Jueves, 20 Febrero 2020

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Presidente Santos no vaya a suspender los diálogos de paz. El levantamiento de la negociación solo aplazaría el resultado –satisfactorio o no– de ésta, porque con elecciones o sin ellas el resultado de las negociaciones va a ser similar, si no es el mismo: el Gobierno tiene inamovibles y el grupo terrorista está tratando de sacar lo que más se pueda de la mesa claro; y sí, hay que ceder para lograr la anhelada paz.

Ahora bien, ¿de dónde sale la propuesta de suspensión? En realidad la petición viene solo de las toldas ‘uribistas’, porque el Polo Democrático se pronunció a favor de la continuación de los diálogos y, por supuesto, los demás partidos de la coalición también. ¿Y la gente qué quiere? Los colombianos queremos la paz, una paz con el menor número de muertos, para lo que es necesario el proceso. Adicionalmente, está demostrado que los conflictos internos (en el mundo) no terminan por la vía de las armas, sino que es necesario un proceso que permita la transición, procesos que, en algunos casos, han durado hasta de diez años. Por lo que el año que lleva este proceso no es mucho con respecto a los más de cincuenta años del conflicto y al número de años que duran los procesos de negociación.

Los colombianos debemos dejar tanta ligereza y falta de memoria, hay personas que nos intentarán convencer de la falta de legitimidad del gobierno para buscar la paz; que sin cese de fuego no se puede negociar; que va a haber impunidad. A esas personas hay que responderles que a ningún gobierno (de Santos, de Jorge Barón o hasta de Pachito) le puede llegar a faltar legitimidad para negociar la paz, porque buscarla debe ser la máxima de cualquier gobernante colombiano: este país ya no quiere más sangre.

Por otro lado, quienes exigen cese al fuego están desconociendo que casi ningún proceso de paz ha iniciado de esta forma: IRA no dejó las armas para sentarse en la mesa, solo después de un tiempo lo hicieron. Adicionalmente, nadie puede negar que muchos frentes del grupo terrorista ya no dependen del mando central y que por lo tanto esas personas que no están representadas en la mesa no son guerrilleros,  sino vándalos, narcotraficantes y zares de la minería ilegal. El proceso se está haciendo con quienes son dueños de la marca FARC, para después tratar a los que queden como lo que son: terroristas.

Por último, no va a haber impunidad. Lo aseguro no solo porque el gobierno lo diga, es cuestión de nociones básicas de derecho penal, justicia transicional y derecho internacional. Si se aplicara el derecho penal, a ninguno de estos personajes se les podría excluir de la imputación, acusación y juzgamiento de sus delitos, sus rebajas de penas también serían las que contempla el código penal. Si se aplica la justicia transicional –como va a ocurrir–, se rebajarán las penas de estos guerrilleros de tal manera que sea atractivo y viable entregar las armas e ir a una cárcel con el compromiso de que no perderán sus derechos políticos, siempre y cuando no hayan cometido delitos de lesa humanidad, como ya lo advirtió el Fiscal General. Todo esto lleva a que si no se aplica el Código Penal o una verdadera justicia transicional, es decir, si no se administra justicia, la Corte Penal Internacional tendría que intervenir en el país para velar que se cumpla con la normativa penal y ningún gobierno permitirá que se diga que bajo su tiempo en el poder no funcionó la Rama Judicial.

Nos van a tratar de refutar cualquier argumento, porque todo lo del actual gobierno es malo y la paz solo es buena cuando ellos la tratan de conseguir, o ¡ya nos olvidamos de Ralito y los ‘Paras’ (ahora bacrim), o los múltiples intentos de diálogos con las FARC (alocución presidencial autorizando el despeje de Pradera y Florida) y con el ELN del ex presidente Uribe? ¿Ya nos olvidamos de Rodrigo Granda y alias ‘Karina’? También nos olvidamos que eso que dicen que la guerrilla estaba vencida tampoco es cierto, porque desde finales de 2008 (gobierno Uribe, para los que ya olvidaron) las cifras de atentados empezaron a aumentarse de nuevo y por lo tanto estos terroristas nunca estuvieron derrotados como dicen.

Presidente Santos, no vaya a suspender los diálogos y menos cuando quienes así lo desean prefieren el poder que la paz. No lo haga porque estos tipos solo quieren aprovecharse de la mala memoria de algunos ciudadanos en beneficio de sus intereses personales.

Presidente, no se le ocurra levantarse de la mesa, porque los colombianos no estamos dispuestos a aplazar la paz.

