Domingo, 26 Enero 2020
Martes, 30 Septiembre 2014 07:57

¿Y Ahora Quién Podrá Defenderlos?

 

No es un secreto para nadie que el sistema integrado de transporte ha dado más problemas que soluciones hasta el momento. Lo que comienza mal termina mal. El alcalde Gustavo Petro adelantó en 2012 la implementación del SITP en Bogotá sin tener las condiciones mínimas para que el sistema funcionara correctamente; a partir de ese momento todo ha venido de mal en peor.

El sistema se suponía que iba a reducir los accidentes en las vías terminando con la guerra del centavo y desde luego que no lo hizo. Cuatro operadores que tienen a cargo el aumento de la flota presentan problemas económicos y están en manos de la superintendencia de puertos y transporte. La chatarrarización y la poca demanda de los buses azules son algunos de los problemas que afectan a millones de bogotanos que ven cómo día a día se agranda el caos en las vías de la capital por cuenta de ese "sistemita".

Sin embargo, hay un gremio que se ve directamente afectado por el sistema integrado del que no se ha hablado con claridad: los mecánicos de patio. Sus lugares de trabajo son las "playas"; terrenos al frente de los talleres en los que acomodan los carros mientras los arreglan. Trabajan de domingo a domingo, entran a primera hora del día y salen cuando terminen de arreglar el último carro. No tienen sueldo fijo, dependen de lo que les llegue, (es decir, si no llega nada no hay sueldo) el único contrato con el dueño del taller es darle un porcentaje por cada arreglo que puede ser hasta del 30%, a cambio de usar herramienta y equipos propios de su oficio, no hay seguro social, ni salud, ni pensión, ni cesantías, no hay prima, ni bonos y menos vacaciones. Me cuenta un mecánico, que llamaremos "Quique", que hace unos 10 o 15 años, un "muellero" como él, ganaba en promedio, entre 80 y 100 mil pesos el día. Hoy pasa hasta 4 días sin arreglar un solo carro, días en los cuales no lleva nada de sustento a su casa. "Es que acabaron con los carros, todos los chatarrizaron para meter los buses azules del SITP", me dice "Quique" con preocupación.

¿Por qué este gremio no fue tenido en cuenta al momento de planear el nuevo sistema?, ¿Por qué no se hizo un censo y se incluyó a estos ciudadanos que han dedicado 35 o 40 años a mantener en buen estado los carros de servicio público?. La subsecretaria de políticas de la Secretaría de Movilidad parece tener la respuesta, palabras textuales: “Con la implementación del SITP ya no se va a requerir su labor, pero es difícil convencerlos. Es importante la voluntad de cada uno en querer capacitarse y tener otra oportunidad en una actividad diferente”. ¡Perfecto señora subsecretaria!, como ya no se "requiere su labor" entonces que vayan al SENA y aprendan a hacer pasteles y monten una panadería. ¡Por favor!... la gran mayoría dedicó su vida a la mecánica, muchos sobrepasan los 50 años de edad y no terminaron sus estudios, todo lo que saben hacer es reparar y poner a funcionar esos aparatos que hoy son chatarra. Además, los recursos para poner en marcha el nuevo negocio, ¿los subsidiará el gobierno?.

Si a usted lo asaltó la inquietud de si el gobierno nacional o la administración distrital se ha acercado a hablar o tuvo contacto con este gremio, la respuesta es sí: la administración de Antanas Mockus ordenó cerrar todas las playas en aras de una limpieza profunda de la ciudad, argumentando que las bandas delincuenciales de la ciudad se escondían en estos talleres; así de ridícula y carente de fundamento fue esa decisión. Me imagino que se fijó en el aspecto de los mecánicos: overoles llenos de tierra, de grasa, de mugre. ¿Pero que esperaba? eso es lo que hay en debajo de los carros. Lo cierto es que con la llegada del SITP, a estos luchadores les quitaron su fuente de ingresos, pero aún conservan sus familias, sus deudas, sus necesidades.

En estas “playas", los mecánicos son los principales afectados pero no los únicos, ya que en estos lugares también existían los restaurantes, las panaderías, los almacenes de repuestos, las vendedoras de tinto, de chance, de overoles, de herramientas, en fin un verdadero ecosistema económico donde había empleo para muchas personas. Personas que a través de su ejercicio en estas playas sostenían familias enteras y que ahora tienen que entender que ya no se "requiere su labor".

