Lunes, 03 Agosto 2020

 

 

Todo Terminó

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Por: Juan Pablo Alfaro.

Si usted es bueno para el inglés, recomiendo escuchar la canción One Last Time

Día 1

3:43 am

La noche había pasado lentamente dándole paso a la madrugada que parecía ir a menor velocidad aún. El sueño, que en una situación normal hubiera llegado máximo hace dos horas, parece no tener interés en manifestarse hoy y hasta nuevo aviso. Aunque no sabía cómo describir esto, las palabras "increíble" y "estupidez descomunal" se acercaban.

He pasado por situaciones increíbles y difíciles, pero esto no hace más que darle crédito a la Ley de Murphy que dice que siempre se puede empeorar, no importa lo jodido que se esté.

Así es. Yo la perdí. Los destellos de lo sucedido no dejan de invadir mi cabeza. No dejo de pensar en los momentos especiales que pasé con ella, sobre todo los primeros. La primera vez que la miré fijamente a los ojos, esos hermosos ojos que tiene; cuando la tomé de la mano, la primera rumba y, cómo dejarlo pasar, el primer beso. Es difícil no sentirse como una basura.

Caí muy fácil. Nunca me perdonaré por eso. Fue impresionante la expresión en su cara cuando lo descubrió. No tuvo que decir una palabra para hacerme saber que me estaba mandando a la mierda y ahí fue cuando conocí lo fría y desalmada que podía ser, la parte más oscura que cada persona tiene. Esa fue la primera vez que vi pasar mi vida con ella frente a mis ojos sabiendo que nada sería como antes.

La trampa fue perfecta porque esa otra persona aprovechó su ausencia para llevar a cabo el plan que había estado armando. Aprovechándose de una de mis debilidades logró aflorar los deseos más bajos y como es muy linda y atractiva, casi como mi (ex)novia, no fue nada difícil. Acordarme a la mañana siguiente de eso no fue necesario, ya que se encargó de contarlo. Obviamente ella fue la primera en saberlo.

Recordé algo que sucedió hace unos años y, desde que salió por esa puerta vestida de negro con una chaqueta roja que hacía un conjunto espectacular con su espectacular pelo largo del mismo color, entendí que no debo llamarla ni intentar contactarme con ella, al menos durante un tiempo. Se veía tan hermosa así, furiosa como nunca, cuando no pude negarle lo sucedido. ¿qué hubiera podido decirle? ¿Que era un montaje? Esa frase estaba muy desprestigiada. No, lo mejor era ir con la verdad así me doliera el resto de mi vida.

Entonces fue cuando vio resquebrajarse el mundo que habíamos construido con tanto amor, tanto cariño y en el que habíamos depositado los sueños de los dos.

5:57 am

El amanecer. Aquel magnífico espectáculo que era tan digno de apreciar. Por desgracia hoy no traía nada bueno, solo nostalgia.

Siendo historia la noche y la madrugada, iniciaba un nuevo día en el que ella no estaba. No había nada mejor que despertar a su lado, tenerla abrazada, deslizar y enredar mis dedos entre su larga y sedosa cabellera y verla tan despreocupada, desligada de todo lo demás para disfrutar de nuestro mundo. Ahora que no está solo me queda acariciar el espacio que ocupaba.

Necesitaba despejar un poco la mente, si es que eso era posible, pero aún era muy temprano. Esperaré un poco.

8:17 am

Es hora. No me importan las ojeras. Es lo mínimo que merezco. Las calles siempre me han servido como lugar de reflexión, pero hoy intentaré evitar unas cuantas para poder despejarme más fácilmente y no recordar cuando caminábamos tomados de la mano en la madrugada después de bailar como si no hubiera mañana.

Después de una media hora descubrí un pequeño parque donde recostarme. Una vez que tenía la cabeza en dirección al cielo y veía ese azul imponente acompañado del sol como suele pasar en los primeros días de enero, la avalancha fue incontenible.

Los recuerdos me bombardeaban como los rayos del sol. Durante 10 largos minutos, de los más largos de mi vida, recordé casi todos los detalles de cómo se construyó nuestro mundo. Todos los abrazos, las noches con incertidumbre, los cuentos de sus tragas, la tensión, los juegos y los chistes con su cabello de un perfecto rojo que, si bien no era brillante, era algo así; las 10.000 veces que pensé que esto no podía ser, que no íbamos para algún lado; y las 25.000 más que deseé ser sólo para ella, que se empinara para darme un beso. Por ese simple detalle amaba profundamente que no usara tacones. Sus tenis y demás zapatos planos lo hacían posible. De lo contrario, se hubiera perdido esa magia. Durante años lo quise. Ahora se esfumó y vuelvo a estar desorientado.

¿Ahora qué? ¿Comer? ¿Seguir aquí tendido mirando al horizonte? Ambas sonaban tentadoras. Al fin y al cabo no podía dejar otro de mis placeres. Procuraría darme un buen desayuno y después... ya veríamos.

11:05 am

Después de comer me sentía un poco mejor. Fue una buena forma de intentar pasar el rato. Pero todavía quería salir de mi mente. ¿Películas? Sí, ¿por qué no? Mejor que sea humor. También podría ver una de mis series favoritas desde el principio. Tenía claro los sitios que frecuentaban sus amigos y estaba dispuesto a evitarlos a toda costa al menos por ahora. En este estado simplemente no confío en mí en absoluto. Podría hacer alguna otra estupidez. Si me disculpan, "Reproducir".

Twitter. @juanpall

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Juan Pablo Alfaro

Comunicador social de la Universidad Santo Tomás. Interesado en la política por aquellas temáticas que nos tocan como ciudadanos y nos afectan en nuestro día a día. Apasionado por la tecnología y los teléfonos móviles en particular

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