Javier Prieto Tristancho

@japritri

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Lunes, 21 Octubre 2013 17:45

La insoportable terquedad del ser

Después de una conversación que solo terminó porque arribé a mi casa, mi corazón latía tan rápido que estuvo a punto de parar. Mi mango –como diría mi papá– casi se detiene porque, sumado al repentino aumento de peso que me ha hecho ver frente al espejo como una papa (salada), estuve envuelto de una conversación de nunca acabar con una contraparte que al quedarse sin argumentos, repetía una y otra vez, como lora, tres frases que habían perdido sentido en la conversación.

Sentí que mi final estaba cerca, que el corazón me exigía que abandonara las malas prácticas alimenticias y las conversaciones que no llevan a ningún lado; sentí que el corazón me daba un ultimátum y tomé la decisión de pedirle una oportunidad más a mi existencia: ahora en adelante bajaré de peso y resistiré la insoportable terquedad del ser.

Este mal, del que todos somos dolientes y dolidos a la vez, que profesamos y nos profesan: el culto a la razón propia, al narcisismo, a la palabra sin mente, al instinto de supervivencia verbal es la terquedad. El mal que hace de la sociedad un mundo sin rumbo, sin velocidad y dirección, el mal que atrasa el progreso y acelera los corazones.

La resistiré, como lo he dicho, porque la tolerancia es la única forma de combatirla, ya que cuando alguien persiste en una idea quedándose sin argumentos lo que está demostrando es que le hace falta el apoyo tolerante de la contraparte acompañado, tal vez, de un abrazo y de un par de palabras de ánimo, por medio de las cuales se le haga saber que, a pesar de que ha perdido la batalla verbal, esto no es el fin del mundo y no va a dejar de ser la persona que es por aceptar que está mal.

La terquedad es, en parte, producto del orgullo, el cual deberíamos dejar a un lado la mayoría del tiempo, porque es imposible que siempre tengamos la razón, es más, a menos que seamos especialistas en algún tema es muy probable que la ignorancia nos haga perder más de una batalla. Por esto es que aceptando que otros pueden tener argumentos más fuertes y convincentes podemos llegar a mejores acuerdos, más productivos y enriquecedores para la vida en sociedad, porque si las discusiones se convierten en luchas de egos el resultado de éstas no llevarán a ningún lado y el resultado serán cientos de palabras al viento y la irremediable pérdida del recurso menos renovable de todos: el tiempo.

Mi compromiso, entonces, no es solo con dejar los carbohidratos y empezar a ser más tolerante para evitar una falla cardiaca; mi compromiso es, también, dejar de ser causante de discusiones banales que terminen en la nada, dejar de ser orgulloso y aceptar argumentos que superen los míos: mi compromiso es para que quien me venza me dé un abrazo y un par de palabras de ánimo, para que me haga caer en cuenta que mi orgullo no está permitiendo avanzar a la sociedad.

Espero que me acompañen en este compromiso y, además, estimulen mi dieta.

Javier Prieto Tristancho

@japritri

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Miércoles, 09 Octubre 2013 21:35

La lealtad según Uribe

No sé si es ingenuidad o estupidez o, simplemente, desocupe o es que estoy sumergido en una crisis profesional y personal, pero –para bien o para mal– cada vez más me involucro en los “ires y venires” de la política, lo que en este país (y muchísimos otros) es una ocupación muy difícil de ejercer con transparencia, rectitud y lealtad. Tanto es así que hasta quienes se declaran abiertamente leales a otros van por ahí trampeándose y haciéndose zancadilla todo el tiempo.

Miren a Pachito Santos: la semana pasada se las dio de vivo y se le adelantó a sus copartidarios inscribiendo un movimiento propio para recolectar las firmas necesarias para ser candidato presidencial, sin tener en cuenta a los otros dos precandidatos. De pronto lo hizo porque mentalmente es un niño chiquito que va por ahí diciendo y haciendo todo lo que se le ocurre, como si don Hernando nunca hubiera tenido tiempo de educarlo. De pronto, por esto mismo, quiso mostrarnos que él es un practicante de esa –maldita y mal llamada– malicia indígena que hace de algunos colombianos seres detestables que se aprovechan de las debilidades de los demás para sacar ventaja, porque acá el vivo vive del bobo y, en este caso, el bobo se creyó más vivo que todos.