La situación es crítica, hoy las playas suelen verse desoladas, hay demasiados mecánicos para tan pocos carros que arreglar, los restaurantes que quedan se quejan de la poca demanda (si no se hace lo del diario mucho menos se hace para almorzar). Las familias que dependían de este gremio no tienen un panorama claro para el futuro, ¿qué hacer, para dónde ir?

Con la decisión de implementar el sistema integrado de transporte público sin tener en cuenta a los mecánicos de patio, se dejó sin trabajo a miles de personas. Ojalá esta administración sea tan eficiente a la hora de generar empleo y oportunidades, como lo es a la hora de excluir y dejar en la incertidumbre y total indefensión, como lo hizo con los "mecánicos de la calle".

T. @10SUE10

 

Published in Artículos
Martes, 09 Septiembre 2014 23:14

¿Reformar o Acatar la Constitución?

Una lectura obligada del mentado equilibrio de poderes y las propuestas que de éste subyacen, como eliminar la reelección presidencial y ampliar el periodo del ejecutivo a cinco años, conlleva a pensar que la actual reforma política no es tan prioritaria como la considera el presidente, ya que eliminar la reelección es inminente, pero cerrar la lista al interior de los partidos, junto con la ampliación del periodo es sumamente inoficioso. ¿Es acaso el entramado institucional Colombiano tan fácil de modificar?

Partiendo del diagnóstico de la Constitución de 1991, donde se estableció un régimen presidencial con periodos de cuatro años, junto con un andamiaje institucional que busca la funcionalidad del sistema mediante la separación de poderes y los frenos y contrapesos, que llevaron a establecer también los periodos de los magistrados de la rama judicial, y los órganos de control. Se puede inferir que lo establecido en la constitución, es contradictorio con la reelección, manifestándose en la transición al Hiperpresidencialismo que Colombia enfrenta.

Nuestros años de vida Republicana son prueba de que no es necesaria la reelección, ni ampliar el mandato, por el contrario hay que pensar en Instituciones sólidas. Cuando alguien ha culminado una buena gestión, su Partido Político, una de las instituciones más relevantes en las democracias, debe asumir el reto de entrar en la contienda electoral para dar continuidad a los programas del Presidente de turno en cabeza de otro aspirante, y por su parte, la sociedad debe exigir en las propuestas de los nuevos candidatos, la continuidad de políticas exitosas. Sirve de ejemplo para lo esbozado anteriormente, lo que se presentó con Santos, una vez que fue él quien bajo el aval del partido de la U, tomo las banderas del legado Uribista para alcanzar la presidencia en 2010. Así como también, Uribe y Santos han sido artífices y ejecutores de los vicios del sistema político por cuenta de sus reelecciones. En últimas, no son tan diferentes como se cree, y su antagonismo más que ideológico es por ego y protagonismo.

Aquí lo prioritario es un reequilibrio de poderes fundado en la eliminación de la reelección presidencial, para así poder acabar con la fórmula de más tiempo, más poder, demostrada con Uribe y Santos, en su capacidad para influir en las altas cortes y los entes de control, quienes perdieron autonomía. En consecuencia, no se necesitan líderes imprescindibles, sino programas que trasciendan en las instituciones, como principio fundante de las democracias, ya que la separación de poderes es fundamental en un sistema presidencialista. Entonces, el debate debe darse es en cómo establecer mecanismos para limitar las facultades extraordinarias del ejecutivo y empoderar las demás ramas del poder público, no para aumentar los mandatos.

Cuando el Presidente hace mención a una reforma, se espera que dicha modificación al texto constitucional, propenda al desarrollo de algún sector, y como es en este caso contribuya a la democracia y sus instituciones, pero lejos de esa pretensión, se encuentra la iniciativa de aumentar el periodo presidencial, toda vez que esto implica alterar la arquitectura orgánica que nos rige desde el 91, bajo la limitante de tiempo como un sofismas para alterar la Constitución. En suma, para lograr el tan mentado equilibrio de poderes, se debe abolir la reelección y evitar los mesías, ya que debe primar el respeto por la constitución, fortaleciendo el actual Estado de Derecho y el sistema de frenos y contrapesos, para así lograr que el entramado institucional no sea tan fácil de moldear a favor de intereses particulares.

T.@jorgescamargo

Published in Artículos

Palabras Sociales - www.palabrassociales.org