Jueves, 20 Febrero 2020

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Viernes, 04 Abril 2014 16:12

Asamblea Nacional Constituyente

En este programa nos acompaño María Alejandra Rojas quien nos explicó, en que consiste la iniciativa de una asamblea nacional constituyente, según ella la constitución tienen diferentes falencias en el modelo de estado propuesta en la constitución de 1991 en participación política por ejemplo. También hablamos sobre que intereses hay de esta en diferentes protagonistas políticos de la actualidad nacional.


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Martes, 12 Noviembre 2013 10:42

Del reinado y otras banalidades

-¿Qué haces?

-Viendo el reinado.

-No sabía que te gustaba eso.

-No, la verdad estoy esperando a ver qué dicen las reinas mientras leo el periódico.

-Ah bueno, como aburrido tu plan, ¿no?

-No, normal. Hay que enterarse de lo que pasa. Lo del reinado sí es porque las mujeres estas siempre salen con algo chistoso y me lo pierdo.

-¿Y qué han dicho?

-Nada, no las he escuchado hablar; solo hablan Andrea Serna y Carlos Calero. Me imagino que en un rato les preguntarán qué harían para cambiar al país y cosas así. Ojalá respondan algo chistoso.

-Si ves cómo son en este país, a los tipos les ponen a una vieja churrísima a presentar y a nosotras nos ponen a ese tipo tan feo.

-Sí, una desgracia este país, sobre todo por esa falta de buen gusto para escoger a los presentadores del reinado.

-Jaja, no te burles de mí. Cuando vayan a hablar me avisas para escuchar qué dicen. ¿Qué tal están las niñas?

-Me encanta la de San Andrés, una morena muy linda. Últimamente me están gustando las morenas, bueno últimamente no, hace ya unos años. La de Atlántico tiene cola para regalar, las demás están bien, normales.

-Sí ya te había escuchado ese cuento de las negras, pues ojalá se te dé algo con alguna.

-Dios te oiga niña, pero no digas “negras”, suena fuerte.

-Ok.

***

-Bueno y en qué va el reinado, ¿nada que hablan?

-No, ahora va a cantar Alejandro Sanz. Esto es interminable.

-Jaja, lo voy a poner. Me encanta Sanz. Lo peor es que un montón de gente trasnochará viendo eso.

-Yo creo, esto debe tener más rating que las noticias.

-Toda la vida, yo también preferiría el reinado a las noticias.

-Sí, me imagino.

***

-Me encanta Corazón partido. Se fajaron con Alejandro Sanz en el reinado.

-¿Te parece? Es bueno, pero debieron contratar alguien de acá, pues digo no, es el reinado de Colombia, además si van a traer alguien de afuera podrían innovar y traer alguna banda que no haya venido a tocar acá, algo como The Strokes.

-Jaja, tan bobo, a las personas que ven el reinado no les gusta esa música.

-Yo lo estoy viendo y a mí me gusta.

-Bueno sí, pero tú solo lo ves para burlarte de las mujeres.

-No, para burlarme de las que digan bobadas, no de todas las mujeres.

-Bueno sí, qué pena con el niño… tan bravo.

-Disculpada.

-Bobo.

***

-Parece que ya van a hablar, dijeron que las preguntas las envió el público. Me imagino que tú enviaste alguna.

-No, no sabía que se podía. Ahora sí es peor, quién sabe qué preguntará esta gente.

-Sí, ahora podremos reírnos de las preguntas también.

-Aja.

***

-No, pero de dónde sacan a estas mujeres, nos hacen quedar mal.

-Pues yo no generalizaría. Todo está dado para que gane San Andrés, esas respuestas están muy chimbas.

-Sí. Tú y tus gustos.

-¿Qué tienen?

-Jaja, ¡mucha bruta!

-Qué locura esta vieja. Por qué será que no piensan antes de hablar; uno no pide que den una respuesta brillante, pero sí algo coherente. Ya perdió todo el encanto la morenita.

-Jaja, y ahora qué harás…

-Estoy leyendo la encuesta que salió hoy.

-¿Ya con encuestas? Todavía falta un montón para elecciones y ya en esas, ¡qué pereza!

-Sí ya en esas, lo que pasa es que la política es de todos los días, el país es de todos los días.

-Sí que te gusta eso. ¿Quién gana según la encuesta?

-El voto en blanco tiene más de 30 %, después Santos y tercero Zuluaga.

-Ah, y ¿quién es ese Zuluaga?

