Viernes, 28 Febrero 2020

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Lunes, 18 Noviembre 2013 13:51

Así me comunico yo, ¿y tú?

Sale el sol dando comienzo a un nuevo día, pero él no se fija en eso, su sol es de color blanco con azul y a medida que pasa el día, va cambiando el tono, se puede ver al negro hacerle compañía al blanco, a veces se les une el verde y en otras ocasiones un pajarito azul.

Su mundo se basa en estos colores de los que sólo se aparta cuando es menester, su vida se mide en barras de energía y ya no depende de los alimentos ni de las horas de descanso que nutren su humanidad. Todo lo que él considera necesario es tener dos manos a las cuales lleguen sus pensamientos, ya que no se dirigen a su boca para que cese el silencio que lo acompaña desde que abre sus ojos.

¿Por qué sucede esto? Simple y sencillamente porque para él, realmente, ya está en un estado cercano al olvido aquello de comunicarse por medio de las cuerdas vocales. De esta forma, sus dedos terminaron siendo, al parecer, el nuevo hogar permanente de esa voz que no vio futuro en los sonidos; así construye su vida desde hace un largo tiempo. Para él perder su forma de comunicarse, es como no tener partes tan vitales como un ojo o una de sus manos, por eso ruega y suplica a sus dioses, principalmente a uno de carne y hueso que se hace llamar Zuckerberg, que no le fallen ni hoy ni nunca.

Esta pantalla le ha hecho desconocer y olvidar momentos fundamentales de la existencia humana… ¿humana? Tampoco recuerda qué es eso, no sabe cuándo vio por última vez una sonrisa que no estuviera conformada por un signo de puntuación y una letra. El ocaso se muestra imponente como siempre, pero él sólo descansa cuando su batería se acaba o cuando cae físicamente exhausto preparándose para otro día más de actividad social tecnológica.

Luego de dos años, parece que por fin su voz está haciendo esfuerzos para regresar a su boca. Todo se lo debe al color morado que empezó a ser su compañero desde hace unos meses y rápidamente ocupó un lugar entre sus favoritos. Su equipo, del que depende su existencia, ha avanzado mucho en estos meses y ahora le permitirá retomar esa actividad, tan común de las personas pero que es un mundo inhóspito para él.

Todo estaba preparado. La llamada, por cortesía del teléfono morado, estaba entrando. Con expectativas respecto a lo que ocurriría, tocó el botón que establecía la comunicación. Escuchó una voz femenina que le pareció espectacular y quiso decir algo. Pero no pudo. Luego de un minuto con intentos en vano para musitar alguna palabra, su interlocutora finalizó la llamada.

La tristeza se apoderó de su ser y quiso llorar, pero al no haberse separado de la pantalla por muchos meses, lo más cercano que recordaba a eso era un emoticón que componían un signo de puntuación, una comilla simple y el signo de apertura de un paréntesis.

De repente algo que luchaba por salir desde hace mucho tiempo, emergió y le hizo preguntarse qué era. Recordaba que eso tenía un nombre… santi… sen… senti… ¿Cómo era? Por primera vez en años se detuvo a pensar. No conseguía dar con la respuesta, pero sabía que era algo muy, muy bueno. Esa voz era especial, mágica. Había tocado sus fibras más íntimas, aquellas que todavía no habían olvidado qué era la interacción humana.

Otra duda que lo asaltó fue la imposibilidad de emitir algún sonido. Pero eso no era de extrañarse. Había pasado semestres completos sin pronunciar una sola palabra. Debido a que vivía solo, no tenía alguien con quien interactuar en su vivienda.

Intentó emitir el sonido más básico que existe. Nada. Otra vez. Menos aún. Lo hizo durante las siguientes dos horas, pero el progreso fue casi nulo. Se puso en contacto con ella a través de sus dedos pero le insistía en que tenían que hablar. Sin saber qué hacer, contactó a alguien para relatarle su situación, pero no lo tomó en serio. La angustia y la desesperación se apoderaron de su ser.

Continuará…

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Miércoles, 19 Junio 2013 22:55

Yo no sé por qué nos seguimos engañando

Sí, así como lo leen en el título. Yo soy uno de los tantos estúpidos que se siguen engañando a sí mismos. Creen que porque piensan de manera optimista todo les va a salir bien. ¡¡¡Pues no!!! Ser optimista es bueno para no vivir amargado, pero es una mierda en estos casos.

Usted sabe que no es bueno bailando. Lo sabe. De sobra. Pero es tan marica de irse allá a ponerse de carne de cañón. Además tiene que luchar con su estupidez de no hacer nada permitiendo todo tipo de situaciones. Que se le adelante el “mejor amigo”, por ejemplo, y después decida hablar con usted preguntándose ¿cómo putas llegó ahí? y ¿qué mierdas quiere con la vieja?

Otra muy diferente es que luego de que ya esté borracha, ebria; llegue un hijueputa que en menos de dos horas logre lo que usted, grandísimo maricón, no ha logrado en 3 meses. Eso da lástima. Dan ganas de ponerse a llorar. Pero espere, ¿quién sabe a dónde llegará eso? ¿Será su nuevo novio? O peor, ¿se acordará que lo hizo y seguirá? ¿Se arrepentirá?

Eso no importa en el momento. Usted que es una buena persona, no un aprovechado, decide no hacerle nada a ella en ese estado. Gran error. Mientras usted juega al amigo protector otro malparido está pensando en cómo hacer para pasar un rato rico con ella. Como dirían coloquialmente, hacerle la vuelta. Pero por supuesto, usted no va a saber si las cosas llegan allá.

Sé perfectamente que mañana me acordaré de todo. Será una mierda. Como siempre cuando se trata de sentimientos por una vieja. Ahora comienzo a entender la frase “el que se enamora pierde”. ¡Claro! Sin algo de sentimiento no existiría esta situación. Yo seguramente estaría allá todavía, no aquí escribiendo esto.

Mejor, no me hubiera tenido que aguantar el agradecimiento por un regalo que hice desde el fondo de mi corazón porque me importa (¿o me importaba?) mucho ella. No me hubieran parecido frases de aquellas que lo ponen a uno en el “friend zone” (o “zona del amigo”) por ser una buena persona y un caballero mientras otro se aprovecha, logra lo que quiere y se larga.

Claro, así son las relaciones de hoy en día. El hijueputa por delante. Cuando este cabrón las ha hecho sufrir harto, ahí entra uno como el maricón que las consuela y desea tenerlas mientras ella se enreda con otro, otro y otro. ¿Uno dónde queda?

Está demostrado que ser chévere, detallista y buena persona no sirve para una mierda. De todas formas no se van a enamorar de uno. Va a llegar ese que solo busca obtener lo suyo y largarse, cual político en campaña.

Podría decir perfectamente que esto ha formado un nuevo cabrón, un cafre. Pero estaría diciendo una de las mentiras más grandes de mi vida. Yo, criado por una mujer que no tiene límites para querer a sus hijos y darles buena educación, me considero INCAPAZ de ser un hijueputa con una mujer. Podré escribir toda esta mierda, pero sería incapaz de decirle en la cara “malparida”, al igual que a esos malparidos políticos que nos silencian, por el miedo a que nos quiten las ilusiones. 

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