Sábado, 22 Febrero 2020

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Domingo, 12 Junio 2016 22:29

Sin Dios ni ley

Sin Dios ni ley

Cuando no se puede parar lo imparable

Por: Ana Gardeazabal

No niego que me produce un morbo extraño, el saber cómo funcionaban todas las actividades ilícitas -escabrosas por cierto- en el bajo mundo del llamado “Bronx” en Bogotá. Creo que es el morbo, que nos envuelve a la mayoría de quienes fuimos espectadores de la intervención.

Sin embargo más allá del morbo, de lo de moda que pueda estar el hablar del tema, lo que pasaba en las calles del “Bronx”, es un problema muy serio y complejo, desde ese pequeño terreno de 5 cuadras o menos donde no existía ni dios ni ley, se fortalecían las estructuras criminales, delincuenciales y la economía narcotraficante. Aunque evidentemente, el dispersar la zona, no es la completa solución al problema, la ciudad pedía a gritos una intervención y había que hacerla.

Mas de 10 años de completa impunidad e indiferencia frente a este problema, habían hecho que cada vez fuera mayor la estabilidad de las mafias criminales y narcotraficantes, que residían y trabajaban allí, quienes vivían de amarrar a sus “clientes”, personas que padecen de una enfermedad llamada drogadicción.

Es de subrayar la contundencia con la que el distrito intervino en la zona, y la severidad de sus declaraciones - lo cual es lógico-, no puede ser que existan lugares en Bogotá ni en Colombia, sin dios ni ley, con conocimiento y complicidad de las autoridades.

Sin embargo, esta intervención tan solo fue el primer paso, el problema va mucho mas allá. Como decía un habitante de calle muy acertadamente, “el alcalde no puede parar lo imparable”, la drogadicción es una enfermedad, que no puede detenerse con la creación de innumerables centros de rehabilitación, ni reiteradas intervenciones, ni con incautaciones, ni con arrestos.

En mi opinión, donde debe concentrarse la propuesta -tal vez polémica- es en la creación de centros de “consumo“; el distrito debe tratar la drogadicción como una enfermedad, suministrar atención especializada en psicología y programas de rehabilitación, de la manera que ha venido haciéndolo, pero paralelamente debe crear estos espacios de “consumo”, con el fin primordial de desestabilizar la economía de las mafias narcotraficantes.

Al proveer el suministro de droga sin costo, en centros de “consumo”, para personas que padezcan esta enfermedad, automáticamente permitirá que el comercio ilegal de drogas decrezca exponencialmente. Los llamados “ganchos”, son redes narcotraficantes, que se sostienen económicamente de los clientes recurrentes, los drogadictos, si el distrito logra capturar la “clientela” más importante de los ganchos, no solamente dará un golpe a estas estructuras financieramente, sino que también evitará que se fortalezcan y se estabilicen, para seguir iniciando jóvenes en el mundo de las drogas.

Estos centros de “consumo”, deben poseer  lugares donde las personas que allí se encuentren, puedan comer, dormir, estar monitoreados y contar con especialistas en psicología y tratamiento a drogadictos, así mismo, puede llevarse un registro electrónico de ¿quiénes son estas personas?, ¿qué consumen?, ¿con qué frecuencia? y ¿cuántos son?.

Así mismo, el suministro de droga que el distrito provea, debe ser producto de operaciones de incautación de droga, golpes a las llamadas “ollas”, droga decomisada en lugares de transporte como aeropuertos, puertos marítimos o carreteras, incluso alucinógenos decomisados por la policía a particulares o a la delincuencia común. También esta propuesta, que para mí es prioritaria, debe ir acompañada con planes de contención en colegios y universidades, para evitar que más jóvenes inicien en las drogas

Finalmente, no hay garantía de que las casas de consumo sean la solución, así como tampoco hay garantía de que la sociedad bogotana y colombiana vaya a acoger una propuesta de tal calibre, tampoco hay garantía de que los centros de rehabilitación disminuyan el problema, de lo que si hay certeza, es que la intervención en el “Bronx”, es tan solo el primer paso, que estamos frente a un problema de gran envergadura que apremia atención, no solo del gobierno, sino de la sociedad en general. Seguramente no habrá una fórmula mágica, para solucionar el problema de los habitantes de calle o el problema de la drogadicción, son muchos los frentes que deben mitigarse e infortunadamente estas “soluciones” solo son aplicables mediante el método de ensayo y error.

