Martes, 10 Diciembre 2019

Criminales a la Calle

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Por: Luis Carlos Barraza

Colombia atraviesa por una grave crisis carcelaria, que se agudiza día a día, nuevas y costosas reformas brindan oportunidades a criminales de abandonar las prisiones en las que se encuentran recluidos. La descongestión carcelaria brinda posibilidad a los presos de culminar su sentencia en el lugar de residencia, sin discriminar el tipo de delito que cometieron (comunes o especiales), esto en la mayoría de casos controlado por un brazalete electrónico para el seguimiento “efectivo” de internos, el cual transmite señales a una caja que se instala en una parte de la casa, y que a su vez envía una señal al centro de monitoreo del INPEC, lo que para muchos es considerado insuficiente, ya que últimamente se han registrado varios casos de personas que han reincidido estando cumpliendo pena privativa de la libertad en su lugar de residencia.  Se supone que también debe existir una revisión periódica de funcionarios del INPEC, ¿Cuáles funcionarios? La poca planta de personal con la que cuenta el INPEC en muchas ciudades dificulta lograr con el cometido de esa revisión periódica, en muchos casos se sobrecarga a un solo guardia con hasta 60 o 70 revisiones por día. Incluso la procuraduría delegada en asuntos penales de diferentes jurisdicciones ha advertido la poca presencia de guardias en las diferentes prisiones del país, lo que imposibilita el control para el debido mantenimiento del orden en estos lugares, además del insuficiente espacio apto para recluir más criminales. En penales como la cárcel de Riohacha existe un nivel de hacinamiento superior al 500% de la capacidad de este, algo que debe alertar a todo el país, hay un alarmante, creciente fenómeno de criminalidad que no solo se evidencia en las cárceles, si no en las calles.

En Colombia urge una reestructuración del sistema judicial, haciendo los procesos de judicialización más rápidos y eficaces, así como una inversión en la construcción de nuevos penales, que el hacinamiento no sea una excusa para dejar en libertad personas que aún no cumplen sus deudas con la sociedad.

En este país se ha perdido el temor a la justicia, los malhechores delinquen sin ningún temor a esta, por considerarla flexible e inoperante. Es ridículo y despierta un gran sentimiento de impotencia en el ciudadano de bien ver como un asesino capturado en flagrancia queda en libertad a unos cuantos días después de su detención, mientras que una persona es condenada a 6 años en cárcel por robar un caldo de gallina, es necesario aclarar que el cometido de la comparación entre estos dos escenarios no es justificar la acción del segundo, ya que efectivamente se trata de un delito que debe ser castigado por la ley, pero si nos permite hacer un juicio de valor sobre el estado paquidérmico en que se encuentra la justicia penal colombiana, muchas veces es la complejidad en los procesos lo que dificulta su oportuna eficacia.

Twitter. LuisK_Barraza

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Luis Carlos Barraza

Administrador de Negocios, Universidad de San Buenaventura (Cartagena). Coordinador Departamental Nuevas Generaciones (Bolívar)

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