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Martes, 24 Septiembre 2013 10:42

Por amor a su hijo

Las personas somos el resultado de las decisiones que tomamos. Nuestros días —a pesar de la monotonía— son todos distintos, todo depende de la hora en la que decidimos levantarnos, tomar el bus o prender el carro para salir a la realidad, al ruido de las calles y las adversidades del trabajo o del desempleo; salir de paseo o quedarnos en la ciudad, ir al parque, a comprar la leche o pedir un domicilio.

El viernes un joven decidió vestirse de rojo, de ese rojo vivo que representa la sangre que corre por nuestro cuerpo, muchos no saben por qué aquel joven quiso vestir la camiseta de su equipo un día cualquiera, un día en el que no iba a ver a su equipo jugar, pero lo hizo; ¿quién lo puede juzgar? Solo los que amamos el fútbol y sentimos pasión por un equipo sabemos que podríamos vestirnos cada día de nuestras vidas con una camiseta.

¿Quién podría imaginarse que por el color de su camiseta iba a ser asesinado su padre? Sí, unas horas después de que él decidió vestirse de rojo su padre dejaba de respirar, porque al ver que su hijo corría peligro quiso protegerlo de los ataques de unas personas que decidieron golpear, agredir y matar sin ninguna razón, porque no hay razón válida para quitar la vida de otro.

En el piso quedaron el padre y el hijo, los dos tenían el rojo en el pecho, el primero por la sangre que derramó por amor a su hijo y el segundo por la camiseta que portaba con amor a su equipo. En el piso no estaban los agresores, porque, como todos los bandidos, salieron corriendo, la cobardía del asesino es tal que no es capaz de dar la cara y asumir sus decisiones.

Siendo un amante del fútbol siento una inmensa tristeza cada vez que se presenta un hecho como este, porque cuando se desangra una persona por llevar uno u otro color se pierde la naturaleza de este y de cualquier deporte porque los deportes son, en esencia, juegos que rinden homenaje a la vida, exteriorizaciones de los seres humanos para demostrar que están vivos. Siendo un amante del fútbol mi amor por éste se disminuye cada vez que se apaga una vida de esta forma.

Hace unos veinte años tomé la decisión de ser hincha de un equipo de fútbol colombiano, del mismo equipo del que dice ser hincha el asesino del padre de este joven. Sin embargo, este remedo de persona no puede llegar a llamarse “hincha” si no ama más la vida que a un equipo.

Este personaje —como ningún otro que sea capaz de algo parecido— nunca podrá ser equiparada a los millones de hinchas de mi equipo que portamos la camiseta y somos capaces de darle la mano, abrazar e incluso besar a alguien que porte la camiseta de otro equipo, este tipejo y todos sus semejantes no deberían portar con orgullo el escudo y los colores de una institución, porque su ‘amor’ está viciado por el fanatismo y está enceguecido con por el extremismo que siempre carece de razones.

He tomado la decisión de acompañar a mi equipo cada vez que juega en Bogotá, pero con personas como estas cada vez es más difícil tomar la decisión de ir a ver a uno de los amores de mi vida y esto no me pasa solo a mí, le pasa a muchos que prefieren ver los partidos por televisión porque “uno nunca sabe”: porque hay un montón de idiotas que no son capaces de saber que está mal untarse las manos de sangre y destruir una familia porque unos ganan y otros pierden, porque está de rojo, azul o verde.

No quiero dejar de ponerme la camiseta, no quisiera dejar de ir al estadio, esto no debería ser un riesgo, un factor que aumente la probabilidad de morirme antes de lo esperado, no debería serlo para mí ni para ningún otro. Decidir ser hincha de un equipo no puede ser la causa de la muerte de alguien, porque, aunque cada decisión nos puede hacer vivir y morir de una forma u otra, una decisión tan insignificante como la de salir a la calle con la camiseta de un equipo no debe ser el detonante de la muerte de alguien.

Las personas somos el resultado de las decisiones que tomamos, algunos deciden ser médicos y otros ingenieros; algunos deciden trabajar y otros estudiar; algunos deciden ser de Nacional y otros de Santa Fe; pero algunos deciden, simplemente, no ser personas, como ese cobarde que no es capaz de dar la cara.

Nota: Esta columna fue escrita antes de que murieran dos hinchas de Nacional a manos de esos delincuentes que dicen ser hinchas de un equipo (el mismo mío), que dicen tener sangre y corazón azul, pero lo único que tienen es el alma negra y la cabeza vacía.

Javier Prieto

@japritri

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Miércoles, 17 Julio 2013 17:10

¡Que gane Santa Fe!