Sin embargo, a Pachito le salió mal la jugada: su jefe lo obligó a  abandonar su intento electoral, porque, aunque a Uribe le conviene que Pacho sea su candidato, no puede dejar a un lado a sus otros dos huevitos y quedarse con solo un gran huevo: es decir, con un huevón. Para él es mejor que los tres se vayan a una consulta y alcancen en marzo más de un millón de votos, siempre y cuando gane Pacho, quien sería el títere perfecto para ejercer su, eventual, cargo de senador/presidente.

Yo no sé si los otros dos huevitos sean tan ingenuos como yo, porque creo que piensan que Uribe los apoya tanto a ellos como a Pachito, pero creería que es evidente que la lealtad del ex presidente/candidato es solo para con Pacho, a quien quiere ver posesionándose el 7 de agosto frente al pueblo y a él mismo.

Es acá donde me pregunto, si ellos Pacho y Uribe, que dicen ser los más leales, tratan a sus amigos de esta forma ¿cómo nos tratarán a nosotros cuando vayan a cumplir sus promesas de campaña? Las posibles respuestas no son muy alentadoras.

Es válido preguntarse, también, si elegimos a Pachito ¿qué pasará cuando a Uribe no le guste una decisión de Pacho? Le ordenará cambiar de opinión y, por lo tanto, buscar que pierda vigencia un decreto nacional, por ejemplo. Nada de raro tendría, pues el mismo Pacho dijo, con respecto a la inscripción de su movimiento, que si Uribe no estaba de acuerdo con ésta, él retiraba la inscripción ya que era un simple acto administrativo firmado por el Registrador Nacional, como si las entidades en Colombia no estuvieran lo suficientemente congestionadas para que este tipejo venga a echarse para atrás porque su ex jefe se lo ordenó. 

Esta es la lealtad que dicen profesar Pacho y Uribe con sus amigos y con las instituciones, esta es la lealtad de los políticos que se la pasan gritando en contra de otros por ‘desleales’. Esta es la lealtad de muchos políticos como éstos, del mundo donde me estoy metiendo, del que muchos conocidos me intentan alejar (por mi bien, dicen); pero este es el mundo en el que quiero incursionar para cambiar conceptos como el de lealtad que acabo de señalar, por eso –con algo de ingenuidad– escribo semanalmente estos artículos, para que estos cambios los intenten conseguir los que me leen, por medio de la crítica y el voto informado, advirtiendo (de una vez) que estos cambios no se harán realidad en las próximas elecciones, pues el nueve de marzo solo será el comienzo de éstos, pues con nuestro voto podremos empezar a elegir gente buena, gente nueva.

Espero no desfallecer en la búsqueda de este objetivo, sé que hay muchos como yo buscando el bien del país y ojalá nunca lo abandonen; espero no cansarme y perder esta lucha, aunque si pasa podré ir a donde mi abuela que me va a decir con sabiduría: “eso no se le dio porque no le convenía”.

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Viernes, 04 Octubre 2013 11:08

Dándoselas de chamanes

No es que yo no crea en las encuestas, solo que estoy consciente que no se les debe prestar tanta atención como algunos lo quieren hacer ver. Tanta importancia quieren darle a éstas que las denominan –a cada una– “la gran encuesta”, con el fin de generar el impacto mediático que desean para favorecer el negocio de las firmas encuestadoras y de algunos intereses políticos.

Sin embargo estos no son los intereses que más influyen en la difusión de una encuesta, en realidad los más interesados con la propagación de los resultados de éstas son los medios, quienes contratan a las firmas encuestadoras para éstas le generen el contenido que van a utilizar por un semana (o a veces más tiempo) al aire y con el que se las dan de chamanes.

Pero bueno, eso es cosa de los medios, yo solo quiero dar acá ejemplos por medio de los cuales logre convencerlos que durante el debate electoral que se nos viene no deben votar por encuestas y dejen a un lado el voto ‘útil’, los que lo suelen usar. 

Ejemplo 1. Para no ir muy lejos, según la última ‘gran’ encuesta solo un nueve por ciento (9 %) de la población de Colombia va a dejar de votar al Senado de la República el próximo año (momento de risas). Ojalá en este país los índices de abstención fueran tan bajos para las elecciones de la cámara alta del Congreso o, por lo menos, que fuera cercana a este porcentaje: las cifras reales están por encima del 50 % y, utilizando los términos de ellos, esto significaría que el margen de error es de más del 40 %.

