Domingo, 19 Mayo 2019

Feliz 20 de Julio

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Las calles de todas las ciudades, pueblos y municipios del país están aseadas y acicaladas con los colores de nuestra bandera, las gentes pintan sus rostros y buscan en el armario la prenda precisa para demostrar su emoción, esa emoción que comenzó con un sentimiento con raíces que vienen

creciendo desde las costumbres de los mas viejos de cada casa. En cada esquina las notas del himno nacional se materializan y suenan a todo volumen,

 

se puede con facilidad percibir el delicioso aroma que se escapa de las hoyas que cocinan en su interior los platos típicos de cada región, con ese toque secreto que solo lo saben las mujeres de nuestras familias. Las banderas que son puestas en las ventanas de los carros se ondean con el aire patriótico que hoy nos da vida a todos los colombianos que lo respiramos, a todos los que no podemos disimilar el incontenible orgullo y la inmensa alegría que nos genera el afortunado placer de ser colombianos.

 

Infortunadamente lo que acaban de leer no es más que ficción. A los colombianos nos despierta más emoción y nos anima más un partido de futbol o un reality como “protagonistas de nuestra tele”, que el día de nuestra independencia. Un día como hoy muere como cualquier otro, somos pocos los que sacamos nuestra bandera y la izamos en la ventana más grande de nuestras casas. Con el sin sabor que me queda en la boca y la tristeza que me despierta ver a mis amigos, vecinos y conocidos caminar por las calles como si fueran turcos o tal vez canadienses, me siento y decido escribir esto,

Tuve la oportunidad de estar presente en las celebraciones del día de la independencia del Uruguay, en la capital del departamento de Colonia, una ciudad limpia, tranquila y asombrosamente segura, muy parecida a Cartagena, pero no por limpia y segura, si no por sus imponentes murallas y atractivo turístico. Junto con un gran hermano, hijo de una Ecuatoriana y un Argentino, celebramos como uruguayos la independencia de un país que nos recibió como propios, comimos parrillada, chivito y empanaditas, bebimos vino y mate, bailamos al son de la milonga que es por el estilo del tango y hasta intentamos entonar el himno nacional del Uruguay junto con algunos nacionales que nos explicaban y nos hacían vivir en carne propia sus costumbres. Estando en Argentina, la noche del 18 de septiembre de 2009, celebre con amigos franceses, argentinos, estadunidenses, alemanes, chilenos y españoles, el día de la indecencia de Chile, recuerdo con claridad a esos chilenos que reflejaban orgullo y amor por su país, pude entender lo importante que es para ellos bailar y cantar mapuche con el acompañamiento de un instrumento de cuerdas. la música típica de su país. Les cuento esto, para que entiendan lo que sentí el 20 de julio de ese mismo año, estando como forastero en un país extraño.

Siempre tuve la bonita costumbre de presenciar el desfile militar que se supone se hacia en Bogotá. Subido en los hombros de mi papá, y con una cámara de fotografía congelaba esos momentos que mas tarde quedarían grabados en mi memoria. El 20 de julio de 2009, vivía en Buenos Aires, conocía unos cuantos amigos colombianos, y con ellos procuraba verme a menudo con el pretexto de conocer calles y lugares que me sirvieran para no perderme en la capital porteña. Ese día, uno de mis compatriotas llamo a mi celular y me invito a celebrar nuestra independencia, en un bar que fue alquilado por unos paisas. “estos paisas hacen negocio con todo, y en todo lado” fue lo primero que pensé. Compramos las entradas y llegamos al lugar sobre la 1:00am. No les niego, me sentí por un momento en Bogotá, aunque estábamos en pleno invierto y el frio nos obligaba a estar completamente abrigados, nuestras bonitas colombianos se dieron sus mañas para lucir esa noche las prendas mas insinuantes que pudieron comprar el domingo anterior en la feria de plaza serrano. A la entrada del lugar nos dieron a cada uno un sombrero vueltiao que mas adelante nos cobrarían. Cruzamos la puerta y la fiesta de independencia de Colombia… nunca empezó. Con un nudo en la garganta tuve que explicarle a un estadounidense que conocí en el lugar, que a los colombianos nos gusta mucho el reggaetón boricua, la electrónica de David Guetta y que la única canción colombiana que pudimos escuchar era de Shakira. Nunca escuchamos el sanjuanero, nunca sonó el himno nacional, ni una cumbia ni una vallenato nostálgico, por ningún lado pude ver una sola bandera tricolor y en ningún momento otro colombiano demostró estar “celebrando su independencia”. Se termino la vaina, desperté en la casa de no se quien y en mi memoria quedo un vergonzoso momento.

La historia aquí en Bogotá no cambia, hoy estoy invitado a una fiesta en la zona rosa de electrónica, y pase el día esperando un “feliz 20 de julio”. Quiero entender que la responsabilidad de vivir en un buen país, con políticos con las manos limpias y ciudadanos comprometidos con ellos mismos, depende no solamente de los demás, si no de nosotros mismos. Eso empezará a suceder, cuando seamos mas los que de verdad queramos esta tierra.

 

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Giovanni Acevedo

Bogotano irreverente, sincero, directo y crudo para decir lo que piensa. Escritor, columnista crítico y promotor del voto joven, del voto inteligente. Para muchos políticos, una piedra en el zapato, una fastidiosa realidad.

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