar todos esos momentos en los que mi hermano me decía que mi papá era de lo peor y también días antes a mi madre llorando y diciendo que mi padre le estaba siendo infiel sin saber que lo que decía era verdad.

Tuvimos una larga conversación. Mi padre nos pidió perdón y, para concluir esta charla, nos dimos un abrazo. Luego nos trasladamos hasta nuestra casa.

Nunca nadie de mi familia me comprendió, nunca nadie se puso en mi lugar y pensó el porqué de mis actos. Tuve épocas de depresión muy fuertes y tiempos en los que solo quería llorar. En los momentos posteriores a este evento no quise ayuda de nadie porque nadie me ayudó ni me escuchó mientras me encontraba en ese hoyo sin salida. Fue así como decidí salir sola y fue mejor porque me volví una persona más madura, pero se me endureció un poco el corazón. Lo más importante fue que el único refugio que tuve consistió en Dios y en ese momento verdaderamente entendí que Él siempre iba a estar para mí, que nunca me iba a dejar sola. Creo que fue la enseñanza más grande que este episodio me dejó.

La historia no tiene un final triste. Por el amor que se tenían (o mejor, se tienen) y por la unión que había hecho Dios, mis papas decidieron seguir juntos y ahora es una familia consolidada. Con la ayuda de Dios, así será hasta que Él decida que es tiempo de llevárselos de este mundo…

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