Bueno, para no darle tan duro a los resultados de la encuesta, si sumamos el porcentaje de “Aún no lo sabe” y el de “No votaría para el senado el año entrante”, asumiendo que todos los que ahora no saben por quién votar no voten, tendríamos un abstencionismo del 22 %, lo cual sería increíblemente bueno, pues esta cifra significaría que Colombia tendría entre 2014 y 2018 un Congreso elegido por la mayoría de los colombianos, lo cual –lastimosamente– es muy poco probable. Algo muy parecido pasa cuando se pregunta acerca de las elecciones presidenciales donde esta suma llega a un 37 %.

 Con lo anterior ya debieron convencerse, pero como los ejemplos abundan daré uno más sobre esta encuesta:

 Ejemplo 2. Cuando preguntan sobre la intención de voto en las consultas populares no hacen la pregunta más obvia y, además, obligatoria que sería algo así ¿Si se presenta el escenario en que haya dos consultas de partidos políticos para escoger su respectivo candidato a la presidencia por cual votaría? 1. Centro Democrático; 2. Alianza Verde o 3. Ninguna. 

La anterior pregunta con el fin de que quien escoja 1. no pueda votar en 2. y viceversa, porque el día de estas consultas una persona solo podrá votar por una de éstas, por lo tanto, si las encuestas pretenden dar un resultado más o menos confiable y real no deberían permitir supuestos prohibidos por la ley. Es como si se preguntara si alguien votaría por Uribe a la presidencia.

Sin embargo ellos se cuidan de la gente a la que le gusta ver la encuesta completa, por eso se la pasan haciendo advertencias como esta: “…la audiencia debe entender los resultados a continuación como de interés periodístico y de análisis político, y no como proyecciones de voto.” No obstante los medios no replican este mensaje, tampoco lo hacen los gerentes de las encuestadoras al aire en un programa de radio, porque a ellos no les funciona el negocio si las personas saben que estas encuestas no miden “proyecciones de voto” que es lo que la gente quiere saber.

Adicional a lo anterior, y para rematar, los votantes debemos ser conscientes de que los resultados dependen del resultado de ánimo y la moda del país, por ejemplo, un ítem objetivo que es el “Cumplimiento de las promesas de campaña”, históricamente tiene las mismas altas y bajas en todos los gobiernos, desde Pastrana, que el ítem “Imagen favorable”. Por lo tanto, dando un ejemplo actual, a Juan Manuel Santos se le bajó el porcentaje de cumplimiento de promesas en 14 % en dos meses porque fue publicado el fallo de la CIJ a favor de Nicaragua, cuando ganar el pleito no era una promesa de campaña y la culpa del fallo adverso no fue exclusiva del Gobierno Santos, es más, según lo que se ha podido determinar, la responsabilidad de éste frente a la de Pastrana y Uribe es ínfima. Pero bueno, qué le vamos a hacer, en Colombia hasta la política es cuestión de moda y esto es aprovechado por las firmas encuestadoras y los medios.

Es difícil alterar la percepción de las personas frente a las encuestas, las personas creen mucho en éstas y les encanta que salga una tras otra para especular o peor, para decidir el voto (voto útil que llaman), sin embargo son un elemento peligroso, tanto para los electores como para los candidatos, porque ellos también se ven afectados, no es más sino poner el ejemplo de Sergio Fajardo, que para enero y febrero de 2010 era presidente de Colombia según las encuestas y, en realidad, no tuvo la fuerza electoral ni para ser candidato al cargo.

Por estas razones cuando vuelva a llegar otra Gran Encuesta obsérvela, detállela y júzguela con objetivismo, no trague entero de los medios y, después, espere a ver con qué salen estos chamanes con la próxima Gran Encuesta. Eso sí, cuando piense por quién va a votar ni se le ocurra mirarlas, que ahí no hay propuestas.

Nota 1. Se me pasó, pero viendo una encuesta de noviembre de 2009 (Gobierno Uribe) a 67 % de los colombianos les parecían ‘lo más de bien’ los TLC, me pregunto ahora cuál será la imagen de los mismos, teniendo en cuenta que lo que se suscribió fue un legado del gobierno anterior. ¿Los calificarán bajo la popularidad de Uribe, de Santos o de los agricultores? 

Nota 2. Gracias a la Fundación Palabras Sociales ha sido publicada una columna en ElTiempo.com de mi autoría. Les dejo el link por si alguien quiere leerla http://www.eltiempo.com/blogs/palabras_mass/2013/09/los-maquinistas.php

Javier Prieto Tristancho

@japritri

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