Twitter. @anamgardeazabal

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Viernes, 27 Diciembre 2013 12:28

El ejemplo de los muertos

De todas las muertes de este diciembre dos de ellas fueron ampliamente comentadas, dos tristes muertes —como la mayoría, si no todas de ellas—, dos muertes que merecen muchos comentarios, pero más que comentar las muertes debemos aprender de sus vidas, porque hasta las malas vidas dejan enseñanzas.

Dos jóvenes murieron, Diomedes Díaz y Luis Humberto Gómez Gallo, el primero conocido por la mayoría de colombianos y el segundo debió ser conocido por aún más colombianos (en un país perfecto en el que las personas se preocupan por quién es el presidente del Congreso). Pues sí, para los pocos que no sepan, se murió Diomedes y para los muchos que no lo saben, se murió Gómez Gallo. ¿Quién era ese? Un ex presidente del Congreso, conservador, tolimense, condenado por vínculos con paramilitares a 9 años de cárcel.

Triste esto, como todas las muertes, pero creo que fueron más tristes las vidas de estas dos personas, porque aunque cada uno la haya pasado bien a su modo, debe ser decepcionante tener el poder para liderar y convocar masas alrededor de una persona y desaprovechar este don por unos vicios, por arrebatos: por dinero.

¿Qué necesidad tenían Diomedes y Gómez Gallo de cometer todos esos errores que cometieron en su vida? Todos cometemos errores, pero cuando éstos son voluntarios dejan de serlo. ¿No será que todos sus excesos contribuyeron a acabar con sus vidas prematuramente? Creería que sí.

Sin embargo, nada me parece más triste que dos personas que fueron símbolos de algunos grupos; dos personas que convocaban a miles a su alrededor hayan decidido ser ambiciosos y vivir de la avaricia, hayan resultado con sangre en sus manos.

Estas dos personas debieron ser excepcionales, por algo Diomedes llenaba estadios y millones cantaban sus canciones; por algo debió ser que Gómez Gallo pudo ser Senador: algo tenían que tener estos dos, pero ese algo no fue suficiente, ellos quisieron acaparar más.

Se sabe que Diomedes consumía cocaína y que con sus manos asesinó a una mujer con la que mantenía una relación, pero detrás de eso no solo hay drogadicción y un asesinato, detrás de eso hay una persona querida por miles, seguida ciegamente por otro tanto, detrás de eso hay un símbolo, una apología al delito, alguien que es llamado cacique, alguien que quiso ser influyente sin importarle cuánto daño podía hacer no solo a sus cercanos, sino a toda una sociedad que creyó que él era un ejemplo a imitar. Alguien por quien muchos justificaron una muerte.

Gómez Gallo, el perfecto ejemplo de lo que no debe hacer un líder, él no solo traicionó a los que le confiaron su voto, sino a toda la institucionalidad de un país y aunque él no haya matado a nadie sus socios sí. Como muchos otros, sí, otros que ya murieron y otros que siguen vivos haciendo lo mismo que él hizo, y aunque esto no es completamente su culpa, su historia es causa y consecuencia del imaginario de la política colombiana, donde algunos de los que eligen creen que solo llegan corruptos y algunos candidatos solo quieren llegar a ser corruptos.

La idea es aprender, es dejar de seguir a quienes son malos líderes, a quienes —como estos dos muertos y muchos otros vivos— intentan jugar con nuestra constante búsqueda de un símbolo. Lo que espero es que sepamos identificar a esos que se quieren aprovechar de sus dones para convocar y convencer, para dejarlos de seguir y reprocharlos ante la sociedad. Así y solo así, no habrá más como estos dos, y los que hay en este momento serán abucheados por la multitud que dicen representar.

Así y solo así, el ‘Padre Chucho’ no sería aplaudido cuando se enfrenta a la ley, sino sería reprimido por sus mismos seguidores. Solo así dejaremos de ser una sociedad que entroniza al que ejemplifica el mal.

 

Añadidura:

-Por este año me despido, adicionalmente me tomaré unos quince días de intentar leer y escribir literatura, por lo que dejaré de publicar artículos de opinión por un tiempo. Gracias a todos los que me acompañaron este año, les deseo lo mejor, que el próximo año esté lleno de éxitos para cada uno de ustedes. A Colombia también le deseo lo mejor y estoy seguro que será el año en el que se comience el duro camino hacia la paz, la del país, la de las personas: la suya y la mía.

Tw: @japritri

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