Esta noche juega un equipo de futbol bogotano, rojo y blanco, y sus seguidores aquí en Buenos Aires se están alistando desde ya para una noche (dicen ellos) memorable, agitada. Se están todos citando en un bar en el tradicional barrio de Palermo, conocido por la gran oferta de restaurantes de comida italiana y propia, por sus calles limpias y tranquilas y por la Plaza Serrano, un punto obligado de conocer por cualquier viajero. Palermo tiene buena fama por brindar un oasis de tranquilidad en medio de una ciudad que vive corriendo, que vive trabajando, una ciudad que no descansa. Palermo es un barrio sereno, es un barrio seguro, alejado del bullicio, es un barrio con hojas secas por ahí, volando, perdidas, es un barrio que se perfuma todos los días con aromas exquisitos de vinos, quesos, panes calientes, pizzas con especias. Yo soy bogotano, y se lo que implica un encuentro futbolístico de esta magnitud en mi ciudad. Implica que nos gastemos millones de pesos en combustible, en salarios, en personal de seguridad, fuerza pública, ambulancias, bomberos, porque no sabemos que pueda pasar, no sabemos en qué momento los rojos y verdes se den en la cara, o se lancen por las barandas del Campin, o se prendan fuego, nos implica blindar las estaciones de transmilenio aledañas, por si acaso estos tipos se les da por demostrar su emoción con vandalismo, les implica a los vecinos enrejar sus casas, resguardarse y no salir, esperar y rogar porque el partido termine en paz, sin muertos, sin heridos, sin llantos ni personas quejambrosas y agitadas. 

Mientras media ciudad se alista para la incertidumbre, para pasar una noche embriagada en zozobra, unos cuantos se alistan para celebrar una victoria o para vengar una derrota. Pero aquí, lejos de Bogotá, estos hinchas parecen no ser hinchas, parecen ser hinchas educados, o por lo menos hinchas reformados. Aquí no cargan navajas ni objetos peligrosos, aquí andan con las ganas fervientes y sanas de ver ganar a su equipo, de ver jugar futbol en una pantalla gigante. Y ya me estoy emocionando, si bien a mí no me gusta ver tipos corriendo detrás de una pelota, (preferiría verlos haciendo otras actividades mucho más eróticas) si me emociona saber que voy a estar por lo menos seguro, en medio de tanto hincha, no me van a agredir en ningún momento. Y eso es porque la gente aprende, y porque la gente hace lo que hacen los demás. 

Y no voy a ver el partido porque me interese que gane ese equipo, lo voy a ver porque me hace bien excitarme de vez en cuando, me hace bien gritar en ocasiones, y porque la cerveza es económica.

Que carajos, ¡que gane Santa Fe! Aún y reconociendo que a mí el futbol nunca me ha gustado, que cosa más aburridora, me parece la peor manera de perder tiempo, y más hoy en día que a uno le pagan por horas. Yo prefiero ver una película o asistir a una obra de teatro, yo soy un tipo templado, tranquilo, calmoso, a mí no me gusta la gritería ni la algarabía, no me gusta correr, no me gusta agitarme, no me gusta emocionarme, no me gusta enfadarme, no me gusta confundirme en medio de tumultos de gente gritona y emocionada, mejor me confundo en tumultos de gente silenciosa y sentada, a oscuras, con una pantalla gigante enfrente y algo de comer sombre mi regazo. Además que nunca entiendo en donde deben meter la pelota los hombres esos sudorosos en pantalonetas y con piernas fuertes y brazos fuertes, negados para hablar ante una cámara, para que los entrevistan si saben que siempre dicen lo mismo, nada. 

No creo que Claudia Ospina me lea, no creo que llegue a leer esta columna, debe tener mejores cosas que hacer, no debe perder su tiempo en mis líneas. Pero le deseo un buen encuentro, tal vez porque sea mi amiga, porque la quiero, porque es hermosa, porque se cómo quiere a su equipo, y como disfruta de una tarde en el estadio, con su hermano, con su padre, con su novio, por eso quiero que gane Santa Fe, porque esa victoria sin duda le generara felicidad a personas que quiero, Mariana Botero, hermosa hincha, espero y te comportes en cualquiera de los resultados. 

Jhonny Sosa es una de esas personas que los asares de la vida te pone en frente, te hace conocer, y te hace aprender, y te obliga a comprender pensamientos y sentimientos que por rebeldía no has querido nunca asimilar. Jhonny fue mi narrador en el partido de Colombia y Argentina aquí en Buenos Aires, y lo que hoy comprendo de ese deporte al que tanto fastidio le profeso es gracias a este bogotano hincha de Santa Fe. 

Tal vez si Millonarios estuviera en el lugar de Santa Fe en este momento, entonces le hubiera dedicado esta columna a Javier Prieto, otro hincha que quiero, no por hincha, ni por boyaco, sino por buena persona, como Claudia, Mariana, Gabriel Gómez y Jhonny, hinchas amigos.

Suerte para todos los hinchas de Santa fe y mi más sentido pésame para los de Nacional, pero en Bogotá mandamos nosotros papá, tranquilidad y felicidad para los de la guardia albi-roja sur.


¡Salud!




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Viernes, 28 Septiembre 2012 11:08

Menos Cero

La necesidad de simplificar la vida implica revisar que en el intento no terminemos peor.

Luego de que el gobierno nacional incluyera en la agenda legislativa un proyecto de ley para eliminar tres ceros en la moneda nacional, se suscito un debate nacional que tiene diversas aristas, precisiones e imprecisiones que vale la pena analizar. Primero, no es cierto que con la eliminación de los ceros los colombianos tendrán un menor nivel de riqueza, simplemente tendrán una reducción de caracteres en sus estados financieros, es decir que si una persona devenga un salario mínimo hoy por $566.000, con el cambio tendrá $566 pero le alcanzaran para lo mismo, ósea para poco.

 Es cierto que con la eliminación se facilitan las grandes transacciones comerciales y financieras, se gasta menos papel, se ahorra tiempo, se consume menor espacio en los servidores… aunque tal vez se dificulten las pequeñas transacciones, las del ciudadano de a pie (uso esta expresión para mayor comprensión, aunque no la comparto). En distintos medios de comunicación analizaban el tema, con tanta imprecisión que cada vez que hacían cuentas profundizaban su error. Me explico, un reconocido analista comentaba que un artículo que costaba 1500 pesos pasaría a valer un peso con cinco centavos, luego reflexionaba y cambiaba la cifra por un peso con cero cinco centavos, mas tarde lo aproximo, y concluyo por dejarlo en dos pesos; craso error. Este es el mayor argumento, muy simple. Pero revelador, de la complejidad que puede representar, en un país sin educación financiera, el cambiar la moneda eliminándole tres ceros.

 El tema cultural, psicológico y educacional es el mayor de los problemas al presentarse el cambio de la moneda; el periodo de transición seria, por no decirlo menos, un caos; no todas las personas asimilarían el tema con rapidez, y en un país en el cual se tiene que convivir con avivatos, mañosos, corruptos y uno que otro congresista, esto podría representarles la oportunidad de sus vidas. No es cierto que con el “menos cero” se dé una revaluación o devaluación (dos términos que significan lo mismo para algunos periodistas) del peso frente a la moneda internacional de referencia que es el dólar; el dólar que hoy vale 2000 pesos, con el cambio valdrá dos pesos, punto. 

Es cierto que puede haber inflación. Los pequeños comerciantes, más aun los grandes, pueden verse tentados a subir sus precios, aproximándolos a la unidad. Para que haya control en la materia se requiere un control estatal supremamente fuerte que vigile el proceso transicional de moneda, y posea las herramientas necesarias para hacerlo. El proyecto de ley que se presentara al congreso contempla este punto estableciendo esta función a la Superintendencia de Industria y comercio; considero que para tal efecto la super debe ampliar su espectro de vigilancia y control, como está ahora no resultaría eficaz en el proceso.

Un punto adicional es el tema de los costos que el cambio de moneda traería consigo; el Banco de la Republica lo estima en un poco más de 200 mil millones, o 200 millones en moneda futura, cifra ostentosa pero razonable si se observa la magnitud del asunto. En este aspecto inquieta si la cifra incluye solamente el cambio de la moneda (monedas y billetes) antigua por la nueva?  O si también contempla los costos de una campaña de educación? y si estima los costos de producción de las recién emitidas monedas (solo monedas)? entendiendo que este dinero se habrá gastado en vano, pues el costo de adquirir un nuevo bien, en este caso, es el costo per se del bien, sumado el costo de deshacerse del viejo que está casi nuevo.

Por último, para concluir – el tema da para un libro-  preocupa además la deuda contingente de los particulares y del gobierno, es decir la deuda que aun no se ha pagado.  Que pasara con las demandas que tiene el Estado? Independientemente si salen a su favor o en contra serán canceladas con ceros o sin ceros? Si gana un pleito que había demandado con ceros, lo debe pagar sin ceros, o con ceros dado que no puede haber retroactividad en las leyes. Igual aplica para un particular; en fin ese es un tema para profesionales del derecho, no para uno de la ciencia lúgubre. El tema estará a la orden día por algún tiempo, mientras queda esperar y continuar atendiendo asuntos de mayor importancia y urgencia.

Twitter. 

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